Gas
Mientras paseábamos
sobre las arenas blancas contemplando el
bellamente azul claro
océano, le dije a Lali mi historia, no
molestándome en mencionarle
que haciéndome relatar mi
historia, estaba forzándome a revivir
los horrores de La
Sombra de Sangre.
***
Estaba angustiado. Una vez más
decepcione a Lali. Abandonándola en su
cumpleaños por Rocio, tan
hermosa como fuera, estaba en la cima de mi lista
creciente de cosas
jodidas cuando se trataba de la mejor amiga que siempre me las
arreglé para dar por sentado. Se sintió horrible ver la mirada de
dolor en los ojos
de Lali, pero me imaginé que ella tomaría una
caminata y que lo superaría.
Después de todo, sabía que tarde o
temprano, me perdonaría. Siempre lo hacía.
Entré a escondidas en su cuarto de
hotel justo antes del amanecer a la
mañana siguiente, esperando por
completo que aun estaría en la cama, con mi
hermana de cinco años,
Abby, acurrucada contra ella. Estuve decepcionado de
encontrar a mi
mamá al lado de Abby. Era claro que mi mamá estaba enfadada por
algo. Porque aun cuando estaba dormida tenía una mueca firme en su
cara.
La sacudí para despertarla.
―Mamá, ¿dónde está Lali?
Ella parpadeó varias veces y
frunció el ceño.
―No tengo idea de donde está.
¿Qué hora es? Se supone que tendría que
estar aquí. Abby estaba
horrorizada de tener que dormir aquí sola.
―Tal vez solo salió a dar una
caminata o algo...
―¿A esta hora? ¿En que está
metida?
―La encontrare ―respondí,
empezando a sentirme peor por lo que le
hice, o no le hice, a Lali
la noche anterior. No era normal en ella huir así. De entre
los
dos, ella siempre había sido la más responsable.
Demasiado preocupado y sabiendo que
había sido un completo idiota con
ella, fui a la playa para
buscarla, caminé alrededor de medio kilómetro sobre la
orilla de
la costa antes de darme cuenta que estaba perdiendo el tiempo. Si
Lali
quería ser encontrada, la encontraría. Seguí tratando de
llamar a su teléfono, pero
seguía obteniendo su correo de voz.
Estaba listo para volver cuando me encontré
con una hermosa chica
morena, llevando, de entre todas las cosas, un conjunto de
cuero.
Se acercó a mí, mirándome desde
la cabeza hasta los pies, con una mirada
sensual en sus ojos.
―Soy Paula. ¿Y tú eres?
Distraído por cuan hermosa
olvidé
mi búsqueda por encontrar a Lali.
Mostré mi mejor sonrisa, de
pronto también olvidando mi obsesión por Rocio.
―Soy Gas.
Para mi sorpresa, ella agarró mi
cuello y tiró de mi cabeza hacia abajo
mientras me enfrentaba para
un beso. Podría decirse que fue el mejor beso que
jamás había
tenido. Cuando nuestros labios se separaron, ella sonrió. Fue esa
sonrisa la que me dijo que algo estaba mal, porque aparte del hecho
de que todo
sobre su sonrisa insinuaba locura, de repente
sobresalían colmillos de ambos lados
de su labio superior.
―Eres perfecto ―siseó antes de
apuñalarme en el cuello con una jeringa
afilada. Me tomó apenas
unos segundos caer al suelo, inconsciente. El último
sonido que
registré en mi mente esa mañana fue el alto e infantil tono de su
voz
cuando decía―: Me voy a divertir tanto contigo, Gas.
Cuando desperté, me encontré en
una cama grande, las muñecas esposadas
a las patas de la cama. Ella
estaba encima de mí, besando mi cuello, mis hombros...
Yo era mucho
más grande que ella, y aun así me sentí indefenso y completamente
a su merced.
―¿Qué estás haciendo? ¿Quién
eres? ¿Dónde estoy?
Se echó a reír.
―Ohh... Demasiadas preguntas, mi
mascota.
Hice una mueca ante la palabra que
usó, apartando mi boca de ella cuando
trató de besarme. Obviamente
irritada, sujetó mi cabeza con ambas manos antes
de forzarme a un
beso. Cuando nuestros labios se separaron, ladeó su cabeza a un
lado y puso mala cara.
―Deberías de estar agradecido de
que estoy de tan buen humor, porque
he decidido responder a tus
preguntas... ¿Qué estoy haciendo? Estoy besándote.
¿Quién soy?
Soy Paula, tu amante. ¿Dónde estás? Estas en mi dormitorio.
Sus labios y sus manos estaban sobre
mí y en todo lo que podía pensar era
la forma en que me sonrió de
vuelta en la playa justo antes de perder la conciencia
―Eres un vampiro-Decir las
palabras en voz alta me hacía sonar absolutamente loco.
