miércoles, 16 de abril de 2014

Capitulo 11


Lali
Corre, Lali. Me dije una y otra vez que siguiera, que huyera. Supuse que en algún punto, llegaría a alguna parte, a algún lugar que me diera un indicio de cómo podría escapar de la Sombra de Sangre. Así que continué, tropezando a través de la oscuridad del bosque.
Sabía que no tenía plan de escape y que las probabilidades de abandonar realmente la isla eran prácticamente inexistentes. Pero tuve que aprovechar mi oportunidad al momento en que la vi. No podía solo esperar mientras Peter decidía exactamente para qué me quería con él.
Pensé en Gas y en lo que él haría en mi situación. Al saber cuán impulsivo era mi mejor amigo, supuse que escapar mientras podía sería lo que habría hecho. Ese fue realmente todo el ánimo que necesité. Cuando desperté esa mañana —y encontré que el cielo estaba tan oscuro como la noche
anterior— me di cuenta que esperar la luz del día para escapar no tenía sentido.
Me bajé de la cama tan silenciosamente como pude, no tenía la menor tuve mucho cuidado de no hacer ninguno. Me quité las zapatillas que las mías, supuse que oiría todos y cada uno de los ruidos que yo hiciera, así que idea de dónde estaba Peter, pero si estaba en las habitaciones más cercanas a
encontré en el gran armario del dormitorio. Pensé que haría menos ruido con los pies descalzos.
Registré el armario, el cual descubrí contenía en su mayor parte ropa de mujer. Mi estómago dio vueltas al preguntarme por qué era eso. La idea que el cuarto junto al de Peter fue hecho específicamente para una mujer —y para lo que se suponía que estaba esa mujer— me hizo sentir enferma.
Cualquiera que fuera la razón que tenían estos vampiros para tomarnos, lo que hacían era terrible. Yo no iba quedarme sentada allí para ser la víctima. Traté de buscar jeans o algo cómodo con lo que escapar, pero no encontré nada. Mis manos examinaron las docenas de telas sedosas, vestidos
de fiesta, faldas y ropa interior. Finalmente encontré un par de pantalones cortos de mezclilla y una
sudadera negra con capucha dos tallas demasiado grande para mí. Fruncí el ceño, notando cuán fuera de lugar se veían teniendo en cuenta el resto del contenido del armario. Me encogí de hombros y solo agradecí no tener que correr por un bosque usando un vestido de fiesta. Era lo mejor que podría conseguir y debería ser suficiente. Me puse la ropa lo más rápidamente posible. Sabía que no había tiempo que perder. A mayor tiempo que pasara sin que nadie notara que me había ido, mejores oportunidades tendría.
Satisfecha con mi vestimenta, me escabullí fuera del cuarto, sosteniendo las zapatillas con una mano, cuidadosa de cerrar la puerta lo más silenciosamente posible. Avancé a través de los senderos cubiertos de vidrio que conectan el pasillo del cuarto de huéspedes con otra ala del pent-house.
Parándome en el sendero,vi a una de las chicas con las que yo estaba caminando por el sendero paralelo al mío, yendo hacia el ala del lado contrario. Era la chica cuya mano sostuve cuando vimos a Peter por primera vez. No podía recordar su nombre. Mis esperanzas aumentaron. Si ella estaba
allí, quizás Peter también lo estaba. Pensé por un momento si debería incluir a las otras chicas en mi escape. Quería hacerlo, pero supuse que sería un caso de ciego-guía-a-ciego. Mi mejor oportunidad de ayudarlas era escapar y exponer a la Sombra de Sangre al resto del mundo. Sin duda alguien me ayudaría a salvar a las personas traídas a este aquelarre como esclavos.
No gasté demasiado tiempo en pensar al respecto y en vez de eso me centré en cómo iba bajar. Miré hacia afuera y sonreí ligeramente de alivio. Vi un ascensor no demasiado lejos de mí. Ese debe ser. Tiré de la capucha negra sobre mi cabeza y avancé hacia el ascensor. No tomó mucho tiempo antes de que mis pies sintieran la tierra. Era casi demasiado bueno para ser verdad, pero nadie parecía estar vigilando alrededor, así que me puse las zapatillas y corrí en la dirección opuesta al Valle, el centro urbano. Pensé que al norte del Valle estaban las Celdas, al este estaba el Santuario, mientras en al oeste estaba el Pabellón. Si corría en dirección opuesta al Valle, más hacia el oeste, tendría
que llegar a una salida tarde o temprano.
Donde hay entrada, debe haber una salida. Estaba tan equivocada. Después de lo que parecieron horas tropezando a través de los árboles oscuros, con las zapatillas de caucho ampollando mis
pies y siendo golpeada por ramitas y piedras afiladas,cada músculo en mi cuerpo dolía y tenía rasguños por todas partes de mi cuerpo debido a las ramas que golpeaba o los arbustos contra los que tropezaba por la falta de luz, finalmente llegué a un claro en el límite de lo que pareció un interminable bosque.
Pero lo que vi hizo que mi corazón se detuviera. Era una pared tan alta y aparentemente tan gruesa que me sorprendió que nadie jamás hubiera visto la Sombra de Sangre en un mapa. Esto le haría una buena competencia a la Muralla China. Fruncí el entrecejo. Cómo podía atravesar esa pared, no tenía la menor idea, y el hecho que no tuviera el menor indicio de lo que estaba del otro lado no ayudaba tampoco.
Me mordí el labio, sintiéndome insegura de qué hacer. Me hundí de rodillas en el suelo, luchando contra el impulso de romper a llorar. No había forma de que pudiera trepar esta pared. Ya ni siquiera podía mantenerme en pie. Comenzaba a desesperarme. El pensamiento de volver y enfrentar las consecuencias de mi frustrado escape me desesperaba. Me sentía agobiada por más temores y dudas de las que podía manejar.
De repente, oí una ramita romperse detrás de mí.
Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? —dijo una voz que era un poco demasiado aguda como para pertenecer a un hombre.
Me recuerda a la cena —contestó una voz más grave y rasposa.
Mis puños se apretaron. De pronto fui consciente de cuántos rasguños tenía y cuánta sangre rezumaba por esas raspaduras.Prácticamente me había convertido en carnada para estas criaturas.
¿Qué haces tan lejos de la fortaleza en una noche tan oscura? — preguntó, el Chillón, con la voz aguda.
Dar una caminata. Mi amo dijo que podía hacerlo —mentí. Podía sentir mi rostro ruborizándose.
¿De verdad? —habló Rasposo esta vez—. ¿También te pidió que te pusieras toda manchada de sangre y lista para convertirte en su desayuno mientras tanto?
Podía sentirlos acercándose más a mis espaldas. Me giré lentamente para poder verlos. Por la ropa que llevaban —traje negro con crestas rojas usadas por los guardias que nos acompañaban la noche anterior— asumí que ambos eran guardias, asignados para mantener vigilancia en la fortaleza.
¿Quién es tu amo, cosita hermosa? —Chillón estaba justo a mi lado ahora. Sostuvo un mechón de mi cabello entre sus dedos y tomó una larga inhalación de él.
Estuve a punto de decirles que Peter Lanzani me poseía, y que lastimarme sería un grave error, pero fui interrumpida por Rasposo antes de poder hablar.
¿A quién le importa? —dijo—. Cualquiera que camine más allá del bosque y alcance la fortaleza está bajo nuestra misericordia. Estoy seguro que su amo nos dará gracias por enseñarle a su insolente esclava una lección. —Su dedo trazó uno de los rasguños en mis piernas, sacando sangre con su garra. Inspiró profundamente frente a su mano ensangrentada y sonrió antes de probarla. Sonrió más—. Dulce.
Fue Chillón quien pareció inquieto.
Quizás no deberíamos tocarla. No sabemos quién la posee.
Aún así, sus ojos estaban en mí, su mano libre recorriendo la longitud de mi brazo. Rasposo no mostró indicios de detener sus degustaciones de la sangre que salía de las raspaduras en mi cuerpo.
Me paré allí, tratando de recordar lo que aprendí en las clases de defensa personal que Gas me había convencido de tomar. No tenía la menor idea de si funcionaría en vampiros, pero creí que valía la pena intentarlo, incluso si solo fuera para aturdirlos un instante y poder escapar. Eran meras ilusiones, pero era lo único que tenía. Me agaché en el suelo y barrí rápidamente una pierna por debajo de Rasposo, derribándolo al suelo. Me aproveché de la sorpresa de Chillón y lo aparté antes de correr hacia el bosque. Apenas si alcancé a dar tres zancadas antes de que ambos me alcanzaran, tirándome al suelo.
