Lali
La noche era el
único momento en que Gas y yo decidíamos
quedarnos adentro.
Escogimos una suite de una habitación de
hotel, teniendo que cuenta
que como buenos amigos, habíamos dormido en una sola
cama sin malicia muchas veces. Sin embargo, por alguna
razón, las
cosas cambiaron y la idea de dormir en la misma cama que Gas se
sentía
incómoda, casi como si fuera una traición hacia Peter.
En La Sombra, luego
de que Benjamin matara a Mery, Peter me pidió que
empezara a dormir
en su habitación. Él era más capaz de protegerme de esa
manera.
No podía explicar la razón, pero parecía lo más natural estar
nosotros dos
en la misma habitación. Esperé algún tiempo para
ajustarme, con mucha
incomodidad; él siendo un hombre joven, viril
y atractivo y siendo, bueno, una
mujer. Me sorprendió cómo nos
ajustamos. Fue como un baile. Naturalmente
sabíamos cómo movernos
alrededor del otro. Él me tenía y me gustaba pensar que
yo también
lo tenía a él.
No pude entender
por qué, pero algo cambió entre Gas y yo. La relación
que
habíamos tenido se había esfumado. Nuestras interacciones se
sentían forzadas
.Supuse que el problema era conmigo y cómo mi
mente seguía vagando de regreso
a Peter, así que empujé los
pensamientos de mi vampiro captor fuera de mi cabeza.
Tenía que
empujar lejos los pensamientos de cuánto extrañaba a Peter con el
fin
de dejar entrar nuevamente a Gas. Fue así, después de todo,
cómo Peter llegó a mí
por primera vez: cuando me permití dejar
de languidecer por Gas.
Mientras me sentaba
en mi lado de la cama, ligeramente rebotando por
encima de él
cuando agarré la almohada, resoplé e hice una pequeña mueca hacia
Gas.
—¿Qué?
—preguntó.
—Odio esto.
—¿Odias qué?
—¡Esto! Esta
tensión... ¿Desde cuándo estamos tan al límite cerca del otro,
Gas?
La expresión en
sus ojos se suavizó.Supe que no podría negar que había
cierto
nivel de incomodidad , porque él apenas me había hablado desde
nuestro
viaje al pasado en la playa. Se sentó a mi lado y sonrió a
la vez que ladeaba la cabeza
a un lado, sus ojos azules cayendo
sobre mí.
—No entiendo cómo puedes seguir viéndote tan
atractiva, rosa y suave a
pesar del hecho de que pasamos todo el día
bajo el sol.
—¿Atractiva,
rosa y suave? Me haces ver como un cerdo...
—No... Eres
bonita, Lali. Es extraño que nunca te haya visto quemarte
por el
sol.
—También
significa que nunca conseguí el bronceado perfecto que tienes.
No me di cuenta
cuánto extrañaba la sonrisa arrogante en su rostro hasta
que la vi
otra vez.
—Sí, sí... El
sol me adora. ¿Cómo me describiste esa vez? —Entrecerró un
ojo
hacia mí—. Creo que me llamaste dios griego...
Puse mis ojos en
blanco.
—Nunca te cansas
de mencionarlo, ¿cierto? Estaba siendo sarcástica.
—Ciiiierto...
Sigue repitiéndotelo.—Una sonrisa satisfecha se formó en
sus
labios en tanto aplastaba su espalda sobre la cama.
Fue un atisbo del
Gas que echaba de menos.
Divetido, relajado, el que
nunca se
mostraba preocupado por los problemas, cuestiones o emociones.
Sonreí
mientras lo observaba quedarse dormido, y me reí una vez
que empezó a roncar.
La tensión entre nosotros había desaparecido,
rodé sobre mi costado, intentando
obligarme a quedarme dormida.
Al dar las doce, me
rendí de intentarlo y silenciosamente me levanté, puse
una bata
sobre mi cuerpo y tomé discretamente el sobre cerrado de la mochila
que
nos dieron los vampiros. No quería que Gas supiera que contenía
un sobre dirigido
a mí, porque esperaba que fuera de Peter. Después
de todo lo que Gas me había
contado sobre su experiencia en La
Sombra, no quería que descubriera cuánto
extrañaba a Peter. No
quería enfrentarme con la culpa por no haber tenido una
experiencia
tan mala como la de Gas en la isla.
Aferrando el sobre,
salí a la terraza, saboreando la fresca brisa de la noche,
llevando
consigo el distintivo sabor de la sal del océano. Abrí el sobre
marrón y me
encontré conteniendo las lágrimas cuando vi lo que
había dentro.
El paquete no era
de Peter. Era de Emilia, la bruja. Ella se había vuelto
algo así
como una hermana mayor durante el tiempo que pasamos juntas. El
paquete contenía el teléfono celular que usé para enseñarle a
Peter cómo usar uno,
mi imagen favorita de la Polaroid de nosotros
juntos donde le mostré cómo usar
una cámara, un anillo de plata
tachonado con lo que parecían rubíes, y una nota
que decía:
El teléfono y la foto son para
que nunca olvides. El anillo es un regalo de
mi parte. Podría
ayudarte a encontrar el camino a casa. La isla es varias tonalidades
más oscura sin ti. Extrañaremos tu luz. Con amor, Emilia.
