lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 17


Lali
¿Lali?
Todavía en la biblioteca, alcé la mirada para encontrar a una de las personas que menos esperaba encontrar allí: el defensa del equipo de fútbol, Connor James. Lo primero que noté inmediatamente del alto y oscuro chico de último año fue el moretón fresco en su mejilla derecha.
Hola... —murmuré, no muy segura de lo que lo hizo acercarse a mí—. ¿Qué te sucedió? —Señalé la mejilla agredida con mu bolígrafo. Estaba distraídamente jugando con él mientras leía el mismo párrafo del libro por décimo quinta vez.
¿Esto? No es nada. —Parecía casi tímido, una reacción que encontré extraña. Por lo general era uno de los más ruidosos, más extrovertidos de la clase.
¿Se está ruborizando? Estaba empezando a encontrar incómodo este encuentro. Connor apenas me había dirigido una palabra antes.
¿No se supone que estés en la práctica de fútbol con Gas? ¿Pasó algo?
Giró su cuerpo a un lado, la expresión de su rostro mostrando su malestar.
Esa es una de las razones por las que estoy aquí... tuvimos una batalla épica en el vestidor... Bueno, Gas está en la clínica. Fue muy golpeado. Pensé que podrías querer saberlo.
¿En qué te metiste, Gas? Recogí rápidamente mis pertenencias y las metí en mi bolso. Habían pasado años desde que Gas se metió en una pelea. Fue en la secundaria, cuando uno de los chicos de su clase, un matón que siempre intentaba evitar, intentó besarme contra mi voluntad. El matón salió de la pelea con algunos rasguños y una nariz rota. Gas, por el contrario, tuvo un brazo y una costilla rota.
Por supuesto, Gas encontró una manera de explotar al máximo sus heridas para que valieran la pena y volverse más popular que nunca, pero después de todos los sermones de Silvia, Gas nunca se metió en una pelea otra vez.
Ahí también fue cuando comenzó a tener clases de artes marciales en el gimnasio local. No pasó mucho hasta que me arrastró a las clases de los sábados. Se lo debía, porque en ese tiempo, nunca podía negarle nada, pero fue debido a eso que me di cuenta que yo era pacifista en el corazón.
Mientras me apresuraba por los corredores de la escuela, no pude evitar una sonrisa por lo inútiles que fueron para mí esas clases. Ciertamente nada útiles contra los vampiros. Por otra parte, nunca tuve los suficientes ánimos para usar lo que aprendí en contra de Peter o Benjamin. Deteniéndome en frente de la puerta de la clínica, me encontré molesta por el pensamiento de que realmente nunca me defendí. Por mucho que te reprendías para no convertirte en la víctima, eso es lo que fuiste en La Sombra.
Estaba decepcionada y enojada conmigo misma cuando giré el pomo de la puerta de la clínica y la empujé para abrirla. Solté un jadeo en el momento en que vi a Gas. Tenía un gran hematoma negro, púrpura y azul ocupando casi la mitad del lado izquierdo de su cara. También tenía un profundo corte en el lado derecho de su torso .
Gas... —Fue todo lo que conseguí decir. Salió en un susurro entrecortado. Quise agarrarlo por ambos hombros y sacudirlo hasta ponerle algo de sentido a su cabeza. Me dirigí a su lado y rocé la línea de su mandíbula con mi pulgar.
¿Qué demonios estabas pensando? —Se rehusó a mirarme a los ojos.
El doctor de nuestra escuela entró y me dio un brusco asentimiento.
Srta.Esposito, tenga la amabilidad de hacerse a un lado. Esto no tomará mucho.
Salí del camino del doctor y observé mientras vendaba la herida de Gas.
¿Puedo preguntar cómo llegó a hacerse este corte, Sr. Hudson?
El entrenador ya se lo dijo, Doc. Me metí en una pelea.
¿Y tus compañeros te cortaron?
No... uno de ellos me derribó contra el suelo... no recuerdo quién... fue todo tan loco. Estaba intentando alejarme de él y mi costado se frotó contra uno de los bancos. Es solo un rasguño. Apenas lo siento.
Pacifista o no, sentí súbitamente la necesidad de tomar la vía violenta y golpearlo en la mandíbula. La vista de su torso desnudo y el “rasguño” se había añadido a todas las cicatrices que ya estaban haciendo revolverse mi estómago.
