Lali
Corre, Lali. Me dije una
y otra vez que siguiera, que
huyera. Supuse que en algún punto,
llegaría a alguna parte,
a algún lugar que me diera un indicio de
cómo podría
escapar de la Sombra de Sangre. Así que continué,
tropezando a través de la
oscuridad del bosque.
Sabía que no tenía plan
de escape y que las probabilidades de
abandonar realmente la isla
eran prácticamente inexistentes. Pero tuve que
aprovechar mi
oportunidad al momento en que la vi. No podía solo esperar
mientras
Peter decidía exactamente para qué me quería con él.
Pensé en Gas y en lo que
él haría en mi situación. Al saber cuán
impulsivo era mi mejor
amigo, supuse que escapar mientras podía sería lo que
habría
hecho. Ese fue realmente todo el ánimo que necesité. Cuando
desperté
esa mañana —y encontré que el cielo estaba tan oscuro
como la noche
anterior— me di cuenta
que esperar la luz del día para escapar no tenía
sentido.
Me bajé de la cama tan
silenciosamente como pude, no tenía la menor
tuve mucho cuidado de
no hacer ninguno. Me quité las zapatillas que
las mías, supuse que
oiría todos y cada uno de los ruidos que yo hiciera, así que
idea
de dónde estaba Peter, pero si estaba en las habitaciones más
cercanas a
encontré en el gran
armario del dormitorio. Pensé que haría menos ruido con
los pies
descalzos.
Registré el armario, el
cual descubrí contenía en su mayor parte ropa
de mujer. Mi
estómago dio vueltas al preguntarme por qué era eso. La idea que
el cuarto junto al de Peter fue hecho específicamente para una mujer
—y
para lo que se suponía que estaba esa mujer— me hizo sentir
enferma.
Cualquiera que fuera la
razón que tenían estos vampiros para tomarnos, lo que
hacían era
terrible. Yo no iba quedarme sentada allí para ser la víctima.
Traté
de buscar jeans o algo cómodo con lo que escapar, pero no
encontré
nada. Mis manos examinaron las docenas de telas sedosas, vestidos
de fiesta, faldas y ropa
interior.
Finalmente encontré un par de pantalones cortos de
mezclilla y una
sudadera negra con capucha
dos tallas demasiado grande para mí. Fruncí el
ceño, notando cuán
fuera de lugar se veían teniendo en cuenta el resto del
contenido
del armario. Me encogí de hombros y solo agradecí no tener que
correr por un bosque usando un vestido de fiesta. Era lo mejor que
podría
conseguir y debería ser suficiente. Me puse la ropa lo más
rápidamente
posible. Sabía que no había tiempo que perder. A
mayor tiempo que pasara sin
que nadie notara que me había ido,
mejores oportunidades tendría.
Satisfecha con mi
vestimenta, me escabullí fuera del cuarto,
sosteniendo las
zapatillas con una mano, cuidadosa de cerrar la puerta lo más
silenciosamente posible. Avancé a través de los senderos cubiertos
de vidrio
que conectan el pasillo del cuarto de huéspedes con otra
ala del pent-house.
Parándome en el sendero,vi a una de las chicas con las que yo estaba
caminando por el
sendero paralelo al mío, yendo hacia el ala del lado
contrario. Era
la chica cuya mano sostuve cuando vimos a Peter por primera
vez. No
podía recordar su nombre. Mis esperanzas aumentaron. Si ella estaba
allí, quizás Peter
también lo estaba. Pensé por un momento si debería incluir
a las
otras chicas en mi escape. Quería hacerlo, pero supuse que sería un
caso
de ciego-guía-a-ciego. Mi mejor oportunidad de ayudarlas era
escapar y
exponer a la Sombra de Sangre al resto del mundo. Sin duda
alguien me
ayudaría a salvar a las personas traídas a este
aquelarre como esclavos.
No gasté demasiado tiempo
en pensar al respecto y en vez de eso me
centré en cómo iba bajar.
Miré hacia afuera y sonreí ligeramente de alivio. Vi
un ascensor
no demasiado lejos de mí. Ese debe ser. Tiré de la capucha negra
sobre mi cabeza y avancé hacia el ascensor. No tomó mucho tiempo
antes de
que mis pies sintieran la tierra. Era casi demasiado bueno
para ser verdad, pero
nadie parecía estar vigilando alrededor, así
que me puse las zapatillas y corrí
en la dirección opuesta al
Valle, el centro urbano. Pensé que al norte del Valle
estaban las
Celdas, al este estaba el Santuario, mientras en al oeste estaba el
Pabellón. Si corría en dirección opuesta al Valle, más hacia el
oeste, tendría
que llegar a una salida
tarde o temprano.