Apreté el sobre a mi pecho. Muy poco tiempo había pasado desde
que
bandonamos La Sombra y ya encontraba el dolor en mi interior
abrumador. No
se suponía que me sintiera de esa manera. Se suponía
que debía estar agradecida de
ser una de las pocas humanas que
habían logrado salir de La Sombra, pero no...
todo en lo que podía
pensar era en cuánto quería volver.
—¿Lali?
La voz de Gas detrás de mí causó que pegara un salto, asustada. Me
limpié
rápidamente las lágrimas de mi cara.
—¿Qué es eso?
—Es... solo... es... nada...
—¿Cómo que no es nada? Déjame ver. —Caminó a mi lado e hizo
un gesto
para que le entregara el sobre.
—No te enojes. —Se lo entregué, temerosa de cuál sería su
reacción, en
especial por la foto, conmigo sonriendo directamente a
la cámara, mientras los ojos
de Peter estaban puestos en mí.
Pude sentir a Gas tensarse cuando vio lo que había dentro. Me lo
devolvió,
casi como disgustado.
—¿Dónde conseguiste eso?
—Vino en la mochila.
—No entiendo cómo puedes confiar en él.
—Me salvó muchas veces... yo...
—¿No lo entiendes, Lali? ¡No habrías necesitado ser salvada si
no hubiera
sido por él! —Ese estallido fue el primero en mucho
tiempo. No pude recordar ver
a Gas dirigir tanta ira en nadie antes.
Tranquilizándose después de inhalar y
exhalar por un par de
segundos, finalmente dijo—: Fue Peter. El vampiro que
mató a
Belen.
Sus palabras llegaron como un puñetazo al estómago,dejándome sin
aire
debido al golpe. No fue como si yo no hubiera sabido que no era
posible, pero
poniéndole un nombre a la víctima hizo que el
pensamiento volviera a la vida.
Recordé la noche que Peter vino al pent-house, sangre goteando de
sus labios, lo
amenazador que se veía...
—No pareces sorprendida.
—Algunos de los otros vampiros le ofrecían sus esclavos... para
alimentarlo...
—¿Alguna vez se alimentó de ti?
—No... nunca...
—Entonces, ¿qué estás diciendo, Lali? Mientras estés a salvo y
protegida,
¿está bien que sea un asesino que se alimenta de otras
personas?
—No, Gas. No es así. No lo conoces como yo... No lo has visto
luchar por
mantener el control... —Mi razonamiento pareció vacío
teniendo en cuenta las
acusaciones de Gas.
—¿Cómo diablos puedes estar ciega a estas cosas, Lali? ¿Desde
cuándo te
convertiste en la clase de persona que se queda de pie,
cómodamente encaramada
en un pent-house, durmiendo con el enemigo
mientras las personas a tu alrededor
están siendo asesinadas?
—Nunca dormí con Peter de la manera que sugieres.
Me dio una risa irónica.
—Cierto, pero ese no es realmente el punto, ¿no? Si el príncipe
vampiro
aparece repentinamente, aquí mismo y en este preciso
momento, te toma en sus
brazos y te besa en la boca, ¿te
resistirías?
Abrí la boca para responder, pero nada salió
.
—Eso pensé. —Sonrió con amargura—. Estás tan cegada por
tu
enamoramiento para ver lo que es realmente. —Miró el sobre que
estaba sujetando
con ambas manos—. Es un monstruo.
Volvió a la habitación, pero siguió hablando.
—Casa se encuentra en California con la familia que te apoyó y
crio por
los pasados ocho años. No necesitas el anillo de una bruja
para encontrar tu camino
allí. Volveremos en auto a primera hora
mañana.
Esa noche, Gas hizo una llamada a sus padres, informándoles dónde
estábamos. La única explicación que dio fue que quisimos saborear
la
independencia y decidimos escapar.
Tuve miedo de tener que decir mentira tras mentira con el fin de
cubrir la
historia, pero no quise preocuparme mucho al respecto. La
única mentira que
estaba dando vueltas en mi mente era la que
seguía repitiéndome. Quería que Gas
estuviera equivocado respecto
a Peter y cómo simplemente me cegué a lo que él
había estado
haciendo, pero supe que él tenía razón.
No sé si fue un instinto de auto preservación o algo más que eso,
pero en
La Sombra, me envolví en esta pequeña burbuja, asegurada
por la protección y
cariño infundado de Peter. Había visto cómo
eran tratados por los otros vampiros
otros humanos cautivos, y nunca
me molesté en ayudar. Simplemente agradecí a
los poderes no haber
sido yo. Fui egoísta y ciega. Estaba tan envuelta en mi temor
y mi
propia supervivencia, que fallé en mirar el panorama. Fallé en
mirar en la
inmensidad de la oscuridad que impregnaba La Sombra.
Era lógico y natural odiar la isla de la manera en que Gas la
odiaba. Yo
misma fui amenazada varias veces mientras estaba allí.
Fui mantenida cautiva. Casi
fui violada y asesinada. Una amiga fue
asesinada. Tenía todos los motivos para odiar
La Sombra y querer
destruirla.
Pero no era así. Y no podía entender la razón.
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