lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo 18


Peter
Me senté en un silencio aturdidor mientras Stéfano de Gregorio empezaba a informar los resultados del censo a todos los que estaban en la cúpula. Aparte del hecho de que el censo me dio una imagen asombrosamente clara del estado del reino, permanecía en silencio porque encontraba la presencia de Candela y la ausencia de Benjamin incomodas. Las palabras de Candela seguían sonando en mis oídos y Benjamin siempre era el constante recordatorio de como perdí a Lali.
Stéfanoempezó con el número de la Élite.
Ahora tenemos ciento diez. —Luego empezó con una lista del desglose de cada uno de los clanes y a dónde pertenecían cada uno de los ciento diez. Cada clan no se constituía necesariamente por relaciones de sangre.
Nuevos miembros eran añadidos al clan cuando un nuevo vampiro era “engendrado” por uno de los vampiros del clan.
Cuando me fui a dormir, solo sesenta y cinco vampiros, incluyéndome, componían la Élite. El número que había mencionado Stéfanosignificaba que al pasar de los siglos cuarenta y cinco humanos habían sido convertidos a vampiros. En lo que a mi respectaba, era un gran número. El clan más grande era el de Torre, con Mariano como jefe del clan y su representante en el consejo. En su clan eran quince. Por otro lado el clan más pequeño era el de Claudia. Su clan solo tenía un miembro... ella misma.
Después de su informe sobre la Élite,Stéfano continuó hablando de los Inquilinos. Los Inquilinos eran clanes de vampiros que no pertenecían a los veinte clanes originales. Estaban compuestos por aquellos que juraron lealtad a La Sombra a cambio de la seguridad de ser ciudadanos en la isla. El número que lanzó Stéfanohizo que mi mente reaccionara.
Mil trescientos veintiséis.
¡¿Qué?! —exclamé sin poder contenerme—. Ni siquiera teníamos trescientos cuando me fui a dormir.
Eso fue hace cuatro siglos,Peter —me recordó Candela.—Muchos han buscado refugio en La Sombra desde entonces.
Y con eso, mantuve la boca cerrada, pero una pregunta continuaba rondando mi mente mientras Stéfanoprocedía con su informe. ¿Cuánta sangre humana debía ser derramada para mantener a todos estos vampiros?
Entre la Élite, veinticinco son Caballeros —continuó Eli, refiriéndose a los guerreros que pertenecían a la Élite—, mientras que entre los Inquilinos tenemos trescientos quince guardias y cincuenta exploradores.—Los guardias eran los guerreros que pertenecían a los Inquilinos, mientras que los exploradores eran en su mayoría vampiros que estaban autorizados a dejar la isla, especialmente para traer materiales del exterior o para tomar humanos esclavos. Los exploradores solo tenían permitido salir de la isla bajo la supervisión de al menos un caballero.
Con eso termina mi informe. —Stéfanome dio un asentimiento indicándome que había acabado.
¿Termina? ¿Y qué pasa con los esclavos? ¿Cuántos humanos están viviendo en la isla?
Se miró los pies incómodamente.
No creí que debiese incluirlos en el censo.
¿Por qué no? ¿No están bajo la jurisdicción del reino?
El silencio habló por sí mismo. Después de todo, ¿para qué queríamos mantener un seguimiento de la población humana cuando cientos de ellos se perdían y se reemplazaban constantemente?
Era algo frio para decirlo, pero Mariano lo dijo mejor cuando se reclinó sobre su silla del consejo y nostálgicamente se encogió de hombros.
Mantener un registro de los humanos es equivalente a mantener un registro del consumo de comida en La Sombra.
Era un retrato impactante de como de depravados nos habíamos vuelto con los años. Muchos de nosotros hacía mucho tiempo que veíamos a los humanos como ganado. La culpa me golpeó en la boca del estómago, porque sabía muy bien la mano que había jugado en la cultura con la que se creó La Sombra. Por lo tanto, a pesar de que odiaba forzar al consejo, o incluso a mí mismo, a entrar en el meollo de esta pesadilla logística, tampoco podía ignorar el problema.
Quiero un recuento completo de la población humana que vive en La Sombra, empezando por los que residen en las Alturas Negras, hasta los esclavos que viven con los vampiros.—Otro invento de nuestro pasado comenzaba a cazarme. —No podemos permitirnos otro levantamiento.
Creo que alguien podría ayudarnos —habló Candela.
Me quedé mirándola, esperando que fuese más lejos. Parecía dudar, pero finalmente dijo a quien se refería.
Emilia.
Estaba sorprendido, pero si había algo que los vampiros tenían en abundancia, era tiempo.
Haz que la traigan aquí, entonces.
En cuestión de minutos, uno de los guardias fue enviado al Santuario para que escoltara a la bruja negra hasta la cúpula. Cuando Emilia llegó, me moví incomodo en mi asiento. Su misterioso parecido con su antecesora, Gimena, siempre se las arreglaba para sacarme la respiración.
¿Qué quieres? —demandó, dejando claro que había sido traída aquí contra su voluntad.
Candela dice que serás capaz de ayudarnos en un dilema que tenemos respecto a cuantos humanos están viviendo actualmente en La Sombra.
Elevó la frente.
¿Quieres saberlo porque...?
Es hora de que averigüemos el estado exacto de la isla y sus habitantes, ¿no crees?
Esto pareció tomar a la bruja por sorpresa. Me estudió como si tratara de averiguar si tenía alguna clase de ángulo, pero eventualmente tomó su asiento en el estrado, se enderezó en toda su altura y comenzó a tratar el tema en cuestión.
Los números cambian constantemente, como es de esperar... —Nos miró como si nos acusara a cada uno de nosotros por crímenes de los que sabíamos éramos culpables—. De todos modos, el número de los Naturales no cambia mucho. Son los Migrantes los que van y vienen dependiendo de los caprichos de su naturaleza vampírica.
¿Naturales? ¿Migrantes? —Por la mirada en las caras del consejo, parecía que ninguno de ellos tenía ni idea de lo que estaba diciendo Emilia.
Por supuesto. —Emilia puso los ojos en blanco—. Ustedes los vampiros no prestan atención a la situación de los humanos que son traídos aquí, mientras se mantengan a raya. Nosotros, los humanos, incluyéndome, nos hemos clasificado de acuerdo a los que nacieron en esta isla, los Naturales, y aquellos que son traídos del exterior, los Migrantes.
Empezando a impacientarme, me enderecé y me incliné hacia adelante para enfatizar lo que quería saber.
¿Cuántos hay aquí, Emilia?
Según nuestra última cifra, la isla tiene siete mil quinientos treinta y dos Naturales, todos en las Alturas Negras, y dos mil trescientos veintinueve Migrantes, que residen con sus amos vampiros. Por su puesto, eso número es el más variable. ¿Quién sabe cuántos de ellos han muerto desde nuestro último recuento?
Los números de Emilia me dejaron impactado mientras las preguntas flotaban en mi cabeza.¿Cómo estamos sustentando todas esas vidas humanas? ¿Qué hacen aquí en la isla? ¿Cómo creció tanto su población? ¿Qué pasa con los muertos? Encontré la cifra absolutamente asombrosa e inaceptable.
Luego la realidad me golpeó con fuerza. Nos superan en número, al menos cinco a uno. Si alguna vez descubren su fuerza, estamos acabados . Me quedé mirando a la bruja, de cuya lealtad no estaba seguro. Todo lo que tenían que hacer era tener a Emilia de su lado para que La Sombra llegase a su final.

