martes, 6 de mayo de 2014

Capitulo 21


Benjamin
Mi escape fue por los pelos para decir lo menos. La única cosa que me las arreglé para llevar conmigo en mi viaje fue mi mochila, llena de paquetes de sangre, un cambio de ropa y mi billetera. Al llegar al puerto, inmediatamente me fui por una de las lanchas rápidas. No tenía tiempo para pensar en otros suministros. Solo tenía que salir de allí antes de que Victorio se presentara para rasgar mi corazón, o peor, llevarme cautivo, así Peter podía hacer la hazaña más tarde.
A medida que el tubo cubierto de vidrio levantaba la lancha rápida hasta abrir mares, me di cuenta que tenía actuar con rapidez. Al momento en que el bote llegara a los límites de La Sombra, ya no estaría bajo la protección de su oscuridad; estaría expuesto a plena luz del día. Mientras más tiempo permaneciera cerca de La Sombra, sin embargo, más grandes eran las posibilidades de que los guardias me pudieran hacer regresar a la isla.
Hice una rápida inspección de lo que tenía conmigo en el bote. Todo lo que tenía era una caja de herramientas, un botiquín de primeros auxilios y un toldo utilizado para cubrir el bote cuando no esté en uso. Que era exactamente lo que necesitaba. Desenrollé el toldo y se convirtió en mi salvador del sol.
Me protegía de los rayos del sol, pero no de su sofocante calor. Flotando en el medio del mar con el toldo sobre mí, mientras los rayos del sol me golpeaban, se sentía mucho como estar dentro de un horno. Fue una lucha encender el bote y hubo inevitables momentos en que me moví de forma incorrecta y accidentalmente expuse mí carnea al sol. La forma en que parecía arder a través de
mi piel hasta mis huesos era insoportable.
El rumor era que no había ninguna muerte más dolorosa que tener a un vampiro quemándose bajo los rayos del sol. No estaba seguro de si eso era cierto. Nunca había visto realmente a un vampiro morir debido a la exposición al sol, pero no estaba por ponerlo a prueba en algún momento cercano. Además, las pocas veces que encontré mi carne expuesta a él fue lo suficientemente dolorosa para
convencerme de que el rumor era cierto.
Al final tuve que detener el bote, en alguna parte en el centro del Mediterráneo, para esperar hasta que el sol se hubiera puesto. No podía llegar a la orilla en mi condición.
Tenía que esperar a que anocheciera. Fueron solo un par de horas, pero se sintieron como días, pero tenía lo que se necesitaba para esperar.
El sol finalmente se desvaneció en el crepúsculo. Sobreviví. Por un momento, pensamientos de Lali se cruzaron por mi mente. Prácticamente podía sentir su sangre corriendo a través de mí, el sabor de su dulce sangre todavía en mis labios. La deseaba demasiado, solo pensar en ella me hacía doler, pero estaba de vuelta en la isla. La buscaría con el tiempo y la haría mía, pero sabía que tenía que poner a un lado el pensar en ella. Lo que tenía que hacer era hacer mi camino a la única persona que tenía alguna oportunidad de vencer a mi hermano menor.
Nuestro padre. Gregor Lanzani. 

Capitulo 20


Peter
La oscuridad se acerca.
Incluso mientras las palabras resonaban en mi cabeza, sentía como si una niebla oscura se estuviera moviendo desde el fondo de mi alma, superando todo lo que yo era. Provocó muchos recuerdos no deseados, la culpa había vuelto una vez más a ser abrumadora. Quería apagarla y tenía la habilidad de hacerlo, pero después de que la reunión del consejo en la Gran Cúpula fue terminada,Candela me recordó por qué simplemente no podía. Me quedé en mi asiento mucho después de que el Consejo de Elite salió y Candela se quedó conmigo.
—Me está matando —confesé.
Ella asintió. Rara vez tenía que dar explicaciones a Candela. Ella entendía.
—Puedo verlo. La culpa puede ser un adversario, pero también es tu aliado.
—¿Cómo puede ser eso?
—Es la única cosa que le impide a la oscuridad tomar el control.Sus palabras,como hacían a menudo, me obsesionaban.
Sus palabras, como hacían a menudo, me obsesionaban.
Antes de que me dejara por mi cuenta, se volvió para decir:
—La necesitas de regreso. No serás capaz de manejar todo esto sin ella. Hice una mueca, sabiendo a quién se refería, pero dudaba que pensar en Lali ayudaría. Lali hizo su elección. Ahora los dos tenemos que vivir con ella.
—No quiero ninguna mención de ella. Nunca más. Ella no va a volver. Eso es todo. Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos.
Volví a mi pent-house poco después, mi mente consumida por los consejos de mi hermana. Ella era la Vidente de La Sombra. Era simplemente difícil ignorar las cosas que salen de sus labios. Al llegar de vuelta a mi pent-house encontré todo sobre eso justo señalándome de nuevo a la chica que me hizo despertar a La Sombra después de 400 años.
Caminando a través de la puerta principal, la primera vista que me recibió fue la de Euge jugando una partida de cartas con Nico y Agus en la sala de estar. En algún lugar de la cocina, pude oír el tintineo de platos y pude captar el olor de la cena cocinándose.Me imaginé que Daki y Rochi estaban en la cocina.
Recuerdos de Lali nadaban por mi mente al ver a las chicas y los guardias. Nico y Agus se levantaron al verme. Ambos parecían avergonzados de ser atrapados jugando con las chicas, mientras que estaban de guardia.
—Su Alteza —empezó a explicar Nico—, estábamos...
—Está bien —dije, desestimando su explicación con un gesto de la mano. La verdad sea dicha, me encontraba irritado por toda la situación. Estaba tratando desesperadamente de mantener mi enojo dentro.
Euge les dio a ambos guardias una mirada extraña, permaneciendo sentada en el sofá, una mano llena de cartas todavía aferrada entre sus dedos.
En gran parte debido a Lali, no se le daba mucho énfasis a mi estatus de príncipe de La Sombra dentro de mi propia casa. Nunca me relacioné mucho con las chicas. En lo que a mí respecta, eran amigas de Lali, y yo no necesitaba molestarme mucho acerca de ellas, siempre y cuando Lali las mantuviera a raya. Con Lali lejos, sin embargo, me di cuenta de que no podía dejarlas encerradas en una habitación sin hacer nada. Qué hacer con ellas era otro elemento más con que tratar en mi creciente lista de cosas por hacer.
Les di a los dos guardias miradas curiosas. Parecían haber desarrollado una buena relación tanto con Lali como con las chicas. Tal vez podría darles a las chicas. Al menos eso los sacaría a todos ellos de mi espalda. Fui sorprendido por la reacción adversa que me di cuenta tuve ante la idea de dejar ir las chicas. La casa estaría tan vacía sin ellas, por amor de Dios, incluso se las arreglaron para meterse debajo de mi piel.
Irritado,me decidí a ignorar a las personas haciendo un lugar de reunión la sala de mi casa y empecé a caminar. Con miedo a la oscuridad, me encontré buscando la luz.
—¿A dónde vas? —preguntó Euge con curiosidad. Su voz me irritó.
—A la Habitación del Sol.
La Habitación del Sol era la única habitación en el pent-house que Lali había diseñado por su cuenta. Le mencioné una vez que extrañaba el sol, así que diseñó una habitación con un mural de playa en una de las paredes y la ilusión de la luz del sol fluyendo desde el techo.
Cuando abrí la puerta,me di cuenta de que tenía mucho tiempo sin ser tocada, desde la noche en que Benjamin atacó a Lali y bebió su sangre.Vidrios rotos estaban por todo el piso. Grietas se alineaban en la pared contra la que arrojé a Benjamin.Rastros de sangre aún aparecían en varias zonas de la habitación, algunos de Gas, algunos de Benjamin, algunos de Lali, algunos míos.
Solo sirvió para recordarme uno de los períodos más oscuros de la historia de La Sombra. El levantamiento. Los recuerdos comenzaron a sobrepasar mi mente, y así como así, toda la luz que la habitación del sol representaba se convirtió en un tono negro noche.
                                                                               ***
Los gritos eran ensordecedores, el sonido de los cañones alarmante. Vi desde donde estaba en la parte superior de la fortaleza como cientos y cientos de los esclavos humanos que habíamos mantenido en La Sombra para hacer el trabajo requerido para terminar el muro, luchaban por la oportunidad de escapar de la isla o, si no, por la oportunidad de escapar de la vida a la que los habíamos obligado. Solo sirvió para recordarme uno de los períodos más oscuros de la historia de La Sombra. El levantamiento. Los recuerdos comenzaron a sobrepasar mi mente, y así como así, toda la luz que la habitación del sol representaba se convirtió en un tono negro noche.
¿Qué hacemos ahora? —siseó Benjamin mientras se inclinaba sobre la fortaleza, el terror visible en sus ojos. Tragué la culpa. Era la primera vez que me había permitido la indulgencia. Conocía la medida que teníamos que emprender, porque ninguno de ellos podía escapar. Ni uno solo. Al momento en que un humano lograra salir de la isla sería el momento en que todo lo que teníamos en La Sombra habría terminado. No podía arriesgarme a eso. Miré a mi hermano y le dije las palabras con más resolución de la que sentía:
Tenemos que matarlos a todos.
Salté de la fortaleza hasta el suelo sólido y con un golpe rápido de mi espada, logré matar a tres de los hombres a punto de atacarme. Ellos vinieron a nosotros, violentos y enojados, ya no estaban dispuestos a permanecer siendo nuestros esclavos. Tratamos de convencernos de que no teníamos otra opción, pero al final de la batalla, de pie en medio de la sangrienta tumba dejada por nuestra
determinación de mantener nuestro santuario a salvo, sabía que el precio que pagué por La Sombra era demasiado alto.
Gimena se acercó a mí. Se quedó callada, obviamente perturbada.
¿Cuántos más tienen que morir ? —Mi voz salió rota, sangre aún goteaba de las comisuras de mis labios—. Ellos eran inocentes.
Nadie es inocente. —Gimena negó con la cabeza, su mirada distante y en blanco—. Todos estamos contaminados.
No puedo hacer más esto. —Sacudí la cabeza, permitiendo que el sentimiento de culpa volviera después de terminar lo que había que hacer.
Gimena me agarró la mano.
Nunca tendrás que volverlo a hacer.
                                                                      ***
Me encontré preguntándome si lo que dijo Gimena había sido una mentira, porque mientras la turbia niebla en mi mente se aclaraba y un momento de lucidez me devolvía de golpe a la realidad, me di cuenta de que yo estaba de pie en medio de la Habitación del Sol, con Candela sosteniéndome por los hombros, la desesperación trazando sus ojos.
—¿Qué has hecho, Peter?
La confusión siguió a su pregunta mientras probaba sangre en mis labios.
—No sé... —tartamudeé—. Supongo que me desmayé... —Desde detrás de Candela, vi el cuerpo inerte de Euge en el suelo, marcas de mordidas, mías, en el costado de su cuello. Nico y Agus gemían mientras trataban de levantarse del suelo. Marcas recién formadas estaban en las paredes contra las que los arrojé.
Como si todo esto no fuera ya demasiado para tomar, Cameron apareció en la puerta, con los ojos muy abiertos ante el sangriento espectáculo.
—¿Qué pasó?
Le respondí con un silbido amenazador.
—¿Por qué estás aquí?
—Benjamin. Se escapó. Benjamin y yo tratamos de detenerlo. Casi mató a Yuri... si yo no hubiera... —La voz de Cameron se desvaneció mientras mis ojos se volvieron de nuevo a Candela.
—Peter, si Benjamin está ahí fuera, entonces...
Sabía lo que iba a decir. Levanté un dedo para hacerla callar. No quería escuchara. No quería ninguna mención de Lali.
—No, Candela. —Miré el sangriento caos que me rodeaba. La culpa se apoderó de mí cuando vi a Euge en el suelo, pero me encontré resignado al hecho de que el daño ya estaba hecho—. Denla a la atención que necesita, llévenla a su habitación... no me importa. Solo sáquenla de mi vista.
Se realizó una gran cantidad de movimientos por la habitación, mientras hacían un esfuerzo para hacer mi voluntad. Solo Candela permaneció en la habitación conmigo después.
—¿No vas a ir tras ella? no puedes solo quedarte aquí y...
Antes de que pudiera evitar hacerlo,la palma de mi mano se encontró de lleno con el lado de su cara y la vi tropezar al suelo. Inmediatamente me arrepentí de golpearla. Quería dar un paso adelante, ayudarla a levantarse y abrazarla, pero algo me detuvo. Después de despertar del sueño bajo el que le pedí me pusiera a Gimena, estaba reacio a tomar el liderazgo de La Sombra, una vez más. Eso ya no era así ahora.
—Te dije que nunca hablaras de ella.
Sus manos ahuecaron la zona asaltada de su cara, mi hermana levantó la mirada hacia mí. Sus ojos violetas no contenían ira, ninguna acusación, ninguna condenación... solo resignación y una profunda tristeza que me hizo doler por dentro.
—Parece que la oscuridad ha llegado.
Como de costumbre, Candela tenía razón 

