sábado, 26 de abril de 2014

Capitulo 12


Peter
Escupí en el suelo sucio y le di una mirada de disgusto a mi oponente. Frente a mí en el círculo que servía como arena de entrenamiento de lucha estaba Mariano Torre tratando de recuperar el aliento, su mano derecha colgaba lánguidamente a su lado con su mano agarrando la empuñadura de la katana como si su vida dependiera de eso, estaba agotado, sangriento y magullado.
No podía soportar la vista de él. Antes de mi sueño, me hubiera vencido en la lucha con cualquier espada, nueve de cada diez veces. Después de cuatro siglos, me tomó media docenas de golpes míos, acabarlo.
—Solo hemos estado en esto durante unos diez minutos Torre. —Vi como la herida fresca que la punta de mi katana le había infringido recientemente se cerraba y sanaba rápidamente.
—No he hecho esto en siglos Lanzani. —Mariano nunca se había dirigido a mí como su príncipe o superior. Era una cosa que me gustaba de él—. Estoy un poco oxidado.
Eché mi cabeza hacia atrás y lo escruté.
—¿Un poco? ¿Es una broma? ¿Dónde está el guerrero que una vez conocí? Si hubieras luchado así durante la batalla de la Primera Sangre, estaríamos todos muertos ahora. Un toque de diversión apareció en las esquinas de sus cansados y acerados ojos grises. El pareció ganar de pronto un poco más de fuerza, porque levantó su katana y se lanzó hacia adelante para atacarme.
Tomó alrededor de un minuto para que me rozara una fea herida en la espalda y lo dejara tirado boca abajo. Me molesto ver que la herida le cicatrizaba. La sangre que se derramó de su espalda ensució el suelo, mezclándose con la de los otros que lucharon antes que él.
¿Que han estado haciendo durante los últimos cuatrocientos años? Mi despiadada mirada siguió a Mariano mientras se arrastraba fuera de la arena.
—Parece que tenemos un montón de trabajo que hacer. ¿Quién sigue?
Stéfano de Gregorio entró en la arena, luciendo más como un bibliotecario que un guerrero. Sinceramente sentí pena por una de las mentes estratégicas más valiosas de nuestra Élite, porque cuando Stéfano se acercó a mí, estaba claro para cualquier persona que mirara que estaba temblando como una hoja, mortificado por la idea del combate cuerpo a cuerpo conmigo.
Flexioné los músculos de mi cuello antes de acercarme a él. Ese movimiento lo hizo estremecer visiblemente. Eso fue suficiente para tragarme cualquier culpa que sintiera por lo que estaba a punto de darle. Levantando mi arma, le asesté el primer golpe.
Aunque me gustara o no, como gobernante en La Sombra, necesitaba recordarle a mis súbditos como se sentía el dolor. Ellos necesitaban recordar lo que era el año de 1512. La batalla siempre sería recordada en nuestro corazones y mentes como la batalla de la Primera Sangre.Fue la primera batalla era luchar por sus vidas y sangrar por una causa.
                                                              ***
Era el año de 1512. La batalla siempre sería recordada en nuestros corazones y mentes como la batalla de la Primera Sangre. Fue la primera batalla que hubiera tenido lugar en la isla, la batalla que marcó el día que decidimos dejar de correr. Todos estuvimos de acuerdo en que ya era hora de luchar o morir haciéndolo.
Éramos un montón bastante triste, acurrucados dentro de las cuevas que con el tiempo se convertirían en las Alturas Negras, hogar de los prisioneros y esclavos de La Sombra.
Habían pasado dos años desde que me encontré como un náufrago en la isla, pensando que había perdido a todos mis seres queridos por otro ataque de un cazador cruel y sanguinario. La única compañía que tuve durante mi primer año abandonado en la isla fue una belleza de cabello castaño, ojos marrones y piel aceitunada. Se llamaba Gimena y ella era la única razón por la que mantenía mi
cordura y la vida después de que pensé que había perdido todo por lo que valía la pena luchar. No tenía idea entonces de quien y que era, o lo valioso que sería eventualmente en nuestra causa.
Dos años después del naufragio, sentado en esa cueva,me di cuenta que teníamos aún mucho por lo que luchar. Estaba sentado sobre el suelo, apoyado contra la pared de la cueva, con Gimena sentada junto a mí a mi derecha.
Mi padre, Gregor, se sentó al frente de nosotros. Una enorme mueca en su rostro mostró lo hambriento que estaba.Su apetito se vio confirmado por la mirada hambrienta que estaba enviando a Gimena.
Gimena era el único humano en una cueva llena de vampiros hambrientos. Nada de eso la desconcertaba. Ante el aspecto depredador de mi padre, ella solo sonrió en respuesta. Admiraba la forma en que era prácticamente imposible de intimidarla
Liana D´alessandro estaba sentada cerca de la entrada de la cueva. Puso sus rodillas en su pecho, temblando por el frio. Ella se quedó mirando hacia la entrada de la cueva, con la preocupación evidente en sus ojos debido a que Victorio no había llegado todavía. Había dejado la cueva junto con Benjamin y Mariano explorando la ubicación de los cazadores.
