Peter
En el momento en que me
puse de espaldas en la peluda
colcha de la cama de cuatro postes en
el medio de la
lujosa habitación que había elegido para mí, el
primer
pensamiento que me vino a la mente fue: ¿Qué demonios estás
haciendo?
Acababa de despertar de
cuatro siglos de sueño. Realmente no había que
dormir más.Por lo
tanto,me pasé la noche en la biblioteca,leyendo libros,con la esperanza de ponerme al día con lo que me había perdido en los
últimos
años. Encontré una gran cantidad de información allí,
pero sabía que solo
había arañado la superficie. Entonces me di
cuenta del gran valor que Lali
tendría para mí en familiarizarme
con cómo era el mundo ahora.
Recogí el cuarto vaso de
sangre que me fue traído por una de las chicas
del harén. Un
regalo de Candela.
Cuando la chica, Mery,
entró tentativamente con el primer vaso en la
mano, ni siquiera me
atreví a preguntar de donde venía la sangre o de quién
era. Solo
me la bebí toda. Mi hambre tenía que ser satisfecha si iba a
evitar
asesinar a las chicas que estaban viviendo dentro de mi casa.
Le di las gracias
por la sangre y le pregunté si me podía ir a
buscar más. La rubia asintió con la
por qué no estaba tan atraído
por ella como lo estaba por Lali. Se podría decir que ella era igual
de agradable a la vista como la pelirroja durmiendo en los
cabeza,
sus labios temblando mientras se alejaba de mí. La miré y me
pregunté
aposentos al lado de los míos, y sin embargo ese simple
gesto que hizo Lali atrás en el Santuario
—agarrar la mano de Mery para consolarla— de alguna
manera
solidificó a Lali, a mis ojos, como más valiosa que las otras
cuatro
chicas juntas.
Mientras terminaba mi
cuarto vaso, me encontré deseando comprobar
cómo le estaba yendo a
mi bella cautiva. Me levanté y me dirigí a través de los
pasillos
cubiertos de cristal, mostrando el cielo estrellado por encima de
ellos.
Sonreí. Fue un bonito
detalle de Gimena —siempre manteniendo el sol fuera de
la Sombra
de Sangre— el único lugar en la tierra donde siempre era de
noche.
Finalmente terminé en su
dormitorio. Suspiré. No podía entender por qué
estaba tan
nervioso. No era más que una chica. Me había hartado de sangre.
En realidad no había
razón para estar tan ansioso.Llamé a la puerta y esperé.
Nada.
Volví a llamar.
—¿Lali?
Arrugué mis cejas. Algo
estaba mal. Abrí la puerta. No estaba cerrada
con llave. Por alguna
razón, eso molestó. ¿Era tan tonta como para confiar en
un
extraño como yo —un vampiro además— que ni siquiera cerraría
la
puerta? Empujé la puerta y examiné la habitación. Ella no
estaba a la vista.
—¿Lali? —Entrando,
comencé a caer en cuenta de la verdad.
Yo era el tonto por
confiar en ella. Ni siquiera me molesté en poner guardias afuera de su
dormitorio. Por supuesto que intentaría escapar. Sería una tonta si no lo
hiciera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario