sábado, 26 de abril de 2014

Capitulo 9


Peter
No deberías haberla dejado ir. Intenté todo para silenciar las palabras de mi hermana y evitar que circularan constantemente por mi mente, pero era imposible. Me acorralaban y recordaban la verdad que ya sentía tan inmensamente. Lali ya no estaba alrededor, y sin importar de quien me rodeara o en qué actividad tratara de sumergirme, aún podía sentir su ausencia con cada fibra de mi ser.
Por supuesto, había vivido lo suficiente para enmascarar lo que me pasaba, mientras continuaba mi estricto calendario de reuniones con los vampiros a los que necesitaba informar mis órdenes. Para el final del día la noticia ya se sabía en toda la isla: El príncipe está despierto. Acabó de descansar y se pondrá directo en el maldito asunto de mantener segura La Sombra.
Odiaba admitirlo, pero Vivienne tenía razón. Era todo una farsa, un show que tenía que montar para distraerme del vacío que se formó con la partida de Lali.
Después de que acabé la última reunión del día, lleve a Victorio a un lado.
―¿Puedo confiar en ti, no?
Él asintió.
―Sabes que puedes.
―Quiero que encuentres a mi hermano mayor. Tuvimos un problema... ―Casi mató a Lali―. Fue una pelea bastante grande y está asustado de mí ahora. Sabes lo cobarde que puede ser Benjamin.
Una sonrisa se formó en la cara de Victorio. Era sabido por algunos que Benjamin no era el tipo de guerrero con el que nos gustaría terminar en el campo de batalla. Se aseguraría de arrojarnos a los brazos de enemigo si significara que podía salvar su vida.
―¿Qué quieres que haga, Peter? ―preguntó Victorio con su típico acento escocés.
―Debes encontrarlo. Se está ocultando en alguna parte de la isla, o quizás incluso está fuera con algunos exploradores buscando nuevos esclavos para explotar. No lo sé... Solo necesito saber dónde está.
―¿Qué quieres que haga una vez que lo encuentre?
Dudé, pero asentí cuando me di cuenta de qué se necesitaba.
―Enciérralo. En las Celdas. ―No puedo arriesgarme a que vaya tras ella―. Luego repórtate de vuelta conmigo de inmediato.
―Al rey no le gustará eso. Tampoco a tu hermana.
―Candela entenderá. Siempre ha estado de mi lado. Mientras que mi padre, me ocuparé de él cuando llegue. Es de suma importancia ahora saber dónde está Benjamin en todo momento.
Victorio asintió.
―Estaré observándolo.
Satisfecho de que la búsqueda de mi hermano quedara en manos capaces, eventualmente me retraje a mi pent-house, listo para un merecido descanso. En el momento en que entré en mi casa, sin embargo, me di cuenta de que mi día estaba lejos de terminar. Euge, Daki y Rochi, las otras tres chicas que junto a Lali completaban mi harem, me estaban esperando.
Harem. Sonreí ante la palabra. Qué tonta connotación. Era otra de esas innovaciones que La Sombra había inventado durante mi sueño de cuatrocientos años. Mantener una casa llena de jóvenes, hermosas e inocentes esclavas humanas era una libidinosa y sin sentido indulgencia que la Elite y otros Inquilinos, ciudadanos vampiros naturalizados de La Sombra, disfrutaban. Desde el momento que me presentaron la idea, nunca fui un gran fanático, pero era la indulgencia que me trajo a Lali.
Miré a las tres adorables adolescentes, paradas en el medio del recibidor, esperando mi llegada. Mirarlas solo me recordaba a Lali. Demonios, todo en este lugar me recuerda a Lali ahora.
―¿Dónde está Lali? ―Fue la rubia, Euge, quien habló. De las tres, siempre había sido la más valiente.
Parte de mí solo quería pasarlas e ir directo a mi habitación. Algo me dijo que simplemente me seguirían, así que me senté en uno de los sillones en la sala de estar.
―No sé exactamente donde está, pero definitivamente aquí no.―Hice un gesto para que se sentaran frente a mí. Las chicas intercambiaron miradas mientras se sentaban juntas en el sillón más grande.
―¿Escapó? ―preguntó Euge.
―Sí ―asentí―. Ella y ese novio suyo... Gas.
―Gas no es su novio ―dijo Rochi, la pequeña bonita con el ondulado y corto cabello rubio. Era la que siempre parecía que moriría de miedo si yo estaba cerca. Aún se veía así, así que debía felicitarla por animarse a hablar frente a mí por lo que parecía la primera vez.
Exhalé, molesto por su aclaración, antes de desinteresadamente mover mi mano.
―Realmente no me interesa.
Una mentira. Yo lo sabía. Ellas lo sabían.
Daki, la morena deportista, de cara atrevida, me resopló.
―Oh, claro. No te interesa ella. Mira... Conocemos a Lali. Nunca se iría sin nosotras. No nos traicionaría así.
―Pero lo hizo, ¿no? Ya no está aquí.
―¿Qué le hiciste? ―preguntó Euge, su voz mezclada con acusación y miedo.
―La ayudé a escapar. ―Sonreí incluso mientras la miraba por atreverse a cuestionarme de ese modo―. Mira, si hay algún consuelo, me rogó que las dejara ir. No quería oír eso. No podría arriesgar La Sombra por simplemente dejarlas ir.
―¿Pero confías en Gas lo suficiente para dejarlo ir? ―La voz de Daki traicionó su frustración.
Me estaba agotando hablar con ellas. Era Peter Novak. No tenía que responderles a tres esclavas adolescentes, y aun así me encontré sentado aquí, explicándome ante ellas.
―No tenía alternativa. Lali no se iría sin él.
―Pero se fue sin nosotras... ―dijo Rochi.
―Esta conversación gira en círculos. ―Giré mis ojos y me levanté.
―¿Qué planeas hacer con nosotras ahora? ―La cara de Euge estaba pálida con aprehensión.
Me senté de nuevo de inmediato y las miré a las tres. Podía hacer lo que quisiera con ellas... usarlas, romperlas, acostarme con ellas. Nadie pensaría mal de mí. Nadie excepto Lali.
―Realmente no me importa que les suceda a ninguna de ustedes. Ahora, todo lo que necesito es que se aseguren que nadie se entere de que Gas y Lali se han ido. Nadie. Ya les advertí a Nico y Agus que ellos tampoco deben decir nada de esto. Para cualquiera de La Sombra, aún están encerrados en esta casa, o muertos. Para ustedes tres, no lo sé. La única razón por la que me importan en primer lugar es porque le importaban a ella.
―¿Qué te hace pensar que ya no le importamos?
―¿Qué parte no entiendes, Euge?―le escupí, sintiendo la ira que sin duda se veía en mi rostro―. ¡Ella ya no está aquí! No es como si en algún momento volverá a ver lo que decidí hacerles a ustedes. Podría cargarlas sobre mi hombro, llevarlas a mi alcoba y hacer las más horrendas cosas con ustedes. Ella nunca lo sabría.
Era obvio que la amenaza las sorprendió porque un silencio frío siguió.
Fue Rochi quien rompió el silencio.
―Pero no harás eso, porque aún te importa lo que pensaría Lali.
―Quizás, ¿y qué?
Euge sonrió. Se inclinó en su asiento, sacudiendo su cabeza mientras enfocaba sus ojos almendrados en mí.
―Es gracioso.
―¿Sí? ¿Qué lo es?
―Pasaste tanto tiempo con ella, prácticamente le demandaste que te diera su tiempo, y aún no pareces tener la menor idea de la clase de chica que es Lali.
Me enderecé en mi asiento.
―¿De qué estás hablando?
―Con personas que realmente le importan aún aquí, nosotras... tú..., la conocemos lo suficiente como para decir que ella querrá volver. ―Euge se puso de pie y me miró―. Sabrías eso también si te hubieras molestado en conocerla todas esas veces que la mantuviste en su dormitorio.
Pareciendo satisfecha con sus críticas por no conocer lo suficiente a Lali, Euge salió de la habitación. Daki la siguió rápidamente. Fue Rochi, sin embargo, la que me dio ese último rayo de esperanza de que aun hubiera una posibilidad de recuperar a Lali. Me dio una tentativa media sonrisa y dijo:
―Realmente le importabas mucho a Lali.
Quería creer, esperarlo, pero la siempre presente voz de la oscuridad de nuevo me siseó. Y mira a dónde la llevó preocuparse por ti. Sacudí el pensamiento de ella volviendo, eliminando la esperanza de que alguna vez volviera a mis brazos. Dejarla aquí solo la pondría en peligro. Solo déjala ir, Peter. Solo déjala.

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