―Chico listo... ―Subió sobre mi
cintura y se apoyó a si misma sobre mi
pecho mientras me miraba, la
misma sonrisa maniática en su cara―. Ahora quiero
que te calles.
―Me amordazó, y luego hundió sus colmillos en mi cuello,
bebiendo
mi sangre por primera vez.
Una vez satisfecha, levantó su
cabeza, mi sangre derramándose en las
esquinas de sus labios.
―Eres tan dulce como él lo era.
El duque... ―Garras sobresalieron de sus
dedos y empezó a trazar
una de ellas sobre mi torso―. ¿Tienes alguna idea de lo
que me
hizo pasar?
Claro que no, perra loca...Peleé
con la urgencia de gritar cuando sus garras
se hundieron en mi piel,
extrayendo sangre. La forma en que sus ojos se iluminaron
de alegría
al ver mi sangre era repugnante.
―Mi madre era una prostituta,
sabias... Éramos muy pobres y mi madre
estaba muy enferma así que
decidió venderme al Duque. Solo tenía seis años.
―Ella empezó a
correr su mano por mi cabello antes de agarrar un mechón del
mismo
y apretarlo en un puño―.Me recuerdas mucho a él.
Mi corazón se hundió al escuchar
esta revelación.
Me sentí en su interior, cada fibra
de mi siendo instada de nuevo, luchando
contra las restricciones en
las que me mantenía, luchando contra la degradación
en la que ella
me ponía. Todo ello por nada.
Me dio una bofetada con el dorso su
mano mientras reía entre dientes.
―Y también luché, sabes. Grité,
arañé y me defendí, pero él aún hallaba
su camino para
mantenerme tranquila. Siempre se salía con la suya. Voy a hacer
mi
camino contigo también.
Y así lo hizo. Todo sobre ella
hacia que mi estómago girara. Sus gemidos,
las cosas que decía...
Cuando colapsó sobre mi cuerpo, jadeando, quise matarla.
―Cuando me convertí en vampiro,
le hice pagar caro lo que me había
hecho. ―Sus ojos se iluminaron
al recordarlo―.Debiste haberlo escuchado
gritando y llorando. Él
era débil ―dijo―. Justo como tú. Tengo el control ahora y
nunca nadie podrá herirme de la forma en la que él lo hizo de
nuevo.
Para el momento en que ella había
terminado conmigo aquella primera
noche en La Sombra. Estaba
maltratado, con moretones, sangrando y exhausto.
Ella me dejó aún
esposado a la cama, con una mordaza en mi boca.Tomó horas
antes de
que alguien entrara a la habitación. Al principio pensé que era
ella. Me
estremecí solo al escuchar el sonido de la puerta crepitar
al abrirse. No pude
soportar el pensamiento de ella tocándome. Así
que me sentí aliviado cuando
encontré a una linda chica con el
cabello negro haciendo señas para que me
quedara callado. Sacó la
mordaza de mi boca antes de forzar la cerradura de las
esposas que
me sostenían a la cama.
―Tienes que estar extremadamente
callado ―susurró suavemente, apenas
pude entender lo que me
decía. El resto de nuestra conversación eran susurros.
―¿Quién eres?
―Soy Belen. ―Miró hacia abajo a
mi desgastada forma―. ¿Puedes
levantarte?
Asentí.
―Estoy principalmente solo
adolorido.
―Entonces, vamos a salir de aquí.
Estaba sorprendido de cuan
rápidamente pudo sacar las esposas de mí. Me
senté en la cama,
frotando mis muñecas, mientras ella hurgaba en el closet por ropa
que podía tirar hacia mí.
―¿Cuál es tu nombre? ―Me tiró
un par de bóxers y una capucha azul
marino.
―Gas. ―Me puse rápidamente los
bóxers―. ¿Cómo llegaste aquí?
―Estaba siguiendo a Paula. La vi
acercarse a ti en la playa y sedarte. Te
hubiera salvado pero ella
fue muy rápida, como si estuviera de repente en un apuro.
―Me lanzó un par de jeans.
Me los coloqué rápidamente,
sorprendido de cuán bien encajaban los
pantalones.
―¿Salvarme? ¿Cómo podrías
posiblemente...?
―No hay tiempo para eso ahora.
Todo lo que necesitas saber es que si llegas
a salir de aquí sin mi
encuentra a Ruben. Él es un cazador como yo. Él te ayudara.
Me hizo memorizar un número
mientras me colocaba la capucha encima
de la cabeza. Salimos a
escondidas de la habitación con cuidado chequeando que
nadie nos
estuviera siguiendo. Fuimos tontos en pensar que de verdad podíamos
escapar, pero tuvo perfecto sentido en ese momento. Estuve aturdido
por un
momento cuando me di cuenta que el pent-house de Paula estaba
situado en la
parte superior de unos árboles gigantes. Era una
hermosa vista, pero por supuesto,
nos presentó un problema tratando
de encontrar la manera de bajar de ahí.
