viernes, 25 de abril de 2014

Capitulo 5

Peter

E nfócate, Peter. Ignora todo.
Me quedé quieto y erguido, con los pies al ancho de los hombros. Mi mano izquierda mantenida en forma relajada en el mango de mi arco de plata. Recuperé una flecha del carcajo cruzado sobre mi espalda desnuda.
Apaga todo. Lo único que importa ahora es que golpees en el blanco.
Gotas de sudor estaban rodando por mis sienes. Había estado en esto toda la noche. Comencé con el boxeo antes de pasar a la práctica de espada, entonces la práctica de armas de fuego, y, finalmente, todos los otros campos de entrenamiento que la Fortaleza Carmesí tenía que ofrecer hasta que llegué al campo de tiro.
Por el rabillo de mi ojo, pude distinguir los gruesos muros de la imponente Fortaleza Carmesí, al menos un centenar de metros por encima de mí. Rodeaban la isla, protegiéndonos de todos los que trataron de invadirnos a lo largo de los siglos pasados. La simple idea de la imponente fortaleza y todas sus fortificaciones amenazaba con traer de vuelta un montón de oscuros recuerdos que siempre quería olvidar. Me aclaré la garganta y me reenfoqué.
Olvídalo. No dejes que el pasado te persiga. No ahora.
Cerré mis ojos mientras acomodaba la flecha y colocaba su eje sobre el reposa flechas. Tomé una respiración profunda.
Deja que tus instintos se hagan cargo.
Posicioné el arma para dar en el blanco que ni siquiera podía ver. Usando mis músculos de la espalda, saqué mi codo derecho hacia atrás hasta que mi mano derecha se colocó firmemente contra mi mandíbula. Mantuve mi postura durante unos segundos, confiando en mis instintos para apuntar bien.
Luego vino la liberación. La flecha atravesó el frío aire de la noche y oí un ruido sordo. Antes de que pudiera abrir los ojos para comprobar si realmente había golpeado mi marca, escuché algo que me tomó por sorpresa. Desde detrás de mí llegó el sonido de un aplauso.
Abrí los ojos y vi que la flecha de hecho había golpeado en el blanco, cortando a través de las dos primeras flechas que tiré antes. Anhelaba la sensación de satisfacción que viene con un tiro como ese. Nada. Solo sirvió como un cruel recordatorio de la mayor parte de lo que sabía sobre el combate, el cual había aprendido de los cazadores, cuando era uno de ellos, tiempo antes de que me
convirtiera en el Señor de los vampiros y Príncipe de La Sombra.
—Bien hecho, su Alteza —resonó la voz familiar de Victorio D´alessandro, con su fuerte acento escocés, a través de los campos de entrenamiento—. Parece que 400 años de ser la Bella Durmiente no han embotado sus habilidades de lucha ni un poco.
Me tensé. La última cosa que quería ahora era compañía y parecía que tenía todo un flanco de soldados rodeándome. Traté de relajarme mientras me enfrentaba a mi buen amigo. Victorio y su esposa, Liana, eran dos de los guerreros más feroces de La Sombra y ambos habían luchado y sangrado conmigo muchas veces en el campo de batalla. El clan D´alessandro representaba uno de los pocos clanes entre la élite en los que confiaba con mi vida.
—D´alessandro. —Asentí en su dirección—. ¿Despierto y tan temprano?
—¿Temprano? —se burló, su cabello negro desordenado y despeinado como si acabara de salir de la cama—. Si La Sombra tuviera sol, sería el mediodía. Yuri dice que has estado usando cada arma que tenemos disponible para asesinar a una fuerza desconocida en las últimas dieciocho horas. ¿A qué o quién estás planeando matar, Peter?
—Mediodía, ¿eh? —pregunté, rápido para cambiar de tema—. ¿Desde cuándo empezamos el entrenamiento de tropas al mediodía?
—A decir verdad, no hemos entrenado mucho desde que la guerra terminó y te fuiste a dormir. —El alto hombre, solo tenía veintiocho años cuando fue convertido, alzó los brazos en el aire con un encogimiento de hombros
—. No ha
habido un gran ataque contra La Sombra desde que tu amiga la bruja, Gimena, la mantuvo escondida con su maldición.
Mi mandíbula se tensó.
—Eso tiene que cambiar. No vamos a estar a salvo por mucho tiempo. No podemos darnos el lujo de tener tropas no entrenadas. Nuestros adversarios están innovando sus armas, desarrollando sus habilidades, mientras nosotros estamos aquí sentados, perezosos y descansando por ahí como si nunca hubiera un mañana.
La preocupación brilló en los ojos marrones de Victorio. Dio un paso adelante y habló en voz baja, solo lo suficientemente alto para que solo yo escuchara.
—¿Qué está pasando, Peter?
—Sigo siendo el comandante en jefe de la fuerza militar de La Sombra. ¿Estoy en lo cierto?
—Por supuesto —asintió con la cabeza.
—Bueno, a partir de este día, la iniciativa comienza. Dentro de las próximas dos semanas, espero que todos los vampiros que viven en esta isla dejada de la mano de Dios sean llamados al deber. —Si yo no estuviera de un humor tan agrio, hubiera sido incapaz de mantenerme a mí mismo de dejar escapar una larga carcajada ante la manera en que la cara de Victorio se contorsionó con shock. Pero yo estaba hablando muy en serio. Me paré en toda mi estatura, convocando todo el poder que sabía que tenía sobre cada uno de los ciudadanos de La Sombra—. Eso es lo que está pasando, Victorio. —Miré a todos los hombres escuchando nuestra conversación. Eran un grupo deprimente a mirar; débiles y marchitos por el tiempo—. ¿Alguien se atreve a objetar?
Me encontré con miradas abatidas y un silencio tenso.
Sonreí.
—Por supuesto que no. 

Mañana si quereis subo maraton de 10 capitulos:)

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