sábado, 3 de mayo de 2014

Capitulo 19


Benjamin
Paula abrió la puerta con amplitud y dio un paso bajo el marco de la puerta de la habitación en la cual me mantenía. Los pies bastante separados, las manos plantadas en sus caderas, mechones morenos en cascada hasta su cintura, la pequeña fiera en realidad se veía increíble.
Sonreí orgullosamente. Esto se va a poner interesante.
—¡Tu hermano va a volver loco a todo el mundo en La Sombra! —exclamó.
Oh sí... de hecho esto se va a poner muy interesante.
—¿Qué ha hecho ahora? —Justo saliendo de la ducha, todavía estaba secando mi cabello con una toalla.
—Pidió un censo de todos los humanos en la isla.
—Vaya enorme pérdida de tiempo...
—Eso es lo que yo pensé. Por supuesto, el poderoso Príncipe Peter no escuchará nada sobre ello.
—¿Nada sobre qué? —Reí—. ¿Tus pensamientos?
Me disparó una seria mirada de desaprobación y estuve casi seguro de que me había ganado una pelea, solo para encontrarla quejándose en alto.Sus hombros se sacudieron. Por un momento parecía que se había olvidado completamente de mi hermano cuando empezó a quejarse sobre cómo dolía cada músculo de su cuerpo.
—¿Qué tiene que ver la gran bruja muerta con Peter haciendo luchar a la Élite contra él?-Encontré la idea bastante divertida. Nunca pensé que Peter iría tan lejos para satisfacer su sed de sangre y empezara a utilizar vampiros.
Pasó su palma contra su cuello mientras caminaba hacia mi cama y dejaba que su forma curvilínea cayera sobre ella.
—Ella es la razón de que él sea tan poderoso. ¿No fue ella la que se aseguró de que el sueño de Peter también sirviera para fortalecerle a lo largo del tiempo?
Maldigo a esa bruja por enamorarse de tu hermano.
El recuerdo del amor no correspondido de Gimena hacia Peter volvió a abrir antiguas cicatrices.
—Mi hermano y el extraño efecto que las mujeres tienen sobre él... —me lamenté.
—Es más el extraño efecto que él tiene en las mujeres... —suspiró Paula, su rostro suavizándose. No necesitaba un lector de mentes para averiguar que una docena de ensoñaciones sobre mi hermano acababan de cruzar por su demente cabeza.
Tiré al suelo la toalla que estaba utilizando para secar mi cabello. Recordé algunas de las muchas razones por las que me resentía con Gimena. Si no hubiera sido por ella, Peter no gobernaría sobre mí. Fruncí el ceño. Tanto como pude rechazarlo, decir que esa era la razón por la cual me resentía con Gimena era una mentira. La incómoda verdad me enfrentaba incluso cuando me inclinaba en un poste de la cama para ver a Paula mientras ella se cambiaba de posición en mi cama. La vista que me estaba dando mientras empezaba a enredar las puntas de su largo cabello moreno claramente indicaba lo que quería de mí. Ellas siguen escogiendo a Peter sobre mí. Incluso Paula. Odiaba admitirlo, pero tenía que hacerlo. Me resentía con Gimena porque yo la había deseado, pero su Gimenazón fue de Peter hasta su último aliento.
Queriendo sacar de mi mente a Gimena, me uní a Paula en la cama cuando pareció que algo surgió dentro de la mente de Paula, efectivamente distrayéndola de su astuta seducción. Me quejé para mis adentros, porque eso significaba que estaba a punto de quejarse sobre algún loco mandato que mi hermano estableció. A pesar de todos sus arruinados juegos mentales y su desvergonzado odio hacia los hombres humanos, todavía se veía como una quejumbrosa pequeña adolescente algunas veces, a pesar del hecho de que era cincuenta años mayor que yo.
Me relajé cuando no hizo ninguna mención sobre Peter.En lugar de eso, soltó una respiración y giró su cuello hacia un lado para mirarme.
—¿Por qué estás todavía aquí, Benjamin?
Era difícil mantenerse con sus arrítmicos cambios de comportamiento. Estaba a punto de darle una broma sugestiva cuando escuchamos varios golpes fuertes en su puerta delantera. Un ceño pintó su rostro.
—¿Ahora qué? No hizo movimiento alguno para salir de la cama y realmente pensé que iba a ignorar completamente los toques cuando otra tanda de fuertes golpes la hicieron arrastrarse de la cama. No me prestó atención y cerró la puerta tras de ella.
Sobrecogido por la curiosidad, la seguí. Paula raramente tenía visitantes. Aparte de mí, la mayoría de los miembros de la Élite la toleraban, pero generalmente la menospreciaban. Eso es lo que hizo que su pent-house fuera un gran lugar para esconderme.
Acerqué mi oído a la puerta cerrada y escuché.
—Hola ahí, caballeros —ronroneó seductoramente Paula.
—Cielos, Paula. No eres más una puta. Deja de actuar como una.
Traté de situar la voz. Yuri de Gregorio.
—Estamos aquí para hacerte algunas preguntas. ¿Te importa?
Acento escocés. El Gran Ol’ Hendry sin duda.
—No me importa. —Su voz era ahora estirada y sin alteraciones. No sabía por qué, pero Yuri siempre tenía la forma de llegar a ella—. Por favor, ponte cómodo,Victorio. Vete al infierno,Yuri-Es exactamente donde estoy ahora, Paula.
—Ustedes dos... compórtense...—Victorio sonó como un hastiado padre tratando de mantener a sus adolescentes en la línea—. ¿Has tenido algún contacto con Benjamin Lanzani durante los últimos días?
—No.
—No, por supuesto.
Dos voces respondieron.
—Cállate, Yuri.
—¿No te importa entonces si registramos la casa?
El pánico me agarró y supe entonces que se me había acabado el tiempo. Siempre había sabido que no me podía ocultar con Paula por siempre. Simplemente no pensé que sería tan pronto. Traté de ser lo más cuidadoso y rápido posible mientras volvía a mi habitación,todavía llevando solo la toalla anudada alrededor de mi cintura.Me di prisa al vestirme. Apenas había acabado de abrochar mis pantalones cuando empecé a escuchar pisadas y puertas empezaron a abrirse.
Paula lanzó una explosión hecha y derecha.
—Todavía soy parte de la Élite. No pueden simplemente irrumpir así en mi casa.
—Claro que podemos —respondió Yuri con calma—. Si tienes algún problema con eso, adelante y arréglalo con el príncipe.
Un puñado de maldiciones se escapó de mi boca. Agarré una chaqueta negra con capucha de un perchero cercano a la puerta y me la puse. De debajo de mi cama, agarré la mochila que tenía preparada en caso de que una situación requiriera una rápida escapada.
Por el sonido de su bastante ruidosa inquisición, estaba claro que quedaban segundos antes de abrir la puerta de la habitación. Abrí las ventanas, sin importarme más si lo oían, y salté fuera de la ventana. Aterricé justo en mis pies. Entonces empecé a correr hacia el puerto. Gemí mientras corría, dándome cuenta de que no podía haber escogido peor momento para salir de la isla, porque sin importar a donde fuera, las posibilidades eran que el Sol saldría hasta su cima antes e que pudiera buscar refugio. Aun así, no iba a poner mi vida a la misericordia de Peter.
Conocía a mi hermano, y sabía que la oscuridad estaba dentro de él. No sabía por qué Lali tuvo tanto impacto en él, suficiente para recurrir a su humanidad, pero no iba a quedarme cerca y esperar que su efecto en él desapareciera. Sabía con seguridad que su oscuridad finalmente lo superaría. Siempre lo hacía y cuando lo hiciera, no tuve ninguna duda en mi mente de que no dudaría en matarme.
Mientras corría a toda velocidad para escapar, estaba claro que preferiría antes morir bajo los rayos del sol antes que morir a manos de mi hermano. Después de todo, parecía más noble entregar la vida de uno a la luz que a la oscuridad.

