Benjamin
Sin aliento, Paula y yo rodamos a nuestro lado en su enorme cama
de
dosel. Saqué mi mano de debajo de su desnuda forma, para
sentarme
en el borde de la cama y alcanzar la mesa donde había dejado un paquete de cigarros.Me levanté, apoyándome contra la
cabecera de la
cama antes de encender un cigarro.
Podía sentir los ojos de Paula en mí. Ella era la chica a la que
recurría
cuando necesitaba un revolcón rápido en la cama. Servía
bien para su propósito.
Por supuesto, todo el tiempo que estuvimos
follando, no era Paula la que estaba
en mi mente. Era Lali.
La esclava de mi hermano se las había arreglado para grabarse de
forma
permanente en mi subconsciente desde el momento en que puse
mis ojos en ella y
me encontré deseándola, solo para darme cuenta
que nunca podría ser mía. Cuando
finalmente conseguí probar su
sangre, fui una causa perdida. No podía sacármela
de la cabeza.
Esa frágil ramita.
—Dicen que Peter ha sacado a Cameron en una caza a gran escala. Te
están cazando mientras hablamos. —Paula de seiscientos años rodó
su cuerpo de diecisiete sobre la cama por lo que estaba tumbada
sobre su estómago. Agarró el
cigarro que yo acababa de encender
antes de que pudiera empezar a fumarlo y le dio una buena y larga calada.
Le miré, notando la diversión en sus ojos.
—Estás disfrutando con esto, ¿no?
Ella rio.
—Sabes que lo hago. ¿Puedes culparme? Tú cazando la preciada y
pequeña
mascota de Peter... Peter cazándote a ti... Tú, príncipe
de la Sombra, su
mismísima Alteza Real, escondiéndote conmigo,
preparado para mi cama cuando
quiera. —Me miró con intención
antes de decir con habilidad—: Cómo han caído
los valientes.
Le fruncí el ceño, pero no era como si estuviera en posición de
discutir sus
ilusiones.
Tanto si me gustaba como si no, estaba a su merced. Odiaba deberle
algo a
Paula, pero ella era la única persona en la Élite cuya
depravación y egoísmo
podían igualar, tal vez exceder, los míos.
Nos habíamos cubierto mutuamente
durante siglos simplemente porque
nos permitíamos complacer nuestros lados
oscuros. Infiernos, ni
siquiera estaba seguro de si Paula tenía un lado que no
estuviera hecho de pura maldad. De lo que estaba seguro era que no me
traicionaría
entregándome a Peter.
Encendí otro cigarro y lo presioné contra mis labios.
—¿De verdad crees que Peter podría matarte? —preguntó Paula.
—Lo iba a hacer. Pude verlo en sus ojos. La chica humana le
detuvo.
—Oh, eso es rico. Ella te salvó. Ahora, le debes tu vida.
—No le debo nada. —Eché humo, molesto por a dónde estaba yendo
la
conversación. Fui yo quien encontró a Lali. Se suponía que
tenía que ser mía.
Tenía el derecho de hacer con ella lo que me
placiera.
—Si tú lo dices... Sea como fuere, no puedes seguir escondiéndote
aquí
para siempre. ¿Qué piensas hacer ahora que te están
cazando?
—No lo sé.
—Siempre podrías escapar...
—¿Ah sí? ¿E ir a dónde? —Le di otra calada al cigarro. Paula
ya había
tirado el suyo.
—Bueno, solo hay otro clan que lo tiene tan bien como nosotros.
Me burlé de la implicación.
—De ninguna forma.
—¿A dónde más vas a ir? El Oasis es la única opción lógica.
Entretuve un momento la idea en mi mente. Encontré la perspectiva
atractiva por dos razones: ver el legendario Oasis, y finalmente
conocer a la mujer
que era la mano derecha de Borys, Ingrid. Se
rumoreaba que ella poseía una belleza
sin igual.
—Aunque a la perspectiva de finalmente poner mis ojos sobre la
misteriosa
mascota que Borys acaba de añadir a su clan no le falta
su encanto, debes haberte
olvidado de quién soy, Paula. Soy
Benjamin Lanzani. Lanzani. Los Martinez tendrán mi
cabeza en el
momento en que mis pies toquen el Cairo.
Paula se encogió de hombros.
—Bueno, realmente no es mi problema, ¿no? Todo lo que sé es que
tienes
que salir de aquí tan pronto como sea posible, porque si se
enteran que estoy
ayudando y encubriendo a un criminal, estoy segura
de que Peter no dudará en
arrancarme el corazón.
Le di una mirada cautelosa. Paula... una amiga tan simpática.
Tiré mi
cigarro a un cenicero cercano y me volví hacia ella. La
empujé hacia atrás por lo
que estuvo tumbada en la cama.
—A veces, me pregunto dónde está tu lealtad, Paula.
—Eso es fácil. —Sonrió—. Soy leal a mí misma.
—Por supuesto que lo eres. —Puse los ojos en blanco—. Estaré
fuera de
aquí en poco tiempo, Paula, pero por ahora. —La besé
profundamente. Sabía a
sangre y nicotina. Me distraje con los
placeres que ella me daba una vez más. Sabía
que todavía tenía
un par de días. El peligro real era cuando la impetuosa y loca
vampira morena que estaba debajo de mí se aburriera. Hasta entonces,
me
mantendría a salvo. Hasta entonces, escapar podía esperar.
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