¿Cómo te hiciste estos cortes tan feos? —El doctor retrocedió luego de terminar de vendar la herida de su costado. Miró fijamente el cuerpo de Gas, su cara estropeada con la preocupación—. ¿Qué sucedió durante tu ausencia, Gas?
Le diré lo mismo que le dije a la policía y a ese otro doctor que hizo mi examen físico. Preferiría no hablar de ello. —Gas incluso tuvo el descaro de añadir una floritura a su declaración al mostrar su sonrisa más grande. Agarró su camiseta y se la puso sobre el cuerpo. Se levantó de la cama, se dirigió hacia mí y me tomó de la mano—. Ven, Lali. Vayamos a casa.
Quise apartarme de él, pero lo último que necesitaba era ser arrastrado a una pelea conmigo. Dirigí una sonrisa forzada al doctor de la escuela cuando pasamos a su lado.
Gracias, doctor.
Oh sí... —Gas asintió en dirección al doctor—. Gracias, doc.
Estábamos fuera de la clínica y a una buena distancia hacia el estacionamiento cuando dejé de caminar y lo obligué a detenerse.
¿Qué? Vamos a dejarlo pasar, ¿sí? No quiero hablar al respecto.
¿Desde cuándo empezaste a meterte en peleas de nuevo, Gas?
¿Qué parte de “no quiero hablar al respecto” no entendiste, Lali?
Fruncí los labios y asentí. Retiré mi mano de su asidero y empecé a caminar.
Vayámonos entonces. —No me perdí la mirada herida de su cara cuando pasé a su lado.
Alcanzamos la camioneta negra que sus padres le compraron recientemente. Había tenido la vista puesta en eso desde el verano y al parecer, Pedro y Silvia pensaron que el mejor momento para conseguirla era una semana después que regresamos de México.
Gas me lanzó las llaves.
Conduce.
Entré en el asiento del conductor y encendí el auto. Estaba retrocediendo cuando Gas me hizo una pregunta largamente atrasada.
¿Por qué regresaste conmigo? ¿Por qué me escogiste por encima de él?
¿Desde cuándo la elección era entre tú y Peter?
Me sobresalté cuando golpeó la guantera con frustración.
¿Realmente puedes ser tan estúpida, Lali?
Primero soy ingenua. Ahora estúpida. Genial.
Regresé porque era lo más sensible de hacer. No tienes idea de lo que pasé allí, Gas. No hubo un día en que no pensara en escapar. Demonios... incluso lo intenté tan pronto como tuve la oportunidad.
¿Intestaste escapar?
Sí... pensé que ya te había dicho eso. Conseguí llegar tan lejos como los muros que delimitan la isla antes de que dos guardias vampiros me atraparan.
¿Qué pasó?
Iban a matarme. Uno de ellos estaba lamiendo uno de mis rasguños cuando Peter apareció. —Pude sentir a Gas tensarse ante la mención de Peter, pero decidí ignorarlo. Esta era mi historia para contar y fue él quien abrió esta caja de pandora. Aguántate, Gas—. Preguntó quién había saboreado mi sangre. Uno de los guardias lo admitió. Peter le arrancó el corazón y dejó al otro que se fuera.
¿Y sigues creyendo que no es un asesino?
No estoy diciendo que lo que hizo estuvo bien, pero pensó que era necesario para protegerme. Una vez que un vampiro prueba la sangre de un humano, anhelarán la sangre de ese humano en particular. Peter sabía que siempre que yo estuviera cerca, el guardia habría tenido la necesidad de cazarme.
¿Entonces por qué no le hizo lo mismo a su hermano? Benjamin se alimentó de ti, ¿no?
Iba a hacerlo. —Recordé la mirada en los ojos de ambos hermanos esa noche. Sabía que Peter deseaba más que nada terminar con la vida de Benjamin. También sabía que nunca sería capaz de perdonarse por hacerlo—. Yo lo detuve.
¿Tú qué? ¿Lali, por qué? Si me hubieran dado la opción de terminar con la vida de Paula, no hubiera dudado en hacerlo y no sentiría una pizca de culpa por ello tampoco.
Benjamin sigue siendo el hermano de Peter. Eso significa algo para Peter... la familia significa algo para él.
Ante eso, Gas se quedó en silencio. Sabía lo que la familia significaba para mí y por qué respetaría a Peter por darle valor a la familia. Me detuve en un semáforo en rojo y me froté el cuello con la palma, intentando aliviar mi propia tensión.
Peter... alguna vez... —dudó.
No. Nunca se alimentó de mí. Nunca se aprovechó. —Estuve aliviada de que la luz roja se volviera verde. Mientras más pronto lleguemos a casa, más pronto habrá terminado esta conversación—. Y para que conste, mi elección de dejar La Sombra no se trataba de ti o de él. Se trataba de mí. No quería vivir mi vida como una esclava... ya sea de Peter o de otro. No era un futuro que quisiera para mí. Dejé la isla porque sabía que podía labrarme un mejor futuro aquí de regreso que allí.
Lo siento. No sabía...
Eso es porque nunca preguntaste, Gas.
Durante el resto del camino, ambos permanecimos en silencio. Cuando alcanzamos la entrada de los Hudson y terminé de estacionarme, permanecimos dentro de la camioneta, ambos odiando la tensión entre nosotros.
Siento que te estoy perdiendo, Lali.
No supe qué decir. Desencadenó recuerdos de todas las veces que quise que me quisiera, de las veces que soñé estar en sus brazos, de convertirme en su chica. ¿Es posible que realmente sintiera algo por mí después de todo este tiempo?
Consumida por el silencio, tomé su mano y la apreté fuertemente.
Estoy aquí. —Por ahora. Esperaba que fuera suficiente para asegurarle que no me había perdido todavía.
Nuestros dedos se entrelazaron y luego sus labios estaban sobre los míos. Suaves. Castos. Dulces. Adormecedores. Estuve sorprendida de responder y el beso llegó rápido a su fin. Nuestras miradas se encontraron por una fracción de segundo antes de que tanteáramos fuera del vehículo y nos dirigiéramos a la puerta.
La boca de Silvia se quedó boquiabierta cuando vio a su hijo.
Gas... ¿qué sucedió?
Nada, mamá...
Silvia me miró a mí inquiridoramente, casi como si me estuviera culpando a mí de los cortes y hematomas que recibió. Entramos a la casa y dejé que Gas le explicara a su madre lo sucedido. Estaba a la mitad de decirle que ella o Pedro tenían que ir a la escuela y hablar con el consejero mañana, cuando decidí retirarme a mi habitación.Me pregunté dónde estaban Pedro y Abby y recordé que ella tenía una cita para jugar. Pedro probablemente fue a recogerla.
Estaba agotada, más en un sentido emocional que físico. Me desplomé sobre la cama. Mi teléfono empezó a vibrar dentro de mi mochila. Lo saqué y encontré un mensaje de un número desconocido. El mensaje decía:
Por cierto, Gas estaba peleando por ti. —Connor
Me pregunté si Gas le pidió enviar el mensaje. Por otra parte, estaba intrigada. ¿Peleando por mí? Encontré confuso que Gas súbitamente mostrara, en el lapso de un día, ese tipo de interés por mí cuando nunca me miró más que como una amiga por tanto tiempo. ¿Solo está haciendo esto para conseguir que me una a su búsqueda de venganza?
Abrí mi closet y me cambié de ropa. Acababa de ponerme un top corto rojo y abotonado mis pantalones cortos cuando Gas golpeó dos veces y abrí la puerta.
Cuando entró, estaba desconcertada por la mirada que me estaba dando.
¿Gas?
Tan pronto como dije su nombre, me agarró por la cintura y me acercó contra él. Esa vez me besó profundamente. Me estremecí a la vez que respondía con gusto.
No estuvo desprovisto de pasión y nadie jamás podría acusar a Gas de no ser un buen besador. De hecho, era un gran besador, no es que tuviera muchos otros con quienes compararlo. Sin embargo, besarlo fue como siempre me imaginé que sería. Salvo por una cosa. No pude sentir nada. Estuvo desprovisto de cualquier emoción sustancial. De hecho, todo el tiempo que nuestros labios estuvieron presionados contra el otro, la única emoción que permanecía por encima de todo era el ahora familiar dolor que sentía cuando me encontraba cara a cara con la verdad de cuánto extrañaba a Peter.

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