Lo siento...

Bueno queria pediros perdon porque no he subido esta semana porque he tenido un monton de examenes y no he parado de estudiar jaja.Pero a partir del lunes os prometo que subire dos capitulos todos los dias:).
Pd:Me gustaria que comentarais de como os esta pareciendo la nove
bss

lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 18


Peter
Me senté en un silencio aturdidor mientras Stéfano de Gregorio empezaba a informar los resultados del censo a todos los que estaban en la cúpula. Aparte del hecho de que el censo me dio una imagen asombrosamente clara del estado del reino, permanecía en silencio porque encontraba la presencia de Candela y la ausencia de Benjamin incomodas. Las palabras de Candela seguían sonando en mis oídos y Benjamin siempre era el constante recordatorio de como perdí a Lali.
Stéfanoempezó con el número de la Élite.
Ahora tenemos ciento diez. —Luego empezó con una lista del desglose de cada uno de los clanes y a dónde pertenecían cada uno de los ciento diez. Cada clan no se constituía necesariamente por relaciones de sangre.
Nuevos miembros eran añadidos al clan cuando un nuevo vampiro era “engendrado” por uno de los vampiros del clan.
Cuando me fui a dormir, solo sesenta y cinco vampiros, incluyéndome, componían la Élite. El número que había mencionado Stéfanosignificaba que al pasar de los siglos cuarenta y cinco humanos habían sido convertidos a vampiros. En lo que a mi respectaba, era un gran número. El clan más grande era el de Torre, con Mariano como jefe del clan y su representante en el consejo. En su clan eran quince. Por otro lado el clan más pequeño era el de Claudia. Su clan solo tenía un miembro... ella misma.
Después de su informe sobre la Élite,Stéfano continuó hablando de los Inquilinos. Los Inquilinos eran clanes de vampiros que no pertenecían a los veinte clanes originales. Estaban compuestos por aquellos que juraron lealtad a La Sombra a cambio de la seguridad de ser ciudadanos en la isla. El número que lanzó Stéfanohizo que mi mente reaccionara.
Mil trescientos veintiséis.
¡¿Qué?! —exclamé sin poder contenerme—. Ni siquiera teníamos trescientos cuando me fui a dormir.
Eso fue hace cuatro siglos,Peter —me recordó Candela.—Muchos han buscado refugio en La Sombra desde entonces.
Y con eso, mantuve la boca cerrada, pero una pregunta continuaba rondando mi mente mientras Stéfanoprocedía con su informe. ¿Cuánta sangre humana debía ser derramada para mantener a todos estos vampiros?
Entre la Élite, veinticinco son Caballeros —continuó Eli, refiriéndose a los guerreros que pertenecían a la Élite—, mientras que entre los Inquilinos tenemos trescientos quince guardias y cincuenta exploradores.—Los guardias eran los guerreros que pertenecían a los Inquilinos, mientras que los exploradores eran en su mayoría vampiros que estaban autorizados a dejar la isla, especialmente para traer materiales del exterior o para tomar humanos esclavos. Los exploradores solo tenían permitido salir de la isla bajo la supervisión de al menos un caballero.
Con eso termina mi informe. —Stéfanome dio un asentimiento indicándome que había acabado.
¿Termina? ¿Y qué pasa con los esclavos? ¿Cuántos humanos están viviendo en la isla?
Se miró los pies incómodamente.
No creí que debiese incluirlos en el censo.
¿Por qué no? ¿No están bajo la jurisdicción del reino?
El silencio habló por sí mismo. Después de todo, ¿para qué queríamos mantener un seguimiento de la población humana cuando cientos de ellos se perdían y se reemplazaban constantemente?
Era algo frio para decirlo, pero Mariano lo dijo mejor cuando se reclinó sobre su silla del consejo y nostálgicamente se encogió de hombros.
Mantener un registro de los humanos es equivalente a mantener un registro del consumo de comida en La Sombra.
Era un retrato impactante de como de depravados nos habíamos vuelto con los años. Muchos de nosotros hacía mucho tiempo que veíamos a los humanos como ganado. La culpa me golpeó en la boca del estómago, porque sabía muy bien la mano que había jugado en la cultura con la que se creó La Sombra. Por lo tanto, a pesar de que odiaba forzar al consejo, o incluso a mí mismo, a entrar en el meollo de esta pesadilla logística, tampoco podía ignorar el problema.
Quiero un recuento completo de la población humana que vive en La Sombra, empezando por los que residen en las Alturas Negras, hasta los esclavos que viven con los vampiros.—Otro invento de nuestro pasado comenzaba a cazarme. —No podemos permitirnos otro levantamiento.
Creo que alguien podría ayudarnos —habló Candela.
Me quedé mirándola, esperando que fuese más lejos. Parecía dudar, pero finalmente dijo a quien se refería.
Emilia.
Estaba sorprendido, pero si había algo que los vampiros tenían en abundancia, era tiempo.
Haz que la traigan aquí, entonces.
En cuestión de minutos, uno de los guardias fue enviado al Santuario para que escoltara a la bruja negra hasta la cúpula. Cuando Emilia llegó, me moví incomodo en mi asiento. Su misterioso parecido con su antecesora, Gimena, siempre se las arreglaba para sacarme la respiración.
¿Qué quieres? —demandó, dejando claro que había sido traída aquí contra su voluntad.
Candela dice que serás capaz de ayudarnos en un dilema que tenemos respecto a cuantos humanos están viviendo actualmente en La Sombra.
Elevó la frente.
¿Quieres saberlo porque...?
Es hora de que averigüemos el estado exacto de la isla y sus habitantes, ¿no crees?
Esto pareció tomar a la bruja por sorpresa. Me estudió como si tratara de averiguar si tenía alguna clase de ángulo, pero eventualmente tomó su asiento en el estrado, se enderezó en toda su altura y comenzó a tratar el tema en cuestión.
Los números cambian constantemente, como es de esperar... —Nos miró como si nos acusara a cada uno de nosotros por crímenes de los que sabíamos éramos culpables—. De todos modos, el número de los Naturales no cambia mucho. Son los Migrantes los que van y vienen dependiendo de los caprichos de su naturaleza vampírica.
¿Naturales? ¿Migrantes? —Por la mirada en las caras del consejo, parecía que ninguno de ellos tenía ni idea de lo que estaba diciendo Emilia.
Por supuesto. —Emilia puso los ojos en blanco—. Ustedes los vampiros no prestan atención a la situación de los humanos que son traídos aquí, mientras se mantengan a raya. Nosotros, los humanos, incluyéndome, nos hemos clasificado de acuerdo a los que nacieron en esta isla, los Naturales, y aquellos que son traídos del exterior, los Migrantes.
Empezando a impacientarme, me enderecé y me incliné hacia adelante para enfatizar lo que quería saber.
¿Cuántos hay aquí, Emilia?
Según nuestra última cifra, la isla tiene siete mil quinientos treinta y dos Naturales, todos en las Alturas Negras, y dos mil trescientos veintinueve Migrantes, que residen con sus amos vampiros. Por su puesto, eso número es el más variable. ¿Quién sabe cuántos de ellos han muerto desde nuestro último recuento?
Los números de Emilia me dejaron impactado mientras las preguntas flotaban en mi cabeza.¿Cómo estamos sustentando todas esas vidas humanas? ¿Qué hacen aquí en la isla? ¿Cómo creció tanto su población? ¿Qué pasa con los muertos? Encontré la cifra absolutamente asombrosa e inaceptable.
Luego la realidad me golpeó con fuerza. Nos superan en número, al menos cinco a uno. Si alguna vez descubren su fuerza, estamos acabados . Me quedé mirando a la bruja, de cuya lealtad no estaba seguro. Todo lo que tenían que hacer era tener a Emilia de su lado para que La Sombra llegase a su final.

Capitulo 17


Lali
¿Lali?
Todavía en la biblioteca, alcé la mirada para encontrar a una de las personas que menos esperaba encontrar allí: el defensa del equipo de fútbol, Connor James. Lo primero que noté inmediatamente del alto y oscuro chico de último año fue el moretón fresco en su mejilla derecha.
Hola... —murmuré, no muy segura de lo que lo hizo acercarse a mí—. ¿Qué te sucedió? —Señalé la mejilla agredida con mu bolígrafo. Estaba distraídamente jugando con él mientras leía el mismo párrafo del libro por décimo quinta vez.
¿Esto? No es nada. —Parecía casi tímido, una reacción que encontré extraña. Por lo general era uno de los más ruidosos, más extrovertidos de la clase.
¿Se está ruborizando? Estaba empezando a encontrar incómodo este encuentro. Connor apenas me había dirigido una palabra antes.
¿No se supone que estés en la práctica de fútbol con Gas? ¿Pasó algo?
Giró su cuerpo a un lado, la expresión de su rostro mostrando su malestar.
Esa es una de las razones por las que estoy aquí... tuvimos una batalla épica en el vestidor... Bueno, Gas está en la clínica. Fue muy golpeado. Pensé que podrías querer saberlo.
¿En qué te metiste, Gas? Recogí rápidamente mis pertenencias y las metí en mi bolso. Habían pasado años desde que Gas se metió en una pelea. Fue en la secundaria, cuando uno de los chicos de su clase, un matón que siempre intentaba evitar, intentó besarme contra mi voluntad. El matón salió de la pelea con algunos rasguños y una nariz rota. Gas, por el contrario, tuvo un brazo y una costilla rota.
Por supuesto, Gas encontró una manera de explotar al máximo sus heridas para que valieran la pena y volverse más popular que nunca, pero después de todos los sermones de Silvia, Gas nunca se metió en una pelea otra vez.
Ahí también fue cuando comenzó a tener clases de artes marciales en el gimnasio local. No pasó mucho hasta que me arrastró a las clases de los sábados. Se lo debía, porque en ese tiempo, nunca podía negarle nada, pero fue debido a eso que me di cuenta que yo era pacifista en el corazón.
Mientras me apresuraba por los corredores de la escuela, no pude evitar una sonrisa por lo inútiles que fueron para mí esas clases. Ciertamente nada útiles contra los vampiros. Por otra parte, nunca tuve los suficientes ánimos para usar lo que aprendí en contra de Peter o Benjamin. Deteniéndome en frente de la puerta de la clínica, me encontré molesta por el pensamiento de que realmente nunca me defendí. Por mucho que te reprendías para no convertirte en la víctima, eso es lo que fuiste en La Sombra.
Estaba decepcionada y enojada conmigo misma cuando giré el pomo de la puerta de la clínica y la empujé para abrirla. Solté un jadeo en el momento en que vi a Gas. Tenía un gran hematoma negro, púrpura y azul ocupando casi la mitad del lado izquierdo de su cara. También tenía un profundo corte en el lado derecho de su torso .
Gas... —Fue todo lo que conseguí decir. Salió en un susurro entrecortado. Quise agarrarlo por ambos hombros y sacudirlo hasta ponerle algo de sentido a su cabeza. Me dirigí a su lado y rocé la línea de su mandíbula con mi pulgar.
¿Qué demonios estabas pensando? —Se rehusó a mirarme a los ojos.
El doctor de nuestra escuela entró y me dio un brusco asentimiento.
Srta.Esposito, tenga la amabilidad de hacerse a un lado. Esto no tomará mucho.
Salí del camino del doctor y observé mientras vendaba la herida de Gas.
¿Puedo preguntar cómo llegó a hacerse este corte, Sr. Hudson?
El entrenador ya se lo dijo, Doc. Me metí en una pelea.
¿Y tus compañeros te cortaron?
No... uno de ellos me derribó contra el suelo... no recuerdo quién... fue todo tan loco. Estaba intentando alejarme de él y mi costado se frotó contra uno de los bancos. Es solo un rasguño. Apenas lo siento.
Pacifista o no, sentí súbitamente la necesidad de tomar la vía violenta y golpearlo en la mandíbula. La vista de su torso desnudo y el “rasguño” se había añadido a todas las cicatrices que ya estaban haciendo revolverse mi estómago.
¿Cómo te hiciste estos cortes tan feos? —El doctor retrocedió luego de terminar de vendar la herida de su costado. Miró fijamente el cuerpo de Gas, su cara estropeada con la preocupación—. ¿Qué sucedió durante tu ausencia, Gas?
Le diré lo mismo que le dije a la policía y a ese otro doctor que hizo mi examen físico. Preferiría no hablar de ello. —Gas incluso tuvo el descaro de añadir una floritura a su declaración al mostrar su sonrisa más grande. Agarró su camiseta y se la puso sobre el cuerpo. Se levantó de la cama, se dirigió hacia mí y me tomó de la mano—. Ven, Lali. Vayamos a casa.
Quise apartarme de él, pero lo último que necesitaba era ser arrastrado a una pelea conmigo. Dirigí una sonrisa forzada al doctor de la escuela cuando pasamos a su lado.
Gracias, doctor.
Oh sí... —Gas asintió en dirección al doctor—. Gracias, doc.
Estábamos fuera de la clínica y a una buena distancia hacia el estacionamiento cuando dejé de caminar y lo obligué a detenerse.
¿Qué? Vamos a dejarlo pasar, ¿sí? No quiero hablar al respecto.
¿Desde cuándo empezaste a meterte en peleas de nuevo, Gas?
¿Qué parte de “no quiero hablar al respecto” no entendiste, Lali?
Fruncí los labios y asentí. Retiré mi mano de su asidero y empecé a caminar.
Vayámonos entonces. —No me perdí la mirada herida de su cara cuando pasé a su lado.
Alcanzamos la camioneta negra que sus padres le compraron recientemente. Había tenido la vista puesta en eso desde el verano y al parecer, Pedro y Silvia pensaron que el mejor momento para conseguirla era una semana después que regresamos de México.
Gas me lanzó las llaves.
Conduce.
Entré en el asiento del conductor y encendí el auto. Estaba retrocediendo cuando Gas me hizo una pregunta largamente atrasada.
¿Por qué regresaste conmigo? ¿Por qué me escogiste por encima de él?
¿Desde cuándo la elección era entre tú y Peter?
Me sobresalté cuando golpeó la guantera con frustración.
¿Realmente puedes ser tan estúpida, Lali?
Primero soy ingenua. Ahora estúpida. Genial.
Regresé porque era lo más sensible de hacer. No tienes idea de lo que pasé allí, Gas. No hubo un día en que no pensara en escapar. Demonios... incluso lo intenté tan pronto como tuve la oportunidad.
¿Intestaste escapar?
Sí... pensé que ya te había dicho eso. Conseguí llegar tan lejos como los muros que delimitan la isla antes de que dos guardias vampiros me atraparan.
¿Qué pasó?
Iban a matarme. Uno de ellos estaba lamiendo uno de mis rasguños cuando Peter apareció. —Pude sentir a Gas tensarse ante la mención de Peter, pero decidí ignorarlo. Esta era mi historia para contar y fue él quien abrió esta caja de pandora. Aguántate, Gas—. Preguntó quién había saboreado mi sangre. Uno de los guardias lo admitió. Peter le arrancó el corazón y dejó al otro que se fuera.
¿Y sigues creyendo que no es un asesino?
No estoy diciendo que lo que hizo estuvo bien, pero pensó que era necesario para protegerme. Una vez que un vampiro prueba la sangre de un humano, anhelarán la sangre de ese humano en particular. Peter sabía que siempre que yo estuviera cerca, el guardia habría tenido la necesidad de cazarme.
¿Entonces por qué no le hizo lo mismo a su hermano? Benjamin se alimentó de ti, ¿no?
Iba a hacerlo. —Recordé la mirada en los ojos de ambos hermanos esa noche. Sabía que Peter deseaba más que nada terminar con la vida de Benjamin. También sabía que nunca sería capaz de perdonarse por hacerlo—. Yo lo detuve.
¿Tú qué? ¿Lali, por qué? Si me hubieran dado la opción de terminar con la vida de Paula, no hubiera dudado en hacerlo y no sentiría una pizca de culpa por ello tampoco.
Benjamin sigue siendo el hermano de Peter. Eso significa algo para Peter... la familia significa algo para él.
Ante eso, Gas se quedó en silencio. Sabía lo que la familia significaba para mí y por qué respetaría a Peter por darle valor a la familia. Me detuve en un semáforo en rojo y me froté el cuello con la palma, intentando aliviar mi propia tensión.
Peter... alguna vez... —dudó.
No. Nunca se alimentó de mí. Nunca se aprovechó. —Estuve aliviada de que la luz roja se volviera verde. Mientras más pronto lleguemos a casa, más pronto habrá terminado esta conversación—. Y para que conste, mi elección de dejar La Sombra no se trataba de ti o de él. Se trataba de mí. No quería vivir mi vida como una esclava... ya sea de Peter o de otro. No era un futuro que quisiera para mí. Dejé la isla porque sabía que podía labrarme un mejor futuro aquí de regreso que allí.
Lo siento. No sabía...
Eso es porque nunca preguntaste, Gas.
Durante el resto del camino, ambos permanecimos en silencio. Cuando alcanzamos la entrada de los Hudson y terminé de estacionarme, permanecimos dentro de la camioneta, ambos odiando la tensión entre nosotros.
Siento que te estoy perdiendo, Lali.
No supe qué decir. Desencadenó recuerdos de todas las veces que quise que me quisiera, de las veces que soñé estar en sus brazos, de convertirme en su chica. ¿Es posible que realmente sintiera algo por mí después de todo este tiempo?
Consumida por el silencio, tomé su mano y la apreté fuertemente.
Estoy aquí. —Por ahora. Esperaba que fuera suficiente para asegurarle que no me había perdido todavía.
Nuestros dedos se entrelazaron y luego sus labios estaban sobre los míos. Suaves. Castos. Dulces. Adormecedores. Estuve sorprendida de responder y el beso llegó rápido a su fin. Nuestras miradas se encontraron por una fracción de segundo antes de que tanteáramos fuera del vehículo y nos dirigiéramos a la puerta.
La boca de Silvia se quedó boquiabierta cuando vio a su hijo.
Gas... ¿qué sucedió?
Nada, mamá...
Silvia me miró a mí inquiridoramente, casi como si me estuviera culpando a mí de los cortes y hematomas que recibió. Entramos a la casa y dejé que Gas le explicara a su madre lo sucedido. Estaba a la mitad de decirle que ella o Pedro tenían que ir a la escuela y hablar con el consejero mañana, cuando decidí retirarme a mi habitación.Me pregunté dónde estaban Pedro y Abby y recordé que ella tenía una cita para jugar. Pedro probablemente fue a recogerla.
Estaba agotada, más en un sentido emocional que físico. Me desplomé sobre la cama. Mi teléfono empezó a vibrar dentro de mi mochila. Lo saqué y encontré un mensaje de un número desconocido. El mensaje decía:
Por cierto, Gas estaba peleando por ti. —Connor
Me pregunté si Gas le pidió enviar el mensaje. Por otra parte, estaba intrigada. ¿Peleando por mí? Encontré confuso que Gas súbitamente mostrara, en el lapso de un día, ese tipo de interés por mí cuando nunca me miró más que como una amiga por tanto tiempo. ¿Solo está haciendo esto para conseguir que me una a su búsqueda de venganza?
Abrí mi closet y me cambié de ropa. Acababa de ponerme un top corto rojo y abotonado mis pantalones cortos cuando Gas golpeó dos veces y abrí la puerta.
Cuando entró, estaba desconcertada por la mirada que me estaba dando.
¿Gas?
Tan pronto como dije su nombre, me agarró por la cintura y me acercó contra él. Esa vez me besó profundamente. Me estremecí a la vez que respondía con gusto.
No estuvo desprovisto de pasión y nadie jamás podría acusar a Gas de no ser un buen besador. De hecho, era un gran besador, no es que tuviera muchos otros con quienes compararlo. Sin embargo, besarlo fue como siempre me imaginé que sería. Salvo por una cosa. No pude sentir nada. Estuvo desprovisto de cualquier emoción sustancial. De hecho, todo el tiempo que nuestros labios estuvieron presionados contra el otro, la única emoción que permanecía por encima de todo era el ahora familiar dolor que sentía cuando me encontraba cara a cara con la verdad de cuánto extrañaba a Peter.