Junto a Liana estaba sentada Candela, luciendo desconcertadamente serena,su cabeza descansaba sobre el hombro de Liana.En las profundidades de sus ojos azul-violeta estaban los misterios de los no podíamos preguntar, porque ni siquiera podía recordar la última vez que había oído hablar a mi gemela.
A metro o metro y medio de distancia de las mujeres, Stéfano estaba dibujando una especie de mapa en el suelo con un palo. Estaba tan envuelto en el esquema que estaba inventando que apenas se dio cuentas de lo mal humorado que su hermano pequeño, Yuri, lució cuando Claudia comenzó a charlar y hacer gestos sugerentes hacia él. Yuri finalmente se dio cuenta de ella y de la mirada en el rostro de Claudia, al parecer, dijo algo cortante, ya que era la primera vez que podía recordar haber visto una mirada asesina en su linda cara. Fue la primera de muchas que vería.
Ellos comprendían solo algunos de los veinte clanes de vampiros ocultos conmigo en las cuevas de las montañas. La mayoría estaban aterrorizados por lo que el amanecer podría hacer. Habíamos perdido la esperanza. La mayoría de ellos apenas llegaron a la isla, con los cazadores en su incesante búsqueda de ellos. Nos las arreglamos para crear una distracción para darnos tiempo a escondernos en las cuevas, pero el sol estaba a punto de levantarse y parecía que los cazadores no estaban dispuestos a renunciar a su persecución hasta que cada uno de nosotros fuera destruido.
En casos como estos parecía que el sol era nuestro mayor adversario. ¿Cómo podíamos luchar y defendernos cuando teníamos que mantenernos ocultos en la oscuridad de las cuevas solo para que el sol no nos destruyera primero?
El viento aullaba fuera de la cueva, pero entonces llegó el sonido característico de unos pasos que se acercaban. Me puse de pie, mi mano agarrando la empuñadura de mi espada. Hice una breve inhalación cuando Victorio, Benjamin y Mariano aparecieron desde el claro. Las expresiones de sus caras me dijeron que no tenía ninguna razón para sentirme aliviado.
Se acercan mientras hablamos —dijo Victorio.
Tragué saliva sabiendo que era imposible escapar.
¿Cuantos?
Intercambiaron miradas de preocupación.
Entre cuatrocientos y quinientos —estimó Mariano—. Tal vez seiscientos.
¿Cuántos de nosotros hay? —le pregunté directamente a Stéfano. Ni siquiera me miró a la cara.
Setenta y seis, setenta y siete, si la incluimos a ella. —Se estaba refiriendo a Gimena.
Me paré en toda mi altura, reuniendo todo el Gimenaje que tenía para seguir adelante con lo que tenía en mente.
¿Cuántos de nosotros podemos luchar?
¡No puedes considerar esto en serio! —Benjamin dio un paso adelante—. Ellos nos superan en número por lo menos cinco a uno. No tenemos más remedio que huir.
¿Huir? ¿Huir a dónde? —Me dirigí hacia él—. Para que no se te olvide, estamos en una isla. Si queremos llegar al barco que trajeron aquí tenemos que caminar justos entre los cazadores
La mayoría de nosotros no estamos entrenados para pelear —siguió oponiéndose Benjamin.
Puede ser que simplemente nos quemen —habló Yuri.
Eso es exactamente lo que van a hacer si nos sentamos aquí y esperamos por ellos.
¿Qué estás diciendo chico? —preguntó Victorio.
No sé ustedes pero yo no puedo huir más. Digo que luchemos por esta isla. Hagamos un refugio de ella.
Los otros vampiros empezaron a apiñarse alrededor de nosotros, escuchando curiosos acerca de lo que estaba desarrollándose.
¿Cómo propones que hagamos esto hermano? —escupió prácticamente Benjamin.
Vamos a hacer un ejemplo de estos cazadores. Vamos a enviar un
mensaje claro. Cualquier humano que entre en esta isla nunca podrá salir de nuevo.
En el momento que dije esas palabras inmediatamente me di cuenta de la conmoción en los ojos de Gimena. Traté de no preocuparme por ella. La decisión tenía que ser hecha y era claro que yo era el único que la haría. No había vuelta atrás para mí—. Tenemos que luchar.
¿Y si no tenemos éxito? —Esta vez fue mi padre el que habló mientras se ponía de pie—. ¿Y si el sol sale mientras luchamos? Sera el fin de todos nosotros.
Me encogí de hombros.
Prefiero morir luchando que huyendo.
Y así sucedió en el momento más oscuro de la noche, tomamos la ofensiva y corrimos directo hacia los cazadores. Su sorpresa resultó funcionar a nuestro favor, pero sabía que no había manera de que termináramos la batalla antes de que el sol se levantara finalmente y nos derrotara. Sin embargo, a medida que luchábamos por nuestras vidas contra algunos de los mejores y más temibles cazadores que su orden había enviado, nos dimos cuenta de que el miedo a la luz del sol resultó ser infundado. Luchamos por horas, durante el tiempo que tomó destruir a cada uno de los cazadores que se atrevieron a invadirnos, pero el amanecer nunca llegó.
