Lali
Era imposible no saber que Peter había
llegado ya al pent-house. Las chicas y yo —Mery, Euge, Daki y
Rochi— estábamos cocinando lo que asumimos sería la cena.Era
difícil de decir considerando la falta de luz del solpero todas decidimos que estábamos hambrientas y basadas en nuestras
estimaciones de cuantas horas habían pasado, era la cena.
Estábamos teniendo en realidad un buen
rato. Ya le había dicho a las chicas que no había forma de escapar
—al menos no todavía— no hasta que tuviéramos un plan solido,
así que solo paAgusos el día tratando de hacer lo que Peter nos
sugería hacer: entretenernos a nosotras mismas. Vimos TV, leímos
libros, e hicimos planes de lo que queríamos hacer con el cuarto
extra que Peter me permitió tener. Hasta los guardias, Nico y Agus,
parecían disfrutar de nuestra compañía. Ellos definitivamente no
dieron signos de querer chuparnos a ninguna de nosotras hasta
dejarnos secas.
Así que cuando Peter irrumpió en el
pent-house, gritando mi nombre como si fuera homicidio sangriento,
realmente no tenía ni idea de lo que había hecho mal o por qué
parecía tan enojado conmigo. Lo que sí sabía era que sentía nada
excepto terror mientras me aproximaba a él tan rápido como me era
posible.
Él estaba de pie en el centro de la
sala de estar, músculos tensos, sangre cayendo de las esquinas de
sus labios, luciendo más amenazante de lo que lo había visto lucir
antes. La delgadez de su cuerpo se hinchó con cada respiración
mientras daba unos pasos firmes hacia mí.
—¿Qué sucedió? —me las arreglé
para chillar en pregunta.
En respuesta, él agarró mis hombros y
me levantó del suelo. Gemí para mis adentros, bastante segura de
que mi espalda iba a golpear de nuevo una pared o cualquier
superficie lo suficientemente dura para estampar mi cuerpo. En su
lugar, me encontré siendo empujada a un sofá mientras él se
paseaba por el suelo en frente de mí, exudando una intensidad que no
había visto de nadie antes. Agarré los brazos de cuero blanco del
sofá en el que estaba sentada, una forma de tranquilizarme a mí
misma para el arrebato que este melancólico vampiro estaba a punto
de tirar en mi camino.
Ver a Peter actuar como un toro viendo
rojo, me hizo preguntarme si todos los vampiros eran como él.
Meditabundos e intensos e incapaces de reír o incluso el menor
atisbo de alegría. Recordé a Nico y Agus y como ellos parecían
estar de un humor ligero y casual cuando lidiaban con nosotras las chicas en la tarde. Me pregunté cómo
podían estar tan relajados cuando los Lanzani eran tan intensos y
tensos.
Peter por fin paró de pasearse y quedó
justo de frente a mí. Luego se sentó sobre el borde de la mesa y
apoyó los codos sobre las rodillas, sus manos juntas, la mirada baja
antes de pronunciar lo que fuera que estaba en su mente.
—Lo que me contaste aquella noche...
en el Santuario, la primera vez que me viste, ¿por qué lo dijiste?
Luché por recordar lo que le dije. Su
presencia era tan abrumadora, tan consumidora, se sentía como si
estuviera llenando toda la habitación.
—No recuerdo...
—Estaba a punto de alimentarme de ti.
Te dije que no podía evitarlo. Dijiste...
—... que reconocía una excusa cuando
escuchaba una y que no debías hacerte pasar por la victima.
—Estaba a punto de alimentarme de ti.
Te dije que no podía evitarlo.
—¿Soy una víctima?
Pensé que era una pregunta capciosa.
Lo miré durante un par de segundos, preguntándome si se había dado
cuenta de cuan loca sonaba la pregunta viniendo de él. ¡Por
supuesto que él no era la victima! ¡No era el que había sido
capturado contra su voluntad y encarcelado, en un ciertamente
impresionante y lujoso pent-house, pero
estando prisionero de todos modos! Él era el rey de los vampiros,
temido, venerado y admirado. ¿Cómo en la tierra podría ser la
victima?
Estudié su apariencia, preguntándome
qué era lo que pasaba por su mente. Antes de siquiera pensarlo lo
alcancé y limpié la sangre de su boca con un pañuelo.
—Te alimentaste de alguien.
Fue cuando dejó de respirar y sus
puños se tensaron.
—Ella no era mucho mayor de lo que tú
eres. Dieciocho o diecinueve.
Era una Cazadora de la Oscuridad. El
enemigo. Encontré placer en sacar cada poco de sangre de ella. —Alzó
sus ojos verdes para encontrarse con los míos y la menor de las
sonrisas se formo en sus labios—. Lo disfruté de la misma manera
que lo habría hecho contigo.
Me tensé, confundida por lo que estaba
tratando de decir.
—¿Por qué me estás diciendo esto,
Peter?
Una expresión de dolor torció su
rostro cuando empezó a hurgar con sus dedos. Sacudió la cabeza
lentamente antes de responder:
—Porque no quiero disfrutar de ello.
De hecho, echo de menos ser la víctima, pero esa noche... tú me
viste como alguien que juega el papel de una víctima... ¿Por qué?
Pensé un poco en ello. ¿Por qué
dije eso? En ese momento, lo único que quería de él era que no
me matara, pero pude haber dicho muchas cosas. ¿Por qué eso? Me
atreví a tomar su mano antes de contestar.
—Porque no creo que seas un esclavo
de lo que te has convertido. No
creo que simplemente no puedas.
Me miró con demasiada intensidad,
empecé a preguntarme si había dicho algo malo, así que me relajé
cuando su rostro de alguna manera se relajó y levantó una mano para
peinar una hebra de cabello que había caído a mi cara.
—Eres una maravilla.
Ante esa declaración, tuve que
sonreír.
—Dudo que sea mucho una maravilla...
Al menos no comparada contigo.
—¿Qué quieres decir? —Parecía
sorprendido.
—Los guardias nos contaron sobre cómo
eres una leyenda en la Sombra de Sangre, salvador de los vampiros.
Todo sonaba bastante impresionante-
Él apartó la mirada, casi como si
estuviera preocupado por lo que dije.
Encontré eso extraño. Después de un
cumplido de esa magnitud, esperaría de un chico el estar orgulloso,
regodeándose, hinchar el pecho y tener esa mirada en su rostro para
que todos supieran que en verdad era él quien hizo eso. Es
definitivamente como Gas hubiera reaccionado. No Peter.
—Salvador de los vampiros... —se
burló—. Se supone que debo reinar sobre los de nuestra especie.
Dicen que mi reino traerá un verdadero santuario a los vampiros. No
estoy seguro de si merecemos ser salvados. Después de todo lo que
hemos hecho... después de todo lo que estamos haciendo... —Me dio
una larga y significativa mirada y retiró la mano fuera de mi
alcance—. Mira lo que te estamos haciendo.
A eso, no sabía cómo responder.
Extrañaba mucho a Gas. No había un momento despierta desde que
llegué aquí en el que él no estuviera en el fondo de mi mente, en
el que no me estuviera preguntando en qué estaba pensando o cómo
estaba lidiando con mi desaparición. Me pregunté cuantos de los
humanos que habían tomado habían sido separados de sus seres
queridos. Para mi alivio, Peter no parecía interesado en una
respuesta.
—Mi padre era un agricultor
—comenzó—. Eso es lo que hicimos antes de convertirnos en esto.
Nosotros cultivábamos trigo y plantábamos
verduras. Era una humilde existencia,
pero éramos felices. Entonces una noche, mi padre y Benjamin fueron
a la ciudad para comerciar nuestros bienes. Candela y yo salimos por
madera. Cuando regresamos nuestra madre estaba muerta, su sangre
succionada.
Tragué saliva mientras escuchaba y me
imaginaba como se habría sentido.
—Candela juró que era una bestia
salvaje. Me ridiculizaron pero yo sabía que era un vampiro. Solo
tenía trece en esa época, pero estaba tan seguro de que un vampiro
asesinó a mi madre, así que encontré una manera de unirme a los
Cazadores de la Oscuridad. Por cinco años, fui uno de ellos y maté muchos, muchos vampiros. Así que
imagina mi sorpresa cuando en mi decimo octavo cumpleaños, mi padre
vino a casa y era un vampiro. Debí haberlo matado. Realmente debí,
pero no pude. Aún era mi padre. Él convirtió a Benjamin, Candela y
a mí esa noche. Me convertí en la misma criatura que había cazado, la criatura
que odiaba.
—Si odias tanto a los vampiros, ¿por
qué pelear por salvarlos? ¿Por qué establecer la Sombra de Sangre?
—Nunca fue sobre salvar a los
vampiros. Los próximos cien años después de que fui convertido
fueron sobre salvar a mi familia. Solo sucedió que no podía
salvarlos a ellos sin salvar también a los que nos habían ayudado a
sobrevivir. Nunca pensé que la Sombra de Sangre se convertiría en
lo que es ahora.
No podía ni siquiera empezar a
imaginar lo que esos años fueron para él, cuán atormentado se tuvo
que sentir, pero si quería que reconociera que él era la víctima
en su propia experiencia, no estaba a punto de darle eso. Él era
demasiado fuerte, demasiado poderoso y demasiado influyente para
desempeñar el papel de víctima.
—Lamento por lo que tuviste que pasar
y estoy... honrada de que me hubieras dicho esas cosas, pero eres
fuerte y eres un líder, te guste o no. En todo caso pareces ser el
único aquí que tiene el poder para cambiar las cosas...para mejor.
—No sé cómo hacer eso.
—Bueno, ¿quien dijo que tenías que
averiguarlo todo esta noche?
Agarré su mano, me levanté y tiré de
él hacia arriba. No sé qué me poseyó para hacerlo, pero lo empujé
hacia el sofá más grande, disfrutando de la curiosidad de sus ojos
cuando me senté en el espacio junto a él. Suspiré antes de poner
su brazo sobre mi hombro y acurrucarme junto a él.
—Ya hemos tenido mucho drama por una
noche, ¿no crees?
—Es cierto. —Su tono parecía más
ligero, más relajado mientras pasaba sus dedos encima de mí
hombro desnudo—. Ahora que
vergonzosamente he derramado mis agallas ante ti, tal vez es hora de
que me digas más de ti.
Me quejé.
—¿Y profundizar en mi drama? No lo
creo. Pasemos la noche introduciéndote a la versión de hoy de
entretenimiento.
Agarré el mando a distancia y encendí
el televisor de pantalla plana.
No pude hacer más que sonreír por la
fascinación que despertó en sus ojos.
—¿Qué en la tierra es eso?
—preguntó.
—Un espejo mágico —bromeé con él
antes de explicarle de la mejor manera posible que era un set de
televisión. Le pregunté si quería ver una película, recordando la
extensiva colección de DVD’s que habíamos encontrado antes esa
noche. Le pedí que eligiera una película y volvió con dos
elecciones muy interesantes Chicago y
El Padrino. Era casi un reflejo de la clase de persona que era —un
músico y un asesino cuya lealtad a la familia se interponía ante
todo— de cualquier manera, atormentado, con la oscuridad que
constantemente se cierne sobre él .
Como yo no estaba para ver ninguna
película, le sonreí, recordando su solicitud y cómo Candela se las
arregló para hacer que sus seguidores hicieran que se haga
inmediatamente.
—Tengo una mejor idea.
Me hizo gracia la mirada interrogante
que me dio cuando me levanté, puse los DVD’s que escogió en la
mesa de centro. Agarré su mano y tiré de él hacia la sala de
música. El verdadero placer en sus ojos cuando vio el cuarto era
casi entrañable: como si fuera un chico a quien se le muestra un
cuarto lleno de sus juguetes favoritos.
—Candela lo hizo tan rápido...
—Tu hermana realmente te ama...
—Había amargura en la forma que dije las palabras, celosa de que
tuviera una familia que adorara el suelo por el que él caminaba
mientras yo tenía una familia que me abandonó y me dejó al cuidado
de otra familia.
Se sentó frente al negro piano de cola
y dio un golpecito en el espacio junto a él.
—Siéntate.
Note como él nunca me decía por
favor. Con él, no había nunca peticiones, solo órdenes. Rodé mis
ojos, no acostumbrada a que me dijeran qué hacer. Los Hudson nunca
me prestaron demasiada atención a lo que hacía o no hacía mientras
no me metiera a mí misma o a sus hijos en problemas. Gas no era muy
autoritario cuando se trataba de mí. Había algo acerca de Peter a
lo que pensé que nunca me acostumbraría, pero de todas formas, me
encontré sentada junto a él mientras tocaba una fascinante melodía
que simplemente me dejó sin aliento.
En medio de su actuación, me di cuenta
que este era exactamente el efecto que Peter Lanzani tenía en mí:
siempre se las arreglaba —de una forma u otra— para quitarme el
aliento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario