E
nfócate, Peter. Ignora todo.
Me quedé quieto y
erguido, con los pies al ancho de los
hombros. Mi mano izquierda
mantenida en forma
relajada en el mango de mi arco de plata.
Recuperé una
flecha del carcajo cruzado sobre mi espalda desnuda.
Apaga todo. Lo único que importa
ahora es que golpees en el blanco.
Gotas de sudor
estaban rodando por mis sienes. Había estado en esto toda
la noche.
Comencé con el boxeo antes de pasar a la práctica de espada,
entonces la
práctica de armas de fuego, y, finalmente, todos los
otros campos de entrenamiento
que la Fortaleza Carmesí tenía que
ofrecer hasta que llegué al campo de tiro.
Por el rabillo de
mi ojo, pude distinguir los gruesos muros de la imponente
Fortaleza
Carmesí, al menos un centenar de metros por encima de mí. Rodeaban
la isla, protegiéndonos de todos los que trataron de invadirnos a lo
largo de los
siglos pasados. La simple idea de la imponente
fortaleza y todas sus fortificaciones
amenazaba con traer de vuelta
un montón de oscuros recuerdos que siempre quería
olvidar. Me
aclaré la garganta y me reenfoqué.
Olvídalo. No
dejes que el pasado te persiga. No ahora.
Cerré mis ojos
mientras acomodaba la flecha y colocaba su eje sobre el
reposa
flechas. Tomé una respiración profunda.
Deja que tus instintos se hagan
cargo.
Posicioné el arma
para dar en el blanco que ni siquiera podía ver. Usando
mis
músculos de la espalda, saqué mi codo derecho hacia atrás hasta
que mi mano
derecha se colocó firmemente contra mi mandíbula.
Mantuve mi postura durante
unos segundos, confiando en mis instintos
para apuntar bien.
Luego vino la
liberación. La flecha atravesó el frío aire de la noche y oí un
ruido sordo. Antes de que pudiera abrir los ojos para comprobar si
realmente había
golpeado mi marca, escuché algo que me tomó por
sorpresa. Desde detrás de mí
llegó el sonido de un aplauso.
Abrí los ojos y vi
que la flecha de hecho había golpeado en el blanco,
cortando a
través de las dos primeras flechas que tiré antes. Anhelaba la
sensación
de satisfacción que viene con un tiro como ese. Nada.
Solo sirvió como un cruel
recordatorio de la mayor parte de lo que
sabía sobre el combate, el cual había
aprendido de los cazadores,
cuando era uno de ellos, tiempo antes de que me
convirtiera en el
Señor de los vampiros y Príncipe de La Sombra.
—Bien hecho, su
Alteza —resonó la voz familiar de Victorio D´alessandro, con
su
fuerte acento escocés, a través de los campos de entrenamiento—.
Parece que
400 años de ser la Bella Durmiente no han embotado sus
habilidades de lucha ni
un poco.
Me tensé. La
última cosa que quería ahora era compañía y parecía que tenía
todo un flanco de soldados rodeándome. Traté de relajarme mientras
me
enfrentaba a mi buen amigo. Victorio y su esposa, Liana, eran dos
de los guerreros
más feroces de La Sombra y ambos habían luchado y
sangrado conmigo muchas
veces en el campo de batalla. El clan
D´alessandro representaba uno de los pocos clanes
entre la élite
en los que confiaba con mi vida.
—D´alessandro.
—Asentí en su dirección—. ¿Despierto y tan temprano?
—¿Temprano? —se
burló, su cabello negro desordenado y despeinado como
si acabara de
salir de la cama—. Si La Sombra tuviera sol, sería el mediodía.
Yuri
dice que has estado usando cada arma que tenemos disponible
para asesinar a una
fuerza desconocida en las últimas dieciocho
horas. ¿A qué o quién estás planeando
matar, Peter?
—Mediodía, ¿eh?
—pregunté, rápido para cambiar de tema—. ¿Desde
cuándo
empezamos el entrenamiento de tropas al mediodía?
—A decir verdad,
no hemos entrenado mucho desde que la guerra terminó
y te fuiste a
dormir. —El alto hombre, solo tenía veintiocho años cuando fue
convertido, alzó los brazos en el aire con un encogimiento de
hombros
—. No ha
habido un gran
ataque contra La Sombra desde que tu amiga la bruja, Gimena, la
mantuvo escondida con su maldición.
Mi mandíbula se
tensó.
—Eso tiene que
cambiar. No vamos a estar a salvo por mucho tiempo. No
podemos
darnos el lujo de tener tropas no entrenadas. Nuestros adversarios
están
innovando sus armas, desarrollando sus habilidades, mientras
nosotros estamos
aquí sentados, perezosos y descansando por ahí
como si nunca hubiera un mañana.
La preocupación
brilló en los ojos marrones de Victorio. Dio un paso
adelante y
habló en voz baja, solo lo suficientemente alto para que solo yo
escuchara.
—¿Qué está
pasando, Peter?
—Sigo siendo el
comandante en jefe de la fuerza militar de La Sombra.
¿Estoy en lo
cierto?
—Por supuesto
—asintió con la cabeza.
—Bueno, a partir
de este día, la iniciativa comienza. Dentro de las
próximas dos
semanas, espero que todos los vampiros que viven en esta isla dejada
de la mano de Dios sean llamados al deber. —Si yo no estuviera de
un humor tan
agrio, hubiera sido incapaz de mantenerme a mí mismo
de dejar escapar una larga
carcajada ante la manera en que la cara de
Victorio se contorsionó con shock. Pero
yo estaba hablando muy en
serio. Me paré en toda mi estatura, convocando todo
el poder que
sabía que tenía sobre cada uno de los ciudadanos de La Sombra—.
Eso
es lo que está pasando, Victorio. —Miré a todos los hombres
escuchando nuestra
conversación. Eran un grupo deprimente a mirar;
débiles y marchitos por el
tiempo—. ¿Alguien se atreve a
objetar?
Me encontré con
miradas abatidas y un silencio tenso.
Sonreí.
—Por supuesto que
no.
Mañana si quereis subo maraton de 10 capitulos:)
me encanta la nove:)esperoo la maratoon jaja:D
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