Lali
La oscuridad se acerca.
Las palabras de mis
pesadillas todavía hacen eco en mis oídos. Susurradas y
fantasmagóricas, persiguiéndome allá donde voy. No tengo ni idea
de a que voz pertenecen esas palabras, pero sé que tienen algo que
ver con La Sombra, algo que ver con Peter.
Estaba sentada con
las piernas cruzadas sobre una mullida silla fuera de nuestra
biblioteca escolar. Tenía los codos apoyados sobre la oscura mesa de
caoba. Mis dedos tamborileaban sobre el libro, estaba tratando, y
fallando, de comprenderlo. Aparte del sonido de arrastrar los pies
sobre el suelo alfombrado de la bibliotecaria y el sonido de pasar
páginas de un estudiante sentado a un par de mesas de mí, la
biblioteca estaba en silencio.
Solía amar el
silencio. Una vez fue mi refugio. Ese pequeño rincón de nuestra
biblioteca escolar era quizás la única cosa que añoraba de nuestra
escuela. Era mi retiro. Esa tarde, de todos modos, el silencio solo
dio paso a las voces que me perseguían en los sueños todas las
noches.
La curva formada
sobre mis labios era amarga y rencorosa. Que broma. La oscuridad
no puede ir a La Sombra. La Sombra es la oscuridad. El
pensamiento me sorprendió. No tenía ni idea de lo que significaban
las pesadillas o que o a quien se dirigía la oscuridad. No lo quería
saber. Solo quería olvidarlo.
Por supuesto eso
era imposible, pero no significaba que no podía fingirlo.
—Sabía que te
encontraría aquí. —Gas empujó el asiento a mi lado, le dio la
vuelta de manera que su respaldo estaba apoyado contra el borde de la
mesa antes de sentarse a horcajadas me dedico una sonrisa.
Intenté devolverle
la sonrisa, pero pareció que fallé miserablemente al hacerlo,
porque escuché preocupación en su voz cuando me preguntó:
—¿Qué va mal?
¿Estás bien?
—Sí, ¿Qué
estás haciendo aquí? ¿No se suponía que estarías en la práctica
de futbol?
—Me pondré al
día. Solo quería decirte que Patrick confirmó que podemos reanudar
las clases de artes marciales el viernes de la próxima semana por la
tarde, así que iremos al gimnasio entonces. No hagas planes.
—De acuerdo...
¿Rocio viene?
Los rumores decían
que Gas había vuelto con Rocio, la preciosa porrista rubia.
—No. acabo de
romper con ella.
Me observe a mí
misma por una reacción. ¿Alegría quizás? Nada.
—¿Y cómo se lo
tomó?
—Sobrevivirá.
Me quedé mirando
el libro delante de mí. Orwell’s 1984. Me sentía muy parecida a
los personajes del libro... siguiendo una rutina marcada por alguien
más. Habían pasado varias semanas desde que Gas y yo volvimos a la
secundaria .Estábamos comenzando a caer en lo viejos patrones de
normalidad. Él era otra vez el mariscal de campo de la escuela, el
asombroso chico dorado, amado y popular.
Y yo volvía otra
vez a ser su mejor amiga por razones que nadie que no fuera Gas
entendía.
Sin embargo, me di
cuenta de que algo había cambiado en la dinámica de nuestra
relación. Solía ser tan dependiente de Gas, que rayaba lo patético.
Era prácticamente su sombra. Adoraba estar a su alrededor y me
molestaba verle con otras chicas, Rocio Igalzabar, incluida. Ahora,
escuchar sobre sus aventuras y relaciones en la secundaria, solo me
hacía sentir desconectada.
Si había una cosa
de la que estaba segura es que La Sombra me había cambiado; me hizo
independiente de Gas. Lo amaba. Seguía siendo mi mejor amigo después
de todo, pero no lo necesitaba, ya no me consumía por él. Podía
imaginar una vida sin él. Comprender esto me hizo sentir miedo y
poder a la vez.
—¿Qué es eso?
—Gas señaló varias hojas de papel que tenía regadas por la mesa
de la biblioteca. No esperó por una respuesta y agarró una de
ellas—. ¿Aplicaciones para la universidad? ¿Harvard?
Me encogí de
hombros.
—Estaba pensando
en ser abogada. Lo sabes.
—Entonces,
¿realmente estas considerando ir a la universidad?
Arrugué la nariz.
—¿Por qué no
habría de hacerlo? ¿Qué más puedo hacer?Eso es lo que estamos
haciendo aquí, ¿no? Tratando de volver a la normalidad. Ahí es a
donde nos lleva todo esto. Nos graduamos. Vamos a la universidad.