Capitulo 17


Lali
¿Lali?
Todavía en la biblioteca, alcé la mirada para encontrar a una de las personas que menos esperaba encontrar allí: el defensa del equipo de fútbol, Connor James. Lo primero que noté inmediatamente del alto y oscuro chico de último año fue el moretón fresco en su mejilla derecha.
Hola... —murmuré, no muy segura de lo que lo hizo acercarse a mí—. ¿Qué te sucedió? —Señalé la mejilla agredida con mu bolígrafo. Estaba distraídamente jugando con él mientras leía el mismo párrafo del libro por décimo quinta vez.
¿Esto? No es nada. —Parecía casi tímido, una reacción que encontré extraña. Por lo general era uno de los más ruidosos, más extrovertidos de la clase.
¿Se está ruborizando? Estaba empezando a encontrar incómodo este encuentro. Connor apenas me había dirigido una palabra antes.
¿No se supone que estés en la práctica de fútbol con Gas? ¿Pasó algo?
Giró su cuerpo a un lado, la expresión de su rostro mostrando su malestar.
Esa es una de las razones por las que estoy aquí... tuvimos una batalla épica en el vestidor... Bueno, Gas está en la clínica. Fue muy golpeado. Pensé que podrías querer saberlo.
¿En qué te metiste, Gas? Recogí rápidamente mis pertenencias y las metí en mi bolso. Habían pasado años desde que Gas se metió en una pelea. Fue en la secundaria, cuando uno de los chicos de su clase, un matón que siempre intentaba evitar, intentó besarme contra mi voluntad. El matón salió de la pelea con algunos rasguños y una nariz rota. Gas, por el contrario, tuvo un brazo y una costilla rota.
Por supuesto, Gas encontró una manera de explotar al máximo sus heridas para que valieran la pena y volverse más popular que nunca, pero después de todos los sermones de Silvia, Gas nunca se metió en una pelea otra vez.
Ahí también fue cuando comenzó a tener clases de artes marciales en el gimnasio local. No pasó mucho hasta que me arrastró a las clases de los sábados. Se lo debía, porque en ese tiempo, nunca podía negarle nada, pero fue debido a eso que me di cuenta que yo era pacifista en el corazón.
Mientras me apresuraba por los corredores de la escuela, no pude evitar una sonrisa por lo inútiles que fueron para mí esas clases. Ciertamente nada útiles contra los vampiros. Por otra parte, nunca tuve los suficientes ánimos para usar lo que aprendí en contra de Peter o Benjamin. Deteniéndome en frente de la puerta de la clínica, me encontré molesta por el pensamiento de que realmente nunca me defendí. Por mucho que te reprendías para no convertirte en la víctima, eso es lo que fuiste en La Sombra.
Estaba decepcionada y enojada conmigo misma cuando giré el pomo de la puerta de la clínica y la empujé para abrirla. Solté un jadeo en el momento en que vi a Gas. Tenía un gran hematoma negro, púrpura y azul ocupando casi la mitad del lado izquierdo de su cara. También tenía un profundo corte en el lado derecho de su torso .
Gas... —Fue todo lo que conseguí decir. Salió en un susurro entrecortado. Quise agarrarlo por ambos hombros y sacudirlo hasta ponerle algo de sentido a su cabeza. Me dirigí a su lado y rocé la línea de su mandíbula con mi pulgar.
¿Qué demonios estabas pensando? —Se rehusó a mirarme a los ojos.
El doctor de nuestra escuela entró y me dio un brusco asentimiento.
Srta.Esposito, tenga la amabilidad de hacerse a un lado. Esto no tomará mucho.
Salí del camino del doctor y observé mientras vendaba la herida de Gas.
¿Puedo preguntar cómo llegó a hacerse este corte, Sr. Hudson?
El entrenador ya se lo dijo, Doc. Me metí en una pelea.
¿Y tus compañeros te cortaron?
No... uno de ellos me derribó contra el suelo... no recuerdo quién... fue todo tan loco. Estaba intentando alejarme de él y mi costado se frotó contra uno de los bancos. Es solo un rasguño. Apenas lo siento.
Pacifista o no, sentí súbitamente la necesidad de tomar la vía violenta y golpearlo en la mandíbula. La vista de su torso desnudo y el “rasguño” se había añadido a todas las cicatrices que ya estaban haciendo revolverse mi estómago.
¿Cómo te hiciste estos cortes tan feos? —El doctor retrocedió luego de terminar de vendar la herida de su costado. Miró fijamente el cuerpo de Gas, su cara estropeada con la preocupación—. ¿Qué sucedió durante tu ausencia, Gas?
Le diré lo mismo que le dije a la policía y a ese otro doctor que hizo mi examen físico. Preferiría no hablar de ello. —Gas incluso tuvo el descaro de añadir una floritura a su declaración al mostrar su sonrisa más grande. Agarró su camiseta y se la puso sobre el cuerpo. Se levantó de la cama, se dirigió hacia mí y me tomó de la mano—. Ven, Lali. Vayamos a casa.
Quise apartarme de él, pero lo último que necesitaba era ser arrastrado a una pelea conmigo. Dirigí una sonrisa forzada al doctor de la escuela cuando pasamos a su lado.
Gracias, doctor.
Oh sí... —Gas asintió en dirección al doctor—. Gracias, doc.
Estábamos fuera de la clínica y a una buena distancia hacia el estacionamiento cuando dejé de caminar y lo obligué a detenerse.
¿Qué? Vamos a dejarlo pasar, ¿sí? No quiero hablar al respecto.
¿Desde cuándo empezaste a meterte en peleas de nuevo, Gas?
¿Qué parte de “no quiero hablar al respecto” no entendiste, Lali?
Fruncí los labios y asentí. Retiré mi mano de su asidero y empecé a caminar.
Vayámonos entonces. —No me perdí la mirada herida de su cara cuando pasé a su lado.
Alcanzamos la camioneta negra que sus padres le compraron recientemente. Había tenido la vista puesta en eso desde el verano y al parecer, Pedro y Silvia pensaron que el mejor momento para conseguirla era una semana después que regresamos de México.
Gas me lanzó las llaves.
Conduce.
Entré en el asiento del conductor y encendí el auto. Estaba retrocediendo cuando Gas me hizo una pregunta largamente atrasada.
¿Por qué regresaste conmigo? ¿Por qué me escogiste por encima de él?
¿Desde cuándo la elección era entre tú y Peter?
Me sobresalté cuando golpeó la guantera con frustración.
¿Realmente puedes ser tan estúpida, Lali?
Primero soy ingenua. Ahora estúpida. Genial.
Regresé porque era lo más sensible de hacer. No tienes idea de lo que pasé allí, Gas. No hubo un día en que no pensara en escapar. Demonios... incluso lo intenté tan pronto como tuve la oportunidad.
¿Intestaste escapar?
Sí... pensé que ya te había dicho eso. Conseguí llegar tan lejos como los muros que delimitan la isla antes de que dos guardias vampiros me atraparan.
¿Qué pasó?
Iban a matarme. Uno de ellos estaba lamiendo uno de mis rasguños cuando Peter apareció. —Pude sentir a Gas tensarse ante la mención de Peter, pero decidí ignorarlo. Esta era mi historia para contar y fue él quien abrió esta caja de pandora. Aguántate, Gas—. Preguntó quién había saboreado mi sangre. Uno de los guardias lo admitió. Peter le arrancó el corazón y dejó al otro que se fuera.
¿Y sigues creyendo que no es un asesino?
No estoy diciendo que lo que hizo estuvo bien, pero pensó que era necesario para protegerme. Una vez que un vampiro prueba la sangre de un humano, anhelarán la sangre de ese humano en particular. Peter sabía que siempre que yo estuviera cerca, el guardia habría tenido la necesidad de cazarme.
¿Entonces por qué no le hizo lo mismo a su hermano? Benjamin se alimentó de ti, ¿no?
Iba a hacerlo. —Recordé la mirada en los ojos de ambos hermanos esa noche. Sabía que Peter deseaba más que nada terminar con la vida de Benjamin. También sabía que nunca sería capaz de perdonarse por hacerlo—. Yo lo detuve.
¿Tú qué? ¿Lali, por qué? Si me hubieran dado la opción de terminar con la vida de Paula, no hubiera dudado en hacerlo y no sentiría una pizca de culpa por ello tampoco.
Benjamin sigue siendo el hermano de Peter. Eso significa algo para Peter... la familia significa algo para él.
Ante eso, Gas se quedó en silencio. Sabía lo que la familia significaba para mí y por qué respetaría a Peter por darle valor a la familia. Me detuve en un semáforo en rojo y me froté el cuello con la palma, intentando aliviar mi propia tensión.
Peter... alguna vez... —dudó.
No. Nunca se alimentó de mí. Nunca se aprovechó. —Estuve aliviada de que la luz roja se volviera verde. Mientras más pronto lleguemos a casa, más pronto habrá terminado esta conversación—. Y para que conste, mi elección de dejar La Sombra no se trataba de ti o de él. Se trataba de mí. No quería vivir mi vida como una esclava... ya sea de Peter o de otro. No era un futuro que quisiera para mí. Dejé la isla porque sabía que podía labrarme un mejor futuro aquí de regreso que allí.
Lo siento. No sabía...
Eso es porque nunca preguntaste, Gas.
Durante el resto del camino, ambos permanecimos en silencio. Cuando alcanzamos la entrada de los Hudson y terminé de estacionarme, permanecimos dentro de la camioneta, ambos odiando la tensión entre nosotros.
Siento que te estoy perdiendo, Lali.
No supe qué decir. Desencadenó recuerdos de todas las veces que quise que me quisiera, de las veces que soñé estar en sus brazos, de convertirme en su chica. ¿Es posible que realmente sintiera algo por mí después de todo este tiempo?
Consumida por el silencio, tomé su mano y la apreté fuertemente.
Estoy aquí. —Por ahora. Esperaba que fuera suficiente para asegurarle que no me había perdido todavía.
Nuestros dedos se entrelazaron y luego sus labios estaban sobre los míos. Suaves. Castos. Dulces. Adormecedores. Estuve sorprendida de responder y el beso llegó rápido a su fin. Nuestras miradas se encontraron por una fracción de segundo antes de que tanteáramos fuera del vehículo y nos dirigiéramos a la puerta.
La boca de Silvia se quedó boquiabierta cuando vio a su hijo.
Gas... ¿qué sucedió?
Nada, mamá...
Silvia me miró a mí inquiridoramente, casi como si me estuviera culpando a mí de los cortes y hematomas que recibió. Entramos a la casa y dejé que Gas le explicara a su madre lo sucedido. Estaba a la mitad de decirle que ella o Pedro tenían que ir a la escuela y hablar con el consejero mañana, cuando decidí retirarme a mi habitación.Me pregunté dónde estaban Pedro y Abby y recordé que ella tenía una cita para jugar. Pedro probablemente fue a recogerla.
Estaba agotada, más en un sentido emocional que físico. Me desplomé sobre la cama. Mi teléfono empezó a vibrar dentro de mi mochila. Lo saqué y encontré un mensaje de un número desconocido. El mensaje decía:
Por cierto, Gas estaba peleando por ti. —Connor
Me pregunté si Gas le pidió enviar el mensaje. Por otra parte, estaba intrigada. ¿Peleando por mí? Encontré confuso que Gas súbitamente mostrara, en el lapso de un día, ese tipo de interés por mí cuando nunca me miró más que como una amiga por tanto tiempo. ¿Solo está haciendo esto para conseguir que me una a su búsqueda de venganza?
Abrí mi closet y me cambié de ropa. Acababa de ponerme un top corto rojo y abotonado mis pantalones cortos cuando Gas golpeó dos veces y abrí la puerta.
Cuando entró, estaba desconcertada por la mirada que me estaba dando.
¿Gas?
Tan pronto como dije su nombre, me agarró por la cintura y me acercó contra él. Esa vez me besó profundamente. Me estremecí a la vez que respondía con gusto.
No estuvo desprovisto de pasión y nadie jamás podría acusar a Gas de no ser un buen besador. De hecho, era un gran besador, no es que tuviera muchos otros con quienes compararlo. Sin embargo, besarlo fue como siempre me imaginé que sería. Salvo por una cosa. No pude sentir nada. Estuvo desprovisto de cualquier emoción sustancial. De hecho, todo el tiempo que nuestros labios estuvieron presionados contra el otro, la única emoción que permanecía por encima de todo era el ahora familiar dolor que sentía cuando me encontraba cara a cara con la verdad de cuánto extrañaba a Peter.

