Peter
Escupí en el suelo sucio y le di una
mirada de disgusto a mi
oponente. Frente a mí en el círculo que
servía como arena
de entrenamiento de lucha estaba Mariano Torre
tratando
de recuperar el aliento, su mano derecha colgaba
lánguidamente a su lado con su
mano agarrando la empuñadura de la
katana como si su vida dependiera de eso,
estaba agotado, sangriento
y magullado.
No podía soportar la vista de él.
Antes de mi sueño, me hubiera vencido en
la lucha con cualquier
espada, nueve de cada diez veces. Después de cuatro siglos,
me tomó
media docenas de golpes míos, acabarlo.
—Solo hemos estado en esto durante
unos diez minutos Torre. —Vi
como la herida fresca que la punta de
mi katana le había infringido recientemente
se cerraba y sanaba
rápidamente.
—No he hecho esto en siglos Lanzani.
—Mariano nunca se había dirigido a mí
como su príncipe o
superior. Era una cosa que me gustaba de él—. Estoy un poco
oxidado.
Eché mi cabeza hacia atrás y lo
escruté.
—¿Un poco? ¿Es una broma? ¿Dónde
está el guerrero que una vez conocí?
Si hubieras luchado así
durante la batalla de la Primera Sangre, estaríamos todos
muertos
ahora.
Un toque de diversión apareció en las esquinas de sus
cansados y acerados
ojos grises. El pareció ganar de pronto un poco
más de fuerza, porque levantó su
katana y se lanzó hacia adelante
para atacarme.
Tomó alrededor de un minuto para que
me rozara una fea herida en la
espalda y lo dejara tirado boca
abajo. Me molesto ver que la herida le cicatrizaba.
La sangre que se
derramó de su espalda ensució el suelo, mezclándose con la de los
otros que lucharon antes que él.
¿Que han estado haciendo durante
los últimos cuatrocientos años? Mi
despiadada mirada siguió a
Mariano mientras se arrastraba fuera de la arena.
—Parece que tenemos un montón de
trabajo que hacer. ¿Quién sigue?
Stéfano de Gregorio entró en la
arena, luciendo más como un bibliotecario que un
guerrero.
Sinceramente sentí pena por una de las mentes estratégicas más
valiosas
de nuestra Élite, porque cuando Stéfano se acercó a mí,
estaba claro para cualquier
persona que mirara que estaba temblando
como una hoja, mortificado por la idea
del combate cuerpo a cuerpo
conmigo.
Flexioné los músculos de mi cuello
antes de acercarme a él. Ese
movimiento lo hizo estremecer
visiblemente. Eso fue suficiente para tragarme
cualquier culpa que
sintiera por lo que estaba a punto de darle. Levantando mi
arma, le
asesté el primer golpe.
Aunque me gustara o no, como gobernante
en La Sombra, necesitaba
recordarle a mis súbditos como se sentía
el dolor. Ellos necesitaban recordar lo que era el año de 1512. La
batalla siempre sería recordada en nuestro corazones y mentes
como la batalla de la Primera Sangre.Fue la primera batalla
era
luchar por sus vidas y sangrar por una causa.
***
Era el año de 1512. La batalla
siempre sería recordada en nuestros corazones y mentes como la
batalla de la Primera Sangre. Fue la primera batalla
que hubiera
tenido lugar en la isla, la batalla que marcó el día que decidimos
dejar
de correr. Todos estuvimos de acuerdo en que ya era hora de
luchar o morir
haciéndolo.
Éramos un montón bastante triste,
acurrucados dentro de las cuevas que
con el tiempo se convertirían
en las Alturas Negras, hogar de los prisioneros y
esclavos de La
Sombra.
Habían pasado dos años desde que
me encontré como un náufrago en la
isla, pensando que había
perdido a todos mis seres queridos por otro ataque de un
cazador
cruel y sanguinario. La única compañía que tuve durante mi primer
año
abandonado en la isla fue una belleza de cabello castaño, ojos
marrones y piel
aceitunada. Se llamaba Gimena y ella era la única
razón por la que mantenía mi
cordura y la vida después de que
pensé que había perdido todo por lo que valía la
pena luchar. No
tenía idea entonces de quien y que era, o lo valioso que sería
eventualmente en nuestra causa.