Chillón sujetó mis brazos mientras que Rasposo se dobló arrodillado para sujetar mis pies.
Eso fue un grave error, cariño —dijo Rasposo con una sonrisa.
Los colmillos de ambos salieron, y supe que estaba a punto de perder toda la cordura, teniendo en cuenta que era la tercera vez en las últimas veinticuatro horas que unos vampiros habían amenazado con chupar mi sangre.
No vi ninguna esperanza así que simplemente cerré los ojos mientras ambos estaban a punto de morder. Esperaba gritar de dolor al sentir sus colmillos cavándose en cualquier parte de mi cuerpo en la que ellos decidieran hundir los dientes.
En vez de eso, sentí su agarre en mis muñecas y piernas soltarse de repente.
Abrí los ojos y parpadeé varias veces, aún tratando de lograr ver en la manos sujetaban a los vampiros por el cuello.
Peter cerniéndose sobre ellos. La luz de la luna brilló en él. Cada una de sus oscuridad. Mis ojos se iluminaron cuando vi a ambos guardias en el suelo con
¿Alguno de ustedes probó su sangre? —demandó Peter, el tono de su voz nada menos que amenazador.
Verlo por detrás, la manera en que sus hombros subían con cada aliento y la forma en que sus músculos sobresalían, me dijo cuán desesperadamente trataba de mantener su temperamento bajo control.
Su Alteza, yo... yo no quise... —Rasposo se sacudía tanto que apenas pudo pronunciar las palabras—. Yo no sabía...
Lo que sucedió entonces no era como nada que hubiera presenciado antes. Peter soltó el cuello de Rasposo y, sin vacilación alguna, clavó la garra en su pecho. Podía oír el sonido de la carne rompiéndose cuando Peter sacó su mano con el sangriento y aún latente corazón. Mis rodillas se debilitaron y me encontré cayendo al suelo. Jamás imaginé —ni una vez en mi vida— que vería a alguien arrancarle literalmente el corazón a otra persona. Ni siquiera puedo soportar mirar películas sangrientas. Ver algo como eso en persona era inmanejable para mí.
Peter ahora se centró en Chillón, que escupía disculpas profusas.
Cállate.
Chillón no perdió tiempo en cerrar la boca y ahorrarnos el molesto sonido de su voz.
Nunca toques lo que es mío. Lali Claremont es mía. Quienquiera que la lastime responderá ante mí. ¿Comprendido? —gruñó Peter.
Chillón asintió.
Por supuesto, su... su... Majestad.
Peter soltó el cuello de Chillón,y el guardia se escabulló rápidamente del príncipe. Peter miró el ahora muerto corazón que sostenía con su mano derecha y lo tiró a un lado. Entonces se limpió la sangre de Rasposo de las manos utilizando la camisa del guardia muerto.Se puso de pie en toda su altura y se giró,sus ojos cayendo sobre mí.Pensé en huir de él,pero vi la inutilidad en ello. Me miraba intensamente, y me encontré temiendo su ira.
Levántate, Lali.
No perdí tiempo en levantarme. Esperaba experimentar alguna forma de dolor. En vez de eso, lo encontré mirando la longitud de mis piernas, preocupado por los rasguños que vio allí. Sacó un puñal que había ocultado en una de sus mangas. Lo miré, preguntándome si iba a usarlo para enseñarme alguna clase de lección. En vez de eso, se cortó su propia palma con ella. A pesar de mi temor de él, di un paso al frente, preocupada por él por un momento.
¿Qué haces? —Mis ojos estaban pegados a la intensa sangre roja que ahora caía de la palma de su mano... su sangre.
No deberías haber hecho lo que hiciste. —Fue toda la respuesta que conseguí. Levantó la palma, dirigiéndola hacia mi boca—. Bebe.
Mis ojos se abrieron de par en par mientras miraba su palma sangrienta. Tragué, sintiéndome enferma.
¡No puedo!
Lo harás. Curará tus raspaduras —insistió—.Llevarte de regreso a las Residencias con todos esos rasguños ensangrentados solo te convertirá en un objetivo andante para cada vampiro con que nos crucemos.
Le di una mirada incrédula, preguntándome si él también quería beber mi sangre en ese momento. Las lágrimas comenzaban a humedecer mis ojos, pero supe por su expresión que no dejaríamos este lugar hasta que yo hiciera lo que él me ordenaba.