domingo, 27 de abril de 2014

Capitulo 16


Gas
No podía entender el modo en que su mente trabajaba. Me senté enfrente de ella, esperando que explicara su propia ingenuidad, pero permaneció en silencio mientras se sentaba de nuevo en su silla, una expresión pensativa en sus ojos marrones mientras se apartaba un errante mechón de cabello lejos de su cara.
Contuve la respiración al ver lo preciosa que se veía. La apariencia de mi mejor amiga era algo a lo que nunca fui ajeno. Ella era Rosa Roja de vuelta a la vida. El cabello castaño, la pálida y blancuzca complexión rosada, la figura de reloj de arena, esas piernas que seguían durante días... tenía que estar ciego para no ver lo encantadora que era. Supe que crecería para convertirse en una maravilla desde el primer momento en que puse mis ojos sobre ella. Ese fue el día que su padre la dejó en nuestra casa y nunca volvió.
Qué maldito tonto fue.
Él era justo tan ignorante de ella como ella parecía serlo de él.Lali creció sin mucha idea del efecto que tenía en la gente. No se daba cuenta del modo en que los hombres la miraban cada vez que salíamos. Era parte de su atractivo.
Eso y el hecho de que era mía.
Ayudaba que yo fuera la única persona que ella había dejado entrar. Le gustaba mantener para sí misma, su miedo de convertirse en algo como su madre y su inseguridad después de ser abandonada por su padre siempre acechaba sobre ella. Hacía más fácil para mí que se mantuviera para sí misma. Los chicos de la escuela sabían que estaba fuera de sus límites. Creo que incluso las chicas con las que salía sabían que eran aventuras y que Lali era la única. Nunca se dijo en voz alta, pero nos pertenecíamos el uno al otro.
Mi seguridad en esa idea fue mi perdición, porque durante el tiempo que pasamos en La Sombra, parecía que ella dejó entrar a alguien más, Peter Lanzani. Nunca vi venir eso. Nadie más fue capaz de atravesar sus paredes, pero parecía que él lo hizo. Se las arregló para llegar a ella y no podía entender cómo.
Todo lo que sabía mientras me sentaba en esa mesa frente a ella en la biblioteca era que la estaba perdiendo a cada minuto. Nunca sabes lo que tienes hasta que se ha ido, Gas. La trataste como la mierda y ahora estás tratando de arreglar las cosas con ella.
No estoy tratando de presionarte, Lali... —empecé a decir.
¿En serio? Eso es exactamente lo que parece.
No estaba acostumbrado a ella siendo tan agresiva conmigo. Normalmente siempre me escuchaba, ahí otra cosa que había cambiado en ella desde que dejamos La Sombra.
No puedo aceptar esto. —Me levanté de mi sitio—. Te veré después de la práctica. —Como siempre hacía cuando me metía en situaciones que no tenía idea de cómo manejar, huía.
Si hubiera sido cualquier otro chico, hubiera estado feliz por ella, pero este era Peter Lanzani. Lo vi matar a Belen, sacar cada gota de sangre de su cuerpo. Sin dudar. Sin pizca de vergüenza. La mató sin piedad. No me importaba lo que hiciera o si había o no alguna parte buena en él. No se merecía a mi mejor amiga. Lali se merecía a alguien mejor que él.
Y aun así, se sentía como si la estuviera perdiendo por él.
Mientras me apresuraba por los pasillos de nuestra escuela, pasando a la gente saludándome y llamándome de camino hacia los vestidores del equipo de fútbol, el enfado empezó a consumirme mientras pensaba en lo que había perdido en La Sombra. La isla me lo quitó todo. Tuve que dejar a Rocio, porque ni siquiera podía besarme con ella sin pensar en Paula. Incluso aunque pudiera, dudo que alguna vez hubiera sentido algo. Apenas tenía sentido del tacto después de lo que aquella bruja vampira me hizo pasar.
Para cuando llegué al vestidor, me estaba volviendo loco de rabia. Lali y yo pretendíamos que podíamos conseguir de nuevo lo que habíamos perdido. Eso era mentira. No había vuelta a la vida que tuvimos. ¿Por qué no puedes ver eso, Lali?
Oye, hombre. El Entrenador te ha estado buscando. —Connor, uno de los chicos del equipo, se aproximó—. ¿Estás bien?
Lo pasé y fui directo a mi casillero.
¡Gas! —gritó otro de los chicos mientras metía mi combinación—. Escuché que rompiste con Rocio. No te importa si empiezo a ligar con ella, ¿verdad?
Gruñí a modo de respuesta mientras abría mi casillero.
Lo que sea. Todos sabemos que no le importaba nada Rocio, amigo. Creo que finalmente se ha movido hacia Rosa Roja. Así que Dalmau.. —Jed, uno de los chicos más grandes del equipo, se inclinó contra el casillero al lado del mío―. ¿Finalmente te vas a hacer hombre y aprovecharte de Lali como siempre planeaste hacer?
Los gritos y chistes vulgares que empezaron a llenar la habitación me llevaron por mal camino. No supe cómo todo llegó a mí. Bromas sobre mí no yendo tras Lali se extendieron dentro del vestidor de chicos. Esta vez, sin embargo, simplemente llegó a mis nervios.
Como si no estuviera lo suficientemente irritado, Jed cotorreó:
Espero que Rosa Roja valga tu espera, Gas, pero solo una mirada a ella... y crees que lo pasará bien en la cama.
Empecé a ver rojo. Apreté mis dientes en un intento fallido de mantener el autocontrol, pero fue una causa perdida. Cerré de un portazo el casillero y me enfrenté a Jed.
No hables así de ella. —No lo vio venir pero la cara de Jed rápidamente tuvo una violenta presentación con mi puño. Connor intentó intervenir, así que le di un puñetazo también.
Se acercaron a mí y no me importó si me estaban atacando o simplemente tratando de sujetarme. Luché en contra, totalmente consciente de que no eran realmente los chicos del equipo contra los que estaba luchando. Cada vez que lanzaba un golpe, era a Paula, Peter y cualquier otro chupasangre de La Sombra. Les pegaba a ellos por quitarme aquello que me importaba.
Para cuando acabó, estaba sangrando y con moretones, y aunque ardía de ira por dentro,bastante consciente del dolor y el deseo de venganza que se adueñaba de mí, mi cuerpo estaba tan entumecido como mi alma era consciente.
No importaba cómo conseguí estar golpeado y con cortes, mi cuerpo apenas podía sentir nada.

