sábado, 26 de abril de 2014

Capitulo 10


Lali
La noche era el único momento en que Gas y yo decidíamos quedarnos adentro. Escogimos una suite de una habitación de hotel, teniendo que cuenta que como buenos amigos, habíamos dormido en una sola cama sin malicia muchas veces. Sin embargo, por alguna razón, las cosas cambiaron y la idea de dormir en la misma cama que Gas se sentía incómoda, casi como si fuera una traición hacia Peter.
En La Sombra, luego de que Benjamin matara a Mery, Peter me pidió que empezara a dormir en su habitación. Él era más capaz de protegerme de esa manera. No podía explicar la razón, pero parecía lo más natural estar nosotros dos en la misma habitación. Esperé algún tiempo para ajustarme, con mucha incomodidad; él siendo un hombre joven, viril y atractivo y siendo, bueno, una mujer. Me sorprendió cómo nos ajustamos. Fue como un baile. Naturalmente sabíamos cómo movernos alrededor del otro. Él me tenía y me gustaba pensar que yo también lo tenía a él.
No pude entender por qué, pero algo cambió entre Gas y yo. La relación que habíamos tenido se había esfumado. Nuestras interacciones se sentían forzadas .Supuse que el problema era conmigo y cómo mi mente seguía vagando de regreso a Peter, así que empujé los pensamientos de mi vampiro captor fuera de mi cabeza. Tenía que empujar lejos los pensamientos de cuánto extrañaba a Peter con el fin de dejar entrar nuevamente a Gas. Fue así, después de todo, cómo Peter llegó a mí por primera vez: cuando me permití dejar de languidecer por Gas.
Mientras me sentaba en mi lado de la cama, ligeramente rebotando por encima de él cuando agarré la almohada, resoplé e hice una pequeña mueca hacia Gas.
—¿Qué? —preguntó.
—Odio esto.
—¿Odias qué?
¡Esto! Esta tensión... ¿Desde cuándo estamos tan al límite cerca del otro, Gas?
La expresión en sus ojos se suavizó.Supe que no podría negar que había cierto nivel de incomodidad , porque él apenas me había hablado desde nuestro viaje al pasado en la playa. Se sentó a mi lado y sonrió a la vez que ladeaba la cabeza a un lado, sus ojos azules cayendo sobre mí. —No entiendo cómo puedes seguir viéndote tan atractiva, rosa y suave a pesar del hecho de que pasamos todo el día bajo el sol.
—¿Atractiva, rosa y suave? Me haces ver como un cerdo...
—No... Eres bonita, Lali. Es extraño que nunca te haya visto quemarte por el sol.
—También significa que nunca conseguí el bronceado perfecto que tienes.
No me di cuenta cuánto extrañaba la sonrisa arrogante en su rostro hasta que la vi otra vez.
—Sí, sí... El sol me adora. ¿Cómo me describiste esa vez? —Entrecerró un ojo hacia mí—. Creo que me llamaste dios griego...
Puse mis ojos en blanco.
—Nunca te cansas de mencionarlo, ¿cierto? Estaba siendo sarcástica.
—Ciiiierto... Sigue repitiéndotelo.—Una sonrisa satisfecha se formó en sus labios en tanto aplastaba su espalda sobre la cama.
Fue un atisbo del Gas que echaba de menos. Divetido, relajado, el que nunca se mostraba preocupado por los problemas, cuestiones o emociones. Sonreí mientras lo observaba quedarse dormido, y me reí una vez que empezó a roncar. La tensión entre nosotros había desaparecido, rodé sobre mi costado, intentando obligarme a quedarme dormida.
Al dar las doce, me rendí de intentarlo y silenciosamente me levanté, puse una bata sobre mi cuerpo y tomé discretamente el sobre cerrado de la mochila que nos dieron los vampiros. No quería que Gas supiera que contenía un sobre dirigido a mí, porque esperaba que fuera de Peter. Después de todo lo que Gas me había contado sobre su experiencia en La Sombra, no quería que descubriera cuánto extrañaba a Peter. No quería enfrentarme con la culpa por no haber tenido una experiencia tan mala como la de Gas en la isla.
Aferrando el sobre, salí a la terraza, saboreando la fresca brisa de la noche, llevando consigo el distintivo sabor de la sal del océano. Abrí el sobre marrón y me encontré conteniendo las lágrimas cuando vi lo que había dentro.
El paquete no era de Peter. Era de Emilia, la bruja. Ella se había vuelto algo así como una hermana mayor durante el tiempo que pasamos juntas. El paquete contenía el teléfono celular que usé para enseñarle a Peter cómo usar uno, mi imagen favorita de la Polaroid de nosotros juntos donde le mostré cómo usar una cámara, un anillo de plata tachonado con lo que parecían rubíes, y una nota que decía:
El teléfono y la foto son para que nunca olvides. El anillo es un regalo de mi parte. Podría ayudarte a encontrar el camino a casa. La isla es varias tonalidades más oscura sin ti. Extrañaremos tu luz. Con amor, Emilia.
