Peter
Ese momento en la Habitación del Sol
me tenía hechizado mientras la observaba dormir a mi lado.Ella se
apartó cuando intenté besarla.Si hubiera sido cualquier otra
mujer,no habría dudado en forzarla a mi manera para conseguir ese
beso de todas formas.Pero era Lali.No era cualquier mujer.
Quería que me quisiera, pero después
de todo lo que ella había visto, después de todo por lo que había
pasado, no podía culparla por rehuir de mí. Lo entendía, pero eso
no cambiaba lo doloroso que se sentía.
Se removió en la cama, su manta siendo
lanzada a un lado, mostrando una cantidad generosa de la piel de sus
suaves piernas. Mi vientre se apretó y tragué saliva con fuerza.
Las noches con Lali eran prácticamente una tortura. Tenerla allí,
hermosa y tan malditamente cerca de mí, siempre me recordaba cuánto
la quería. Su pijama casi siempre se desplazaba mostrando parte de
su cuello y hombro, prácticamente rogándome que la moridera.
Me levanté de la cama, inseguro de mí
mismo y lo que estaba sintiendo por ella. Me hacía sentir enfermo
pensar en el peligro que ella estaba enfrentando. El asesino de Gwen
seguía sin ser encontrado, aunque mis instintos me decían que sabía
quién era. No podía soportar admitirlo. El familiar sentimiento enfermizo se
instaló en mi estómago mientras caminaba hacia los ventanales que
llevaban al balcón cuya magnífica vista daba al enfrentando. El
asesino de Gwen seguía sin ser encontrado, aunque mis sintiendo por
ella. Me hacía sentir enfermo pensar en el peligro que ella estaba
Pabellón. La noche estaba tan negra como un cuervo, ningún rastro
de los rayos de la luna por ninguna parte. Me sentí tan sombrío
como la noche.
Recordé ver a Benjamin más temprano
ese día susurrándole algo en el oído a Lali. Noté como el cuerpo
de ella se tensó y cómo obviamente intentó contener su ira. No
hice nada al respecto. Fingí como si no hubiera visto nada.
Cuando Lali se acercó a mí, actuó de
la misma manera que yo. Como si nada acabara de pasar. Ella sonrió y
tomó mi mano. Me dijo que tenía una sorpresa para mí. Su cabello
rojo fuego y su radiante sonrisa, me recordaban más al sol de lo que
la propia habitación jamás podría.
—¿Peter? —ronroneó Lali detrás
de mí—. ¿Alguna vez duermes?
Negué con la cabeza a la vez que me
daba la vuelta.
—No tanto como tú. —Me quedé sin
aliento por lo impresionante que se veía con esos profundos ojos
marrones fijos en mí. Me sentí como un niño hablando con su primer
enamoramiento por primera vez. Lali siempre conseguía hacerme sentir
trastornado.
A medida que me acercaba a ella, una
expresión pensativa reemplazó la sonrisa de su cara. Me senté en
el borde de la cama y froté su cadera con una mano.
—Oye... ¿pasa algo malo?
Puso su mano sobre la mía,rozando mi
piel con sus delicados dedos.El movimiento envió escalofríos a
través de mi cuerpo.Nuestros ojos se encontraron y por un momento,
nada más importó salvo tenerla aquí conmigo. Me di cuenta en ese
momento que no podía pensar siquiera en una vida sin ella. Me sentí
egoísta y culpable por mantenerla allí, aun cuando su vida corría
peligro, pero razoné que no existía ninguna otra manera.
—¿Qué tienes en la mente, Peter?
—susurró ella. —Tú... —No vi razón para mentir—, que no
puedo imaginar una vida sin ti.
Se sentó en la cama y su mano acarició
mi cuello.No había tensión,ni aprehensión entre ninguno de nosotros.
Seguíamos siendo precavidos entorno a los otros, pero una vez a
solas, había una familiaridad, un ritmo, casi un baile entre
nosotros. Esa era una de las razones por las que me hacía sentir
tan... en compañía.
—No sé si esto significa algo para
ti —empezó a decir, y luego dudó como si estuviera intentando
sopesar muy cuidadosamente las palabras.
Interiormente me burlé de su
afirmación. Era raro que alguna de las palabras provenientes de esos
dulces labios no significaran algo para mí.
—¿Qué? —la urgí.
Dudaba que pudiera saber lo emocionado
que estaba por lo que dijo a continuación.
—Desde el momento que llegué aquí,
todo lo que quise fue escapar y regresar a casa, pero Peter... —Puso
una suave mano sobre mi mejilla—, ha empezado a sentirse como un
hogar.
Hogar.