sábado, 26 de abril de 2014

Capitulo 15


Lali
La oscuridad se acerca.
Las palabras de mis pesadillas todavía hacen eco en mis oídos. Susurradas y fantasmagóricas, persiguiéndome allá donde voy. No tengo ni idea de a que voz pertenecen esas palabras, pero sé que tienen algo que ver con La Sombra, algo que ver con Peter.
Estaba sentada con las piernas cruzadas sobre una mullida silla fuera de nuestra biblioteca escolar. Tenía los codos apoyados sobre la oscura mesa de caoba. Mis dedos tamborileaban sobre el libro, estaba tratando, y fallando, de comprenderlo. Aparte del sonido de arrastrar los pies sobre el suelo alfombrado de la bibliotecaria y el sonido de pasar páginas de un estudiante sentado a un par de mesas de mí, la biblioteca estaba en silencio.
Solía amar el silencio. Una vez fue mi refugio. Ese pequeño rincón de nuestra biblioteca escolar era quizás la única cosa que añoraba de nuestra escuela. Era mi retiro. Esa tarde, de todos modos, el silencio solo dio paso a las voces que me perseguían en los sueños todas las noches.
La curva formada sobre mis labios era amarga y rencorosa. Que broma. La oscuridad no puede ir a La Sombra. La Sombra es la oscuridad. El pensamiento me sorprendió. No tenía ni idea de lo que significaban las pesadillas o que o a quien se dirigía la oscuridad. No lo quería saber. Solo quería olvidarlo.
Por supuesto eso era imposible, pero no significaba que no podía fingirlo.
—Sabía que te encontraría aquí. —Gas empujó el asiento a mi lado, le dio la vuelta de manera que su respaldo estaba apoyado contra el borde de la mesa antes de sentarse a horcajadas me dedico una sonrisa.
Intenté devolverle la sonrisa, pero pareció que fallé miserablemente al hacerlo, porque escuché preocupación en su voz cuando me preguntó:
—¿Qué va mal? ¿Estás bien?
—Sí, ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No se suponía que estarías en la práctica de futbol?
—Me pondré al día. Solo quería decirte que Patrick confirmó que podemos reanudar las clases de artes marciales el viernes de la próxima semana por la tarde, así que iremos al gimnasio entonces. No hagas planes.
—De acuerdo... ¿Rocio viene?
Los rumores decían que Gas había vuelto con Rocio, la preciosa porrista rubia.
—No. acabo de romper con ella.
Me observe a mí misma por una reacción. ¿Alegría quizás? Nada.
—¿Y cómo se lo tomó?
—Sobrevivirá.
Me quedé mirando el libro delante de mí. Orwell’s 1984. Me sentía muy parecida a los personajes del libro... siguiendo una rutina marcada por alguien más. Habían pasado varias semanas desde que Gas y yo volvimos a la secundaria .Estábamos comenzando a caer en lo viejos patrones de normalidad. Él era otra vez el mariscal de campo de la escuela, el asombroso chico dorado, amado y popular.
Y yo volvía otra vez a ser su mejor amiga por razones que nadie que no fuera Gas entendía.
Sin embargo, me di cuenta de que algo había cambiado en la dinámica de nuestra relación. Solía ser tan dependiente de Gas, que rayaba lo patético. Era prácticamente su sombra. Adoraba estar a su alrededor y me molestaba verle con otras chicas, Rocio Igalzabar, incluida. Ahora, escuchar sobre sus aventuras y relaciones en la secundaria, solo me hacía sentir desconectada.
Si había una cosa de la que estaba segura es que La Sombra me había cambiado; me hizo independiente de Gas. Lo amaba. Seguía siendo mi mejor amigo después de todo, pero no lo necesitaba, ya no me consumía por él. Podía imaginar una vida sin él. Comprender esto me hizo sentir miedo y poder a la vez.
—¿Qué es eso? —Gas señaló varias hojas de papel que tenía regadas por la mesa de la biblioteca. No esperó por una respuesta y agarró una de ellas—. ¿Aplicaciones para la universidad? ¿Harvard?
Me encogí de hombros.
—Estaba pensando en ser abogada. Lo sabes.
—Entonces, ¿realmente estas considerando ir a la universidad?
Arrugué la nariz.
—¿Por qué no habría de hacerlo? ¿Qué más puedo hacer?Eso es lo que estamos haciendo aquí, ¿no? Tratando de volver a la normalidad. Ahí es a donde nos lleva todo esto. Nos graduamos. Vamos a la universidad.
Mis declaraciones fueron recibidas con silencio.
—No conseguirás una beca de fútbol si no vas a las prácticas. —Agarré mi mochila, la cual había dejado en el suelo a mi lado y saqué un bolígrafo. Agarré uno de los formularios y empecé a rellenarlo. Toma la indirecta Gas. Vete.
Gas agarró el formulario que estaba rellenado lo arrugó y lo tiró sobre la mesa.
Belen me dio un nombre y un número... Era la chica...
—Se quién es —le interrumpí. La sola mención de su nombre me hacía sentir culpable. Sabía que escapaba a la razón, pero me sentía como un accesorio
para un crimen que Peter cometió—. ¿Qué nombre? ¿Qué numero?
—Los cazadores. Es una persona de contacto... su nombre es Ruben. Creo que es mi... nuestro boleto de entrada.
Me enderecé, tiré el bolígrafo que estaba sosteniendo sobre la mesa y cerré mi libro con fuerza.
—No puedes hablar en serio, Gas. ¿Estás diciendo que vas a unirte a ellos?
—No. estoy diciendo que vamos a unirnos a ellos. ¿Exactamente cómo piensas vengarte de La Sombra, Lali? No es como si pudiésemos regresar y meter a la policía y cambiar nuestra historia.
—¿De dónde sale esto, Gas? Apenas hemos hablado sobre la isla...
—Que no lo hubiéramos hablado no significa que ninguno de los dos piense en ello. Tenemos pesadillas cada noche, Lali... no me digas que no has estado pensando en ese sitio.
—Por supuesto que lo he hecho, pero sin embargo...
—¿...pero sin embargo, qué? ¿Simplemente continuamos? Vamos, Lali... ¿La secundaria? ¿La universidad? Creo que hemos sido tan buenos fingiendo que somos normales que tú misma te has convencido de que realmente lo somos. La Sombra nos robó eso y se lo robó a otras personas. Tienen que pagar.
Cerré los ojos, esperando que si lo hacía, todo lo demás desaparecería también.
—Gas, créeme cuando te digo que he estado pensando en exponer la isla muchas veces mientras estaba allí, pero...
—¿Pero, qué?
La última vez que hablamos de como vengarnos de La Sombra fue la primera noche que llegamos de México. Pensaba en ello de vez en cuando, pero no podía digerir la idea de convertirme en una cazadora, viviendo la vida dedicada a la venganza.
—No creo que pueda vivir de ese modo, Gas.
—¿Entones qué? ¿Simplemente vamos a seguir con esto? ¿Fingiendo que no ha pasado nada? ¿Continuar con la vida normalmente? ¿Qué pasa con la gente que dejaste en La Sombra?Euge,Daki, Rochi... ¿Qué pasa con Mery, Lali?
Con eso, me levanté. Tenía los nudillos blancos por la forma en la que estaba apretando el borde de la mesa.
—No vayas por ahí, Gas. No hay un solo día desde que nos fuimos que no haya pensado en ellas.
—Bueno, quizás es el momento de dejar de pensar en ellas y empezar a hacer algo por ellas. ¿Cómo puedes no ver que es el único modo?
—No puedo aceptar que es el único modo. No quiero pasar el resto de mi vida matando vampiros. Debe haber una forma mejor... una que no involucre tanto derramamiento de sangre...
Sus hombros se tensaron mientras levantaba la cabeza.Sus ojos azules mostraban su decepción conmigo, su desaprobación.
—¿Cómo puedes ser tan ingenua?
Ante su pregunta, una serie de recuerdos empezaron a inundar mi mente. Peter y Candela abrazándose después de pasar siglos separados... Peter tocando fascinantes melodías en su gran piano... Su decisión de permitirnos escapar... Su risa, su abrazo, su paciencia intentando entrenarnos a las chicas para el combate... el deleite en sus ojos cuando le enseñé la Habitación del Sol.... Lo mucho que parecía ansiar la luz.
Tal vez solo me estaba aferrando a la esperanza de que no había nada malo en él. Quería creer que vi bondad en Peter Lanzani, y si el príncipe y salvador de La Sombra aún era capaz de hacer el bien, entonces quizás aún había esperanza...
Para él y para los otros vampiros.
O tal vez Gas tenía razón. ¿Cómo podía ser tan ingenua? 


Bueno y este fue el ultimo capitulo de la maraton:)que os parece la nove??Mañana mas.
Bss  