domingo, 27 de abril de 2014

Capitulo 16


Gas
No podía entender el modo en que su mente trabajaba. Me senté enfrente de ella, esperando que explicara su propia ingenuidad, pero permaneció en silencio mientras se sentaba de nuevo en su silla, una expresión pensativa en sus ojos marrones mientras se apartaba un errante mechón de cabello lejos de su cara.
Contuve la respiración al ver lo preciosa que se veía. La apariencia de mi mejor amiga era algo a lo que nunca fui ajeno. Ella era Rosa Roja de vuelta a la vida. El cabello castaño, la pálida y blancuzca complexión rosada, la figura de reloj de arena, esas piernas que seguían durante días... tenía que estar ciego para no ver lo encantadora que era. Supe que crecería para convertirse en una maravilla desde el primer momento en que puse mis ojos sobre ella. Ese fue el día que su padre la dejó en nuestra casa y nunca volvió.
Qué maldito tonto fue.
Él era justo tan ignorante de ella como ella parecía serlo de él.Lali creció sin mucha idea del efecto que tenía en la gente. No se daba cuenta del modo en que los hombres la miraban cada vez que salíamos. Era parte de su atractivo.
Eso y el hecho de que era mía.
Ayudaba que yo fuera la única persona que ella había dejado entrar. Le gustaba mantener para sí misma, su miedo de convertirse en algo como su madre y su inseguridad después de ser abandonada por su padre siempre acechaba sobre ella. Hacía más fácil para mí que se mantuviera para sí misma. Los chicos de la escuela sabían que estaba fuera de sus límites. Creo que incluso las chicas con las que salía sabían que eran aventuras y que Lali era la única. Nunca se dijo en voz alta, pero nos pertenecíamos el uno al otro.
Mi seguridad en esa idea fue mi perdición, porque durante el tiempo que pasamos en La Sombra, parecía que ella dejó entrar a alguien más, Peter Lanzani. Nunca vi venir eso. Nadie más fue capaz de atravesar sus paredes, pero parecía que él lo hizo. Se las arregló para llegar a ella y no podía entender cómo.
Todo lo que sabía mientras me sentaba en esa mesa frente a ella en la biblioteca era que la estaba perdiendo a cada minuto. Nunca sabes lo que tienes hasta que se ha ido, Gas. La trataste como la mierda y ahora estás tratando de arreglar las cosas con ella.
No estoy tratando de presionarte, Lali... —empecé a decir.
¿En serio? Eso es exactamente lo que parece.
No estaba acostumbrado a ella siendo tan agresiva conmigo. Normalmente siempre me escuchaba, ahí otra cosa que había cambiado en ella desde que dejamos La Sombra.
No puedo aceptar esto. —Me levanté de mi sitio—. Te veré después de la práctica. —Como siempre hacía cuando me metía en situaciones que no tenía idea de cómo manejar, huía.
Si hubiera sido cualquier otro chico, hubiera estado feliz por ella, pero este era Peter Lanzani. Lo vi matar a Belen, sacar cada gota de sangre de su cuerpo. Sin dudar. Sin pizca de vergüenza. La mató sin piedad. No me importaba lo que hiciera o si había o no alguna parte buena en él. No se merecía a mi mejor amiga. Lali se merecía a alguien mejor que él.
Y aun así, se sentía como si la estuviera perdiendo por él.
Mientras me apresuraba por los pasillos de nuestra escuela, pasando a la gente saludándome y llamándome de camino hacia los vestidores del equipo de fútbol, el enfado empezó a consumirme mientras pensaba en lo que había perdido en La Sombra. La isla me lo quitó todo. Tuve que dejar a Rocio, porque ni siquiera podía besarme con ella sin pensar en Paula. Incluso aunque pudiera, dudo que alguna vez hubiera sentido algo. Apenas tenía sentido del tacto después de lo que aquella bruja vampira me hizo pasar.
Para cuando llegué al vestidor, me estaba volviendo loco de rabia. Lali y yo pretendíamos que podíamos conseguir de nuevo lo que habíamos perdido. Eso era mentira. No había vuelta a la vida que tuvimos. ¿Por qué no puedes ver eso, Lali?
Oye, hombre. El Entrenador te ha estado buscando. —Connor, uno de los chicos del equipo, se aproximó—. ¿Estás bien?
Lo pasé y fui directo a mi casillero.
¡Gas! —gritó otro de los chicos mientras metía mi combinación—. Escuché que rompiste con Rocio. No te importa si empiezo a ligar con ella, ¿verdad?
Gruñí a modo de respuesta mientras abría mi casillero.
Lo que sea. Todos sabemos que no le importaba nada Rocio, amigo. Creo que finalmente se ha movido hacia Rosa Roja. Así que Dalmau.. —Jed, uno de los chicos más grandes del equipo, se inclinó contra el casillero al lado del mío―. ¿Finalmente te vas a hacer hombre y aprovecharte de Lali como siempre planeaste hacer?
Los gritos y chistes vulgares que empezaron a llenar la habitación me llevaron por mal camino. No supe cómo todo llegó a mí. Bromas sobre mí no yendo tras Lali se extendieron dentro del vestidor de chicos. Esta vez, sin embargo, simplemente llegó a mis nervios.
Como si no estuviera lo suficientemente irritado, Jed cotorreó:
Espero que Rosa Roja valga tu espera, Gas, pero solo una mirada a ella... y crees que lo pasará bien en la cama.
Empecé a ver rojo. Apreté mis dientes en un intento fallido de mantener el autocontrol, pero fue una causa perdida. Cerré de un portazo el casillero y me enfrenté a Jed.
No hables así de ella. —No lo vio venir pero la cara de Jed rápidamente tuvo una violenta presentación con mi puño. Connor intentó intervenir, así que le di un puñetazo también.
Se acercaron a mí y no me importó si me estaban atacando o simplemente tratando de sujetarme. Luché en contra, totalmente consciente de que no eran realmente los chicos del equipo contra los que estaba luchando. Cada vez que lanzaba un golpe, era a Paula, Peter y cualquier otro chupasangre de La Sombra. Les pegaba a ellos por quitarme aquello que me importaba.
Para cuando acabó, estaba sangrando y con moretones, y aunque ardía de ira por dentro,bastante consciente del dolor y el deseo de venganza que se adueñaba de mí, mi cuerpo estaba tan entumecido como mi alma era consciente.
No importaba cómo conseguí estar golpeado y con cortes, mi cuerpo apenas podía sentir nada.