La palabra y todas las sensaciones que
me dejó al momento en que eso escapó de sus labios siguieron
rondando en mi mente a la mañana siguiente cuando me senté en el
sofá de la sala, mis ojos se fijaron en uno de los miembros de la
Élite: Paula, una caprichosa y vanidosa vampiresa quien logró
convencer a mi padre y hermano de que tenía en el corazón los
mejores deseos para con nuestra familia.
Seguía sin estar seguro de sus
verdaderos motivos. Antes de mi descanso, hizo más de un intento por
fomentar una relación conmigo. Encontraba que su misma presencia,
tan hermosa como era ella, me parecía repugnante. Sin embargo, ella
me pidió una audiencia y yo no tenía razón alguna para negarme a
su petición. Apenas podía escuchar lo que ella estaba diciendo,
cumplidos sin sentido que no significaban nada para mí, porque mi
mente seguía envuelta en lo que Lali había insinuado anoche.
¿Quiso decir que yo era la razón
por la que ella querría quedarse aquí en la Sombra?
Paula acabó su balbuceo y estaba
esperando alguna clase de respuesta. Una entrada social. Considerando
que no la estaba escuchando realmente y no escuché una palabra de lo
que dijo, simplemente la miré de la cabeza a los pies e ignoré todo
lo que había estado farfullando.
—Veo que te ha ido bastante bien
sola, Paula —comenté, señalando sus trajes de diseñador y el
aura de extravagancia que la rodeaba.
—Es todo gracias a ti, ¿o no, mi
príncipe? —Sonrió.
—No nos perdamos en una pequeña
charla, ¿sí? ¿Por qué viniste a verme? —le pregunté, deseoso
de llegar al asunto principal y deshacerme de ella.
Miré momentáneamente al hombre parado
detrás de ella junto a la puerta, esperándola. Rubio, ojos grises,
macizo, del tipo que Paula disfrutaba explotar. Mi mandíbula se
tensó, recordando por qué detestaba estar alrededor de un vampiro
que era al menos treinta años mayor que yo, aunque ella fue
convertida a la tierna edad de
diecisiete.
Las largas pestañas de Paula
revolotearon a la vez que se enderezaba en su asiento.
—Además de homenajear a mi amado
príncipe, claro. Estoy curiosa.
—¿Curiosa sobre qué?
—Curiosa sobre quién, mejor dicho.
Bueno, he estado escuchando mucho acerca de tu hermosa mascota
morena. Tenía curiosidad por descubrir la clase de chica que fue
capaz de conseguir amarrar a Peter Lanzani.
Hice una mueca. El interés de por Lali
no era exactamente algo que me diera motivos para regocijarme. Sin
embargo, antes de que siquiera pudiera abrir la boca para responder,
escuché la risa de Lali llegando de afuera. Ella y las chicas habían
salido a dar un paseo, escoltadas por Sam y Kyle. Parecía que
pasaron un buen momento, una sensación que no compartí considerando
cómo mi vientre se tensó cuando me puse de pie. El encuentro de
Paula y Lali no era algo que me encontrara esperando impacientemente.
Sin embargo, era muy tarde, porque Paula se levantó, dio la vuelta
y miró a Lali desde la cabeza hasta los pies.
—Así que esta es ella —dijo, con
envidia.
Como si eso no fuera lo suficientemente
malo, algo más sobre la incómoda situación comenzó a corroerme.
Aparte del evidente desprecio por Lali que Paula tenía en sus ojos,
estaba molesto por la pura sorpresa en la cara de Lali al momento en
que puso sus ojos en el esclavo de Paula.
—Gas —jadeó, las lágrimas
humedecieron sus ojos.
La misma cantidad de sorpresa fue
evidente en el rostro del chico al verla. La cara de él palideció
cuando la temerosa preocupación, reemplazó su apariencia sombría e
indiferente de unos momentos antes. Lali lanzó sus brazos alrededor
de él y este le devolvió el abrazo. Cuando él apoyó el mentón
sobre la cima de su cabeza, miró en mi dirección.Casi pude
escuchar las acusaciones y las amenazas que estaba lanzando en mi
dirección. Era obvio que estaba temeroso por Lali, que estaba
preocupado por lo que pude haberle hecho a ella.
Una sonrisa sarcástica se formó en el
rostro de Paula cuando miró el encuentro entre su esclavo y la mía.
—Interesante. Muy interesante.
Me quedé de pie allí, sin saber qué
hacer. O qué pensar. Pero estaba seguro de que estaba viendo
directamente frente a mí, lo que estaba abrazando Lali, era su
motivo para dejar la Sombra de Sangre para siempre.
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