Bebe, Lali —repitió, más seriamente esta vez, la impaciencia obvia en su tono de voz—. Mi mano se curará en solo un par de segundos. Y no quiero tener que cortarme otra vez.
Miré una vez más su palma, incapaz de creer lo que estaba a punto de hacer. Sostuve su muñeca con una mano, y sus dedos con la otra. Noté cómo su mandíbula se tensó en el momento en que lo toqué. Tragué saliva antes de hacer lo inconcebible, y entonces empecé a chupar la sangre de la palma de su mano hasta que su herida auto-infligida se cerró. Retrocedí, el extraño sabor de su sangre agobiando mis papilas gustativas.
Bien —dijo, y limpió el espeso líquido rojo que manchaba los rincones de mi boca. Sus ojos fijos en mí eran muy intensos.
Verifiqué las raspaduras que tenía en las piernas. Como él dijo, todas se habían curado. No supe si sentirme aliviada o no. Todavía no podía asimilar el hecho que acababa de beber sangre, la sangre de un vampiro. Ni siquiera había pensado que ellos tuvieran su propia sangre. Fui consciente entonces de cuánto temblaba.
Peter se acercó más cerca a mí y rozó su pulgar contra mi pómulo.
¿Estás bien?
Me paré, inmóvil, mis ojos yendo hacia el cadáver del guardia en el suelo.
Lo mataste —dije, mostrando cuán aturdida me sentía—. Como si nada... Está muerto.
Peter dejó salir un profundo suspiro, una expresión estoica sobre su rostro cincelado.
Tuve que hacer un ejemplo de él. El otro guardia le dirá al aquelarre entero que tú no debes ser dañada gracias a lo que hice. Es más seguro así. Además, él había probado tu sangre. Tenía que morir.
Yo aún lo miraba con una expresión aturdida en la cara.
Iba a matarte. Había probado tu sangre, Lali. Dudo que hubiera tenido suficiente autocontrol como para evitar devorarle por completo.
Levantó una ceja, su humor aligerándose un poco—. A juzgar por la expresión en tu cara cuando ambos estaban a punto de hundir sus dientes en ti, supuse que sabías que no podrías persuadirlos con tus palabras como hiciste conmigo.
Recuerdos de la noche anterior fluyeron por mi cabeza. Recordé cuán conflictivo parecía Peter cuando me aplastó contra ese pilar, listo para hundir sus colmillos en mí. No había habido ningún conflicto en el vampiro que acaba de matar.
Me encontré intrigada por Peter,más que antes.Él era una paradoja,una contradicción caminante. Cómo era capaz de cometer un acto tan violento sin ninguna vacilación en un momento y ser tan apacible conmigo justo después era algo que me desconcertaba completamente.
Pude sentir sus ojos recorriendo mi cuerpo de pies a cabeza, entonces retrocedió un paso.
Has estado corriendo durante horas, ¿no es así?-concluyó. Casi me sentí avergonzada al admitirlo.
Se siente como si fuera así.
-Incluso si consiguieras cruzar el muro,estás en una isla,Lali.A menos que puedas nadar kilómetros y kilómetros, sobrevivir a los tiburones y llegar a tierra, no hay salida de aquí.
Antes de que pudiera responder a eso, él me levantó en sus brazos como si no pesara nada, y en apenas minutos estuvimos de vuelta en su pent- house. Me llevó a mi habitación y me dejó de pie en el suelo.
Desayunaremos en un par de minutos. Vístete con algo que no sea eso. —Miró mi vestimenta deliberadamente. Se me ocurrió que, teniendo en cuenta el tiempo que él había estado durmiendo, probablemente nunca había visto a una mujer con una sudadera y pantalones cortos. Pero teniendo en cuenta cuán desgastada y sucia estaba mi ropa luego de mi "corrida" matutina, vi por qué no la encontraba atractiva.
Antes de girarse hacia la puerta, se detuvo y me preguntó:
¿Hay algo que necesites, Lali?
Necesito salir de aquí, quería decir. En vez de eso, sacudí la cabeza.
No.
Él asintió y se dirigió a la puerta. Se detuvo cuando estaba a punto de abrirla. Me dio una advertencia final:
Solo arriesgarás tu vida tratando de escapar, Lali. Así que mejor simplifiquémoslo. Nunca vuelvas a intentarlo.

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