Capitulo 14


Peter
La Gran Cúpula era un gran salón redondo, situado en el nivel superior de la torre oeste de la Fortaleza Carmesí. Se ganó su nombre debido a la cavernosa estructura de su techo Nunca fue declarada oficialmente como el centro principal de todas nuestras reuniones gubernamentales, judiciales y militares, pero se convirtió en eso precisamente con los años.
La cúpula fue diseñada para mostrar la jerarquía de la Élite de La Sombra.
Al otro lado de las grandes puertas de roble, a la derecha en la parte delantera de la sala, estaba el balcón. Tenía cuatro escaños, en un pedestal un metro por encima del suelo estaba mi padre, el asiento del rey. A su derecha, dos metros por encima estaba mi asiento. A cada lado del mío estaban los asientos de Candela y Benjamin, situados medio metro por encima del suelo.
En el mero centro de la habitación había un escenario circular que servía como “estante” para quien se dirigía al consejo o era puesto bajo juicio.
A cada lado del estante y de frente al balcón estaban veinte asientos que incluían un representante por cada uno de los clanes de vampiros de la Élite. Por encima y alrededor de los asientos del consejo estaban setenta y cinco asientos dispuestos en una configuración de anfiteatro al reservado estilo de la Élite. Rara vez alguien que no era un miembro de la Élite era traído a la Gran Cúpula, a menos que fuera a juicio.
La primera vez que hice una visita a la cúpula, fue fácil ver que rara vez había sido utilizada en los últimos años, lo cual dejaba mucho que decir acerca de cómo se estuvo ejecutando el reino en mi ausencia.
Le encargué a Candela la responsabilidad de la modernización de la cúpula, ya que con todos los cambios que había planeado ejecutar en el reino, íbamos a usar mucho más el lugar. Dado su buen ojo para el diseño y la habilidad para hacer las cosas, le tomó cinco días y medio realizar la tarea.
Era la misma estructura básica, pero traída directo al siglo XXI, con los monitores de pantalla plana y equipo de sonido actualizado. Ella había remodelado completamente la sala, los tronos de aspecto antiguo fueron reemplazados con cómodos sillones que aún parecían elegantes y reales. Posiblemente la mejor alteración a la sala, sin embargo, había reemplazado el techo de staccato con vidrio transparente, de modo que la luna y las estrellas brillaban siempre abajo en el pasillo.
Después de casi "asesinar" a la mayoría de la Élite del consejo, como Cameron tan acertadamente lo había puesto, me encontré cómodamente encaramado en mi sillón reclinable en el balcón, mirando hacia el cielo oscuro. Estaba esperando que el consejo apareciera, así podríamos discutir los resultados del censo.
Stéfano fue puesto a cargo del censo y desde que estaba todavía tratando de recuperarse de la dura prueba física que le hice pasar, solicitó que se pospusiera la reunión durante una hora. La solicitud inicialmente me irritó, pero pensé que se merecía el descanso. Sin saber qué hacer con mi tiempo, sin embargo, y no realmente pasándolo en mi pent-house esquivando las preguntas de las chicas, me decidí a ir a la cúpula por delante de todos los demás.
Solo había estado allí por un par de minutos cuando Candela apareció.
―Peter ―dijo mi nombre rotundamente.
Eso casi siempre se traducía en problemas.
―Has hecho un gran trabajo con este lugar, Candela.
―Sí. Me lo has dicho varias veces. ―Escaló su camino hasta el balcón, justo a mi nivel.
Una mirada a sus ojos fue suficiente para decirme que estábamos en problemas. Podría haber jurado que vi una neblina gris oscuro agitarse a la derecha en el centro de sus pupilas. Profundamente preocupado, me puse de pie y le pasé una mano por encima de su hombro.
―¿Qué pasó? ¿Qué está mal?
Levantó la vista hacia el cielo nocturno. La última vez que vi ese mismo miedo en sus ojos fue hace siglos después de la victoria de la Primera Sangre. Seguí su mirada, esperando ver de qué era de lo que tenía tanto miedo. Todo lo que vi fueron cientos de estrellas iluminando el hermoso cielo nocturno.
Candela pronunció cuatro palabras que inmediatamente desencadenaron una avalancha de inquietantes imágenes al momento en que escaparon de sus labios. Los cien años que llevaron a la creación de La Sombra me revistieron ola tras ola de recuerdos profundamente enterrados: el naufragio, el faro, las cuevas, la Primera Sangre, los esclavos, el muro, las bestias, el levantamiento, la masacre, el hechizo y por último, el santuario. Podía oír los gritos de los muertos gritando
desde los cimientos sobre los que se construyó La Sombra. El ensordecedor sonido fue seguido por la culpa de la que nunca ni en mil vidas podría escapar.
Cambié mi mirada de los vastos cielos de nuevo a las furiosas tormentas detrás de los ojos de torbellino de mi hermana. Fue solo entonces que me di cuenta de que cuando dijo esas cuatro palabras, convocando a los fantasmas de mi pasado para que volvieran y me persiguieran, ya no estaba mirando el cielo.
Estaba mirando directamente hacia mí.
¿Sus palabras?
―La oscuridad se acerca.

Capitulo 13



 Lali
Había sangre cubriendo la Habitación del Sol. Las luces LED imitando los rayos del sol fueron destrozadas. La única fuente de luz era un débil parpadeo de una lámpara fluorescente luchando por mantenerse encendida. Me sujeté contra una de las paredes. No me podía mover. Estaba asustada. No entendía qué estaba pasando.No podía oír nada.Mi sentido del tacto se había ido.Sentí una presencia oscura entrar en la habitación. Una sombra. No podía distinguir quién era. Traté de hablar, pero mi voz salió en un tono áspero e inaudible. La sombra se acercó. Su presencia era tan fuerte, tan poderosa, tan oscura. Se detuvo frente a mí. Sangre comenzó a juntarse en el suelo donde la sombreada figura permanecía. Estaba esperando ver a Benjamin, y me encontré jadeando cuando vi que era Peter. Ojos verdes vacíos de vida. Colmillos revelados. Listo para atacarme. Se apoderó de mí. Sus colmillos estaban a punto de hundirse en mi piel. Luego, nada. Nada más que un gran espacio vacío y una femenina voz susurrando: La oscuridad se acerca.
                                                        ***
Me desperté en la habitación del hotel, sudando, tensa y sin aliento. Estaba aferrándome desesperadamente a las sábanas, temiendo que si las dejaba ir, podría ser absorbida de regreso a la pesadilla. Me estremecí cuando escuché la puerta del baño abrirse. Podía oler la loción de afeitado de Gas mezclada con los aromas de champú y jabón. Me revolví en la cama tratando de sacudir los efectos de la pesadilla sobre mí. Tenía miedo por mí. Tenía miedo por Peter.
—El desayuno está listo en la terraza —llamó Gas. Estaba frotándose el cabello seco, ajeno a mi aún temblorosa forma.
Me arrastré fuera de la cama. No puedo seguir despertándome de esta manera. Podría haberme marchado de La Sombra, pero la isla y todos sus horrores aún estaban conmigo. Recogí mi cabello en un desordenado moño mientras hacía mi camino a la terraza.Necesitaba la luz solar para expulsar las sombras al acecho. El desayuno consistía en cereales, café y ensalada de frutas. Hubiera preferido unas tostadas con mermelada y mantequilla, pero no estaba en un estado de ánimo exigente en particular.
Gas se unió a mi no mucho tiempo después de que tomé asiento.
—Mamá y papá están camino a recogernos. Podríamos terminar quedándonos aquí un par de días más. Aparentemente, hicieron todo un alboroto con la policía cuando desaparecimos... —Se sentó al otro lado de mí, luciendo preocupado. Me encogí.
—Eso me temía. Vamos a tener que hablar con la policía, probablemente incluso con un trabajador social...
—Así que, ¿cuál va a ser nuestra historia? —Se echó hacia atrás en su asiento, rodando una uva al rededor de su plato—. ¿Nos escapamos? ¿Eso es todo?
—Supongo que podríamos solo mantenerlo simple, permaneciendo con la boca cerrada. Nos escapamos. Punto. No hay necesidad de darles todos los detalles.
—A menos que... —Gas comenzó a tamborilear los dedos por encima de la mesa.
—¿Amenos que qué? —Empujé lejos mi tazón. Parecía que ninguno de nosotros tenía mucho apetito esta mañana.
—A menos que simplemente les digamos la verdad. Toda la verdad. —Sabía que era una opción, pero por razones que no podía entender completamente, algo dentro de mí estaba gritando violentamente en contra de eso.
—No podemos hacer eso.
—¿Por qué no?
—¿Qué es lo qué vamos a decirles? ¿Fuimos secuestrados por vampiros y llevados a una isla invisible para ser sus esclavos?... Ni siquiera sabemos dónde está La Sombra. Van a pensar que estamos locos.
—¿Y qué? Conocimos personas allí... Estoy seguro que alguien allá fuera ha reportado sus desapariciones... ¿De qué otra manera sabríamos sobre ellos? —Negué con la cabeza.
—No podemos. Peter confió en nosotros al permitirnos escapar. No podemos traicionar...
—¡Así que es eso entonces! La verdad. No quieres hablar acerca de La Sombra debido a él. ¿Qué es lo que te hizo, Lali? Es como si estuvieras poseída por esta inexplicable urgencia de complacerlo —Las palabras picaban.No podía mirar a Gas a los ojos No sabía por qué.Hubiera deseado saber por qué.
—No es solo Peter. Lo siento, Gas, pero simplemente no puedo... No de esta manera.
Un golpe en la puerta interrumpió nuestra conversación. Podía sentir los ojos de Gas amenazando con quemar agujeros a través de mí, pero finalmente se puso de pie y abrió la puerta. Desde la terraza, podía escuchar a su madre, Silvia, sollozando.
—¿Dónde está Lali, Gas? ¿Está contigo? —La pequeña Abby sonaba cautelosa.
Si su padre, Pedro, estaba allí, ciertamente no estaba hablando demasiado.
Tomó un par de minutos antes de que eventualmente Gas saliera a buscarme.
—La policía está aquí. Quieren hacernos algunas preguntas.
—¿Y cuál será nuestra respuesta?
Apretó los dientes con fuerza antes de responder:
—Nos escapamos.
Pasaron una considerable cantidad de tiempo consiguiendo que habláramos. Continuaban diciéndonos que podíamos contarles la verdad, que no teníamos que tener miedo. Hicieron todo lo posible por conseguir alguna información acerca de dónde estuvimos, cómo nos las arreglamos para mantenernos ocultos, cómo sobrevivimos. Nos mantuvimos fieles a nuestra decisión.Gas ni siquiera insinuó algo sobre La Sombra.Al igual que yo,guardó silencio al respecto y yo estaba agradecida por ello. Sabía que él no podía comprender por qué me negaba a delatar a La Sombra, demonios ni siquiera yo lo entendía, pero me apoyó y me pareció que sacaba el mundo fuera de él.
La policía finalmente se rindió. Escaparse no era un delito penado, y a menos que nos estuvieran acusando de un delito, no teníamos más razones para hablar.
Tomó tres días antes de que todo el papeleo necesario y los informes policiacos estuvieran terminados y nos dejaran limpios a Gas y a mí, para volver a California. Los exámenes físicos provocaron una nueva avalancha de preguntas. No encontraron nada malo conmigo, pero no estaban ocultando las cicatrices del cuerpo de Gas.
Nunca seré capaz de olvidar la mirada en los ojos de Silvia cuando vio las cicatrices. Se sentía como si estuviera siendo desgarrada cuando nos vio a Gas y a mí, los ojos suplicantes, y chilló:
—¿Quién hizo esto? ¿Por qué no nos dicen quién hizo esto?
Fue la primera vez que vi a Pedro tan enojado.
—Lali, ¿dónde estaban? ¿Qué les pasó?
Podía sentir los ojos de Gas en mí, carcomiendo mi conciencia. Incluso entonces, no podía... no podía hablarles sobre La Sombra.
—Lo siento mucho. —Fue todo lo que atiné a decir, la cabeza inclinada abajo y lágrimas fluyendo por mis ojos.
Esperaba que Gas lo dijera todo en ese momento, pero él se mantuvo firme. Pedro y Silvia intentaron sacarnos información. Gritaron, rogaron, amenazaron... Ni Gas ni yo dijimos nada acerca de vampiros.
Finalmente, todo llegó a su fin cuando Gas suspiró con exasperación y dijo:
—¿Podemos por favor, simplemente ir a casa? Estoy exhausto.
Su declaración allanó el camino al silencio, fue el viaje por carretera más tenso que jamás había tenido. Gas durmió durante la mayor parte del viaje. Lo envidiaba, tan duro como he tratado, he sido incapaz de pegar ojo en todo el viaje a casa.
Su casa. No la mía.
                                                         ***
No fue hasta que llegamos a su casa que me las arreglé para apartar a Pedro a un lado y hacerle la pregunta que me había estado molestando desde que los vi.
¿Mi papá sabía que estaba desaparecida ¿Le importó?
La expresión en el rostro de Pedro fue desgarradora.
—Los cheques llegaron a tiempo.
Sabía lo que eso significaba. No importaba si mi padre lo sabía o no. En lo que se refiere a Carlos Esposito , cuando se trataba de su hija, todo era como de costumbre. Su obligación paternal hacia mí aparentemente empezaba y terminaba con los cheques trimestrales que enviaba a los Dalmau.
No sabía por qué estaba sorprendida. Desde el momento en que mi madre se volvió loca y él la envió lejos de casa, se casó con su trabajo como fundador de lo que entonces era una pequeña agencia de seguridad para el hogar que eventualmente se convirtió en un negocio más grande. La verdad sea dicha, las sumas que le enviaba a los Dalmau para cuidar de mi eran en realidad solo retazos considerando lo que valía actualmente.Era repugnante rico y una miserable excusa de padre.
Como si me lanzara un hueso de consolación, Pedro torpemente frotó mi espalda.
—El Carlos que solía conocer te adoraba.
¿Si? preséntamelo cuando encuentres esa versión de él de nuevo. Me limité a sonreírle de regreso. No era justo que descargara mi frustración en él. Desde mi perspectiva, él perdió a su mejor amigo el día que yo perdí a mi padre. Silvia me mantuvo ocupada trabajando con ella en la cocina, preparando la cena por el resto de la noche.La cena fue tensa. Abby era la única que parecía estar en un brillante y burbujeante estado de ánimo. Tratamos de forzarla, pero ninguno de nosotros conseguimos realmente aliviar la sensación de fricción en la atmósfera.
Esa noche, di vueltas en la cama, incapaz de dormir. Mantuve los ojos cerrados. Pensé en escapar de La Sombra muchas veces mientras estaba allí.En el fondo de mi mente,tenía la vaga idea de exponer a La Sombra y liberar a todos sus prisioneros humanos. Eso fue lo que pensé que estaría haciendo ahora, después de salir de la isla.En cambio, regresé a California, cené con los Hudson y hablé, muy incómodamente, acerca de volver a la escuela.
Tuve que esforzarme en no reír cuando Silvia dijo que esperaba que Gas y yo regresáramos a la escuela inmediatamente. Miré a Gas por una reacción, pero permaneció inmóvil. No dijo nada al respecto. Solo se veía aturdido y fuera de su elemento desde que volvimos.
Estaba convencida de qu e iba a pasar el resto de la noche obsesionada con cómo sería vivir con los Hudson los próximos años, cuando oí un golpe. Me senté en la cama y encontré a Gas abriendo mi puerta.
—Oye...
—Yo solo... —Parecía realmente avergonzado de estar ahí—. ¿Te importaría dormir conmigo en mi cama? Preferiría no estar solo...
No necesité más insistencia. Me levanté, agarré mi almohada y una manta y seguí a Gas. Nos colamos por el pasillo hasta llegar a su habitación. Nos acurrucamos el uno contra el otro por debajo de las sábanas, pero no pude alejar el pensamiento de que no me proporcionaba la seguridad y comodidad que tuve con Peter.
Aún así, Gas y yo nos quedamos despiertos a lo largo de la noche, temiendo lo que los sueños y pesadillas seguramente traerían.
—Mamá quiere conducir a la escuela mañana,ver qué es lo que tenemos que hacer para ponernos al día...
—¿Realmente estás dispuesto a seguir adelante con esto de ir a la escuela?
—Creo que se lo debo a mis padres, incluso a mí mismo, supongo,por lo menos intentarlo. Además, ¿Qué más vamos a hacer?
Era otra pequeña muestra del Gas que solía conocer, el Gas que amaba a sus padres y amaba ser el popular chico caliente de la escuela. Fue el tener la oportunidad de ver ese lado de él otra vez, la única razón por la que dije:
—Escuela entonces.
Hubo una larga pausa, con nosotros dos reflexionando nuestros propios pensamientos confusos.
Finalmente rompí el silencio.
—¿Gas?
—¿Si?
—Gracias.
No preguntó por qué. Él lo sabía.
—Ellos te hicieron algo en La Sombra, Lali. No sé qué, pero espero que con el tiempo se rompa cualquier cosa que hicieran y finalmente veas el sentido. Esperaré hasta la graduación. Después de eso, voy a tomar venganza contra la isla, y voy a hacerlo estés conmigo o no. —No sabía cómo pensaba hacerlo, pero sabía que quería decir cada palabra. La frialdad en su voz me aterrorizaba, pero no tanto como el hecho de que de repente sentí un impulso casi animal de proteger a La Sombra, sin importar qué.
No tenía sentido para mí en absoluto, pero tal vez Gas tenía razón. Deben haberme hecho algo en La Sombra, porque no importa qué tan lejos de la isla estaba, seguía siendo su cautiva, y se sentía como si no hubiera nada que pudiera hacer al respecto.
La Sombra se convirtió en una parte de mí y destruirla se sentía equivalente a destruirme a mí misma.