sábado, 26 de abril de 2014

Capitulo 15


Lali
La oscuridad se acerca.
Las palabras de mis pesadillas todavía hacen eco en mis oídos. Susurradas y fantasmagóricas, persiguiéndome allá donde voy. No tengo ni idea de a que voz pertenecen esas palabras, pero sé que tienen algo que ver con La Sombra, algo que ver con Peter.
Estaba sentada con las piernas cruzadas sobre una mullida silla fuera de nuestra biblioteca escolar. Tenía los codos apoyados sobre la oscura mesa de caoba. Mis dedos tamborileaban sobre el libro, estaba tratando, y fallando, de comprenderlo. Aparte del sonido de arrastrar los pies sobre el suelo alfombrado de la bibliotecaria y el sonido de pasar páginas de un estudiante sentado a un par de mesas de mí, la biblioteca estaba en silencio.
Solía amar el silencio. Una vez fue mi refugio. Ese pequeño rincón de nuestra biblioteca escolar era quizás la única cosa que añoraba de nuestra escuela. Era mi retiro. Esa tarde, de todos modos, el silencio solo dio paso a las voces que me perseguían en los sueños todas las noches.
La curva formada sobre mis labios era amarga y rencorosa. Que broma. La oscuridad no puede ir a La Sombra. La Sombra es la oscuridad. El pensamiento me sorprendió. No tenía ni idea de lo que significaban las pesadillas o que o a quien se dirigía la oscuridad. No lo quería saber. Solo quería olvidarlo.
Por supuesto eso era imposible, pero no significaba que no podía fingirlo.
—Sabía que te encontraría aquí. —Gas empujó el asiento a mi lado, le dio la vuelta de manera que su respaldo estaba apoyado contra el borde de la mesa antes de sentarse a horcajadas me dedico una sonrisa.
Intenté devolverle la sonrisa, pero pareció que fallé miserablemente al hacerlo, porque escuché preocupación en su voz cuando me preguntó:
—¿Qué va mal? ¿Estás bien?
—Sí, ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No se suponía que estarías en la práctica de futbol?
—Me pondré al día. Solo quería decirte que Patrick confirmó que podemos reanudar las clases de artes marciales el viernes de la próxima semana por la tarde, así que iremos al gimnasio entonces. No hagas planes.
—De acuerdo... ¿Rocio viene?
Los rumores decían que Gas había vuelto con Rocio, la preciosa porrista rubia.
—No. acabo de romper con ella.
Me observe a mí misma por una reacción. ¿Alegría quizás? Nada.
—¿Y cómo se lo tomó?
—Sobrevivirá.
Me quedé mirando el libro delante de mí. Orwell’s 1984. Me sentía muy parecida a los personajes del libro... siguiendo una rutina marcada por alguien más. Habían pasado varias semanas desde que Gas y yo volvimos a la secundaria .Estábamos comenzando a caer en lo viejos patrones de normalidad. Él era otra vez el mariscal de campo de la escuela, el asombroso chico dorado, amado y popular.
Y yo volvía otra vez a ser su mejor amiga por razones que nadie que no fuera Gas entendía.
Sin embargo, me di cuenta de que algo había cambiado en la dinámica de nuestra relación. Solía ser tan dependiente de Gas, que rayaba lo patético. Era prácticamente su sombra. Adoraba estar a su alrededor y me molestaba verle con otras chicas, Rocio Igalzabar, incluida. Ahora, escuchar sobre sus aventuras y relaciones en la secundaria, solo me hacía sentir desconectada.
Si había una cosa de la que estaba segura es que La Sombra me había cambiado; me hizo independiente de Gas. Lo amaba. Seguía siendo mi mejor amigo después de todo, pero no lo necesitaba, ya no me consumía por él. Podía imaginar una vida sin él. Comprender esto me hizo sentir miedo y poder a la vez.
—¿Qué es eso? —Gas señaló varias hojas de papel que tenía regadas por la mesa de la biblioteca. No esperó por una respuesta y agarró una de ellas—. ¿Aplicaciones para la universidad? ¿Harvard?
Me encogí de hombros.
—Estaba pensando en ser abogada. Lo sabes.
—Entonces, ¿realmente estas considerando ir a la universidad?
Arrugué la nariz.
—¿Por qué no habría de hacerlo? ¿Qué más puedo hacer?Eso es lo que estamos haciendo aquí, ¿no? Tratando de volver a la normalidad. Ahí es a donde nos lleva todo esto. Nos graduamos. Vamos a la universidad.
Mis declaraciones fueron recibidas con silencio.
—No conseguirás una beca de fútbol si no vas a las prácticas. —Agarré mi mochila, la cual había dejado en el suelo a mi lado y saqué un bolígrafo. Agarré uno de los formularios y empecé a rellenarlo. Toma la indirecta Gas. Vete.
Gas agarró el formulario que estaba rellenado lo arrugó y lo tiró sobre la mesa.
Belen me dio un nombre y un número... Era la chica...
—Se quién es —le interrumpí. La sola mención de su nombre me hacía sentir culpable. Sabía que escapaba a la razón, pero me sentía como un accesorio
para un crimen que Peter cometió—. ¿Qué nombre? ¿Qué numero?
—Los cazadores. Es una persona de contacto... su nombre es Ruben. Creo que es mi... nuestro boleto de entrada.
Me enderecé, tiré el bolígrafo que estaba sosteniendo sobre la mesa y cerré mi libro con fuerza.
—No puedes hablar en serio, Gas. ¿Estás diciendo que vas a unirte a ellos?
—No. estoy diciendo que vamos a unirnos a ellos. ¿Exactamente cómo piensas vengarte de La Sombra, Lali? No es como si pudiésemos regresar y meter a la policía y cambiar nuestra historia.
—¿De dónde sale esto, Gas? Apenas hemos hablado sobre la isla...
—Que no lo hubiéramos hablado no significa que ninguno de los dos piense en ello. Tenemos pesadillas cada noche, Lali... no me digas que no has estado pensando en ese sitio.
—Por supuesto que lo he hecho, pero sin embargo...
—¿...pero sin embargo, qué? ¿Simplemente continuamos? Vamos, Lali... ¿La secundaria? ¿La universidad? Creo que hemos sido tan buenos fingiendo que somos normales que tú misma te has convencido de que realmente lo somos. La Sombra nos robó eso y se lo robó a otras personas. Tienen que pagar.
Cerré los ojos, esperando que si lo hacía, todo lo demás desaparecería también.
—Gas, créeme cuando te digo que he estado pensando en exponer la isla muchas veces mientras estaba allí, pero...
—¿Pero, qué?
La última vez que hablamos de como vengarnos de La Sombra fue la primera noche que llegamos de México. Pensaba en ello de vez en cuando, pero no podía digerir la idea de convertirme en una cazadora, viviendo la vida dedicada a la venganza.
—No creo que pueda vivir de ese modo, Gas.
—¿Entones qué? ¿Simplemente vamos a seguir con esto? ¿Fingiendo que no ha pasado nada? ¿Continuar con la vida normalmente? ¿Qué pasa con la gente que dejaste en La Sombra?Euge,Daki, Rochi... ¿Qué pasa con Mery, Lali?
Con eso, me levanté. Tenía los nudillos blancos por la forma en la que estaba apretando el borde de la mesa.
—No vayas por ahí, Gas. No hay un solo día desde que nos fuimos que no haya pensado en ellas.
—Bueno, quizás es el momento de dejar de pensar en ellas y empezar a hacer algo por ellas. ¿Cómo puedes no ver que es el único modo?
—No puedo aceptar que es el único modo. No quiero pasar el resto de mi vida matando vampiros. Debe haber una forma mejor... una que no involucre tanto derramamiento de sangre...
Sus hombros se tensaron mientras levantaba la cabeza.Sus ojos azules mostraban su decepción conmigo, su desaprobación.
—¿Cómo puedes ser tan ingenua?
Ante su pregunta, una serie de recuerdos empezaron a inundar mi mente. Peter y Candela abrazándose después de pasar siglos separados... Peter tocando fascinantes melodías en su gran piano... Su decisión de permitirnos escapar... Su risa, su abrazo, su paciencia intentando entrenarnos a las chicas para el combate... el deleite en sus ojos cuando le enseñé la Habitación del Sol.... Lo mucho que parecía ansiar la luz.
Tal vez solo me estaba aferrando a la esperanza de que no había nada malo en él. Quería creer que vi bondad en Peter Lanzani, y si el príncipe y salvador de La Sombra aún era capaz de hacer el bien, entonces quizás aún había esperanza...
Para él y para los otros vampiros.
O tal vez Gas tenía razón. ¿Cómo podía ser tan ingenua? 