Después de la batalla de la Primera Sangre, la isla llegó a estar permanentemente envuelta por la oscuridad. La luna se convirtió en nuestro sol. Sería años más tarde que nos diéramos cuenta del por qué. Como la mano de Gimena jugó en todo eso. Incluso después de que me enteré que estaba detrás de todo, no podía entender por qué decidió salvar nuestras vidas a pesar de que significaba perder las vidas de cientos de cazadores.
Los otros elogiaron el extraño suceso como un milagro. Ellos creían que la isla era realmente nuestro santuario, y me fStéfanocitaron por descubrirlo y liderarlos para luchar por ello.
Yo no lo vi de la misma manera que ellos. Lo vi como un presagio oscuro. Nunca nos olvidaré a Candela y a mí mirando el cielo estrellado hasta bien entrada la noche, mientras los demás dormían como bebés. Parecía que solo mi hermana gemela y yo estábamos de acuerdo en lo que realmente ocurrió. El miedo en sus ojos violetas era inconfundible. Después de años de silencio, ella miró al cielo de la noche, me agarró de la mano y dijo
La oscuridad se acerca.
No le pregunté que quería decir. Para mí ella significaba la oscuridad que se hizo cargo de La Sombra, significando que la oscuridad se hizo cargo de cada uno de nosotros durante esta batalla, porque para muchos de nosotros, era la primera vez que tomábamos intencionalmente la vida de un humano. Fue la noche que extrajimos nuestra primera sangre.
                                                        ***
Para el momento que estuve demasiado cansado para luchar, el suelo de la arena estaba rojo sangre, un claro recordatorio de la batalla que habíamos peleado hace cuatrocientos años. De todos los guerreros que estaban dentro de ese círculo ninguno fue capaz de pegarme, y mucho menos herirme. Eran los mismos hombres y mujeres que extrajeron sangre conmigo por primera vez, solo que esta vez eran más débiles, más orgullosos y menos resistentes. En la batalla, apenas los reconocería.
Tiré mi arma al suelo y comencé a alejarme del campo de entrenamiento, solo para encontrar a Victorio acercarse.
—¿Listo para una pelea, D´alessandro?
—Hoy no príncipe. —Negó con la cabeza, y una divertida sonrisa se formó en su cara—. Vine para preguntarte si todavía querías esa reunión con el consejo en la Gran Cúpula.
—Por supuesto.—Me encogí de hombros-.¿Por qué no habría de querer hacerlo?
Respondió con una mirada que claramente explicaba todo,tú deberías responder a eso. Arrastré mis pies y le di una mirada confusa e impaciente. Se rió entre dientes, señalando a los oponentes con los que acababa de luchar.
—Si no fuéramos vampiros, habrías asesinado a más de dos tercios del consejo de Élite. —Sonrió antes de agregar—: ...Su Majestad
Luché contra el impulso de reír.El consejo de Élite ahora consistía en un montón bastante patético. Solo rodé mis ojos y me fui por un cambio rápido antes de dirigirme a la cúpula con Victorio.
—¿Qué sabemos acerca de Ingrid Martinez? —le pregunté. Por razones que no podía entender por completo, algo sobre la idea de Pablo teniendo una chica nueva no me cayó bien. Estuvo detrás de Candela por demasiado tiempo, empeñado en conseguir “lo que le pertenecía”. No podía creer que simplemente acabara de dejar su pasado atrás y reemplazado a Candela por otra persona, a menos que por supuesto hubiera más sobre Ingrid Martinez de lo que sabíamos.
Victorio se encogió de hombros.
—No estoy seguro incluso de que se le haya permitido salir del Oasis desde que Pablo la cambió. Ella es su secreto mejor guardado.
—¿Alguna idea de por qué la mantiene en secreto?
—Solo rumores. Algunos dicen que Ingrid es para El Oasis, lo que Candela es para La Sombra.
—Es una vidente.
—Tal vez... ¿Por qué más Pablo estaría tan obsesionado con ella? Los dos sabemos lo enfermo que está ese hombre, si incluso lo pudiéramos llamar así. No cambiaría a un humano como Ingrid y la haría parte de su clan a menos que haya algo especial en ella.
No podía dejar de fruncir el ceño ante la información, preguntándome a mí mismo por qué me molestaba tanto. Pablo ya no estaba tras mi hermana. Debería estar fStéfanoz. Aunque pensar en Ingrid me hizo sentirme nervioso. Algo no estaba bien. Tenía asuntos más urgentes de que ocuparme, por el momento, pero sabía que algún día tendría que encontrarme cara a cara con Pablo Martinez de nuevo y finalmente poner mis ojos sobre esa misteriosa mujer suya.
Una extraña sensación de premonición me dijo que iba a lamentar ese día.

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