Capitulo 12


Peter
Escupí en el suelo sucio y le di una mirada de disgusto a mi oponente. Frente a mí en el círculo que servía como arena de entrenamiento de lucha estaba Mariano Torre tratando de recuperar el aliento, su mano derecha colgaba lánguidamente a su lado con su mano agarrando la empuñadura de la katana como si su vida dependiera de eso, estaba agotado, sangriento y magullado.
No podía soportar la vista de él. Antes de mi sueño, me hubiera vencido en la lucha con cualquier espada, nueve de cada diez veces. Después de cuatro siglos, me tomó media docenas de golpes míos, acabarlo.
—Solo hemos estado en esto durante unos diez minutos Torre. —Vi como la herida fresca que la punta de mi katana le había infringido recientemente se cerraba y sanaba rápidamente.
—No he hecho esto en siglos Lanzani. —Mariano nunca se había dirigido a mí como su príncipe o superior. Era una cosa que me gustaba de él—. Estoy un poco oxidado.
Eché mi cabeza hacia atrás y lo escruté.
—¿Un poco? ¿Es una broma? ¿Dónde está el guerrero que una vez conocí? Si hubieras luchado así durante la batalla de la Primera Sangre, estaríamos todos muertos ahora. Un toque de diversión apareció en las esquinas de sus cansados y acerados ojos grises. El pareció ganar de pronto un poco más de fuerza, porque levantó su katana y se lanzó hacia adelante para atacarme.
Tomó alrededor de un minuto para que me rozara una fea herida en la espalda y lo dejara tirado boca abajo. Me molesto ver que la herida le cicatrizaba. La sangre que se derramó de su espalda ensució el suelo, mezclándose con la de los otros que lucharon antes que él.
¿Que han estado haciendo durante los últimos cuatrocientos años? Mi despiadada mirada siguió a Mariano mientras se arrastraba fuera de la arena.
—Parece que tenemos un montón de trabajo que hacer. ¿Quién sigue?
Stéfano de Gregorio entró en la arena, luciendo más como un bibliotecario que un guerrero. Sinceramente sentí pena por una de las mentes estratégicas más valiosas de nuestra Élite, porque cuando Stéfano se acercó a mí, estaba claro para cualquier persona que mirara que estaba temblando como una hoja, mortificado por la idea del combate cuerpo a cuerpo conmigo.
Flexioné los músculos de mi cuello antes de acercarme a él. Ese movimiento lo hizo estremecer visiblemente. Eso fue suficiente para tragarme cualquier culpa que sintiera por lo que estaba a punto de darle. Levantando mi arma, le asesté el primer golpe.
Aunque me gustara o no, como gobernante en La Sombra, necesitaba recordarle a mis súbditos como se sentía el dolor. Ellos necesitaban recordar lo que era el año de 1512. La batalla siempre sería recordada en nuestro corazones y mentes como la batalla de la Primera Sangre.Fue la primera batalla era luchar por sus vidas y sangrar por una causa.
                                                              ***
Era el año de 1512. La batalla siempre sería recordada en nuestros corazones y mentes como la batalla de la Primera Sangre. Fue la primera batalla que hubiera tenido lugar en la isla, la batalla que marcó el día que decidimos dejar de correr. Todos estuvimos de acuerdo en que ya era hora de luchar o morir haciéndolo.
Éramos un montón bastante triste, acurrucados dentro de las cuevas que con el tiempo se convertirían en las Alturas Negras, hogar de los prisioneros y esclavos de La Sombra.
Habían pasado dos años desde que me encontré como un náufrago en la isla, pensando que había perdido a todos mis seres queridos por otro ataque de un cazador cruel y sanguinario. La única compañía que tuve durante mi primer año abandonado en la isla fue una belleza de cabello castaño, ojos marrones y piel aceitunada. Se llamaba Gimena y ella era la única razón por la que mantenía mi
cordura y la vida después de que pensé que había perdido todo por lo que valía la pena luchar. No tenía idea entonces de quien y que era, o lo valioso que sería eventualmente en nuestra causa.
Dos años después del naufragio, sentado en esa cueva,me di cuenta que teníamos aún mucho por lo que luchar. Estaba sentado sobre el suelo, apoyado contra la pared de la cueva, con Gimena sentada junto a mí a mi derecha.
Mi padre, Gregor, se sentó al frente de nosotros. Una enorme mueca en su rostro mostró lo hambriento que estaba.Su apetito se vio confirmado por la mirada hambrienta que estaba enviando a Gimena.
Gimena era el único humano en una cueva llena de vampiros hambrientos. Nada de eso la desconcertaba. Ante el aspecto depredador de mi padre, ella solo sonrió en respuesta. Admiraba la forma en que era prácticamente imposible de intimidarla
Liana D´alessandro estaba sentada cerca de la entrada de la cueva. Puso sus rodillas en su pecho, temblando por el frio. Ella se quedó mirando hacia la entrada de la cueva, con la preocupación evidente en sus ojos debido a que Victorio no había llegado todavía. Había dejado la cueva junto con Benjamin y Mariano explorando la ubicación de los cazadores.
Junto a Liana estaba sentada Candela, luciendo desconcertadamente serena,su cabeza descansaba sobre el hombro de Liana.En las profundidades de sus ojos azul-violeta estaban los misterios de los no podíamos preguntar, porque ni siquiera podía recordar la última vez que había oído hablar a mi gemela.
A metro o metro y medio de distancia de las mujeres, Stéfano estaba dibujando una especie de mapa en el suelo con un palo. Estaba tan envuelto en el esquema que estaba inventando que apenas se dio cuentas de lo mal humorado que su hermano pequeño, Yuri, lució cuando Claudia comenzó a charlar y hacer gestos sugerentes hacia él. Yuri finalmente se dio cuenta de ella y de la mirada en el rostro de Claudia, al parecer, dijo algo cortante, ya que era la primera vez que podía recordar haber visto una mirada asesina en su linda cara. Fue la primera de muchas que vería.
Ellos comprendían solo algunos de los veinte clanes de vampiros ocultos conmigo en las cuevas de las montañas. La mayoría estaban aterrorizados por lo que el amanecer podría hacer. Habíamos perdido la esperanza. La mayoría de ellos apenas llegaron a la isla, con los cazadores en su incesante búsqueda de ellos. Nos las arreglamos para crear una distracción para darnos tiempo a escondernos en las cuevas, pero el sol estaba a punto de levantarse y parecía que los cazadores no estaban dispuestos a renunciar a su persecución hasta que cada uno de nosotros fuera destruido.
En casos como estos parecía que el sol era nuestro mayor adversario. ¿Cómo podíamos luchar y defendernos cuando teníamos que mantenernos ocultos en la oscuridad de las cuevas solo para que el sol no nos destruyera primero?
El viento aullaba fuera de la cueva, pero entonces llegó el sonido característico de unos pasos que se acercaban. Me puse de pie, mi mano agarrando la empuñadura de mi espada. Hice una breve inhalación cuando Victorio, Benjamin y Mariano aparecieron desde el claro. Las expresiones de sus caras me dijeron que no tenía ninguna razón para sentirme aliviado.
Se acercan mientras hablamos —dijo Victorio.
Tragué saliva sabiendo que era imposible escapar.
¿Cuantos?
Intercambiaron miradas de preocupación.
Entre cuatrocientos y quinientos —estimó Mariano—. Tal vez seiscientos.
¿Cuántos de nosotros hay? —le pregunté directamente a Stéfano. Ni siquiera me miró a la cara.
Setenta y seis, setenta y siete, si la incluimos a ella. —Se estaba refiriendo a Gimena.
Me paré en toda mi altura, reuniendo todo el Gimenaje que tenía para seguir adelante con lo que tenía en mente.
¿Cuántos de nosotros podemos luchar?
¡No puedes considerar esto en serio! —Benjamin dio un paso adelante—. Ellos nos superan en número por lo menos cinco a uno. No tenemos más remedio que huir.
¿Huir? ¿Huir a dónde? —Me dirigí hacia él—. Para que no se te olvide, estamos en una isla. Si queremos llegar al barco que trajeron aquí tenemos que caminar justos entre los cazadores
La mayoría de nosotros no estamos entrenados para pelear —siguió oponiéndose Benjamin.
Puede ser que simplemente nos quemen —habló Yuri.
Eso es exactamente lo que van a hacer si nos sentamos aquí y esperamos por ellos.
¿Qué estás diciendo chico? —preguntó Victorio.
No sé ustedes pero yo no puedo huir más. Digo que luchemos por esta isla. Hagamos un refugio de ella.
Los otros vampiros empezaron a apiñarse alrededor de nosotros, escuchando curiosos acerca de lo que estaba desarrollándose.
¿Cómo propones que hagamos esto hermano? —escupió prácticamente Benjamin.
Vamos a hacer un ejemplo de estos cazadores. Vamos a enviar un
mensaje claro. Cualquier humano que entre en esta isla nunca podrá salir de nuevo.
En el momento que dije esas palabras inmediatamente me di cuenta de la conmoción en los ojos de Gimena. Traté de no preocuparme por ella. La decisión tenía que ser hecha y era claro que yo era el único que la haría. No había vuelta atrás para mí—. Tenemos que luchar.
¿Y si no tenemos éxito? —Esta vez fue mi padre el que habló mientras se ponía de pie—. ¿Y si el sol sale mientras luchamos? Sera el fin de todos nosotros.
Me encogí de hombros.
Prefiero morir luchando que huyendo.
Y así sucedió en el momento más oscuro de la noche, tomamos la ofensiva y corrimos directo hacia los cazadores. Su sorpresa resultó funcionar a nuestro favor, pero sabía que no había manera de que termináramos la batalla antes de que el sol se levantara finalmente y nos derrotara. Sin embargo, a medida que luchábamos por nuestras vidas contra algunos de los mejores y más temibles cazadores que su orden había enviado, nos dimos cuenta de que el miedo a la luz del sol resultó ser infundado. Luchamos por horas, durante el tiempo que tomó destruir a cada uno de los cazadores que se atrevieron a invadirnos, pero el amanecer nunca llegó.
Después de la batalla de la Primera Sangre, la isla llegó a estar permanentemente envuelta por la oscuridad. La luna se convirtió en nuestro sol. Sería años más tarde que nos diéramos cuenta del por qué. Como la mano de Gimena jugó en todo eso. Incluso después de que me enteré que estaba detrás de todo, no podía entender por qué decidió salvar nuestras vidas a pesar de que significaba perder las vidas de cientos de cazadores.
Los otros elogiaron el extraño suceso como un milagro. Ellos creían que la isla era realmente nuestro santuario, y me fStéfanocitaron por descubrirlo y liderarlos para luchar por ello.
Yo no lo vi de la misma manera que ellos. Lo vi como un presagio oscuro. Nunca nos olvidaré a Candela y a mí mirando el cielo estrellado hasta bien entrada la noche, mientras los demás dormían como bebés. Parecía que solo mi hermana gemela y yo estábamos de acuerdo en lo que realmente ocurrió. El miedo en sus ojos violetas era inconfundible. Después de años de silencio, ella miró al cielo de la noche, me agarró de la mano y dijo
La oscuridad se acerca.
No le pregunté que quería decir. Para mí ella significaba la oscuridad que se hizo cargo de La Sombra, significando que la oscuridad se hizo cargo de cada uno de nosotros durante esta batalla, porque para muchos de nosotros, era la primera vez que tomábamos intencionalmente la vida de un humano. Fue la noche que extrajimos nuestra primera sangre.
                                                        ***
Para el momento que estuve demasiado cansado para luchar, el suelo de la arena estaba rojo sangre, un claro recordatorio de la batalla que habíamos peleado hace cuatrocientos años. De todos los guerreros que estaban dentro de ese círculo ninguno fue capaz de pegarme, y mucho menos herirme. Eran los mismos hombres y mujeres que extrajeron sangre conmigo por primera vez, solo que esta vez eran más débiles, más orgullosos y menos resistentes. En la batalla, apenas los reconocería.
Tiré mi arma al suelo y comencé a alejarme del campo de entrenamiento, solo para encontrar a Victorio acercarse.
—¿Listo para una pelea, D´alessandro?
—Hoy no príncipe. —Negó con la cabeza, y una divertida sonrisa se formó en su cara—. Vine para preguntarte si todavía querías esa reunión con el consejo en la Gran Cúpula.
—Por supuesto.—Me encogí de hombros-.¿Por qué no habría de querer hacerlo?
Respondió con una mirada que claramente explicaba todo,tú deberías responder a eso. Arrastré mis pies y le di una mirada confusa e impaciente. Se rió entre dientes, señalando a los oponentes con los que acababa de luchar.
—Si no fuéramos vampiros, habrías asesinado a más de dos tercios del consejo de Élite. —Sonrió antes de agregar—: ...Su Majestad
Luché contra el impulso de reír.El consejo de Élite ahora consistía en un montón bastante patético. Solo rodé mis ojos y me fui por un cambio rápido antes de dirigirme a la cúpula con Victorio.
—¿Qué sabemos acerca de Ingrid Martinez? —le pregunté. Por razones que no podía entender por completo, algo sobre la idea de Pablo teniendo una chica nueva no me cayó bien. Estuvo detrás de Candela por demasiado tiempo, empeñado en conseguir “lo que le pertenecía”. No podía creer que simplemente acabara de dejar su pasado atrás y reemplazado a Candela por otra persona, a menos que por supuesto hubiera más sobre Ingrid Martinez de lo que sabíamos.
Victorio se encogió de hombros.
—No estoy seguro incluso de que se le haya permitido salir del Oasis desde que Pablo la cambió. Ella es su secreto mejor guardado.
—¿Alguna idea de por qué la mantiene en secreto?
—Solo rumores. Algunos dicen que Ingrid es para El Oasis, lo que Candela es para La Sombra.
—Es una vidente.
—Tal vez... ¿Por qué más Pablo estaría tan obsesionado con ella? Los dos sabemos lo enfermo que está ese hombre, si incluso lo pudiéramos llamar así. No cambiaría a un humano como Ingrid y la haría parte de su clan a menos que haya algo especial en ella.
No podía dejar de fruncir el ceño ante la información, preguntándome a mí mismo por qué me molestaba tanto. Pablo ya no estaba tras mi hermana. Debería estar fStéfanoz. Aunque pensar en Ingrid me hizo sentirme nervioso. Algo no estaba bien. Tenía asuntos más urgentes de que ocuparme, por el momento, pero sabía que algún día tendría que encontrarme cara a cara con Pablo Martinez de nuevo y finalmente poner mis ojos sobre esa misteriosa mujer suya.
Una extraña sensación de premonición me dijo que iba a lamentar ese día.