Bueno y este fue el ultimo capitulo de la maraton:)que os parece la nove??Mañana mas.
Bss  

Capitulo 14


Peter
La Gran Cúpula era un gran salón redondo, situado en el nivel superior de la torre oeste de la Fortaleza Carmesí. Se ganó su nombre debido a la cavernosa estructura de su techo Nunca fue declarada oficialmente como el centro principal de todas nuestras reuniones gubernamentales, judiciales y militares, pero se convirtió en eso precisamente con los años.
La cúpula fue diseñada para mostrar la jerarquía de la Élite de La Sombra.
Al otro lado de las grandes puertas de roble, a la derecha en la parte delantera de la sala, estaba el balcón. Tenía cuatro escaños, en un pedestal un metro por encima del suelo estaba mi padre, el asiento del rey. A su derecha, dos metros por encima estaba mi asiento. A cada lado del mío estaban los asientos de Candela y Benjamin, situados medio metro por encima del suelo.
En el mero centro de la habitación había un escenario circular que servía como “estante” para quien se dirigía al consejo o era puesto bajo juicio.
A cada lado del estante y de frente al balcón estaban veinte asientos que incluían un representante por cada uno de los clanes de vampiros de la Élite. Por encima y alrededor de los asientos del consejo estaban setenta y cinco asientos dispuestos en una configuración de anfiteatro al reservado estilo de la Élite. Rara vez alguien que no era un miembro de la Élite era traído a la Gran Cúpula, a menos que fuera a juicio.
La primera vez que hice una visita a la cúpula, fue fácil ver que rara vez había sido utilizada en los últimos años, lo cual dejaba mucho que decir acerca de cómo se estuvo ejecutando el reino en mi ausencia.
Le encargué a Candela la responsabilidad de la modernización de la cúpula, ya que con todos los cambios que había planeado ejecutar en el reino, íbamos a usar mucho más el lugar. Dado su buen ojo para el diseño y la habilidad para hacer las cosas, le tomó cinco días y medio realizar la tarea.
Era la misma estructura básica, pero traída directo al siglo XXI, con los monitores de pantalla plana y equipo de sonido actualizado. Ella había remodelado completamente la sala, los tronos de aspecto antiguo fueron reemplazados con cómodos sillones que aún parecían elegantes y reales. Posiblemente la mejor alteración a la sala, sin embargo, había reemplazado el techo de staccato con vidrio transparente, de modo que la luna y las estrellas brillaban siempre abajo en el pasillo.
Después de casi "asesinar" a la mayoría de la Élite del consejo, como Cameron tan acertadamente lo había puesto, me encontré cómodamente encaramado en mi sillón reclinable en el balcón, mirando hacia el cielo oscuro. Estaba esperando que el consejo apareciera, así podríamos discutir los resultados del censo.
Stéfano fue puesto a cargo del censo y desde que estaba todavía tratando de recuperarse de la dura prueba física que le hice pasar, solicitó que se pospusiera la reunión durante una hora. La solicitud inicialmente me irritó, pero pensé que se merecía el descanso. Sin saber qué hacer con mi tiempo, sin embargo, y no realmente pasándolo en mi pent-house esquivando las preguntas de las chicas, me decidí a ir a la cúpula por delante de todos los demás.
Solo había estado allí por un par de minutos cuando Candela apareció.
―Peter ―dijo mi nombre rotundamente.
Eso casi siempre se traducía en problemas.
―Has hecho un gran trabajo con este lugar, Candela.
―Sí. Me lo has dicho varias veces. ―Escaló su camino hasta el balcón, justo a mi nivel.
Una mirada a sus ojos fue suficiente para decirme que estábamos en problemas. Podría haber jurado que vi una neblina gris oscuro agitarse a la derecha en el centro de sus pupilas. Profundamente preocupado, me puse de pie y le pasé una mano por encima de su hombro.
―¿Qué pasó? ¿Qué está mal?
Levantó la vista hacia el cielo nocturno. La última vez que vi ese mismo miedo en sus ojos fue hace siglos después de la victoria de la Primera Sangre. Seguí su mirada, esperando ver de qué era de lo que tenía tanto miedo. Todo lo que vi fueron cientos de estrellas iluminando el hermoso cielo nocturno.
Candela pronunció cuatro palabras que inmediatamente desencadenaron una avalancha de inquietantes imágenes al momento en que escaparon de sus labios. Los cien años que llevaron a la creación de La Sombra me revistieron ola tras ola de recuerdos profundamente enterrados: el naufragio, el faro, las cuevas, la Primera Sangre, los esclavos, el muro, las bestias, el levantamiento, la masacre, el hechizo y por último, el santuario. Podía oír los gritos de los muertos gritando
desde los cimientos sobre los que se construyó La Sombra. El ensordecedor sonido fue seguido por la culpa de la que nunca ni en mil vidas podría escapar.
Cambié mi mirada de los vastos cielos de nuevo a las furiosas tormentas detrás de los ojos de torbellino de mi hermana. Fue solo entonces que me di cuenta de que cuando dijo esas cuatro palabras, convocando a los fantasmas de mi pasado para que volvieran y me persiguieran, ya no estaba mirando el cielo.
Estaba mirando directamente hacia mí.
¿Sus palabras?
―La oscuridad se acerca.

