Peter
No deberías
haberla dejado ir.
Intenté todo para silenciar las palabras de mi
hermana y evitar que circularan constantemente
por mi mente, pero
era imposible. Me acorralaban
y recordaban la verdad que ya sentía
tan
inmensamente. Lali ya no estaba alrededor, y sin importar de
quien me rodeara o en qué actividad
tratara de sumergirme, aún podía sentir su ausencia con cada fibra
de mi ser.
Por supuesto, había
vivido lo suficiente para enmascarar lo que me pasaba,
mientras
continuaba mi estricto calendario de reuniones con los vampiros a los
que
necesitaba informar mis órdenes. Para el final del día la
noticia ya se sabía en toda
la isla: El príncipe está
despierto. Acabó de descansar y se pondrá directo en el
maldito
asunto de mantener segura La Sombra.
Odiaba admitirlo,
pero Vivienne tenía razón. Era todo una farsa, un show
que tenía
que montar para distraerme del vacío que se formó con la partida
de
Lali.
Después de que
acabé la última reunión del día, lleve a Victorio a un lado.
―¿Puedo confiar
en ti, no?
Él asintió.
―Sabes que
puedes.
―Quiero que
encuentres a mi hermano mayor. Tuvimos un problema...
―Casi
mató a Lali―. Fue una pelea bastante grande y está
asustado de mí ahora.
Sabes lo cobarde que puede ser Benjamin.
Una sonrisa se
formó en la cara de Victorio. Era sabido por algunos que
Benjamin
no era el tipo de guerrero con el que nos gustaría terminar en el
campo de
batalla. Se aseguraría de arrojarnos a los brazos de
enemigo si significara que podía
salvar su vida.
―¿Qué quieres
que haga, Peter? ―preguntó Victorio con su típico
acento
escocés.
―Debes
encontrarlo. Se está ocultando en alguna parte de la isla, o quizás
incluso está fuera con algunos exploradores buscando nuevos esclavos
para
explotar. No lo sé... Solo necesito saber dónde está.
―¿Qué quieres
que haga una vez que lo encuentre?
Dudé, pero asentí
cuando me di cuenta de qué se necesitaba.
―Enciérralo. En
las Celdas. ―No puedo arriesgarme a que vaya tras
ella―.
Luego repórtate de vuelta conmigo de inmediato.
―Al rey no le
gustará eso. Tampoco a tu hermana.
―Candela
entenderá. Siempre ha estado de mi lado. Mientras que mi
padre, me
ocuparé de él cuando llegue. Es de suma importancia ahora saber
dónde
está Benjamin en todo momento.
Victorio asintió.
―Estaré
observándolo.
Satisfecho de que
la búsqueda de mi hermano quedara en manos capaces,
eventualmente me
retraje a mi pent-house, listo para un merecido descanso. En el
momento en que entré en mi casa, sin embargo, me di cuenta de que
mi día estaba
lejos de terminar. Euge, Daki y Rochi, las otras tres
chicas que junto a Lali
completaban mi harem, me estaban esperando.
Harem.
Sonreí ante la palabra. Qué
tonta connotación. Era otra de esas
innovaciones que La
Sombra había inventado durante mi sueño de cuatrocientos
años.
Mantener una casa llena de jóvenes, hermosas e inocentes esclavas
humanas
era una libidinosa y sin sentido indulgencia que la Elite y
otros Inquilinos,
ciudadanos vampiros naturalizados de La Sombra,
disfrutaban. Desde el momento
que me presentaron la idea, nunca fui
un gran fanático, pero era la indulgencia que
me trajo a Lali.
Miré a las tres
adorables adolescentes, paradas en el medio del recibidor,
esperando
mi llegada. Mirarlas solo me recordaba a Lali. Demonios, todo en
este
lugar me recuerda a Lali ahora.
―¿Dónde está
Lali? ―Fue la rubia, Euge, quien habló. De las tres,
siempre había
sido la más valiente.
Parte de mí solo
quería pasarlas e ir directo a mi habitación. Algo me dijo
que
simplemente me seguirían, así que me senté en uno de los sillones
en la sala
de estar.
―No sé
exactamente donde está, pero definitivamente aquí no.―Hice un
gesto para que se sentaran frente a mí. Las chicas intercambiaron
miradas mientras
se sentaban juntas en el sillón más grande.
―¿Escapó?
―preguntó Euge.
―Sí ―asentí―.
Ella y ese novio suyo... Gas.
―Gas no es su
novio ―dijo Rochi, la pequeña bonita con el ondulado y
corto
cabello rubio. Era la que siempre parecía que moriría de miedo si
yo estaba
cerca. Aún se veía así, así que debía felicitarla por
animarse a hablar frente a mí
por lo que parecía la primera vez.
