Peter
—Ella está herida. —Esa fue la
primera cosa que Emilia dijo cuando entré por las puertas del Santuario, y Lali seguía en mis
brazos.
Me pregunté de qué estaba hablando
mientras seguía a Emilia por una de los pasillos del Santuario.
Caminé hacia la cama en medio de la habitación y puse a Lali ahí.
Mi estómago se giró cuando vi lo ensangrentada que estaba una de
mis manos.Su sangre.Mi ansia por ella debería haberme consumido, estaba en mi naturaleza
querer saborearla, pero mi deseo por hacer las cosas bien con ella
dominaban cualquier otra ansia lujuriosa.
—¿Qué le pasó? —preguntó
Emilia.
Ignoré a la bruja y moví el cuerpo
inerte de Lali para que ella estuviera boca abajo en la cama. Ella no
hizo intentos por detenerme cuando empecé a romper la parte de atrás
de su vestido. La vista de su espalda era epugnante a la vista. Las
garras de vampiro habían corrido por la longitud de su espalda con cortes profundos. Me
pregunté cómo alguien tan frágil como ella podía aguantar una
herida de tal dimensión sin quejarse del dolor.
—¿Quién te hizo esto, Lali? ¡¿Quién
mató a Mery?!
Ella no respondió. Ella solo mantenía
su rostro hundido en la almohada, sollozando frenéticamente. Saqué
la daga de mi manga y sin dudarlo ningún momento hice un corte largo
y profundo en mi palma. Agarré el brazo de Lali y con agitación y
el sentido de urgencia que tenía, la jalé para arriba, para ponerla
en una posición sentada. Ella jadeó de dolor con el repentino
movimiento.
—Peter... —habló Candela detrás
de mí—. Ella ya tiene suficiente dolor.
Ni siquiera era consciente de que mi
hermana nos siguió todo el camino hasta aquí.
—No hay tiempo. Ella necesita curarse
pronto. No sabemos cuánta sangre ha perdido.
Me estaba regañando internamente por
no darme cuenta cuando estábamos en su habitación que ella estaba
herida. Presioné mi palma contra la boca de Lali, y mi otra mano se
posicionó en la parte trasera de su cuello.
—Bebe —ordené.
Estuve aliviado cuando ella no se puso
a discutir y simplemente obedeció. Quizás ella solo quería detener
el dolor y sabía bien que mi sangre en su sistema aceleraría
sumamente el proceso de curación. No me importaba. Mientras la
sentía sorbiendo la sangre en mi palma, estaba satisfecho. Calmó un
poco la ira que tenía en mi interior, pero me asombró la
preocupación que sentía por su apuro.
El alivio me inundó cuando los cortes
en su espalda empezaron a sanarse. Ella debió sentirlo, porque dejó
de beber de mi palma. Estaba tan distraído por lo que le pasó
debajo de mi supervisión que solo quería que ella siguiera bebiendo
como si mi sangre pudiera reparar todo para ella. El profundo corte en mi mano se cerró, y
miré que ella se limpió la sangre de su rostro con su brazo. Quería
ver la luz de nuevo en sus ojos,cualquier indicación de que el fuego
interior no había muerto,pero la mirada en blanco de sus ojos
marrones me dijo lo contrario mientras ella estaba recosta da
lánguidamente con su cabeza sobre la almohada.
—¿Qué está pasando? ¿Qué le
hiciste? —Emilia me observó de manera sospechosa, haciendo claro
que ella no confiaba en mí de la misma manera que su ancestro,
Gimena, lo hacía.
—Yo no le hice nada —contesté
indignado, diciendo las palabras a través de los dientes apretados—.
La encontré así cuando la revisé esta mañana.
—Una de las otras chicas en su harén
fue encontrada asesinada, drenada de sangre, dentro de su baño
—agregó Candela.
Emilia mantuvo su mirada sospechosa en
mí.
—¿Y tú no hiciste esto?
La miré, tratando de mantener la
paciencia.
—¿No me escuchaste la primera vez,
bruja?
—¿Puedes culparme por pensar que
tenías algo que ver con esto? La miraste una vez cuando despertaste
y la tiraste en un pilar, más que listo a devorarla. ¿Quién sabe
las cosas enfermas que tengas planeado hacer con ella?
—Emilia, él no hizo esto —dijo
Candela sabiendo que si ella no lo hacía, yo no sería capaz de
mantenerme de mutilar a la bruja por su insolencia.
—Entonces, ¿quién lo hizo? —Emilia
levantó una ceja—. Ustedes criaturas me enferman.
Ella arrugó la nariz y nos miró a
Candela y a mí como si fuéramos las cosas más despreciables sobre
las que ella jamás había puesto sus ojos.
No estaba seguro de que ella estuviera
equivocada. Esa mañana no era exactamente nuestro momento más
cordial, pero la hipocresía de la bruja me estaba poniendo enojado.
—Si nos odias tanto,¿por qué nos
sirves?¿Por qué ayudas a protegernos? -Me tomaron cautiva como a
esta chica. No tuve otra opción.
Mi ceja se levantó con las noticias.
—¿Es verdad, Candela?
—Necesitamos a una bruja para
mantener al hechizo... —trató de explicar mi hermana.
Quizás estaba perdiendo la razón
porque miré a Emilia sin un poco de broma en mi rostro y dije:
—Eres libre de irte cuando quieras,
bruja. Nadie te detendrá. Tienes mi palabra.
—Peter... —jadeó Candela—. No
podemos...
—Cállate, Candela. —Levanté mi
mano para silenciar a mi hermana.
Miré a la expresión conmocionada en
el rostro de Emilia—. No eres más prisionera de la Sombra de
Sangre, Emilia. Te puedes ir hoy si lo deseas. Incluso te llevaré al
puerto. —Estaba llamando a su cordialidad. Ella era una
descendiente de Gimena y si ella era algo como su ancestro, nadie
sería capaz de mantenerla en un lugar contra su voluntad. Ella
estaba aquí por una razón y ciertamente no era porque nosotros la
manteníamos prisionera.
Emilia me miró a los ojos por un par
de segundos, sus labios estaban apretados. Después, una pequeña
sonrisa se formó en su rostro.
—Ahora veo lo que Gimena vio en ti.
Candela dio un paso adelante, mirándose
absolutamente confundida.
—Emilia... ¿te refieres a que no te
vas? Te has estado quejando de estar contra tu voluntad desde que
llegaste.
—En realidad eres una cosa amorosa,
¿verdad, Candela? He heredado el poder de cientos de años y el
conocimiento de Gimena y de otros ascendientes que ella tuvo.
¿Realmente creíste que podían mantenerme cautiva con cuatro
paredes o una jaula? —Emilia miró a Lali. Ella suspiró—. Ahora
regresemos al asunto que tenemos entre las manos. Si tengo que
encontrar lo que realmente pasó, no puedo tener a cualquiera de los
dos al acecho, amenazándola.
—Nunca la amenazaría —escupí.
—No te engañes, Peter —sonrió
malignamente Emilia—. Tu sola presencia es una amenaza para ella.
Ahora, vamos... vete.
Lancé una mirada persistente a Lali,
sintiendo como si fuera arrancado desde el interior. Mis puños se
apretaron mientras le daba a la joven y arrogante bruja una sincera
súplica.
—Haz lo que puedas para hacer las
cosas bien para ella... solo... cúrala.
Hubo un atisbo de confusión en los
grandes ojos verdes de Emilia. Quizás se estaba preguntando por qué
me importaba tanto, pero ella no preguntó el por qué y en cambio,
simplemente nos escoltó a Candela y a mi fuera de la habitación.
—Ustedes pueden vigilarse solos.
Tengo un guardia que los alertará cuando ella esté lista para
regresar a Pabellón.
Me quedé afuera mientras Emilia nos
cerraba la puerta en la cara. No me moví de mi lugar, determinado a
quedarme ahí y esperar hasta que Lali estuviera bien.
Candela agarró mi mano y la apretó.
—Lali va a estar bien. Emilia estaba
en su año Sénior de Psicología cuando la trajimos aquí abajo.
Ella sabe qué hacer para ayudar a Lali.
—No me voy a ir hasta que sepa que
Lali está bien —anuncié.
Mi hermana me conocía lo suficiente
para saber que una vez que ponía algo en mi mente, podía ser terco
como una mula sobre eso. Ella asintió, sabiendo que nada de lo que
ella me pudiera decir me convencería de dejar ese lugar. —Si me
necesitas, estaré en el Pabellón viendo las investigaciones.
Descubriremos quién hizo esto, Peter.
Crucé mis brazos sobre mi pecho. Sentí
la culpa y la vergüenza venir mientras Candela me dejaba para darle
vueltas a las cosas solo. No podía pensar en nadie capaz de hacer
esto a Lali que no fuera Benjamin. Pero no tenía pruebas e incluso
si las tuviera, no estaba seguro si podía hacer algo sobre eso.
Benjamin era mi hermano y sin importar
lo importante que Lali se había vuelto para mí, la sangre corre más
profundo y denso que el agua.
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