Peter
U
n frío viento
aullaba mientras azotaba entre las enormes
secoyas alrededor de
nosotros. El puerto estaba a la vista. El
sonido de las olas del
océano estrellándose contra los
irregulares acantilados de la
isla, eran claramente audibles, aún ante los menos
sensibles oídos
humanos.
No duraría hasta
que tuviera que verla marcharse. Conocía el riesgo que
venía con
permitirles dejar La Sombra. Aun así, no tenía opción. Eligió
irse y tenía
que respetar su decisión. Dolió que no confiara en
mí lo suficiente para protegerla;
que eligiera al humano, Gas, sobre
mí, pero sabía que estaría más segura si la dejaba
ir.
Aun manteniéndola
entre mis brazos, con mis labios todavía
hormigueando por el beso
que reclamé, tal vez hasta lo exigí, de ella, estaba
consciente de
que cada curva de su delgado y frágil cuerpo al ras del mío.Mis
dedos
estaban entrelazados en su suave y castaño cabello y su dulce
esencia invadía mis
sentidos. Ninguna otra mujer alguna vez me hizo
sentir de la forma en que Lali
Esposito lo hizo, y en ese preciso
momento, no pude soportar la idea de ella
dejándome.
Su hermosa cara
pecosa estaba escondida contra mi hombro cuando
rompió en llanto por
razones que no podía entender totalmente. Cada sollozo me
cortaba
hasta la médula. Desde la esquina de mi ojo, vi a Gas acercándosenos
tentativamente. Había estado mirándonos desde el momento en que
jalé a Lali a
mis brazos y presioné mis labios contra los suyos.
No necesitaba mirarlo para saber
que sus ojos
gritaban asesinato ante la vista de mí.
Lo ignoré.La
única razón por la que me importaba era porque a ella le importaba. Yo ni siquiera confiaba en él, pero ella lo hacía y eso
debería bastar.
Regresé mi
atención a Lali, sintiendo cómo sus brazos se apretaban
alrededor
de mi cintura, adhiriéndose a mí de la misma forma en que yo me
adhería
a ella. El movimiento me dio la esperanza de sí... quizás
elegiría quedarse.
—Lali... —Mi
voz salió en un ronco susurro sin aliento.
Mi corazón se
hundió cuando lentamente se alejó de mí.Estaba seguro de
que
estaba por despedirse. Así que, estuve sorprendido cuando descansó
ambas
manos en mis hombros, se paró de puntillas y se acercó a mí,
sus labios rozaron
gentilmente los míos. Eso propulsó todos mis
sentidos a toda marcha y tomó todo
mi poder no dejar que mis
pasiones me controlaran. No quería asustarla, así que
cerré los
ojos y dejé que tomara el control.Mis puños se cerraron cuando
nuestros
labios se separaron.Abrí los ojos y encontré su mirada marron chocolate fija en mí.
Estaba estudiando mi rostro de cerca,
casi como si intentara memorizarme.
Hice lo mismo.
Guardé cada parte de su adorable rostro, sus largas pestañas,
cada
peca y cada detalle en mi memoria.
Sintiendo cuán
importante se había vuelto para mí,era incapaz de dejar
para mí
lo que pasaba por mi mente. Sabía que era egoísta de mi parte
pedírselo,
pero las palabras salieron de mi boca antes de que
pudiera pensarlas.
—Lali, quédate.
Esperaba que las
palabras no salieran como una orden, que las viera por lo
que eran,
una súplica. Yo, el Príncipe de La Sombra, le estaba rogando a
ella, mi
supuesta esclava, que no me dejara, porque sabía sin duda
en mi mente que su
partida solo serviría para zambullirme más en
la oscuridad que había tomado mi
vida desde hace quinientos años
cuando mi propio padre me convirtió en el
monstruo que era.
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