Capitulo 11


Benjamin
Sin aliento, Paula y yo rodamos a nuestro lado en su enorme cama de dosel. Saqué mi mano de debajo de su desnuda forma, para sentarme en el borde de la cama y alcanzar la mesa donde había dejado un paquete de cigarros.Me levanté, apoyándome contra la cabecera de la cama antes de encender un cigarro.
Podía sentir los ojos de Paula en mí. Ella era la chica a la que recurría cuando necesitaba un revolcón rápido en la cama. Servía bien para su propósito. Por supuesto, todo el tiempo que estuvimos follando, no era Paula la que estaba en mi mente. Era Lali.
La esclava de mi hermano se las había arreglado para grabarse de forma permanente en mi subconsciente desde el momento en que puse mis ojos en ella y me encontré deseándola, solo para darme cuenta que nunca podría ser mía. Cuando finalmente conseguí probar su sangre, fui una causa perdida. No podía sacármela de la cabeza. Esa frágil ramita.
—Dicen que Peter ha sacado a Cameron en una caza a gran escala. Te están cazando mientras hablamos. —Paula de seiscientos años rodó su cuerpo de diecisiete sobre la cama por lo que estaba tumbada sobre su estómago. Agarró el cigarro que yo acababa de encender antes de que pudiera empezar a fumarlo y le dio una buena y larga calada.
Le miré, notando la diversión en sus ojos.
—Estás disfrutando con esto, ¿no?
Ella rio.
—Sabes que lo hago. ¿Puedes culparme? Tú cazando la preciada y pequeña mascota de Peter... Peter cazándote a ti... Tú, príncipe de la Sombra, su mismísima Alteza Real, escondiéndote conmigo, preparado para mi cama cuando quiera. —Me miró con intención antes de decir con habilidad—: Cómo han caído los valientes.
Le fruncí el ceño, pero no era como si estuviera en posición de discutir sus ilusiones.
Tanto si me gustaba como si no, estaba a su merced. Odiaba deberle algo a Paula, pero ella era la única persona en la Élite cuya depravación y egoísmo podían igualar, tal vez exceder, los míos. Nos habíamos cubierto mutuamente durante siglos simplemente porque nos permitíamos complacer nuestros lados oscuros. Infiernos, ni siquiera estaba seguro de si Paula tenía un lado que no
estuviera hecho de pura maldad. De lo que estaba seguro era que no me traicionaría entregándome a Peter.
Encendí otro cigarro y lo presioné contra mis labios.
—¿De verdad crees que Peter podría matarte? —preguntó Paula.
—Lo iba a hacer. Pude verlo en sus ojos. La chica humana le detuvo.
—Oh, eso es rico. Ella te salvó. Ahora, le debes tu vida.
—No le debo nada. —Eché humo, molesto por a dónde estaba yendo la conversación. Fui yo quien encontró a Lali. Se suponía que tenía que ser mía. Tenía el derecho de hacer con ella lo que me placiera.
—Si tú lo dices... Sea como fuere, no puedes seguir escondiéndote aquí para siempre. ¿Qué piensas hacer ahora que te están cazando?
—No lo sé. —Siempre podrías escapar...
—¿Ah sí? ¿E ir a dónde? —Le di otra calada al cigarro. Paula ya había tirado el suyo.
—Bueno, solo hay otro clan que lo tiene tan bien como nosotros.
Me burlé de la implicación.
—De ninguna forma.
—¿A dónde más vas a ir? El Oasis es la única opción lógica.
Entretuve un momento la idea en mi mente. Encontré la perspectiva atractiva por dos razones: ver el legendario Oasis, y finalmente conocer a la mujer que era la mano derecha de Borys, Ingrid. Se rumoreaba que ella poseía una belleza sin igual.
—Aunque a la perspectiva de finalmente poner mis ojos sobre la misteriosa mascota que Borys acaba de añadir a su clan no le falta su encanto, debes haberte olvidado de quién soy, Paula. Soy Benjamin Lanzani. Lanzani. Los Martinez tendrán mi cabeza en el momento en que mis pies toquen el Cairo.
Paula se encogió de hombros.
—Bueno, realmente no es mi problema, ¿no? Todo lo que sé es que tienes que salir de aquí tan pronto como sea posible, porque si se enteran que estoy ayudando y encubriendo a un criminal, estoy segura de que Peter no dudará en arrancarme el corazón.
Le di una mirada cautelosa. Paula... una amiga tan simpática. Tiré mi cigarro a un cenicero cercano y me volví hacia ella. La empujé hacia atrás por lo que estuvo tumbada en la cama.
—A veces, me pregunto dónde está tu lealtad, Paula.
—Eso es fácil. —Sonrió—. Soy leal a mí misma.
—Por supuesto que lo eres. —Puse los ojos en blanco—. Estaré fuera de aquí en poco tiempo, Paula, pero por ahora. —La besé profundamente. Sabía a sangre y nicotina. Me distraje con los placeres que ella me daba una vez más. Sabía que todavía tenía un par de días. El peligro real era cuando la impetuosa y loca vampira morena que estaba debajo de mí se aburriera. Hasta entonces, me mantendría a salvo. Hasta entonces, escapar podía esperar.