Lali
—¿Lali?
Todavía en la biblioteca, alcé la mirada para
encontrar a una de las personas que menos esperaba encontrar allí: el defensa del equipo de fútbol,
Connor
James. Lo primero que noté inmediatamente del alto y oscuro
chico de último año
fue el moretón fresco en su mejilla derecha.
—Hola... —murmuré, no muy segura de lo que lo hizo
acercarse a mí—.
¿Qué te sucedió? —Señalé la mejilla
agredida con mu bolígrafo. Estaba
distraídamente jugando con él
mientras leía el mismo párrafo del libro por décimo
quinta vez.
—¿Esto? No es nada. —Parecía casi tímido, una
reacción que encontré
extraña. Por lo general era uno de los más
ruidosos, más extrovertidos de la clase.
¿Se está ruborizando? Estaba empezando a
encontrar incómodo este
encuentro. Connor apenas me había dirigido
una palabra antes.
—¿No se supone que estés en la práctica de fútbol
con Gas? ¿Pasó algo?
Giró su cuerpo a un lado, la expresión de su rostro
mostrando su malestar.
—Esa es una de las razones por las que estoy aquí...
tuvimos una batalla
épica en el vestidor... Bueno, Gas está en la
clínica. Fue muy golpeado. Pensé que
podrías querer saberlo.
¿En qué te metiste, Gas? Recogí rápidamente
mis pertenencias y las metí
en mi bolso. Habían pasado años desde
que Gas se metió en una pelea. Fue en la
secundaria, cuando uno de
los chicos de su clase, un matón que siempre intentaba
evitar,
intentó besarme contra mi voluntad. El matón salió de la pelea con
algunos
rasguños y una nariz rota. Gas, por el contrario, tuvo un
brazo y una costilla rota.
Por supuesto, Gas encontró una manera de explotar al
máximo sus heridas
para que valieran la pena y volverse más
popular que nunca, pero después de todos
los sermones de Silvia,
Gas nunca se metió en una pelea otra vez.
Ahí también fue cuando comenzó a tener clases de
artes marciales en el
gimnasio local. No pasó mucho hasta que me
arrastró a las clases de los sábados. Se
lo debía, porque en ese
tiempo, nunca podía negarle nada, pero fue debido a eso
que me di
cuenta que yo era pacifista en el corazón.
Mientras me apresuraba por los corredores de la escuela,
no pude evitar
una sonrisa por lo inútiles que fueron para mí esas
clases. Ciertamente nada útiles
contra los vampiros. Por otra
parte, nunca tuve los suficientes ánimos para usar lo
que aprendí
en contra de Peter o Benjamin. Deteniéndome en frente de la puerta
de
la clínica, me encontré molesta por el pensamiento de que
realmente nunca me defendí. Por mucho que te reprendías para no
convertirte en la víctima, eso es lo
que fuiste en La Sombra.
Estaba decepcionada y enojada conmigo misma cuando giré
el pomo de la
puerta de la clínica y la empujé para abrirla. Solté
un jadeo en el momento en que
vi a Gas. Tenía un gran hematoma
negro, púrpura y azul ocupando casi la mitad
del lado izquierdo de
su cara. También tenía un profundo corte en el lado derecho
de su
torso
.
—Gas... —Fue todo lo que conseguí decir. Salió en
un susurro
entrecortado. Quise agarrarlo por ambos hombros y
sacudirlo hasta ponerle algo
de sentido a su cabeza. Me dirigí a su
lado y rocé la línea de su mandíbula con mi
pulgar.
—¿Qué demonios estabas pensando? —Se rehusó
a mirarme a los ojos.
El doctor de nuestra escuela entró y me dio un brusco
asentimiento.
—Srta.Esposito, tenga la amabilidad de hacerse a un
lado. Esto no
tomará mucho.
Salí del camino del doctor y observé mientras vendaba
la herida de Gas.
—¿Puedo preguntar cómo llegó a hacerse este corte,
Sr. Hudson?
—El entrenador ya se lo dijo, Doc. Me metí en una
pelea.
—¿Y tus compañeros te cortaron?
—No... uno de ellos me derribó contra el suelo... no
recuerdo quién... fue
todo tan loco. Estaba intentando alejarme de
él y mi costado se frotó contra uno de
los bancos. Es solo un
rasguño. Apenas lo siento.
Pacifista o no, sentí súbitamente la necesidad de
tomar la vía violenta y
golpearlo en la mandíbula. La vista de su
torso desnudo y el “rasguño” se había
añadido a todas las
cicatrices que ya estaban haciendo revolverse mi estómago.