Donde hay entrada, debe
haber una salida.
Estaba tan equivocada. Después de lo que
parecieron horas tropezando
a través de los árboles oscuros, con
las zapatillas de caucho ampollando mis
pies y siendo golpeada por
ramitas y piedras afiladas,cada músculo en mi
cuerpo dolía y
tenía rasguños por todas partes de mi cuerpo debido a las ramas
que golpeaba o los arbustos contra los que tropezaba por la falta de
luz,
finalmente llegué a un claro en el límite de lo que pareció
un interminable
bosque.
Pero lo que vi hizo que mi
corazón se detuviera. Era una pared tan alta
y aparentemente tan
gruesa que me sorprendió que nadie jamás hubiera visto
la Sombra
de Sangre en un mapa. Esto le haría una buena competencia a la
Muralla China. Fruncí el entrecejo. Cómo podía atravesar esa
pared, no tenía
la menor idea, y el hecho que no tuviera el menor
indicio de lo que estaba del
otro lado no ayudaba tampoco.
Me mordí el labio,
sintiéndome insegura de qué hacer. Me hundí de
rodillas en el
suelo, luchando contra el impulso de romper a llorar. No había
forma de que pudiera trepar esta pared. Ya ni siquiera podía
mantenerme en
pie. Comenzaba a desesperarme. El pensamiento de
volver y enfrentar las consecuencias de mi
frustrado escape me desesperaba. Me sentía agobiada por
más
temores y dudas de las que podía manejar.
De repente, oí una ramita
romperse detrás de mí.
—Bueno, bueno, ¿qué
tenemos aquí? —dijo una voz que era un poco
demasiado aguda como
para pertenecer a un hombre.
—Me recuerda a la cena
—contestó una voz más grave y rasposa.
Mis puños se apretaron.
De pronto fui consciente de cuántos rasguños
tenía y cuánta
sangre rezumaba por esas raspaduras.Prácticamente me había convertido en carnada para estas criaturas.
—¿Qué haces tan lejos
de la fortaleza en una noche tan oscura?
— preguntó, el Chillón,
con la voz aguda.
—Dar una caminata. Mi
amo dijo que podía hacerlo —mentí. Podía
sentir mi rostro
ruborizándose.
—¿De verdad? —habló
Rasposo esta vez—. ¿También te pidió que te
pusieras toda
manchada de sangre y lista para convertirte en su desayuno
mientras
tanto?
Podía sentirlos
acercándose más a mis espaldas. Me giré lentamente
para poder
verlos. Por la ropa que llevaban —traje negro con crestas rojas
usadas por los guardias que nos acompañaban la noche anterior—
asumí que
ambos eran guardias, asignados para mantener vigilancia
en la fortaleza.
—¿Quién es tu amo,
cosita hermosa? —Chillón estaba justo a mi lado
ahora. Sostuvo un
mechón de mi cabello entre sus dedos y tomó una larga
inhalación
de él.
Estuve a punto de decirles
que Peter Lanzani me poseía, y que
lastimarme sería un grave error,
pero fui interrumpida por Rasposo antes de
poder hablar.
—¿A quién le importa?
—dijo—. Cualquiera que camine más allá del
bosque y alcance la
fortaleza está bajo nuestra misericordia. Estoy seguro que
su amo
nos dará gracias por enseñarle a su insolente esclava una lección.
—Su
dedo trazó uno de los rasguños en mis piernas, sacando
sangre con su garra.
Inspiró profundamente frente a su mano
ensangrentada y sonrió antes de
probarla. Sonrió más—. Dulce.
Fue Chillón quien pareció
inquieto.
—Quizás no deberíamos
tocarla. No sabemos quién la posee.
Aún así, sus ojos
estaban en mí, su mano libre recorriendo la longitud
de mi brazo.
Rasposo no mostró indicios de detener sus degustaciones de la
sangre que salía de las raspaduras en mi cuerpo.
Me paré allí, tratando
de recordar lo que aprendí en las clases de
defensa personal que
Gas me había convencido de tomar. No tenía la menor
idea de si
funcionaría en vampiros, pero creí que valía la pena
intentarlo,
incluso si solo fuera para aturdirlos un instante y poder
escapar. Eran meras
ilusiones, pero era lo único que tenía. Me
agaché en el suelo y barrí
rápidamente una pierna por debajo de
Rasposo, derribándolo al suelo. Me
aproveché de la sorpresa de
Chillón y lo aparté antes de correr hacia el
bosque. Apenas si
alcancé a dar tres zancadas antes de que ambos me
alcanzaran,
tirándome al suelo.
Chillón sujetó mis
brazos mientras que Rasposo se dobló arrodillado
para sujetar mis
pies.
—Eso fue un grave error,
cariño —dijo Rasposo con una sonrisa.
Los colmillos de ambos
salieron, y supe que estaba a punto de perder
toda la cordura,
teniendo en cuenta que era la tercera vez en las últimas
veinticuatro horas que unos vampiros habían amenazado con chupar mi
sangre.
No vi ninguna esperanza
así que simplemente cerré los ojos mientras
ambos estaban a punto
de morder. Esperaba gritar de dolor al sentir sus
colmillos
cavándose en cualquier parte de mi cuerpo en la que ellos
decidieran
hundir los dientes.
En vez de eso, sentí su
agarre en mis muñecas y piernas soltarse de
repente.
Abrí los ojos y parpadeé
varias veces, aún tratando de lograr ver en la
manos sujetaban a
los vampiros por el cuello.
Peter cerniéndose sobre
ellos. La luz de la luna brilló en él. Cada una de sus
oscuridad.
Mis ojos se iluminaron cuando vi a ambos guardias en el suelo con
—¿Alguno de ustedes
probó su sangre? —demandó Peter, el tono de
su voz nada menos
que amenazador.
Verlo por detrás, la
manera en que sus hombros subían con cada
aliento y la forma en que
sus músculos sobresalían, me dijo cuán
desesperadamente trataba
de mantener su temperamento bajo control.
—Su Alteza, yo... yo no
quise... —Rasposo se sacudía tanto que apenas
pudo pronunciar las
palabras—. Yo no sabía...
Lo que sucedió entonces
no era como nada que hubiera presenciado
antes. Peter soltó el
cuello de Rasposo y, sin vacilación alguna, clavó la garra
en su
pecho. Podía oír el sonido de la carne rompiéndose cuando Peter
sacó
su mano con el sangriento y aún latente corazón. Mis
rodillas se debilitaron y
me encontré cayendo al suelo. Jamás
imaginé —ni una vez en mi vida— que
vería a alguien arrancarle
literalmente el corazón a otra persona. Ni siquiera
puedo soportar
mirar películas sangrientas. Ver algo como eso en persona era
inmanejable para mí.
Peter ahora se centró en
Chillón, que escupía disculpas profusas.
—Cállate.
Chillón no perdió tiempo
en cerrar la boca y ahorrarnos el molesto
sonido de su voz.
—Nunca toques lo que es
mío. Lali Claremont es mía. Quienquiera
que la lastime responderá
ante mí. ¿Comprendido? —gruñó Peter.
Chillón asintió.
—Por supuesto, su...
su... Majestad.
Peter soltó el cuello de
Chillón,y el guardia se escabulló rápidamente
del príncipe.
Peter miró el ahora muerto corazón que sostenía con su mano
derecha y lo tiró a un lado. Entonces se limpió la sangre de
Rasposo de las
manos utilizando la camisa del guardia muerto.Se puso
de pie en toda su
altura y se giró,sus ojos cayendo sobre mí.Pensé en huir de él,pero vi la
inutilidad en ello. Me miraba
intensamente, y me encontré temiendo su ira.
—Levántate, Lali.
No perdí tiempo en
levantarme. Esperaba experimentar alguna forma
de dolor. En vez de
eso, lo encontré mirando la longitud de mis piernas,
preocupado por
los rasguños que vio allí. Sacó un puñal que había ocultado en
una de sus mangas. Lo miré, preguntándome si iba a usarlo para
enseñarme
alguna clase de lección. En vez de eso, se cortó su
propia palma con ella.
A pesar de mi temor de él, di un paso al
frente, preocupada por él por
un momento.
—¿Qué haces? —Mis
ojos estaban pegados a la intensa sangre roja que
ahora caía de la
palma de su mano... su sangre.
—No deberías haber
hecho lo que hiciste. —Fue toda la respuesta que
conseguí.
Levantó la palma, dirigiéndola hacia mi boca—. Bebe.
Mis ojos se abrieron de
par en par mientras miraba su palma
sangrienta. Tragué, sintiéndome
enferma.
—¡No puedo!
—Lo harás. Curará tus
raspaduras —insistió—.Llevarte de regreso a
las Residencias
con todos esos rasguños ensangrentados solo te convertirá en
un
objetivo andante para cada vampiro con que nos crucemos.
Le di una mirada
incrédula, preguntándome si él también quería beber
mi sangre
en ese momento. Las lágrimas comenzaban a humedecer mis ojos,
pero
supe por su expresión que no dejaríamos este lugar hasta que yo
hiciera
lo que él me ordenaba.
—Bebe, Lali —repitió,
más seriamente esta vez, la impaciencia obvia
en su tono de voz—.
Mi mano se curará en solo un par de segundos. Y no
quiero tener que
cortarme otra vez.
Miré una vez más su
palma, incapaz de creer lo que estaba a punto de
hacer. Sostuve su
muñeca con una mano, y sus dedos con la otra. Noté cómo
su
mandíbula se tensó en el momento en que lo toqué. Tragué saliva
antes de
hacer lo inconcebible, y entonces empecé a chupar la
sangre de la palma de su
mano hasta que su herida auto-infligida se
cerró. Retrocedí, el extraño sabor
de su sangre agobiando mis
papilas gustativas.
—Bien —dijo, y limpió
el espeso líquido rojo que manchaba los
rincones de mi boca. Sus
ojos fijos en mí eran muy intensos.
Verifiqué las raspaduras
que tenía en las piernas. Como él dijo, todas
se habían curado.
No supe si sentirme aliviada o no. Todavía no podía asimilar
el
hecho que acababa de beber sangre, la sangre de un vampiro. Ni
siquiera
había pensado que ellos tuvieran su propia sangre. Fui
consciente entonces de
cuánto temblaba.
Peter se acercó más
cerca a mí y rozó su pulgar contra mi pómulo.
—¿Estás bien?
Me paré, inmóvil, mis
ojos yendo hacia el cadáver del guardia en el
suelo.
—Lo mataste —dije,
mostrando cuán aturdida me sentía—. Como si
nada... Está
muerto.
Peter dejó salir un
profundo suspiro, una expresión estoica sobre su
rostro cincelado.
—Tuve que hacer un
ejemplo de él. El otro guardia le dirá al aquelarre
entero que tú
no debes ser dañada gracias a lo que hice. Es más seguro
así.
Además, él había probado tu sangre. Tenía que morir.
Yo aún lo miraba con una
expresión aturdida en la cara.
—Iba a matarte. Había
probado tu sangre, Lali. Dudo que hubiera
tenido suficiente
autocontrol como para evitar devorarle por completo.
—Levantó una ceja, su
humor aligerándose un poco—. A juzgar por la
expresión en tu
cara cuando ambos estaban a punto de hundir sus dientes en
ti,
supuse que sabías que no podrías persuadirlos con tus palabras como
hiciste
conmigo.
Recuerdos de la noche
anterior fluyeron por mi cabeza. Recordé cuán conflictivo parecía
Peter cuando me aplastó contra ese pilar, listo para hundir
sus
colmillos en mí. No había habido ningún conflicto en el vampiro
que
acaba de matar.
Me encontré intrigada por
Peter,más que antes.Él era una
paradoja,una contradicción
caminante. Cómo era capaz de cometer un acto
tan violento sin
ninguna vacilación en un momento y ser tan apacible
conmigo justo
después era algo que me desconcertaba completamente.
Pude sentir sus ojos
recorriendo mi cuerpo de pies a cabeza, entonces
retrocedió un
paso.
—Has estado corriendo
durante horas, ¿no es así?-concluyó.
Casi me sentí avergonzada al
admitirlo.
—Se siente como si fuera
así.
-Incluso si consiguieras
cruzar el muro,estás en una isla,Lali.A
menos que puedas nadar
kilómetros y kilómetros, sobrevivir a los tiburones y
llegar a
tierra, no hay salida de aquí.
Antes de que pudiera
responder a eso, él me levantó en sus brazos
como si no pesara
nada, y en apenas minutos estuvimos de vuelta en su pent-
house. Me
llevó a mi habitación y me dejó de pie en el suelo.
—Desayunaremos en un par
de minutos. Vístete con algo que no sea
eso. —Miró mi vestimenta
deliberadamente. Se me ocurrió que, teniendo en
cuenta el tiempo
que él había estado durmiendo, probablemente nunca había
visto a
una mujer con una sudadera y pantalones cortos. Pero teniendo en
cuenta cuán desgastada y sucia estaba mi ropa luego de mi "corrida"
matutina,
vi por qué no la encontraba atractiva.
Antes de girarse hacia la
puerta, se detuvo y me preguntó:
—¿Hay algo que
necesites, Lali?
Necesito salir de aquí,
quería decir. En vez de eso, sacudí la cabeza.
—No.
Él asintió y se dirigió
a la puerta. Se detuvo cuando estaba a punto de
abrirla. Me dio una
advertencia final:
—Solo arriesgarás tu
vida tratando de escapar, Lali. Así que mejor
simplifiquémoslo.
Nunca vuelvas a intentarlo.
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