Belen señalo a un elevador
cercano. Nos arrastramos pasando a un chico
que llevaba una túnica
de lana blanca. Estaba seguro de que seriamos descubiertos
cuando lo
vi, por lo que la leyenda decía de que los vampiros tenían los
sentidos
agudizados. Me sentí aliviado al pasar al chico,
preguntándome si quizás los
vampiros no están tan sincronizados
con sus sentidos o tal vez era mayormente
humano.
Nos las arreglamos para entrar en el
ascensor y pulsar un botón para llegar
a la parte inferior del
árbol. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, mi
estómago se
tornó en nudos.
Nos encontramos con Paula
esperándonos, riendo. Dos guardias
vampiros estaban con ella.
―¿De verdad pensaste que tenías
alguna oportunidad de escapar? ―se
burló Paula. Los dos guardias
retuvieron a Belen mientras Paula centraba su
atención en mí,
empujándome de nuevo al ascensor. Tratando de sacar provecho
de
todo el entrenamiento de artes marciales que tuve en casa, hice un
movimiento
para golpear a Paula, pero efectivamente bloqueó mi
golpe. Todo lo que tomó
fue un golpe de ella, y me estrellé contra
la pared del ascensor y caí al suelo,
rápidamente desvaneciéndome
en la inconsciencia.
Cuando desperté, estaba en una
habitación pequeña y con poca luz, sin
ventanas, encadenado a una
pared, desnudo de la cintura hacia arriba. Noté cómo
había varias
cadenas, látigos y aparatos que hicieron que mis entrañas se
apretaran,
dispuestos en diversas áreas de la habitación. En un
lado de la habitación un
monitor de vigilancia estaba montado en la
pared, su imagen mostrando una cama
grande, Belen estaba tendida en
medio de ella.
En el lado opuesto de la pared,
Paula estaba sentada, luciendo demasiado
relajada, en una silla de
metal afilando una daga.
―¿Qué es lo que quieres de mí?
Paula miró hacia arriba. Sus ojos
brillaron cuando vio que finalmente
estaba despierto.
―Oh Dios. Estas completamente
despierto. Eso significa que ahora
podemos empezar con tu
entrenamiento.
Se levantó y caminó hacia mí.
Empezó a trazar la punta de la daga en mi
torso.
―Después de todo lo que hice para
complacerte,¿te vas y me dejas para
irte con esa perra?―Hizo un
gesto hacia la pantalla parpadeando―. Estoy tan
decepcionada de
ti, Gas.
Con una mirada de locura en su
rostro, usó su daga para hacer un corte
largo y superficial en la
piel debajo de mi clavícula izquierda, rechiné mis
dientes.
Negándome a dejar que tuviera la satisfacción de escuchar
un grito. Ni siquiera
quería que me viera regodearme en mi dolor.
Parecía satisfecha con mi
reacción.
―Tienes una alta tolerancia al
dolor. Me gusta eso.
―Perra.
Me abofeteó con el dorso de su
mano. Tirando mi cabeza grotescamente de
lado. La fuerza de su golpe
fue tan fuerte que estuve sorprendido de que no
rompiera mi cuello.
Saboreé la sangre en mis labios y sus ojos saltaron abiertos
cuando
vio el hilillo de sangre. Su mirada se alteró maniáticamente entre
la sangre
mis labios y la sangre derramándose del corte que ella
acaba de hacer en mi
torso.
Dio una lamida de la sangre de mis
labios y mi pecho antes de hacer otro
corte, esta vez un poco más
arriba de mi cintura.
Mi respiración creció pesada
tratando de mantenerme de no darle la satisfacción de una reacción
dolorosa mientras ella hacía un agonizante corte
después de otro
hasta que la parte superior de mi cuerpo se convirtió en nada más
que un sangriento desastre. El dolor era penetrante y yo estaba
rogando a mi
cerebro que me sumiera en la inconsciencia, pero mi
cuerpo me negaba incluso ese escape. Cuando se detuvo de
cortarme, tenía la esperanza de que eso significara
que había
terminado. Equivocado. Agarró mi cabello y me hizo mirar al
monitor.
―Mantén tus ojos en tu pequeña
amiga de ahí. Ella es una cazadora,
dedicada a acabar con nuestra
raza. Sospeché que alguien estaba siguiéndome en la
playa cuando
te encontré. Cómo me encontró, supongo que nunca lo sabré.
Cuando
te sedé, pude escuchar su jadeo desde un kilómetro de distancia.