Mis declaraciones
fueron recibidas con silencio.
—No conseguirás
una beca de fútbol si no vas a las prácticas. —Agarré mi
mochila, la cual había dejado en el suelo a mi lado y saqué un
bolígrafo. Agarré uno de los formularios y empecé a rellenarlo.
Toma la indirecta Gas. Vete.
Gas agarró el
formulario que estaba rellenado lo arrugó y lo tiró sobre la mesa.
Belen me dio un
nombre y un número... Era la chica...
—Se quién es —le
interrumpí. La sola mención de su nombre me hacía sentir culpable.
Sabía que escapaba a la razón, pero me sentía como un accesorio
para un crimen que
Peter cometió—. ¿Qué nombre? ¿Qué numero?
—Los cazadores.
Es una persona de contacto... su nombre es Ruben. Creo que es mi...
nuestro boleto de entrada.
Me enderecé, tiré
el bolígrafo que estaba sosteniendo sobre la mesa y cerré mi libro
con fuerza.
—No puedes hablar
en serio, Gas. ¿Estás diciendo que vas a unirte a ellos?
—No. estoy
diciendo que vamos a unirnos a ellos. ¿Exactamente cómo piensas
vengarte de La Sombra, Lali? No es como si pudiésemos regresar y
meter a la policía y cambiar nuestra historia.
—¿De dónde sale
esto, Gas? Apenas hemos hablado sobre la isla...
—Que no lo
hubiéramos hablado no significa que ninguno de los dos piense en
ello. Tenemos pesadillas cada noche, Lali... no me digas que no has
estado pensando en ese sitio.
—Por supuesto que
lo he hecho, pero sin embargo...
—¿...pero sin
embargo, qué? ¿Simplemente continuamos? Vamos, Lali... ¿La
secundaria? ¿La universidad? Creo que hemos sido tan buenos
fingiendo que somos normales que tú misma te has convencido de que
realmente lo somos. La Sombra nos robó eso y se lo robó a otras
personas. Tienen que pagar.
Cerré los ojos,
esperando que si lo hacía, todo lo demás desaparecería también.
—Gas, créeme
cuando te digo que he estado pensando en exponer la isla muchas veces
mientras estaba allí, pero...
—¿Pero, qué?
La última vez que
hablamos de como vengarnos de La Sombra fue la primera noche que
llegamos de México. Pensaba en ello de vez en cuando, pero no podía
digerir la idea de convertirme en una cazadora, viviendo la vida
dedicada a la venganza.
—No creo que
pueda vivir de ese modo, Gas.
—¿Entones qué?
¿Simplemente vamos a seguir con esto? ¿Fingiendo que no ha pasado
nada? ¿Continuar con la vida normalmente? ¿Qué pasa con la gente
que dejaste en La Sombra?Euge,Daki, Rochi... ¿Qué pasa con Mery,
Lali?
Con eso, me
levanté. Tenía los nudillos blancos por la forma en la que estaba
apretando el borde de la mesa.
—No vayas por
ahí, Gas. No hay un solo día desde que nos fuimos que no haya
pensado en ellas.
—Bueno, quizás
es el momento de dejar de pensar en ellas y empezar a hacer algo por
ellas. ¿Cómo puedes no ver que es el único modo?
—No puedo aceptar
que es el único modo. No quiero pasar el resto de mi vida matando
vampiros. Debe haber una forma mejor... una que no involucre tanto
derramamiento de sangre...
Sus hombros se
tensaron mientras levantaba la cabeza.Sus ojos azules mostraban su
decepción conmigo, su desaprobación.
—¿Cómo puedes
ser tan ingenua?
Ante su pregunta,
una serie de recuerdos empezaron a inundar mi mente. Peter y Candela
abrazándose después de pasar siglos separados... Peter tocando
fascinantes melodías en su gran piano... Su decisión de permitirnos
escapar... Su risa, su abrazo, su paciencia intentando entrenarnos a
las chicas para el combate... el deleite en sus ojos cuando le enseñé
la Habitación del Sol.... Lo mucho que parecía ansiar la luz.
Tal vez solo me
estaba aferrando a la esperanza de que no había nada malo en él.
Quería creer que vi bondad en Peter Lanzani, y si el príncipe y
salvador de La Sombra aún era capaz de hacer el bien, entonces
quizás aún había esperanza...
Para él y para los
otros vampiros.
O tal vez Gas tenía
razón. ¿Cómo podía ser tan ingenua?
Bueno y este fue el ultimo capitulo de la maraton:)que os parece la nove??Mañana mas.
Bss
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