Exhalé, molesto
por su aclaración, antes de desinteresadamente mover mi
mano.
―Realmente no me
interesa.
Una mentira.
Yo lo sabía. Ellas lo sabían.
Daki, la morena
deportista, de cara atrevida, me resopló.
―Oh, claro. No te
interesa ella. Mira... Conocemos a Lali. Nunca se iría
sin
nosotras. No nos traicionaría así.
―Pero lo hizo,
¿no? Ya no está aquí.
―¿Qué le
hiciste? ―preguntó Euge, su voz mezclada con acusación y
miedo.
―La ayudé a
escapar. ―Sonreí incluso mientras la miraba por atreverse a
cuestionarme de ese modo―. Mira, si hay algún consuelo, me rogó
que las dejara
ir. No quería oír eso. No podría arriesgar La
Sombra por simplemente dejarlas ir.
―¿Pero confías
en Gas lo suficiente para dejarlo ir? ―La voz de Daki
traicionó
su frustración.
Me estaba agotando
hablar con ellas. Era Peter Novak. No tenía que
responderles a tres
esclavas adolescentes, y aun así me encontré sentado
aquí,
explicándome ante ellas.
―No tenía
alternativa. Lali no se iría sin él.
―Pero se fue sin
nosotras... ―dijo Rochi.
―Esta
conversación gira en círculos. ―Giré mis ojos y me levanté.
―¿Qué planeas
hacer con nosotras ahora? ―La cara de Euge estaba
pálida con
aprehensión.
Me senté de nuevo
de inmediato y las miré a las tres. Podía hacer lo que
quisiera
con ellas... usarlas, romperlas, acostarme con ellas. Nadie pensaría
mal de
mí. Nadie excepto Lali.
―Realmente no me
importa que les suceda a ninguna de ustedes. Ahora,
todo lo que
necesito es que se aseguren que nadie se entere de que Gas y Lali se
han ido. Nadie. Ya les advertí a Nico y Agus que ellos tampoco deben
decir nada de
esto. Para cualquiera de La Sombra, aún están
encerrados en esta casa, o muertos.
Para ustedes tres, no lo sé. La
única razón por la que me importan en primer lugar
es porque le
importaban a ella.
―¿Qué te hace
pensar que ya no le importamos?
―¿Qué parte no
entiendes, Euge?―le escupí, sintiendo la ira que sin
duda se veía
en mi rostro―. ¡Ella ya no está aquí! No es como si en algún
momento
volverá a ver lo que decidí hacerles a ustedes. Podría
cargarlas sobre mi hombro,
llevarlas a mi alcoba y hacer las más
horrendas cosas con ustedes. Ella nunca lo
sabría.
Era obvio que la
amenaza las sorprendió porque un silencio frío siguió.
Fue Rochi quien
rompió el silencio.
―Pero no harás
eso, porque aún te importa lo que pensaría Lali.
―Quizás, ¿y
qué?
Euge sonrió. Se
inclinó en su asiento, sacudiendo su cabeza mientras
enfocaba sus
ojos almendrados en mí.
―Es gracioso.
―¿Sí? ¿Qué lo
es?
―Pasaste tanto
tiempo con ella, prácticamente le demandaste que te diera
su
tiempo, y aún no pareces tener la menor idea de la clase de chica
que es Lali.
Me enderecé en mi
asiento.
―¿De qué estás
hablando?
―Con personas que
realmente le importan aún aquí, nosotras... tú..., la
conocemos lo suficiente como para decir que ella querrá volver.
―Euge se puso
de pie y me miró―. Sabrías eso también si te
hubieras molestado en conocerla
todas esas veces que la mantuviste
en su dormitorio.
Pareciendo
satisfecha con sus críticas por no conocer lo suficiente a
Lali,
Euge salió de la habitación. Daki la siguió rápidamente.
Fue Rochi, sin embargo,
la que me dio ese último rayo de esperanza
de que aun hubiera una posibilidad de
recuperar a Lali. Me dio una
tentativa media sonrisa y dijo:
―Realmente le
importabas mucho a Lali.
Quería creer,
esperarlo, pero la siempre presente voz de la oscuridad de
nuevo me
siseó. Y mira a dónde la llevó preocuparse por ti. Sacudí el
pensamiento
de ella volviendo, eliminando la esperanza de que alguna
vez volviera a mis brazos.
Dejarla aquí solo la pondría en peligro.
Solo déjala ir, Peter. Solo déjala.
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