Peter
Cuatrocientos
años. Se han ido. Solo así.
Mientras
Benjamin y Candela me llevaban fuera
del Santuario, al parecer, a la
morada de Emilia; no
pude evitar maravillarme por como se las
habían
arreglado ellos para transformar la Sombra de Sangre
en
los pasados cuatro siglos. Antes del hechizo, la isla que habíamos
ocupado y
llamado la Sombra de Sangre no era más que una fortaleza
rodeada de un
bosque oscuro con sus altísimas e imponentes secoyas.
Hicimos un pequeño
claro en medio del bosque y lo llamamos El
Valle. Ahí fue donde empezamos
a hacer planes con respecto a lo que
la Sombra de Sangre algún día sería.
Nunca
pensé que posiblemente esos planes realmente se materializarían,
pero
aquí estaba, delante de mis propios Candela, más
impresionante de lo que estaba
en mi imaginación.
Mientras
salíamos del Santuario y,finalmente,entrabamos en lo que
ahora
era el Valle, hice una pregunta tras otra para satisfacer mi
curiosidad y
hacerme olvidar mi hambre. Lali y las otras esclavas
estaban caminando
detrás de nosotros,escoltadas por los guardias.Estaba tan consciente de la
proximidad de Lali,ya que todavía
estaba abrumado por el olor de su sangre.
—¿Qué
pasó con los animales salvajes que ocupaban el bosque?
—Habíamos
hecho planes para mantener nuestras residencias encima de las
secoyas, porque la vida salvaje resultaría una molestia.
—Están
alrededor—explicó Candela,mientras tomábamos un ritmo
pausado
para pasar más allá del Valle—.Gimena nos ayudó a reunir a la
mayoría
de los animales salvajes en ciertas partes de la isla que
llamamos madrigueras.
Algunos
de los más feroces, sin embargo, se mantienen en las Celdas.
—¿Las
Celdas?
—Las
prisiones —Benjamin se entrometió—. Ya sabes, están situadas
en
las Colinas Negras —se encogió de hombros—, las cadenas
montañosas. Las
mazmorras y los cuartos de las esclavas permanecen
allí.
Levanté
una ceja.
—¿Lali?
No
me perdí como los ojos de Candela me disparaban una mirada
interrogante. Sabía que estaba intrigada por la preocupación que
estaba
mostrando por la chica. En ese momento, no había manera que
yo le explicara
exactamente a mi hermana cómo veía a Lali: un rayo
de luz. La verdad era
que incluso yo no me entendía completamente.
—Los
Harenes permanecen en las Residencias con sus cuidadores
—explicó
Candela, asegurándome que Lali no iba a ninguna parte sin mí.
Asentí
con la cabeza.
—Y
¿qué son exactamente las Residencias?
—Lo
sabrás muy pronto. Ahí es a dónde vamos. —Había una cierta
petulancia en el tono de mi hermano. Me imaginé que estaba muy
contento de
que él tenía cuatrocientos valiosos años de
experiencia y conocimiento sobre
mí.
Miré
hacia mis hermanos, preguntándome acerca de la cantidad de
conocimiento y sabiduría que habían logrado acumular durante todo
ese tiempo. No sabía si era la parcialidad en contra de mi hermano o
el hecho de
que nunca nos acercamos debido a cómo nuestro padre
siempre nos
enfrentaba cara a cara,pero Benjamin no parecía ser más
sabio de lo que era
cuando fui puesto bajo el hechizo de Gimena hace
mucho tiempo.Candela, por
otro lado, tenía una solemne aura sobre
ella y no pude evitar sentir una
especie de reverencia hacia ella.
Entonces
empecé a preguntarme dónde estaba mi padre. El hecho de
que yo no
tenía ningún apremiante deseo de verlo me decía mucho acerca de
mis sentimientos hacia él.De inmediato supuse que estaría en la
Fortaleza
Carmesí, los enormes muros que, estaba seguro, fueron
construidos para
proteger la Sombra de Sangre antes de que yo
buscara escapar. Me encontré
preguntando para verificar si la
fortaleza seguía fuerte, en pie y si Oliver, el
siempre feroz
guerrero, estaba allí.
—La
fortaleza es más fuerte que nunca.Tenemos caballeros, guardias
y
exploradores apostados en sus muros para mantenernos seguros a
todos
—aseguró Candela.
—¿Caballeros
? ¿Exploradores?
—Los
caballeros son miembros de la Élite que también sirven como
guerreros —explicó Benjamin—. Los exploradores son aquellos a
los que enviamos
al mundo exterior para suministros o sangre nueva.
No
estaba seguro de lo que sentía por ese último pedazo de
información. No pude evitar preguntarme si había una manera para
que
nuestra especie sobreviviera sin aprovecharnos de los humanos.
Estaba seguro
de que solo decir aquellos pensamientos en voz alta,serían etiquetados como
un sacrilegio por mi padre.
—¿Y
padre?
—Se
está reuniendo con los líderes de los otros aquelarres para
discutir cómo detener a los malditos Cazadores de la Oscuridad de
una vez por
todas —explicó Candela.
—¿Siguen
siendo una amenaza? —pregunté.
Mi
mandíbula se tensó ante la mención de los cazadores dedicados a
terminar con nuestra especie.Recordaba un tiempo en que yo había
sido uno
de ellos.Eso había sido hace mucho tiempo.
—Mucho
más que antes—dijo Benjamin,casi sonaba indignado de que yo
no
lo supiera, como si fuera mi culpa que los Cazadores de la Oscuridad
fueran
tan poderosos—. Somos el aquelarre más fuerte y más
poderoso que queda.
Muchos de los ciudadanos de la Sombra de Sangre,
los llamamos Inquilinos,
escaparon de aquelarres que los cazadores
lograron encontrar y aniquilar por
completo.
Candela
probablemente sintió mi agitación por las noticias,porque
ella
cambió rápidamente de tema.
—Los
Cazadores de la Oscuridad son un tema para otro día
—dijo,
secamente.
Habíamos
llegado a las afueras de El Valle y ahora estábamos a punto
de
entrar en una parte diferente del bosque de secoyas. No podía evitar
sino
tomar aliento sobre cómo cambió la Sombra de Sangre desde la
última vez que
la vi.Antes del hechizo,apenas podía ser llamada
una comunidad. Era nuestro
escape, nuestro santuario a salvo de los
Cazadores de la Oscuridad,que
amenazaban con expulsar a todos y
cada uno de los de nuestra especie de la
tierra.
Si
yo no tuviera a mi padre, hermano y hermana por quienes luchar,
me
habría entregado a los cazadores,terminando mi vida bajo sus
crueles
manos.Sin embargo,no podía soportar la idea de hacerle
eso a mi familia,
sobre todo no a Candela. El aquelarre me
necesitaba en ese momento, pero
cuando cumplí con mi parte del
trato y me las arreglé para traerlos a este refugio
y ganar a Gimena de nuestro lado, como nuestra protección,sabía
que no
podría soportar vivir un segundo con toda la sangre que
estaba en mis manos.
Tenía
que acabar con ello.
Pero
era un cobarde. Me horrorizaba pensar en lo que sucedería una
vez
que me muriera.¿Qué pasa con los muertos vivientes una vez que
mueren? Me estremecía cada vez que me ponía a pensar en ello.
Tal vez era
algo muy extraño que los no-muertos pudieran estar tan
asustados de la
muerte, y sin embargo era verdad. Tenía miedo de
morir, así que me fui a
dormir en su lugar.
Mientras
caminábamos por el denso bosque, no podía evitar sino
hablar de
mis pensamientos.
—Deben
odiarme por haber hecho lo que hice...abandonándolos a
todos
ustedes.
Me
di cuenta de cómo la mandíbula de Benjamin se movió, había un
familiar atisbo de resentimiento mostrándose en sus ojos. Yo no
necesité
escuchar una respuesta de él para saber lo que pasaba por
su mente. Por
supuesto que me odiaba.
Candela
fue mucho más amable.
—No,
Peter. Hiciste lo que tenías que hacer para protegernos a todos,
sin
siquiera saberlo. Tu estado de descanso ha causado que obtengas más
energía a través de los cientos de años que estuviste bajo el
hechizo de Gimena.Debido
a eso, probablemente eres el más fuerte y poderoso vampiro que
existe
hoy en día.
Benjamin
hizo una pregunta acerca de cómo exactamente me las arreglé
para
ganarme a Gimena de nuestro lado, pero las palabras de Candela
resonaron
en mi cabeza... más fuerte y poderoso vampiro. Recuerdos
de cómo
prácticamente lancé a Lali hasta ese pilar vagaban por mi
mente.
Mi
estómago se apretó.
Parecía
frágil bajo mis manos y aun así tan valiente.Yo era la muerte y
la estaba mirando directo a los ojos.Me miró de vuelta. Sin
siquiera pestañear.
Ella
estaba caminando detrás de mí.Podía oír sus suaves pasos y el
sonido
metálico de los grilletes sobre sus muñecas.Todavía podía
oler y casi saborear
la sangre en sus labios. Me preguntaba si este
era el mismo efecto que las
mujeres tenían en mí antes. Ni
siquiera podía recordarlo.
Me
detuve en seco y la llamé:
—Lali.
Todos
se detuvieron de nuestro paseo por la noche en el momento que
hable.
Su
juventud se mostró de la manera en que me respondió:
—¿Qué?
Sin
ni siquiera mirar atrás, sabía que ella estaba a punto de ser
lastimada por su insolencia al dirigirse a mí. Casi podía ver al
guardia detrás de
nosotros levantando la mano para golpearla.
—No
la toques —ordené—. Lali, camina a mi lado.
Contuve
la respiración al momento de silencio que siguió. Casi podía
sentir sus pensamientos, sopesando los pros y los contras de lo que
podría
pasar si ella se atrevía a desafiarme. Respiré un breve
suspiro de alivio cuando
los grilletes comenzaron a tintinear con
cada uno de sus pasos mientras
llenaba el espacio vacío de mi
lado.
No
me atreví a mirarla. Tenerla tan cerca ya estaba haciendo mella en
mi autocontrol...Estaba seguro de que la sola vista del rojo rubor
en sus
mejillas me recordaría a su sangre y el deseo de tomarla de
ella.
—Quiten
las restricciones. Ella no tiene a donde correr.
—Hermano...
—comenzó a protestar Candela—, si ella utiliza la
libertad que
le estás dando para levantar la mano contra ti, no podrías ser
capaz de controlarte a ti mismo de...
—No
voy a alimentarme de ella —dije con más convicción y
confianza
en mí mismo de la que realmente sentía—. Hagan lo que digo y
quiten las cadenas.
Mi
orden fue atendida de forma inmediata. Era otro recordatorio de lo
que yo era antes, de lo mucho que todos me temían. Esperé hasta que
se
eliminaron las restricciones antes de dar un primer paso,el
grupo siguiendo
mi ritmo.
Benjamin
y
Candela
intentaron
hacer
conversación
mientras
caminábamos
por el oscuro bosque, pero yo ya no estaba prestando atención.
Estaba
demasiado distraído por Lali, consciente de todas y cada una de sus
tanto de cada detalle de su entorno, con los ojos brillantes
mostrando curiosidad y suave fascinación. Antes de que pudiera
evitar hacerlo, le agarré
acciones.Se frotó las muñecas
mientras observaba sus alrededores. Estaba al
la mano, mis dedos
entrelazados con los de ella.
Ella
se encogió por mi toque. Sabía que no tenía derecho a tomarme
ese
tipo de libertades con ella, pero me di esa indulgencia, porque
realmente
solo quería sentir su calor.
Solo
podía adivinar lo que estaba pasando por su mente, porque en
cierto
punto, me apretó la mano como lo hizo con la otra chica de regreso
en
el Santuario. Ella no podía saber lo mucho que eso significaba
para mí.
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