Después del
apagón,las cosas estaban obligadas a ir cuesta abajo
y lo sabía.
La oscuridad comenzó a consumirme y no tenía
suficiente fuerza de
voluntad para luchar contra ella,así que
simplemente me rendí y me
dejé caer en picado, a la espera de tocar fondo.
El primer paso para
mi caída fue cuando decidí que Lali ya no era mi
responsabilidad.
Le pedí a Cameron
y a Yuri reunirse conmigo después de que ataqué a
Eugenia y golpeé
a Candela. Estaba en el salón de música. Mantuve las luces
tenues,
mis dedos tocando una melodía triste en el piano de cola.
Los caballeros se
acercaron con vacilación. Tal vez mi rostro
reflejaba que no estaba de humor para
tener compañía.
—Busquen un
asiento y díganme que pasó. ¿Cómo fue posible que mi
hermano se
escapara de ustedes dos? —Seguí tocando la apesadumbrada melodía.
Cameron tomó la
delantera y se acomodó en uno de los bancos con cojines.
Yuri lo
siguió poco después. Parecía estar muy nervioso por la manera en
que sus
dedos temblaban mientras los retorcía. Entonces me di
cuenta que Yuri nunca
parecía estar a gusto cuando estaba a mi
alrededor.
—¿Bien?
—persuadí con impaciencia—. Hablen.
—Encontramos a
Benjamin en casa de Paula —forzó Cameron—. Al parecer,
se estuvo
escondiendo con ella todo este tiempo. Fue rápido al escapar. Lo
más
probable es que nos haya escuchado venir y saltó por la
ventana de una de las
habitaciones de huéspedes justo antes de que
llegáramos.
—Corrí tras
él... —intervino Yuri—.
―...Y Lazaroff
fue condenadamente rápido también. Siempre lo ha sido.
Desde mi visión
periférica, pude percibir a Cameron mirando a Yuri, como
si le
estuviera diciendo al joven vampiro que lo dejara hablar a él. De
los tres,
Cameron era el más viejo, tanto en años naturales como en
vampíricos. Sin
embargo me había mostrado más reverencia y
respeto del que Yuri alguna vez me
ha mostrado.
—Yuri se encontró
con tu hermano —continuó Cameron después de una
corta pausa—,
pero como bien sabes, Benjamin lo venció. Si no los hubiera
encontrado
a tiempo, el príncipe hubiera arrancado el corazón de
Yuri. Cuando Benjamin me vio
llegar, corrió. En el momento en que
llegué al puerto, ya había golpeado a los
guardias y escapado en
una de las lanchas de alta velocidad.
—¿Las lanchas de
alta velocidad? —Ante eso, dejo de tocar la melodía
abruptamente—. ¿No tomó un submarino?
—Los submarinos
son nuevos y mucho más rápidos que una lancha de alta
velocidad.
Él no habría sabido cómo manejar los submarinos —explicó Yuri—.
Él
no ha mostrado ningún interés en navegar los submarinos de
todos modos.
—¿Entonces se
fue de la isla a plena luz del día? —Me di la vuelta en mi
banco
para poder estar frente a ellos—. De seguro morirá...
—No apostaría
nada por eso. —Cameron se rio entre dientes—. Si hay algo
que
admiro de tu hermano, es su deseo de sobrevivir.
Cameron tenía
razón. Conociendo a mi hermano, tenía un plan bajo la
manga que lo
ayudaría a sobrevivir incluso bajo el sol. Sin ser capaz de discutir
el
razonamiento de Cameron, tuve que preguntar:
―¿Por qué
estaba Yuri allí?
—Él fue quien me
avisó que Benjamin estaba en casa de Paula.
Miré a Yuri
pensativamente. No sabía por qué estaba sorprendido. Solo
pensaba
que después de todos estos siglos, la extraña cosa que sucedió
entre Paula
y Yuri había terminado. Nunca entendí claramente la
dinámica de su relación o el
evidente desprecio de Yuri, y la
aparente fascinación, de Paula.
—¿Cómo supiste
sobre eso exactamente?
Yuri me dio una
respuesta, tomando un respiro profundo, mientras se
inclinaba para
hacerlo. Sin embargo no le preste atención a su explicación,
porque
mi mente rápidamente se enfoco en el bienestar de Lali.
Decir que no me
importaba lo que le pasara era una mentira. Solo
pensar que podría estar en peligro
me enfermaba. Sabía que si
Benjamin sobrevivió, y probablemente lo hizo, él suponía
una
terrible amenaza para su vida. Si aún no estaba consciente de que
Lali ya no
estaba en La
Sombra, él aún tenía un montón de tiempo y medios para descubrir
que Lali ya no estaba bajo mi protección.
Una parte de mi
quería hacerle caso a la persuasión de Candela de ir tras
ella,
pero no me atrevía a hacerlo. Mi ego no podía soportar el
penNicoiento de
deambular alrededor del continente en busca de una
adolescente. Lali optó por
irse, sabiendo muy bien que al salir de
La Sombra ya no estaría bajo mi protección.
