Peter
Me senté en un silencio aturdidor mientras Stéfano de
Gregorio
empezaba a informar los resultados del censo a todos los
que
estaban en la cúpula. Aparte del hecho de que el censo me dio
una imagen asombrosamente clara del estado del reino, permanecía en
silencio
porque encontraba la presencia de Candela y la ausencia de
Benjamin incomodas. Las
palabras de Candela seguían sonando en mis
oídos y Benjamin siempre era el
constante recordatorio de como
perdí a Lali.
Stéfanoempezó con el número de la Élite.
—Ahora tenemos ciento diez. —Luego empezó con una
lista del desglose
de cada uno de los clanes y a dónde pertenecían
cada uno de los ciento diez.
Cada clan no se constituía
necesariamente por relaciones de sangre.
Nuevos miembros eran añadidos al clan cuando un nuevo
vampiro era “engendrado” por uno de los vampiros del clan.
Cuando me fui a dormir, solo sesenta y cinco vampiros,
incluyéndome,
componían la Élite. El número que había mencionado
Stéfanosignificaba que al pasar
de los siglos cuarenta y cinco
humanos habían sido convertidos a vampiros. En lo
que a mi
respectaba, era un gran número. El clan más grande era el de
Torre,
con Mariano como jefe del clan y su representante en el
consejo. En su clan eran
quince. Por otro lado el clan más pequeño
era el de Claudia. Su clan solo tenía un
miembro... ella misma.
Después de su informe sobre la Élite,Stéfano continuó
hablando de los
Inquilinos. Los Inquilinos eran clanes de vampiros
que no pertenecían a los veinte
clanes originales. Estaban
compuestos por aquellos que juraron lealtad a La Sombra
a cambio de
la seguridad de ser ciudadanos en la isla. El número que lanzó
Stéfanohizo
que mi mente reaccionara.
—Mil trescientos veintiséis.
—¡¿Qué?! —exclamé sin poder contenerme—. Ni
siquiera teníamos
trescientos cuando me fui a dormir.
—Eso fue hace cuatro siglos,Peter —me recordó
Candela.—Muchos
han buscado refugio en La Sombra desde entonces.
Y con eso, mantuve la boca cerrada, pero una pregunta
continuaba
rondando mi mente mientras Stéfanoprocedía con su
informe. ¿Cuánta sangre humana
debía ser derramada para mantener
a todos estos vampiros?
—Entre la Élite, veinticinco son Caballeros —continuó
Eli, refiriéndose a
los guerreros que pertenecían a la Élite—,
mientras que entre los Inquilinos
tenemos trescientos quince
guardias y cincuenta exploradores.—Los guardias eran
los guerreros
que pertenecían a los Inquilinos, mientras que los exploradores
eran
en su mayoría vampiros que estaban autorizados a dejar la
isla, especialmente para
traer materiales del exterior o para tomar
humanos esclavos. Los exploradores solo
tenían permitido salir de
la isla bajo la supervisión de al menos un caballero.
—Con eso termina mi informe. —Stéfanome dio un
asentimiento indicándome
que había acabado.
—¿Termina? ¿Y qué pasa con los esclavos? ¿Cuántos
humanos están
viviendo en la isla?
Se miró los pies incómodamente.
—No creí que debiese incluirlos en el censo.
—¿Por qué no? ¿No están bajo la jurisdicción del
reino?
El silencio habló por sí mismo. Después de todo,
¿para qué queríamos
mantener un seguimiento de la población
humana cuando cientos de ellos se
perdían y se reemplazaban
constantemente?
Era algo frio para decirlo, pero Mariano lo dijo mejor
cuando se reclinó sobre
su silla del consejo y nostálgicamente se
encogió de hombros.
—Mantener un registro de los humanos es equivalente a
mantener un
registro del consumo de comida en La Sombra.
