Peter
La Gran Cúpula era
un gran salón redondo, situado en el nivel
superior de la torre
oeste de la Fortaleza Carmesí. Se ganó su
nombre debido a la
cavernosa estructura de su techo Nunca fue declarada
oficialmente como el centro principal de todas nuestras reuniones
gubernamentales, judiciales y militares, pero se convirtió en eso
precisamente con
los años.
La cúpula fue
diseñada para mostrar la jerarquía de la Élite de La Sombra.
Al otro lado de las
grandes puertas de roble, a la derecha en la parte delantera de
la
sala, estaba el balcón. Tenía cuatro escaños, en un pedestal un
metro por encima
del suelo estaba mi padre, el asiento del rey. A su
derecha, dos metros por encima
estaba mi asiento. A cada lado del
mío estaban los asientos de Candela y Benjamin,
situados medio
metro por encima del suelo.
En el mero centro
de la habitación había un escenario circular que servía
como
“estante” para quien se dirigía al consejo o era puesto bajo
juicio.
A cada lado del
estante y de frente al balcón estaban veinte asientos que
incluían
un representante por cada uno de los clanes de vampiros de la Élite.
Por
encima y alrededor de los asientos del consejo estaban setenta y
cinco asientos
dispuestos en una configuración de anfiteatro al
reservado estilo de la Élite. Rara
vez alguien que no era un
miembro de la Élite era traído a la Gran Cúpula, a menos
que
fuera a juicio.
La primera vez que
hice una visita a la cúpula, fue fácil ver que rara vez
había
sido utilizada en los últimos años, lo cual dejaba mucho que decir
acerca de
cómo se estuvo ejecutando el reino en mi ausencia.
Le encargué a
Candela la responsabilidad de la modernización de la
cúpula, ya
que con todos los cambios que había planeado ejecutar en el
reino,
íbamos a usar mucho más el lugar. Dado su buen ojo para el
diseño y la habilidad
para hacer las cosas, le tomó cinco días y
medio realizar la tarea.
Era la misma
estructura básica, pero traída directo al siglo XXI, con los
monitores de pantalla plana y equipo de sonido actualizado. Ella
había remodelado
completamente la sala, los tronos de aspecto
antiguo fueron reemplazados con
cómodos sillones que aún parecían
elegantes y reales. Posiblemente la mejor
alteración a la sala, sin
embargo, había reemplazado el techo de staccato con vidrio
transparente, de modo que la luna y las estrellas brillaban siempre
abajo en el
pasillo.
Después de casi
"asesinar" a la mayoría de la Élite del consejo, como
Cameron tan acertadamente lo había puesto, me encontré cómodamente
encaramado en mi sillón reclinable en el balcón, mirando hacia el
cielo oscuro.
Estaba esperando que el consejo apareciera, así
podríamos discutir los resultados
del censo.
Stéfano fue puesto
a cargo del censo y desde que estaba todavía tratando de
recuperarse de la dura prueba física que le hice pasar, solicitó
que se pospusiera la
reunión durante una hora. La solicitud
inicialmente me irritó, pero pensé que se
merecía el descanso.
Sin saber qué hacer con mi tiempo, sin embargo, y no
realmente
pasándolo en mi pent-house esquivando las preguntas de las chicas,
me decidí a ir a la
cúpula por delante de todos los demás.
Solo había estado
allí por un par de minutos cuando Candela apareció.
―Peter ―dijo mi
nombre rotundamente.
Eso casi siempre se
traducía en problemas.
―Has hecho un
gran trabajo con este lugar, Candela.
―Sí. Me lo has
dicho varias veces. ―Escaló su camino hasta el balcón,
justo a mi
nivel.
Una mirada a sus
ojos fue suficiente para decirme que estábamos en
problemas. Podría
haber jurado que vi una neblina gris oscuro agitarse a la derecha
en
el centro de sus pupilas. Profundamente preocupado, me puse de pie y
le pasé
una mano por encima de su hombro.
―¿Qué pasó?
¿Qué está mal?
Levantó la vista
hacia el cielo nocturno. La última vez que vi ese mismo
miedo en
sus ojos fue hace siglos después de la victoria de la Primera
Sangre. Seguí
su mirada, esperando ver de qué era de lo que tenía
tanto miedo. Todo lo que vi
fueron cientos de estrellas iluminando
el hermoso cielo nocturno.
Candela pronunció
cuatro palabras que inmediatamente desencadenaron
una avalancha de
inquietantes imágenes al momento en que escaparon de sus
labios.
Los cien años que llevaron a la creación de La Sombra me
revistieron ola
tras ola de recuerdos profundamente enterrados: el
naufragio, el faro, las cuevas,
la Primera Sangre, los esclavos, el
muro, las bestias, el levantamiento, la masacre,
el hechizo y por
último, el santuario. Podía oír los gritos de los muertos
gritando
desde los cimientos
sobre los que se construyó La Sombra. El ensordecedor sonido
fue
seguido por la culpa de la que nunca ni en mil vidas podría
escapar.
Cambié mi mirada
de los vastos cielos de nuevo a las furiosas tormentas
detrás de
los ojos de torbellino de mi hermana. Fue solo entonces que me di
cuenta
de que cuando dijo esas cuatro palabras, convocando a los
fantasmas de mi pasado
para que volvieran y me persiguieran, ya no
estaba mirando el cielo.
Estaba mirando
directamente hacia mí.
¿Sus palabras?
―La oscuridad se
acerca.
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