Dos años después del naufragio,
sentado en esa cueva,me di cuenta que
teníamos aún mucho por lo
que luchar. Estaba sentado sobre el suelo, apoyado
contra la pared
de la cueva, con Gimena sentada junto a mí a mi derecha.
Mi padre, Gregor, se sentó al
frente de nosotros. Una enorme mueca en su
rostro mostró lo
hambriento que estaba.Su apetito se vio confirmado por la mirada
hambrienta que estaba enviando a Gimena.
Gimena era el único humano en una
cueva llena de vampiros hambrientos.
Nada de eso la desconcertaba.
Ante el aspecto depredador de mi padre, ella solo
sonrió en
respuesta. Admiraba la forma en que era prácticamente imposible de
intimidarla
Liana D´alessandro estaba sentada
cerca de la entrada de la cueva. Puso sus
rodillas en su pecho,
temblando por el frio. Ella se quedó mirando hacia la entrada
de la
cueva, con la preocupación evidente en sus ojos debido a que
Victorio no
había llegado todavía. Había dejado la cueva junto
con Benjamin y Mariano explorando
la ubicación de los cazadores.
Junto a Liana estaba sentada
Candela, luciendo desconcertadamente
serena,su cabeza descansaba
sobre el hombro de Liana.En las profundidades de
sus ojos
azul-violeta estaban los misterios de los no podíamos preguntar,
porque ni
siquiera podía recordar la última vez que había oído
hablar a mi gemela.
A metro o metro y medio de distancia
de las mujeres, Stéfano estaba dibujando
una especie de mapa en el
suelo con un palo. Estaba tan envuelto en el esquema
que estaba
inventando que apenas se dio cuentas de lo mal humorado que su
hermano pequeño, Yuri, lució cuando Claudia comenzó a charlar y
hacer gestos
sugerentes hacia él. Yuri finalmente se dio cuenta de
ella y de la mirada en el rostro
de Claudia, al parecer, dijo algo
cortante, ya que era la primera vez que podía
recordar haber visto
una mirada asesina en su linda cara. Fue la primera de muchas
que
vería.
Ellos comprendían solo algunos de
los veinte clanes de vampiros ocultos
conmigo en las cuevas de las
montañas. La mayoría estaban aterrorizados por lo
que el amanecer
podría hacer. Habíamos perdido la esperanza. La mayoría de ellos
apenas llegaron a la isla, con los cazadores en su incesante búsqueda
de ellos. Nos
las arreglamos para crear una distracción para darnos
tiempo a escondernos en las
cuevas, pero el sol estaba a punto de
levantarse y parecía que los cazadores no estaban dispuestos a renunciar a su
persecución hasta que cada uno de nosotros
fuera destruido.
En casos como estos parecía que el
sol era nuestro mayor adversario.
¿Cómo podíamos luchar y
defendernos cuando teníamos que mantenernos ocultos
en la oscuridad
de las cuevas solo para que el sol no nos destruyera primero?
El viento aullaba fuera de la cueva,
pero entonces llegó el sonido
característico de unos pasos que se
acercaban. Me puse de pie, mi mano agarrando
la empuñadura de mi
espada. Hice una breve inhalación cuando Victorio, Benjamin
y
Mariano aparecieron desde el claro. Las expresiones de sus caras me
dijeron que no
tenía ninguna razón para sentirme aliviado.
—Se acercan mientras hablamos
—dijo Victorio.
Tragué saliva sabiendo que era
imposible escapar.
—¿Cuantos?
Intercambiaron miradas de
preocupación.
—Entre cuatrocientos y quinientos
—estimó Mariano—. Tal vez seiscientos.
—¿Cuántos de nosotros hay? —le
pregunté directamente a Stéfano.
Ni siquiera me miró a la cara.
—Setenta y seis, setenta y siete,
si la incluimos a ella. —Se estaba refiriendo
a Gimena.
Me paré en toda mi altura,
reuniendo todo el Gimenaje que tenía para seguir
adelante con lo
que tenía en mente.
—¿Cuántos de nosotros podemos
luchar?
—¡No puedes considerar esto en
serio! —Benjamin dio un paso adelante—.
Ellos nos superan en
número por lo menos cinco a uno. No tenemos más remedio
que huir.
—¿Huir? ¿Huir a dónde? —Me
dirigí hacia él—. Para que no se te olvide,
estamos en una isla.
Si queremos llegar al barco que trajeron aquí tenemos que
caminar
justos entre los cazadores
—La mayoría de nosotros no
estamos entrenados para pelear —siguió
oponiéndose Benjamin.
—Puede ser que simplemente nos
quemen —habló Yuri.
—Eso es exactamente lo que van a
hacer si nos sentamos aquí y esperamos
por ellos.
—¿Qué estás diciendo chico?
—preguntó Victorio.
—No sé ustedes pero yo no puedo
huir más. Digo que luchemos por esta
isla. Hagamos un refugio de
ella.
Los otros vampiros empezaron a
apiñarse alrededor de nosotros,
escuchando curiosos acerca de lo que
estaba desarrollándose.
—¿Cómo propones que hagamos esto
hermano? —escupió prácticamente
Benjamin.
—Vamos a hacer un ejemplo de estos
cazadores. Vamos a enviar un
mensaje claro. Cualquier humano que
entre en esta isla nunca podrá salir de nuevo.
—En el momento que dije esas
palabras inmediatamente me di cuenta de la
conmoción en los ojos de
Gimena. Traté de no preocuparme por ella. La decisión tenía
que
ser hecha y era claro que yo era el único que la haría. No había
vuelta atrás
para mí—. Tenemos que luchar.
—¿Y si no tenemos éxito? —Esta
vez fue mi padre el que habló mientras
se ponía de pie—. ¿Y si
el sol sale mientras luchamos? Sera el fin de todos nosotros.
Me encogí de hombros.
—Prefiero morir luchando que
huyendo.
Y así sucedió en el momento más
oscuro de la noche, tomamos la ofensiva
y corrimos directo hacia los
cazadores. Su sorpresa resultó funcionar a nuestro
favor, pero
sabía que no había manera de que termináramos la batalla antes de
que
el sol se levantara finalmente y nos derrotara. Sin embargo, a
medida que
luchábamos por nuestras vidas contra algunos de los
mejores y más temibles
cazadores que su orden había enviado, nos
dimos cuenta de que el miedo a la luz
del sol resultó ser
infundado. Luchamos por horas, durante el tiempo que tomó
destruir
a cada uno de los cazadores que se atrevieron a invadirnos, pero el
amanecer nunca llegó.
Después de la batalla de la Primera
Sangre, la isla llegó a estar
permanentemente envuelta por la
oscuridad. La luna se convirtió en nuestro sol.
Sería años más
tarde que nos diéramos cuenta del por qué. Como la mano de Gimena
jugó en todo eso. Incluso después de que me enteré que estaba
detrás de todo, no
podía entender por qué decidió salvar
nuestras vidas a pesar de que significaba perder las vidas de cientos de
cazadores.
Los otros elogiaron el extraño
suceso como un milagro. Ellos creían que la
isla era realmente
nuestro santuario, y me fStéfanocitaron por descubrirlo y
liderarlos
para luchar por ello.
Yo no lo vi de la misma manera que
ellos. Lo vi como un presagio oscuro.
Nunca nos olvidaré a Candela y
a mí mirando el cielo estrellado hasta bien
entrada la noche,
mientras los demás dormían como bebés. Parecía que solo mi
hermana gemela y yo estábamos de acuerdo en lo que realmente
ocurrió. El miedo
en sus ojos violetas era inconfundible. Después
de años de silencio, ella miró al
cielo de la noche, me agarró de
la mano y dijo
—La oscuridad se acerca.
No le pregunté que quería decir.
Para mí ella significaba la oscuridad que
se hizo cargo de La
Sombra, significando que la oscuridad se hizo cargo de cada
uno de
nosotros durante esta batalla, porque para muchos de nosotros, era
la
primera vez que tomábamos intencionalmente la vida de un humano.
Fue la noche
que extrajimos nuestra primera sangre.
***
Para el momento que
estuve demasiado cansado para luchar, el suelo de la
arena estaba
rojo sangre, un claro recordatorio de la batalla que habíamos
peleado
hace cuatrocientos años. De todos los guerreros que estaban
dentro de ese círculo
ninguno fue capaz de pegarme, y mucho menos
herirme. Eran los mismos hombres
y mujeres que extrajeron sangre
conmigo por primera vez, solo que esta vez eran
más débiles, más
orgullosos y menos resistentes. En la batalla, apenas los
reconocería.
Tiré mi arma al
suelo y comencé a alejarme del campo de entrenamiento,
solo para
encontrar a Victorio acercarse.
—¿Listo para una
pelea, D´alessandro?
—Hoy no príncipe.
—Negó con la cabeza, y una divertida sonrisa se formó
en su
cara—. Vine para preguntarte si todavía querías esa reunión con
el consejo
en la Gran Cúpula.
—Por supuesto.—Me encogí de hombros-.¿Por qué no habría de querer
hacerlo?
Respondió con una
mirada que claramente explicaba todo,tú deberías
responder a eso.
Arrastré mis pies y le di una mirada confusa e impaciente. Se rió
entre dientes, señalando a los oponentes con los que acababa de
luchar.
—Si no fuéramos
vampiros, habrías asesinado a más de dos tercios del
consejo de
Élite. —Sonrió antes de agregar—: ...Su Majestad
Luché contra el
impulso de reír.El consejo de Élite ahora consistía en un
montón
bastante patético. Solo rodé mis ojos y me fui por un cambio rápido
antes
de dirigirme a la cúpula con Victorio.
—¿Qué sabemos
acerca de Ingrid Martinez? —le pregunté. Por razones que
no podía
entender por completo, algo sobre la idea de Pablo teniendo una
chica
nueva no me cayó bien. Estuvo detrás de Candela por
demasiado tiempo,
empeñado en conseguir “lo que le pertenecía”.
No podía creer que simplemente
acabara de dejar su pasado atrás y
reemplazado a Candela por otra persona, a
menos que por supuesto
hubiera más sobre Ingrid Martinez de lo que sabíamos.
Victorio se encogió
de hombros.
—No estoy seguro
incluso de que se le haya permitido salir del Oasis desde
que Pablo
la cambió. Ella es su secreto mejor guardado.
—¿Alguna idea de
por qué la mantiene en secreto?
—Solo rumores.
Algunos dicen que Ingrid es para El Oasis, lo que Candela
es para La
Sombra.
—Es una vidente.
—Tal vez... ¿Por
qué más Pablo estaría tan obsesionado con ella? Los dos
sabemos
lo enfermo que está ese hombre, si incluso lo pudiéramos llamar
así. No
cambiaría a un humano como Ingrid y la haría parte de su
clan a menos que haya
algo especial en ella.
No podía dejar de
fruncir el ceño ante la información, preguntándome a
mí mismo
por qué me molestaba tanto. Pablo ya no estaba tras mi
hermana.
Debería estar fStéfanoz. Aunque pensar en Ingrid me hizo
sentirme nervioso. Algo no
estaba bien. Tenía asuntos más urgentes
de que ocuparme, por el momento, pero
sabía que algún día tendría
que encontrarme cara a cara con Pablo Martinez de nuevo
y finalmente
poner mis ojos sobre esa misteriosa mujer suya.
Una extraña
sensación de premonición me dijo que iba a lamentar ese día.
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