Gas
No podía entender el modo en que su mente trabajaba.
Me
senté enfrente de ella, esperando que explicara su propia
ingenuidad, pero permaneció en silencio mientras se
sentaba de
nuevo en su silla, una expresión pensativa en sus ojos marrones
mientras
se apartaba un errante mechón de cabello lejos de su
cara.
Contuve la respiración al ver lo preciosa que se veía.
La apariencia de mi
mejor amiga era algo a lo que nunca fui ajeno.
Ella era Rosa Roja de vuelta a la
vida. El cabello castaño, la
pálida y blancuzca complexión rosada, la figura de reloj
de arena,
esas piernas que seguían durante días... tenía que estar ciego
para no ver
lo encantadora que era. Supe que crecería para
convertirse en una maravilla desde
el primer momento en que puse mis
ojos sobre ella. Ese fue el día que su padre la
dejó en nuestra
casa y nunca volvió.
Qué
maldito tonto fue.
Él era justo tan ignorante de ella como ella parecía
serlo de él.Lali creció
sin mucha idea del efecto que tenía en la
gente. No se daba cuenta del modo en
que los hombres la miraban cada
vez que salíamos. Era parte de su atractivo.
Eso y el hecho de que era mía.
Ayudaba que yo fuera la única persona que ella había
dejado entrar. Le
gustaba mantener para sí misma, su miedo de
convertirse en algo como su madre
y su inseguridad después de ser
abandonada por su padre siempre acechaba sobre
ella. Hacía más
fácil para mí que se mantuviera para sí misma. Los chicos de la
escuela sabían que estaba fuera de sus límites. Creo que incluso
las chicas con las que salía sabían que eran aventuras y que Lali era la
única. Nunca se dijo en voz
alta, pero nos pertenecíamos el uno al
otro.
Mi seguridad en esa idea fue mi perdición, porque
durante el tiempo que
pasamos en La Sombra, parecía que ella dejó
entrar a alguien más, Peter Lanzani.
Nunca vi venir eso. Nadie más
fue capaz de atravesar sus paredes, pero parecía que
él lo hizo.
Se las arregló para llegar a ella y no podía entender cómo.
Todo lo que sabía mientras me sentaba en esa mesa
frente a ella en la
biblioteca era que la estaba perdiendo a cada
minuto. Nunca sabes lo que tienes
hasta que se ha ido, Gas. La
trataste como la mierda y ahora estás tratando de
arreglar las
cosas con ella.
—No estoy tratando de presionarte, Lali... —empecé
a decir.
—¿En serio? Eso es exactamente lo que parece.
No estaba acostumbrado a ella siendo tan agresiva
conmigo. Normalmente
siempre me escuchaba, ahí otra cosa que había
cambiado en ella desde que dejamos
La Sombra.
—No puedo aceptar esto. —Me levanté de mi sitio—.
Te veré después de
la práctica. —Como siempre hacía cuando me
metía en situaciones que no tenía
idea de cómo manejar, huía.
Si hubiera sido cualquier otro chico, hubiera estado
feliz por ella, pero este
era Peter Lanzani. Lo vi matar a Belen,
sacar cada gota de sangre de su cuerpo. Sin
dudar. Sin pizca de
vergüenza. La mató sin piedad. No me importaba lo que hiciera
o si
había o no alguna parte buena en él. No se merecía a mi mejor
amiga. Lali se
merecía a alguien mejor que él.
Y aun así, se sentía como si la estuviera perdiendo
por él.
Mientras me apresuraba por los pasillos de nuestra
escuela, pasando a la
gente saludándome y llamándome de camino
hacia los vestidores del equipo de
fútbol, el enfado empezó a
consumirme mientras pensaba en lo que había perdido
en La Sombra.
La isla me lo quitó todo. Tuve que dejar a Rocio, porque ni
siquiera
podía besarme con ella sin pensar en Paula. Incluso aunque
pudiera, dudo que
alguna vez hubiera sentido algo. Apenas tenía
sentido del tacto después de lo que
aquella bruja vampira me hizo
pasar.
Para cuando llegué al vestidor, me estaba volviendo
loco de rabia. Lali y
yo pretendíamos que podíamos conseguir de
nuevo lo que habíamos perdido. Eso
era mentira. No había vuelta a
la vida que tuvimos. ¿Por qué no puedes ver eso,
Lali?
—Oye, hombre. El Entrenador te ha estado buscando.
—Connor, uno de
los chicos del equipo, se aproximó—. ¿Estás
bien?
Lo pasé y fui directo a mi casillero.
—¡Gas! —gritó otro de los chicos mientras metía
mi combinación—.
Escuché que rompiste con Rocio. No te importa si
empiezo a ligar con ella,
¿verdad?
Gruñí a modo de respuesta mientras abría mi
casillero.
—Lo que sea. Todos sabemos que no le importaba nada Rocio, amigo. Creo
que finalmente se ha movido hacia Rosa Roja. Así
que Dalmau.. —Jed, uno de los
chicos más grandes del equipo, se
inclinó contra el casillero al lado del mío―.
¿Finalmente te vas
a hacer hombre y aprovecharte de Lali como siempre planeaste
hacer?
Los gritos y chistes vulgares que empezaron a llenar la
habitación me
llevaron por mal camino. No supe cómo todo llegó a
mí. Bromas sobre mí no yendo
tras Lali se extendieron dentro del
vestidor de chicos. Esta vez, sin embargo,
simplemente llegó a mis
nervios.
Como si no estuviera lo suficientemente irritado, Jed
cotorreó:
—Espero que Rosa Roja valga tu espera, Gas, pero solo
una mirada a ella...
y crees que lo pasará bien en la cama.
Empecé a ver rojo. Apreté mis dientes en un intento
fallido de mantener
el autocontrol, pero fue una causa perdida.
Cerré de un portazo el casillero y me
enfrenté a Jed.
—No hables así de ella. —No lo vio venir pero la
cara de Jed rápidamente
tuvo una violenta presentación con mi
puño. Connor intentó intervenir, así que le
di un puñetazo
también.
Se acercaron a mí y no me importó si me estaban
atacando o simplemente
tratando de sujetarme. Luché en contra,
totalmente consciente de que no eran
realmente los chicos del equipo
contra los que estaba luchando. Cada vez que
lanzaba un golpe, era a
Paula, Peter y cualquier otro chupasangre de La Sombra.
Les pegaba a
ellos por quitarme aquello que me importaba.
Para cuando acabó, estaba sangrando y con moretones, y
aunque ardía de
ira por dentro,bastante consciente del dolor y el
deseo de venganza que se adueñaba de mí, mi cuerpo estaba tan
entumecido como mi alma era consciente.
No importaba cómo conseguí estar golpeado y con
cortes, mi cuerpo apenas
podía sentir nada.
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