lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 18


Peter
Me senté en un silencio aturdidor mientras Stéfano de Gregorio empezaba a informar los resultados del censo a todos los que estaban en la cúpula. Aparte del hecho de que el censo me dio una imagen asombrosamente clara del estado del reino, permanecía en silencio porque encontraba la presencia de Candela y la ausencia de Benjamin incomodas. Las palabras de Candela seguían sonando en mis oídos y Benjamin siempre era el constante recordatorio de como perdí a Lali.
Stéfanoempezó con el número de la Élite.
Ahora tenemos ciento diez. —Luego empezó con una lista del desglose de cada uno de los clanes y a dónde pertenecían cada uno de los ciento diez. Cada clan no se constituía necesariamente por relaciones de sangre.
Nuevos miembros eran añadidos al clan cuando un nuevo vampiro era “engendrado” por uno de los vampiros del clan.
Cuando me fui a dormir, solo sesenta y cinco vampiros, incluyéndome, componían la Élite. El número que había mencionado Stéfanosignificaba que al pasar de los siglos cuarenta y cinco humanos habían sido convertidos a vampiros. En lo que a mi respectaba, era un gran número. El clan más grande era el de Torre, con Mariano como jefe del clan y su representante en el consejo. En su clan eran quince. Por otro lado el clan más pequeño era el de Claudia. Su clan solo tenía un miembro... ella misma.
Después de su informe sobre la Élite,Stéfano continuó hablando de los Inquilinos. Los Inquilinos eran clanes de vampiros que no pertenecían a los veinte clanes originales. Estaban compuestos por aquellos que juraron lealtad a La Sombra a cambio de la seguridad de ser ciudadanos en la isla. El número que lanzó Stéfanohizo que mi mente reaccionara.
Mil trescientos veintiséis.
¡¿Qué?! —exclamé sin poder contenerme—. Ni siquiera teníamos trescientos cuando me fui a dormir.
Eso fue hace cuatro siglos,Peter —me recordó Candela.—Muchos han buscado refugio en La Sombra desde entonces.
Y con eso, mantuve la boca cerrada, pero una pregunta continuaba rondando mi mente mientras Stéfanoprocedía con su informe. ¿Cuánta sangre humana debía ser derramada para mantener a todos estos vampiros?
Entre la Élite, veinticinco son Caballeros —continuó Eli, refiriéndose a los guerreros que pertenecían a la Élite—, mientras que entre los Inquilinos tenemos trescientos quince guardias y cincuenta exploradores.—Los guardias eran los guerreros que pertenecían a los Inquilinos, mientras que los exploradores eran en su mayoría vampiros que estaban autorizados a dejar la isla, especialmente para traer materiales del exterior o para tomar humanos esclavos. Los exploradores solo tenían permitido salir de la isla bajo la supervisión de al menos un caballero.
Con eso termina mi informe. —Stéfanome dio un asentimiento indicándome que había acabado.
¿Termina? ¿Y qué pasa con los esclavos? ¿Cuántos humanos están viviendo en la isla?
Se miró los pies incómodamente.
No creí que debiese incluirlos en el censo.
¿Por qué no? ¿No están bajo la jurisdicción del reino?
El silencio habló por sí mismo. Después de todo, ¿para qué queríamos mantener un seguimiento de la población humana cuando cientos de ellos se perdían y se reemplazaban constantemente?
Era algo frio para decirlo, pero Mariano lo dijo mejor cuando se reclinó sobre su silla del consejo y nostálgicamente se encogió de hombros.
Mantener un registro de los humanos es equivalente a mantener un registro del consumo de comida en La Sombra.
Era un retrato impactante de como de depravados nos habíamos vuelto con los años. Muchos de nosotros hacía mucho tiempo que veíamos a los humanos como ganado. La culpa me golpeó en la boca del estómago, porque sabía muy bien la mano que había jugado en la cultura con la que se creó La Sombra. Por lo tanto, a pesar de que odiaba forzar al consejo, o incluso a mí mismo, a entrar en el meollo de esta pesadilla logística, tampoco podía ignorar el problema.
Quiero un recuento completo de la población humana que vive en La Sombra, empezando por los que residen en las Alturas Negras, hasta los esclavos que viven con los vampiros.—Otro invento de nuestro pasado comenzaba a cazarme. —No podemos permitirnos otro levantamiento.
Creo que alguien podría ayudarnos —habló Candela.
Me quedé mirándola, esperando que fuese más lejos. Parecía dudar, pero finalmente dijo a quien se refería.
Emilia.
Estaba sorprendido, pero si había algo que los vampiros tenían en abundancia, era tiempo.
Haz que la traigan aquí, entonces.
En cuestión de minutos, uno de los guardias fue enviado al Santuario para que escoltara a la bruja negra hasta la cúpula. Cuando Emilia llegó, me moví incomodo en mi asiento. Su misterioso parecido con su antecesora, Gimena, siempre se las arreglaba para sacarme la respiración.
¿Qué quieres? —demandó, dejando claro que había sido traída aquí contra su voluntad.
Candela dice que serás capaz de ayudarnos en un dilema que tenemos respecto a cuantos humanos están viviendo actualmente en La Sombra.
Elevó la frente.
¿Quieres saberlo porque...?
Es hora de que averigüemos el estado exacto de la isla y sus habitantes, ¿no crees?
Esto pareció tomar a la bruja por sorpresa. Me estudió como si tratara de averiguar si tenía alguna clase de ángulo, pero eventualmente tomó su asiento en el estrado, se enderezó en toda su altura y comenzó a tratar el tema en cuestión.
Los números cambian constantemente, como es de esperar... —Nos miró como si nos acusara a cada uno de nosotros por crímenes de los que sabíamos éramos culpables—. De todos modos, el número de los Naturales no cambia mucho. Son los Migrantes los que van y vienen dependiendo de los caprichos de su naturaleza vampírica.
¿Naturales? ¿Migrantes? —Por la mirada en las caras del consejo, parecía que ninguno de ellos tenía ni idea de lo que estaba diciendo Emilia.
Por supuesto. —Emilia puso los ojos en blanco—. Ustedes los vampiros no prestan atención a la situación de los humanos que son traídos aquí, mientras se mantengan a raya. Nosotros, los humanos, incluyéndome, nos hemos clasificado de acuerdo a los que nacieron en esta isla, los Naturales, y aquellos que son traídos del exterior, los Migrantes.
Empezando a impacientarme, me enderecé y me incliné hacia adelante para enfatizar lo que quería saber.
¿Cuántos hay aquí, Emilia?
Según nuestra última cifra, la isla tiene siete mil quinientos treinta y dos Naturales, todos en las Alturas Negras, y dos mil trescientos veintinueve Migrantes, que residen con sus amos vampiros. Por su puesto, eso número es el más variable. ¿Quién sabe cuántos de ellos han muerto desde nuestro último recuento?
Los números de Emilia me dejaron impactado mientras las preguntas flotaban en mi cabeza.¿Cómo estamos sustentando todas esas vidas humanas? ¿Qué hacen aquí en la isla? ¿Cómo creció tanto su población? ¿Qué pasa con los muertos? Encontré la cifra absolutamente asombrosa e inaceptable.
Luego la realidad me golpeó con fuerza. Nos superan en número, al menos cinco a uno. Si alguna vez descubren su fuerza, estamos acabados . Me quedé mirando a la bruja, de cuya lealtad no estaba seguro. Todo lo que tenían que hacer era tener a Emilia de su lado para que La Sombra llegase a su final.

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