Si Benjamin fue tras
ella, era su responsabilidad. No mía. Ella dejó de ser mi
obligación
en el momento en que eligió escapar.
—¿Entonces?¿Qué
hacemos ahora? —indagó Cameron.
Tuve que parpadear
varias veces para recuperarme de mi ensimismamiento
y enfocar mi
atención en el que caso en cuestión.
—Quiero que Paula
sea arrestada y llevada a juicio.
Los ojos de Yuri se
ampliaron.
—Señor, con todo
respeto, nadie de la Élite ha sido juzgado por un delito
en toda la
historia de La Sombra. Es inaudito.
—Es o llevarla a
juicio o matarla por desafiarme. Ella me escupió en la cara
cuando
escondió a mi hermano de mí cuando claramente exigí que quería
que él
fuera entregado en mis manos. No puedo tolerar eso si he de
gobernar.
—Peter...
—Cameron se puso de pie lentamente para tratar de razonar
conmigo.
Me aparté de
ellos.
—Háganlo de
inmediato. El juicio comienza mañana. —Seguí tocando el
piano.
Señalando que nuestra conversación había terminado y que ya no
necesitaba
nada de ellos.
Mi siguiente
tropiezo/equivocación fue cuando quité todo lo que
posiblemente me
pudiera recordar a Lali.
Le hice una visita
a Eugenia en la habitación que compartía con las chicas
no mucho
después que Cameron y Yuri se fueron. Aún estaba inconsciente.
—¿Por qué no ha
sanado? ¿No ha sido alimentada con sangre? —pregunté,
mirando su
cuerpo inerte. Busqué por un sentimiento de culpa, pero no encontré
nada de eso. En su lugar, encontré que el deseo de succionarla hasta
dejarla seca
era abrumador. Matar estaba en mi naturaleza y el
depredador en mí anhelaba más
de ella.
—La alimenté con
mi sangre, su majestad —comenzó a explicar Agus—. Se
necesita
algo de tiempo para que tenga efecto.
Encontré eso
desalentador.Las veces que tuve que sanar a Lali con mi
sangre,sanó
casi inmediatamente. Me encogí de hombros. Lali es diferente. Lo
sabía desde el primer momento en que la vi. Mi instinto pasó del
anhelo que tenía
por Lali al hambre que sentía por Eugenia.
Mis ojos comenzaron
a enfocarse en el área del cuello de Lali donde hundí
mis dientes.
El dolor interior, el hambre, era casi insoportable.
—Sácala de mi
casa. —La orden salió profunda y amenazante.
Los ojos de Agus
cayeron en mí.
—¿Señor?
—Me escuchaste.
Sácala de aquí. Llévala a tu casa. No me importa. No voy
a ser
capaz de evitar devorarla si ella está aquí.
Agus asintió,
inmediatamente comprendiendo lo que estaba tratando de
decir.
—¿Las otras
chicas?
—Llévatelas
también. Nico tomará una o ambas bajo su ala. Yo solo las
quiero
fuera de aquí.
Avancé para salir
de la habitación, queriendo alejarme de Eugenia lo más
pronto
posible antes de perder todo sentido de auto-control. Con toda la
fuerza
que me quedaba, me detuve y le di a Agus una instrucción
final:
—Destruye la
Habitación del Sol. La quiero vacía y despojada de todo lo
hay
ahí. Conviértela en un lienzo blanco otra vez. No quiero nada en
esta casa que
me recuerde a ella.
Candela tenía
razón. Había sucumbido a la oscuridad. Cuando me senté
en mi
lugar en la Gran Cúpula, preparándome para el juicio de Paula, la
única
emoción que todavía me conectaba con mi humanidad era la
culpa. Nunca me dejó.
Sabía que en el momento en que dejará ir la
culpa, sería una causa perdida. La
tentación de aliviar mi dolor
desconectando la emoción era fuerte, pero no me
podía hacer eso a
mí mismo.No podía permitirme perder lo poco que quedaba de
mi
humanidad, sin importar cuán doloroso era.
Paula fue llevada
hasta el estrado. Decir que se veía arrepentida era un
eufemismo.
Se veía francamente lívida, con sus ojos destellando fuego dorado
hacia
mí.
Eli, quien estaba a
la cabeza del proceso, con nerviosismo arrastraba los
pies cuando
tomó su lugar al lado de Paula.Se mantuvo robando miradas hacia
ella, como si tuviera miedo de que pudiera de repente simplemente
lanzarse sobre
él. Con Paula luciendo como una leona furiosa y Eli
un ratón nervioso y
tembloroso, parecía muy posible que Paula
terminara devorando al vampiro
delgado y desgarbado.
—Vamos a acabar
con esto, ¿de acuerdo? —inicié. Mis ojos cayeron en el
asiento
vacío donde se suponía que debía estar Candela. ¿Dónde
demonios, está?