Era un retrato impactante de como de depravados nos
habíamos vuelto con
los años. Muchos de nosotros hacía mucho
tiempo que veíamos a los humanos
como ganado. La culpa me golpeó
en la boca del estómago, porque sabía muy bien
la mano que había
jugado en la cultura con la que se creó La Sombra. Por lo tanto,
a
pesar de que odiaba forzar al consejo, o incluso a mí mismo, a
entrar en el meollo
de esta pesadilla logística, tampoco podía
ignorar el problema.
—Quiero un recuento completo de la población humana
que vive en La
Sombra, empezando por los que residen en las Alturas
Negras, hasta los esclavos
que viven con los vampiros.—Otro
invento de nuestro pasado comenzaba a
cazarme. —No podemos
permitirnos otro levantamiento.
—Creo que alguien podría ayudarnos —habló
Candela.
Me quedé mirándola, esperando que fuese más lejos.
Parecía dudar, pero
finalmente dijo a quien se refería.
—Emilia.
Estaba sorprendido, pero si había algo que los vampiros
tenían en
abundancia, era tiempo.
—Haz que la traigan aquí, entonces.
En cuestión de minutos, uno de los guardias fue enviado
al Santuario para
que escoltara a la bruja negra hasta la cúpula.
Cuando Emilia llegó, me moví
incomodo en mi asiento. Su misterioso
parecido con su antecesora, Gimena, siempre
se las arreglaba para
sacarme la respiración.
—¿Qué quieres? —demandó, dejando claro que había
sido traída aquí
contra su voluntad.
—Candela dice que serás capaz de ayudarnos en un
dilema que tenemos
respecto a cuantos humanos están viviendo
actualmente en La Sombra.
Elevó la frente.
—¿Quieres saberlo porque...?
—Es hora de que averigüemos el estado exacto de la
isla y sus habitantes,
¿no crees?
Esto pareció tomar a la bruja por sorpresa. Me estudió
como si tratara de
averiguar si tenía alguna clase de ángulo, pero
eventualmente tomó su asiento en
el estrado, se enderezó en toda
su altura y comenzó a tratar el tema en cuestión.
—Los números cambian constantemente, como es de
esperar... —Nos
miró como si nos acusara a cada uno de nosotros
por crímenes de los que sabíamos
éramos culpables—. De todos
modos, el número de los Naturales no cambia
mucho. Son los
Migrantes los que van y vienen dependiendo de los caprichos de
su
naturaleza vampírica.
—¿Naturales? ¿Migrantes? —Por la mirada en las
caras del consejo, parecía
que ninguno de ellos tenía ni idea de
lo que estaba diciendo Emilia.
—Por supuesto. —Emilia puso los ojos en blanco—.
Ustedes los vampiros
no prestan atención a la situación de los
humanos que son traídos aquí, mientras
se mantengan a raya.
Nosotros, los humanos, incluyéndome, nos hemos clasificado
de
acuerdo a los que nacieron en esta isla, los Naturales, y aquellos
que son traídos
del exterior, los Migrantes.
Empezando a impacientarme, me enderecé y me incliné
hacia adelante
para enfatizar lo que quería saber.
—¿Cuántos hay aquí, Emilia?
—Según nuestra última cifra, la isla tiene siete mil
quinientos treinta y dos
Naturales, todos en las Alturas Negras, y
dos mil trescientos veintinueve Migrantes,
que residen con sus amos
vampiros. Por su puesto, eso número es el más variable.
¿Quién
sabe cuántos de ellos han muerto desde nuestro último recuento?
Los números de Emilia me dejaron impactado mientras las
preguntas
flotaban en mi cabeza.¿Cómo estamos sustentando todas
esas vidas humanas? ¿Qué
hacen aquí en la isla? ¿Cómo creció
tanto su población? ¿Qué pasa con los muertos?
Encontré la cifra
absolutamente asombrosa e inaceptable.
Luego la realidad me golpeó con fuerza. Nos superan en
número, al menos
cinco a uno. Si alguna vez descubren su fuerza,
estamos acabados . Me quedé
mirando a la bruja, de cuya lealtad no
estaba seguro. Todo lo que tenían que hacer
era tener a Emilia de
su lado para que La Sombra llegase a su final.