Tonta,
pequeña gusana insípida. Es cómico como sobresale su propia
estupidez, de verdad
pensó que estaba siendo sigilosa,pensando que
los vampiros no iban a notarla
siguiéndonos todo el camino hasta La
Sombra, pero la dejé ir tan lejos como para
que te permitiera la
ilusión de escape para probar tu lealtad hacia mí. ―Sonrió―.
Ahora
que probaste ser desleal, puedo empezar a castigarte.
Le dio a mi sangriento rostro una
mirada maniática.
―Oh, espera ya lo hice. ―Para mi
sorpresa se hizo un corte en la palma y
me la empujó a los labios,
obligándome a jadear cuando pellizcó mi nariz para
cerrarla. No
tuve más opción que dejar que la sangre de su mano corriera por mi
garganta. Su agarre a mi cabeza se suavizó―. Claro, que tu castigo
está lejos de
terminar. Te dije que quería que vieras a tu amiga.
Giré mi mirada hacia el monitor de
vigilancia y miré a un hombre
acercarse a la figura inconsciente de
Belen. Lucia tan frágil mientras él la levantaba
en sus brazos y
la apretaba contra su cuerpo. No había duda de la expresión oscura
de sus ojos mientras miraba hacia su blanco cuello. Era voraz y
depredadora.
Quería dejar de mirar cuando él descubrió sus
colmillos y mordió el cuello de Belen,
pero no pude.Paula se aseguró
de ello mientras sostenía mi cabeza en posición,su sangre empezó a viajar por mis
venas. Mientras yo era forzado a beber la sangre
de Paula, también
era forzado a mirar a otro vampiro drenar la sangre de una
joven
mujer inocente, una que por los pocos minutos que llevaba de conocer
ya se
sentía como una amiga. Para el momento que el vampiro terminó
con Belen,
Paula sacó su palma de mi boca. Luego miró mi cuerpo,
que para mi sorpresa,
estaba empezando a sanar.
No me había dado completamente
cuenta de su locura hasta que ella dijo:
―Perfecto. Estarás como nuevo
pronto. Y entonces así podré volver a
cortarte de nuevo.
***
―Paula
era sádica y estaba loca―le dije a Lali. No quería continuar la
historia o pintar para Lali ninguno de los más sangrientos detalles
de la tortura y
humillación que Paula infringía en mí. Así que
simplemente me decidí por―:
Me hizo pasar por un infierno.―Ni
siquiera el tiempo podría borrar una
experiencia como esa.
El
silencio siguió mientras ambos nos perdíamos en nuestros propios
pensamientos. Eventualmente, no pude soportar más el silencio.
―¿Entonces?
―le pregunté con una sonrisa amarga―. ¿Fue tu
experiencia en
La Sombra algo parecida a la mía? ―Traté de decir las palabras
tan
ligeras como fuera posible. En su lugar, salieron tan
rápidamente y
desconcertantemente frías.
―No.
―Lali sacudió su cabeza, su cabeza inclinada como si no pudiera
soportar mirarme a los ojos. La culpa era evidente en el tono de su
voz―. Peter
no era nada como Paula. Fue Lucas quien trató de
hacer mi vida allí un infierno
viviente. Si no hubiera sido por
Peter, él habría tenido éxito, pero Peter hizo todo
lo que pudo
para protegerme de su hermano mayor.
Encontré
enfermante la forma en que hablaba de Peter como si él fuera
alguna
clase de héroe, pero si una cosa era clara para mí en ese punto era
que,
Peter había hecho algo para ganarse su confianza. Aun así
aunque él pudo haberla
engañado, no lo había hecho conmigo.
Lágrimas
humedecieron sus ojos
mientras finalmente era capaz de forzarse
a
sí misma a mirarme a los ojos.
―Lo
siento mucho Gas, sí no me hubiera desviado esa noche, Tú no
hubieras... ―Se ahogó en sus palabras, mordiendo duramente su
labio inferior.
Sujetó mis manos y las apretó fuertemente.
Quise
confortarla, decirle que no era su culpa. Ella no podía haberlo
sabido.
Era una víctima como yo. Sin embargo, no le dije las cosas
que debí decirle, porque
estaba demasiado preocupado dándole
vueltas a las cosas que no me atrevía a
decirle.
No
podía decirle que después de lo que Paula le hizo pasar a mi
cuerpo,
mi sentido del tacto estaba tan entorpecido que apenas podía
sentir las manos de
Lali en las mías. No quería más de su
lástima.
Tampoco
pude decirle que Peter fue el vampiro que mato a Belen, porque
a
pesar de todo lo que habíamos pasado, no estaba seguro de donde
estaban sus
lealtades y la idea de que ella no fuera a creerme, que
ella aun pudiera escoger a
Peter encima de mí era una idea que
encontraba aterrorizante.
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