Hice una nota mental para ir a buscarla después
del juicio.
Eli comenzó a
hacer las observaciones introductorias, anunciando el
propósito del
juicio y los cargos que Paula tenía en su contra. En su mayor
parte,
estuvo claro que ninguno de nosotros estaba seguro de qué
hacer. Habían pasado
siglos desde que un miembro de La Sombra fue
juzgado. Esta era la primera vez
que un miembro de la Élite había
estado en un juicio.
La mandíbula de
Eli estaba retorciéndose cuando terminó las
introducciones y se
volvió hacia la acusada.
―¿Cómo se
declara?
—Inocente. —Paula
mantuvo sus ojos fijos en mí.
Mi ceja se
levantó.
—¿Niegas haber
escondido a mi hermano en tu casa?
—No.
—¿Eras
consciente que yo, tu príncipe y superior, dio la orden de que él
debía ser entregado a mi custodia por cualquier ciudadano de La
Sombra con quién
él se pusiera en contacto?
—Sí, era
consciente.
—Entonces ¿cómo
eres inocente? ¿No está claro que me desafiaste?
—Deja de jugar a
esta farsa, su alteza real —dijo entre dientes—. Todos
sabemos
que dejaste La Sombra sin leyes antes de irte a tu somnoliento retiro
por
cuatrocientos años. No puedes acusarme de un delito cuando no
hay leyes que
quebrantar.
Apoyé un codo
sobre el brazo del sillón de cuero reclinable en donde
estaba
sentado. Una de las esquinas de mis labios se levantó en una media
sonrisa
divertida.
—Ves ahí es
donde te equivocas, Paula. En esta isla, no hay más que una
ley y
tú la rompiste. La palabra de aquellos que gobiernan sobre ti y en
la ausencia
de mi padre... esa palabra es mía. Recorrí con la
vista a todos los miembros de
la Élite presentes en esa
habitación—. Recuerden mis palabras. En La Sombra, por
el tiempo
que gobierne, mi palabra es la ley. Aquellos que me desafíen
sufrirán las
consecuencias. ¿Alguien se atreve a objetar?
El silencio era
electrizante. Esperaba totalmente que Paula se levantara
y se
defendiera pero para mi sorpresa, se encogió. Sonreí. Incluso
las leonas le
temen al rey de la manada.
—¿A alguien aquí
le gustaría hablar en nombre de la acusada? —pregunté.
Paula no tenía una
abundancia de aliados en La Sombra, así que no estaba
esperando que
nadie se pusiera de pie por ella. Me sorprendí cuando Yuri se puso
de pie en su nombre. De toda la gente que podría haber esperado que
dijera algo
para salvar el cuello de Paula, desde luego, no era él.
Yuri subió al
estrado, mirando a Paula antes de dirigirse a mí.
—No es un secreto
en este reino lo mucho que esta zorra y yo nos
detestamos. Encuentro
muy repugnante pararme aquí a su lado. Sin embargo,
tampoco es un
secreto para este reino que si hay un ciudadano en esta isla que
haya
sido capaz alguna vez de soportar estar cerca de ella, era tu
hermano mayor alteza,
Benjamin. —Hizo una pausa para tomar aliento
y le dio a Paula una mirada mordaz.
Fue algo extraño
ver como los ojos de Paula estaban humedecidos con
las lágrimas. Me
encontré a mi mismo aún más intrigado por la historia que había
detrás de la relación de Paula y Yuri.
—No podemos
excusar su evidente desafío a su majestad, el príncipe, pero
estoy
aquí apelando a la misericordia en lugar de la justicia.Nos
convertimos en la
Élite, porque sangramos juntos en batalla. Nos
pusimos de pie como hermanos y
hermanas, como una familia durante
los peores momentos. Benjamin era para Paula,
un amigo tal vez, un
amante quizás, familia a lo mejor. ¿Realmente deberíamos
castigarla por tratar de proteger a una persona en La Sombra que ella
puede
considerar su
aliado?
Mi respuesta a la
petición de Yuri causaría conmoción y lo sabía.
—Tus palabras me
parecen conmovedoras —me dirigí a él—. Sin embargo,
desafío es
desafío y no voy a tolerarlo. A menos que alguien me pueda dar una
razón más sustancial para darle un indulto, ella servirá como una
advertencia para
todos en el reino. —Me puse de pie para darle más
énfasis a mis palabras—. Ya no
seré desafiado por nadie más.
Vi el miedo en los
ojos de Paula. Era muy raro verla temblando y
disfrutaba cada
segundo de ello.
—La condeno a
treinta latigazos y a seis meses en las celdas con efecto
inmediato.
El resultado fue el
caos, pero fui capaz de lograr lo que me propuse hacer.
El mensaje
fue enviado fuerte y claro. La Sombra ya no era un reino sin ley. Yo
era
la ley.