—¿Cómo te hiciste estos cortes tan feos? —El
doctor retrocedió luego de
terminar de vendar la herida de su
costado. Miró fijamente el cuerpo de Gas, su
cara estropeada con la
preocupación—. ¿Qué sucedió durante tu ausencia, Gas?
—Le diré lo mismo que le dije a la policía y a ese
otro doctor que hizo mi
examen físico. Preferiría no hablar de
ello. —Gas incluso tuvo el descaro de añadir
una floritura a su
declaración al mostrar su sonrisa más grande. Agarró su camiseta
y se la puso sobre el cuerpo. Se levantó de la cama, se dirigió
hacia mí y me tomó
de la mano—. Ven, Lali. Vayamos a casa.
Quise apartarme de él, pero lo último que necesitaba
era ser arrastrado a
una pelea conmigo. Dirigí una sonrisa forzada
al doctor de la escuela cuando
pasamos a su lado.
—Gracias, doctor.
—Oh sí... —Gas asintió en dirección al doctor—.
Gracias, doc.
Estábamos fuera de la clínica y a una buena distancia
hacia el
estacionamiento cuando dejé de caminar y lo obligué a
detenerse.
—¿Qué? Vamos a dejarlo pasar, ¿sí? No quiero
hablar al respecto.
—¿Desde cuándo empezaste a meterte en peleas de
nuevo, Gas?
—¿Qué parte de “no quiero hablar al respecto” no
entendiste, Lali?
Fruncí los labios y asentí. Retiré mi mano de su
asidero y empecé a
caminar.
—Vayámonos entonces. —No me perdí la mirada herida
de su cara cuando
pasé a su lado.
Alcanzamos la camioneta negra que sus padres le
compraron
recientemente. Había tenido la vista puesta en eso desde
el verano y al parecer,
Pedro y Silvia pensaron que el mejor momento
para conseguirla era una semana
después que regresamos de México.
Gas me lanzó las llaves.
—Conduce.
Entré en el asiento del conductor y encendí el auto.
Estaba retrocediendo
cuando Gas me hizo una pregunta largamente
atrasada.
—¿Por qué regresaste conmigo? ¿Por qué me
escogiste por encima de él?
—¿Desde cuándo la elección era entre tú y Peter?
Me sobresalté cuando golpeó la guantera con
frustración.
—¿Realmente puedes ser tan estúpida, Lali?
Primero
soy ingenua. Ahora estúpida. Genial.
—Regresé porque era lo más sensible de hacer. No
tienes idea de lo que
pasé allí, Gas. No hubo un día en que no
pensara en escapar. Demonios... incluso
lo intenté tan pronto como
tuve la oportunidad.
—¿Intestaste escapar?
—Sí... pensé que ya te había dicho eso. Conseguí
llegar tan lejos como los
muros que delimitan la isla antes de que
dos guardias vampiros me atraparan.
—¿Qué pasó?
—Iban a matarme. Uno de ellos estaba lamiendo uno de
mis rasguños
cuando Peter apareció. —Pude sentir a Gas tensarse
ante la mención de Peter,
pero decidí ignorarlo. Esta era mi
historia para contar y fue él quien abrió esta caja
de pandora.
Aguántate, Gas—. Preguntó quién había saboreado mi
sangre. Uno de
los guardias lo admitió. Peter le arrancó el
corazón y dejó al otro que se fuera.
—¿Y sigues creyendo que no es un asesino?
—No estoy diciendo que lo que hizo estuvo bien, pero
pensó que era
necesario para protegerme. Una vez que un vampiro
prueba la sangre de un
humano, anhelarán la sangre de ese humano en
particular. Peter sabía que siempre
que yo estuviera cerca, el
guardia habría tenido la necesidad de cazarme.
—¿Entonces por qué no le hizo lo mismo a su hermano?
Benjamin se alimentó
de ti, ¿no?
—Iba a hacerlo. —Recordé la mirada en los ojos de
ambos hermanos esa
noche. Sabía que Peter deseaba más que nada
terminar con la vida de Benjamin.
También sabía que nunca sería
capaz de perdonarse por hacerlo—. Yo lo detuve.
—¿Tú qué? ¿Lali, por qué? Si me hubieran dado la
opción de terminar con
la vida de Paula, no hubiera dudado en
hacerlo y no sentiría una pizca de culpa
por ello tampoco.
—Benjamin sigue siendo el hermano de Peter. Eso
significa algo para Peter...
la familia significa algo para él.
Ante eso, Gas se quedó en silencio. Sabía lo que la
familia significaba para
mí y por qué respetaría a Peter por
darle valor a la familia. Me detuve en un
semáforo en rojo y me
froté el cuello con la palma, intentando aliviar mi propia
tensión.
—Peter... alguna vez... —dudó.
—No. Nunca se alimentó de mí. Nunca se aprovechó.
—Estuve aliviada de
que la luz roja se volviera verde. Mientras
más pronto lleguemos a casa, más pronto
habrá terminado esta
conversación—. Y para que conste, mi elección de dejar La
Sombra
no se trataba de ti o de él. Se trataba de mí. No quería vivir mi
vida como
una esclava... ya sea de Peter o de otro. No era un futuro
que quisiera para mí.
Dejé la isla porque sabía que podía
labrarme un mejor futuro aquí de regreso que
allí.
—Lo siento. No sabía...
—Eso es porque nunca preguntaste, Gas.
Durante el resto del camino, ambos permanecimos en
silencio. Cuando
alcanzamos la entrada de los Hudson y terminé de
estacionarme, permanecimos
dentro de la camioneta, ambos odiando la
tensión entre nosotros.
—Siento que te estoy perdiendo, Lali.
No supe qué decir. Desencadenó recuerdos de todas las
veces que quise que
me quisiera, de las veces que soñé estar en
sus brazos, de convertirme en su chica.
¿Es posible que realmente
sintiera algo por mí después de todo este tiempo?
Consumida por el silencio, tomé su mano y la apreté
fuertemente.
—Estoy aquí. —Por ahora. Esperaba que fuera
suficiente para asegurarle
que no me había perdido todavía.
Nuestros dedos se entrelazaron y luego sus labios
estaban sobre los míos.
Suaves. Castos. Dulces. Adormecedores.
Estuve sorprendida de responder y el beso
llegó rápido a su fin.
Nuestras miradas se encontraron por una fracción de segundo
antes
de que tanteáramos fuera del vehículo y nos dirigiéramos a la
puerta.
La boca de Silvia se quedó boquiabierta cuando vio a su
hijo.
—Gas... ¿qué sucedió?
—Nada, mamá...
Silvia me miró a mí inquiridoramente, casi como si me
estuviera
culpando a mí de los cortes y hematomas que recibió.
Entramos a la casa y dejé que
Gas le explicara a su madre lo
sucedido. Estaba a la mitad de decirle que ella o Pedro
tenían que
ir a la escuela y hablar con el consejero mañana, cuando decidí
retirarme a mi habitación.Me pregunté dónde estaban Pedro y Abby y
recordé que
ella tenía una cita para jugar. Pedro probablemente
fue a recogerla.
Estaba agotada, más en un sentido emocional que físico.
Me desplomé
sobre la cama. Mi teléfono empezó a vibrar dentro de
mi mochila. Lo saqué y
encontré un mensaje de un número
desconocido. El mensaje decía:
Por
cierto, Gas estaba peleando por ti. —Connor
Me pregunté si Gas le pidió enviar el mensaje. Por
otra parte, estaba
intrigada. ¿Peleando por mí? Encontré confuso
que Gas súbitamente mostrara, en
el lapso de un día, ese tipo de
interés por mí cuando nunca me miró más que como
una amiga por
tanto tiempo. ¿Solo está haciendo esto para conseguir que me una
a
su búsqueda de venganza?
Abrí mi closet y me cambié de ropa. Acababa de ponerme
un top corto rojo
y abotonado mis pantalones cortos cuando Gas
golpeó dos veces y abrí la puerta.
Cuando entró, estaba desconcertada por la mirada que me
estaba dando.
—¿Gas?
Tan pronto como dije su nombre, me agarró por la
cintura y me acercó
contra él. Esa vez me besó profundamente. Me
estremecí a la vez que respondía
con gusto.
No estuvo desprovisto de pasión y nadie jamás podría
acusar a Gas de no
ser un buen besador. De hecho, era un gran
besador, no es que tuviera muchos
otros con quienes compararlo. Sin
embargo, besarlo fue como siempre me imaginé
que sería. Salvo por
una cosa. No pude sentir nada. Estuvo desprovisto de cualquier
emoción sustancial. De hecho, todo el tiempo que nuestros labios
estuvieron
presionados contra el otro, la única emoción que
permanecía por encima de todo era el ahora familiar dolor que sentía cuando me
encontraba cara a cara con la
verdad de cuánto extrañaba a Peter.
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