Apreté el sobre a mi pecho. Muy poco tiempo había pasado desde que bandonamos La Sombra y ya encontraba el dolor en mi interior abrumador. No se suponía que me sintiera de esa manera. Se suponía que debía estar agradecida de ser una de las pocas humanas que habían logrado salir de La Sombra, pero no... todo en lo que podía pensar era en cuánto quería volver.
—¿Lali?
La voz de Gas detrás de mí causó que pegara un salto, asustada. Me limpié rápidamente las lágrimas de mi cara.
—¿Qué es eso?
—Es... solo... es... nada...
—¿Cómo que no es nada? Déjame ver. —Caminó a mi lado e hizo un gesto para que le entregara el sobre.
—No te enojes. —Se lo entregué, temerosa de cuál sería su reacción, en especial por la foto, conmigo sonriendo directamente a la cámara, mientras los ojos de Peter estaban puestos en mí.
Pude sentir a Gas tensarse cuando vio lo que había dentro. Me lo devolvió, casi como disgustado.
—¿Dónde conseguiste eso?
—Vino en la mochila.
—No entiendo cómo puedes confiar en él.
—Me salvó muchas veces... yo...
—¿No lo entiendes, Lali? ¡No habrías necesitado ser salvada si no hubiera sido por él! —Ese estallido fue el primero en mucho tiempo. No pude recordar ver a Gas dirigir tanta ira en nadie antes. Tranquilizándose después de inhalar y exhalar por un par de segundos, finalmente dijo—: Fue Peter. El vampiro que mató a Belen.
Sus palabras llegaron como un puñetazo al estómago,dejándome sin aire debido al golpe. No fue como si yo no hubiera sabido que no era posible, pero poniéndole un nombre a la víctima hizo que el pensamiento volviera a la vida.
Recordé la noche que Peter vino al pent-house, sangre goteando de sus labios, lo amenazador que se veía...
—No pareces sorprendida.
—Algunos de los otros vampiros le ofrecían sus esclavos... para alimentarlo...
—¿Alguna vez se alimentó de ti?
—No... nunca...
—Entonces, ¿qué estás diciendo, Lali? Mientras estés a salvo y protegida, ¿está bien que sea un asesino que se alimenta de otras personas?
—No, Gas. No es así. No lo conoces como yo... No lo has visto luchar por mantener el control... —Mi razonamiento pareció vacío teniendo en cuenta las acusaciones de Gas.
—¿Cómo diablos puedes estar ciega a estas cosas, Lali? ¿Desde cuándo te convertiste en la clase de persona que se queda de pie, cómodamente encaramada en un pent-house, durmiendo con el enemigo mientras las personas a tu alrededor están siendo asesinadas?
—Nunca dormí con Peter de la manera que sugieres.
Me dio una risa irónica.
—Cierto, pero ese no es realmente el punto, ¿no? Si el príncipe vampiro aparece repentinamente, aquí mismo y en este preciso momento, te toma en sus brazos y te besa en la boca, ¿te resistirías?
Abrí la boca para responder, pero nada salió .
—Eso pensé. —Sonrió con amargura—. Estás tan cegada por tu enamoramiento para ver lo que es realmente. —Miró el sobre que estaba sujetando con ambas manos—. Es un monstruo.
Volvió a la habitación, pero siguió hablando.
—Casa se encuentra en California con la familia que te apoyó y crio por los pasados ocho años. No necesitas el anillo de una bruja para encontrar tu camino allí. Volveremos en auto a primera hora mañana.
Esa noche, Gas hizo una llamada a sus padres, informándoles dónde estábamos. La única explicación que dio fue que quisimos saborear la independencia y decidimos escapar.
Tuve miedo de tener que decir mentira tras mentira con el fin de cubrir la historia, pero no quise preocuparme mucho al respecto. La única mentira que estaba dando vueltas en mi mente era la que seguía repitiéndome. Quería que Gas estuviera equivocado respecto a Peter y cómo simplemente me cegué a lo que él había estado haciendo, pero supe que él tenía razón.
No sé si fue un instinto de auto preservación o algo más que eso, pero en La Sombra, me envolví en esta pequeña burbuja, asegurada por la protección y cariño infundado de Peter. Había visto cómo eran tratados por los otros vampiros otros humanos cautivos, y nunca me molesté en ayudar. Simplemente agradecí a los poderes no haber sido yo. Fui egoísta y ciega. Estaba tan envuelta en mi temor y mi propia supervivencia, que fallé en mirar el panorama. Fallé en mirar en la inmensidad de la oscuridad que impregnaba La Sombra.
Era lógico y natural odiar la isla de la manera en que Gas la odiaba. Yo misma fui amenazada varias veces mientras estaba allí. Fui mantenida cautiva. Casi fui violada y asesinada. Una amiga fue asesinada. Tenía todos los motivos para odiar La Sombra y querer destruirla.
Pero no era así. Y no podía entender la razón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario