domingo, 27 de abril de 2014

Capitulo 16


Gas
No podía entender el modo en que su mente trabajaba. Me senté enfrente de ella, esperando que explicara su propia ingenuidad, pero permaneció en silencio mientras se sentaba de nuevo en su silla, una expresión pensativa en sus ojos marrones mientras se apartaba un errante mechón de cabello lejos de su cara.
Contuve la respiración al ver lo preciosa que se veía. La apariencia de mi mejor amiga era algo a lo que nunca fui ajeno. Ella era Rosa Roja de vuelta a la vida. El cabello castaño, la pálida y blancuzca complexión rosada, la figura de reloj de arena, esas piernas que seguían durante días... tenía que estar ciego para no ver lo encantadora que era. Supe que crecería para convertirse en una maravilla desde el primer momento en que puse mis ojos sobre ella. Ese fue el día que su padre la dejó en nuestra casa y nunca volvió.
Qué maldito tonto fue.
Él era justo tan ignorante de ella como ella parecía serlo de él.Lali creció sin mucha idea del efecto que tenía en la gente. No se daba cuenta del modo en que los hombres la miraban cada vez que salíamos. Era parte de su atractivo.
Eso y el hecho de que era mía.
Ayudaba que yo fuera la única persona que ella había dejado entrar. Le gustaba mantener para sí misma, su miedo de convertirse en algo como su madre y su inseguridad después de ser abandonada por su padre siempre acechaba sobre ella. Hacía más fácil para mí que se mantuviera para sí misma. Los chicos de la escuela sabían que estaba fuera de sus límites. Creo que incluso las chicas con las que salía sabían que eran aventuras y que Lali era la única. Nunca se dijo en voz alta, pero nos pertenecíamos el uno al otro.
Mi seguridad en esa idea fue mi perdición, porque durante el tiempo que pasamos en La Sombra, parecía que ella dejó entrar a alguien más, Peter Lanzani. Nunca vi venir eso. Nadie más fue capaz de atravesar sus paredes, pero parecía que él lo hizo. Se las arregló para llegar a ella y no podía entender cómo.
Todo lo que sabía mientras me sentaba en esa mesa frente a ella en la biblioteca era que la estaba perdiendo a cada minuto. Nunca sabes lo que tienes hasta que se ha ido, Gas. La trataste como la mierda y ahora estás tratando de arreglar las cosas con ella.
No estoy tratando de presionarte, Lali... —empecé a decir.
¿En serio? Eso es exactamente lo que parece.
No estaba acostumbrado a ella siendo tan agresiva conmigo. Normalmente siempre me escuchaba, ahí otra cosa que había cambiado en ella desde que dejamos La Sombra.
No puedo aceptar esto. —Me levanté de mi sitio—. Te veré después de la práctica. —Como siempre hacía cuando me metía en situaciones que no tenía idea de cómo manejar, huía.
Si hubiera sido cualquier otro chico, hubiera estado feliz por ella, pero este era Peter Lanzani. Lo vi matar a Belen, sacar cada gota de sangre de su cuerpo. Sin dudar. Sin pizca de vergüenza. La mató sin piedad. No me importaba lo que hiciera o si había o no alguna parte buena en él. No se merecía a mi mejor amiga. Lali se merecía a alguien mejor que él.
Y aun así, se sentía como si la estuviera perdiendo por él.
Mientras me apresuraba por los pasillos de nuestra escuela, pasando a la gente saludándome y llamándome de camino hacia los vestidores del equipo de fútbol, el enfado empezó a consumirme mientras pensaba en lo que había perdido en La Sombra. La isla me lo quitó todo. Tuve que dejar a Rocio, porque ni siquiera podía besarme con ella sin pensar en Paula. Incluso aunque pudiera, dudo que alguna vez hubiera sentido algo. Apenas tenía sentido del tacto después de lo que aquella bruja vampira me hizo pasar.
Para cuando llegué al vestidor, me estaba volviendo loco de rabia. Lali y yo pretendíamos que podíamos conseguir de nuevo lo que habíamos perdido. Eso era mentira. No había vuelta a la vida que tuvimos. ¿Por qué no puedes ver eso, Lali?
Oye, hombre. El Entrenador te ha estado buscando. —Connor, uno de los chicos del equipo, se aproximó—. ¿Estás bien?
Lo pasé y fui directo a mi casillero.
¡Gas! —gritó otro de los chicos mientras metía mi combinación—. Escuché que rompiste con Rocio. No te importa si empiezo a ligar con ella, ¿verdad?
Gruñí a modo de respuesta mientras abría mi casillero.
Lo que sea. Todos sabemos que no le importaba nada Rocio, amigo. Creo que finalmente se ha movido hacia Rosa Roja. Así que Dalmau.. —Jed, uno de los chicos más grandes del equipo, se inclinó contra el casillero al lado del mío―. ¿Finalmente te vas a hacer hombre y aprovecharte de Lali como siempre planeaste hacer?
Los gritos y chistes vulgares que empezaron a llenar la habitación me llevaron por mal camino. No supe cómo todo llegó a mí. Bromas sobre mí no yendo tras Lali se extendieron dentro del vestidor de chicos. Esta vez, sin embargo, simplemente llegó a mis nervios.
Como si no estuviera lo suficientemente irritado, Jed cotorreó:
Espero que Rosa Roja valga tu espera, Gas, pero solo una mirada a ella... y crees que lo pasará bien en la cama.
Empecé a ver rojo. Apreté mis dientes en un intento fallido de mantener el autocontrol, pero fue una causa perdida. Cerré de un portazo el casillero y me enfrenté a Jed.
No hables así de ella. —No lo vio venir pero la cara de Jed rápidamente tuvo una violenta presentación con mi puño. Connor intentó intervenir, así que le di un puñetazo también.
Se acercaron a mí y no me importó si me estaban atacando o simplemente tratando de sujetarme. Luché en contra, totalmente consciente de que no eran realmente los chicos del equipo contra los que estaba luchando. Cada vez que lanzaba un golpe, era a Paula, Peter y cualquier otro chupasangre de La Sombra. Les pegaba a ellos por quitarme aquello que me importaba.
Para cuando acabó, estaba sangrando y con moretones, y aunque ardía de ira por dentro,bastante consciente del dolor y el deseo de venganza que se adueñaba de mí, mi cuerpo estaba tan entumecido como mi alma era consciente.
No importaba cómo conseguí estar golpeado y con cortes, mi cuerpo apenas podía sentir nada.

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