Capitulo 13



 Lali
Había sangre cubriendo la Habitación del Sol. Las luces LED imitando los rayos del sol fueron destrozadas. La única fuente de luz era un débil parpadeo de una lámpara fluorescente luchando por mantenerse encendida. Me sujeté contra una de las paredes. No me podía mover. Estaba asustada. No entendía qué estaba pasando.No podía oír nada.Mi sentido del tacto se había ido.Sentí una presencia oscura entrar en la habitación. Una sombra. No podía distinguir quién era. Traté de hablar, pero mi voz salió en un tono áspero e inaudible. La sombra se acercó. Su presencia era tan fuerte, tan poderosa, tan oscura. Se detuvo frente a mí. Sangre comenzó a juntarse en el suelo donde la sombreada figura permanecía. Estaba esperando ver a Benjamin, y me encontré jadeando cuando vi que era Peter. Ojos verdes vacíos de vida. Colmillos revelados. Listo para atacarme. Se apoderó de mí. Sus colmillos estaban a punto de hundirse en mi piel. Luego, nada. Nada más que un gran espacio vacío y una femenina voz susurrando: La oscuridad se acerca.
                                                        ***
Me desperté en la habitación del hotel, sudando, tensa y sin aliento. Estaba aferrándome desesperadamente a las sábanas, temiendo que si las dejaba ir, podría ser absorbida de regreso a la pesadilla. Me estremecí cuando escuché la puerta del baño abrirse. Podía oler la loción de afeitado de Gas mezclada con los aromas de champú y jabón. Me revolví en la cama tratando de sacudir los efectos de la pesadilla sobre mí. Tenía miedo por mí. Tenía miedo por Peter.
—El desayuno está listo en la terraza —llamó Gas. Estaba frotándose el cabello seco, ajeno a mi aún temblorosa forma.
Me arrastré fuera de la cama. No puedo seguir despertándome de esta manera. Podría haberme marchado de La Sombra, pero la isla y todos sus horrores aún estaban conmigo. Recogí mi cabello en un desordenado moño mientras hacía mi camino a la terraza.Necesitaba la luz solar para expulsar las sombras al acecho. El desayuno consistía en cereales, café y ensalada de frutas. Hubiera preferido unas tostadas con mermelada y mantequilla, pero no estaba en un estado de ánimo exigente en particular.
Gas se unió a mi no mucho tiempo después de que tomé asiento.
—Mamá y papá están camino a recogernos. Podríamos terminar quedándonos aquí un par de días más. Aparentemente, hicieron todo un alboroto con la policía cuando desaparecimos... —Se sentó al otro lado de mí, luciendo preocupado. Me encogí.
—Eso me temía. Vamos a tener que hablar con la policía, probablemente incluso con un trabajador social...
—Así que, ¿cuál va a ser nuestra historia? —Se echó hacia atrás en su asiento, rodando una uva al rededor de su plato—. ¿Nos escapamos? ¿Eso es todo?
—Supongo que podríamos solo mantenerlo simple, permaneciendo con la boca cerrada. Nos escapamos. Punto. No hay necesidad de darles todos los detalles.
—A menos que... —Gas comenzó a tamborilear los dedos por encima de la mesa.
—¿Amenos que qué? —Empujé lejos mi tazón. Parecía que ninguno de nosotros tenía mucho apetito esta mañana.
—A menos que simplemente les digamos la verdad. Toda la verdad. —Sabía que era una opción, pero por razones que no podía entender completamente, algo dentro de mí estaba gritando violentamente en contra de eso.
—No podemos hacer eso.
—¿Por qué no?
—¿Qué es lo qué vamos a decirles? ¿Fuimos secuestrados por vampiros y llevados a una isla invisible para ser sus esclavos?... Ni siquiera sabemos dónde está La Sombra. Van a pensar que estamos locos.
—¿Y qué? Conocimos personas allí... Estoy seguro que alguien allá fuera ha reportado sus desapariciones... ¿De qué otra manera sabríamos sobre ellos? —Negué con la cabeza.
—No podemos. Peter confió en nosotros al permitirnos escapar. No podemos traicionar...
—¡Así que es eso entonces! La verdad. No quieres hablar acerca de La Sombra debido a él. ¿Qué es lo que te hizo, Lali? Es como si estuvieras poseída por esta inexplicable urgencia de complacerlo —Las palabras picaban.No podía mirar a Gas a los ojos No sabía por qué.Hubiera deseado saber por qué.
—No es solo Peter. Lo siento, Gas, pero simplemente no puedo... No de esta manera.
Un golpe en la puerta interrumpió nuestra conversación. Podía sentir los ojos de Gas amenazando con quemar agujeros a través de mí, pero finalmente se puso de pie y abrió la puerta. Desde la terraza, podía escuchar a su madre, Silvia, sollozando.
—¿Dónde está Lali, Gas? ¿Está contigo? —La pequeña Abby sonaba cautelosa.
Si su padre, Pedro, estaba allí, ciertamente no estaba hablando demasiado.
Tomó un par de minutos antes de que eventualmente Gas saliera a buscarme.
—La policía está aquí. Quieren hacernos algunas preguntas.
—¿Y cuál será nuestra respuesta?
Apretó los dientes con fuerza antes de responder:
—Nos escapamos.
Pasaron una considerable cantidad de tiempo consiguiendo que habláramos. Continuaban diciéndonos que podíamos contarles la verdad, que no teníamos que tener miedo. Hicieron todo lo posible por conseguir alguna información acerca de dónde estuvimos, cómo nos las arreglamos para mantenernos ocultos, cómo sobrevivimos. Nos mantuvimos fieles a nuestra decisión.Gas ni siquiera insinuó algo sobre La Sombra.Al igual que yo,guardó silencio al respecto y yo estaba agradecida por ello. Sabía que él no podía comprender por qué me negaba a delatar a La Sombra, demonios ni siquiera yo lo entendía, pero me apoyó y me pareció que sacaba el mundo fuera de él.
La policía finalmente se rindió. Escaparse no era un delito penado, y a menos que nos estuvieran acusando de un delito, no teníamos más razones para hablar.
Tomó tres días antes de que todo el papeleo necesario y los informes policiacos estuvieran terminados y nos dejaran limpios a Gas y a mí, para volver a California. Los exámenes físicos provocaron una nueva avalancha de preguntas. No encontraron nada malo conmigo, pero no estaban ocultando las cicatrices del cuerpo de Gas.
Nunca seré capaz de olvidar la mirada en los ojos de Silvia cuando vio las cicatrices. Se sentía como si estuviera siendo desgarrada cuando nos vio a Gas y a mí, los ojos suplicantes, y chilló:
—¿Quién hizo esto? ¿Por qué no nos dicen quién hizo esto?
Fue la primera vez que vi a Pedro tan enojado.
—Lali, ¿dónde estaban? ¿Qué les pasó?
Podía sentir los ojos de Gas en mí, carcomiendo mi conciencia. Incluso entonces, no podía... no podía hablarles sobre La Sombra.
—Lo siento mucho. —Fue todo lo que atiné a decir, la cabeza inclinada abajo y lágrimas fluyendo por mis ojos.
Esperaba que Gas lo dijera todo en ese momento, pero él se mantuvo firme. Pedro y Silvia intentaron sacarnos información. Gritaron, rogaron, amenazaron... Ni Gas ni yo dijimos nada acerca de vampiros.
Finalmente, todo llegó a su fin cuando Gas suspiró con exasperación y dijo:
—¿Podemos por favor, simplemente ir a casa? Estoy exhausto.
Su declaración allanó el camino al silencio, fue el viaje por carretera más tenso que jamás había tenido. Gas durmió durante la mayor parte del viaje. Lo envidiaba, tan duro como he tratado, he sido incapaz de pegar ojo en todo el viaje a casa.
Su casa. No la mía.
                                                         ***
No fue hasta que llegamos a su casa que me las arreglé para apartar a Pedro a un lado y hacerle la pregunta que me había estado molestando desde que los vi.
¿Mi papá sabía que estaba desaparecida ¿Le importó?
La expresión en el rostro de Pedro fue desgarradora.
—Los cheques llegaron a tiempo.
Sabía lo que eso significaba. No importaba si mi padre lo sabía o no. En lo que se refiere a Carlos Esposito , cuando se trataba de su hija, todo era como de costumbre. Su obligación paternal hacia mí aparentemente empezaba y terminaba con los cheques trimestrales que enviaba a los Dalmau.
No sabía por qué estaba sorprendida. Desde el momento en que mi madre se volvió loca y él la envió lejos de casa, se casó con su trabajo como fundador de lo que entonces era una pequeña agencia de seguridad para el hogar que eventualmente se convirtió en un negocio más grande. La verdad sea dicha, las sumas que le enviaba a los Dalmau para cuidar de mi eran en realidad solo retazos considerando lo que valía actualmente.Era repugnante rico y una miserable excusa de padre.
Como si me lanzara un hueso de consolación, Pedro torpemente frotó mi espalda.
—El Carlos que solía conocer te adoraba.
¿Si? preséntamelo cuando encuentres esa versión de él de nuevo. Me limité a sonreírle de regreso. No era justo que descargara mi frustración en él. Desde mi perspectiva, él perdió a su mejor amigo el día que yo perdí a mi padre. Silvia me mantuvo ocupada trabajando con ella en la cocina, preparando la cena por el resto de la noche.La cena fue tensa. Abby era la única que parecía estar en un brillante y burbujeante estado de ánimo. Tratamos de forzarla, pero ninguno de nosotros conseguimos realmente aliviar la sensación de fricción en la atmósfera.
Esa noche, di vueltas en la cama, incapaz de dormir. Mantuve los ojos cerrados. Pensé en escapar de La Sombra muchas veces mientras estaba allí.En el fondo de mi mente,tenía la vaga idea de exponer a La Sombra y liberar a todos sus prisioneros humanos. Eso fue lo que pensé que estaría haciendo ahora, después de salir de la isla.En cambio, regresé a California, cené con los Hudson y hablé, muy incómodamente, acerca de volver a la escuela.
Tuve que esforzarme en no reír cuando Silvia dijo que esperaba que Gas y yo regresáramos a la escuela inmediatamente. Miré a Gas por una reacción, pero permaneció inmóvil. No dijo nada al respecto. Solo se veía aturdido y fuera de su elemento desde que volvimos.
Estaba convencida de qu e iba a pasar el resto de la noche obsesionada con cómo sería vivir con los Hudson los próximos años, cuando oí un golpe. Me senté en la cama y encontré a Gas abriendo mi puerta.
—Oye...
—Yo solo... —Parecía realmente avergonzado de estar ahí—. ¿Te importaría dormir conmigo en mi cama? Preferiría no estar solo...
No necesité más insistencia. Me levanté, agarré mi almohada y una manta y seguí a Gas. Nos colamos por el pasillo hasta llegar a su habitación. Nos acurrucamos el uno contra el otro por debajo de las sábanas, pero no pude alejar el pensamiento de que no me proporcionaba la seguridad y comodidad que tuve con Peter.
Aún así, Gas y yo nos quedamos despiertos a lo largo de la noche, temiendo lo que los sueños y pesadillas seguramente traerían.
—Mamá quiere conducir a la escuela mañana,ver qué es lo que tenemos que hacer para ponernos al día...
—¿Realmente estás dispuesto a seguir adelante con esto de ir a la escuela?
—Creo que se lo debo a mis padres, incluso a mí mismo, supongo,por lo menos intentarlo. Además, ¿Qué más vamos a hacer?
Era otra pequeña muestra del Gas que solía conocer, el Gas que amaba a sus padres y amaba ser el popular chico caliente de la escuela. Fue el tener la oportunidad de ver ese lado de él otra vez, la única razón por la que dije:
—Escuela entonces.
Hubo una larga pausa, con nosotros dos reflexionando nuestros propios pensamientos confusos.
Finalmente rompí el silencio.
—¿Gas?
—¿Si?
—Gracias.
No preguntó por qué. Él lo sabía.
—Ellos te hicieron algo en La Sombra, Lali. No sé qué, pero espero que con el tiempo se rompa cualquier cosa que hicieran y finalmente veas el sentido. Esperaré hasta la graduación. Después de eso, voy a tomar venganza contra la isla, y voy a hacerlo estés conmigo o no. —No sabía cómo pensaba hacerlo, pero sabía que quería decir cada palabra. La frialdad en su voz me aterrorizaba, pero no tanto como el hecho de que de repente sentí un impulso casi animal de proteger a La Sombra, sin importar qué.
No tenía sentido para mí en absoluto, pero tal vez Gas tenía razón. Deben haberme hecho algo en La Sombra, porque no importa qué tan lejos de la isla estaba, seguía siendo su cautiva, y se sentía como si no hubiera nada que pudiera hacer al respecto.
La Sombra se convirtió en una parte de mí y destruirla se sentía equivalente a destruirme a mí misma.