Peter
Me puse de pie en cuanto la puerta se
abrió.Expulsé un suspiro de alivio cuando lahermosa forma de Lali
salió de la habitación,una tentativa sonrisa formándose en su
cara al verme. Aunque solo fuera por puro alivio, quería tomarla en
mis brazos y besarla en ese mismo momento,pero luché contra el
impulso de hacerlo por temor a asustarla.Así que me contuve y le
permití marcar el ritmo.Dudo que ella fuera consciente del efecto
que tuvo en mí cuando ella se me acercó y me agarró la mano, sus
delgados y delicados dedos entrelazados con los míos antes de que
ella levantara la mano y diera un suave beso sobre la parte posterior
de la misma.
Yo no entendía bien por qué lo hizo,
pero lo tomé como garantía de que todavía se sentía segura a mí
alrededor, que ella estaba eligiendo confiar en mí. Me sentí
humillado y presionado por el gesto.La miré fijamente por un
momento, tomando un vistazo de la salpicadura de pecas en sus
mejillas y el rubor natural de color rojo en sus mejillas.Dejé que
mis ojos se dieran un festín con la delicadeza de sus rasgos
faciales, adorando cada pedacito de ella mientras apretaba sus manos,
atesorando el calor que emanaban.
Mi examen concienzudo de mi bella
cautiva fue interrumpido cuando Emilia se aclaró la garganta.
—¿Puedo hablar con usted en privado... Príncipe? —Ella se
demoró en el título como si fuera una burla.
Hice una mueca,odiando que tuviera que
dejar ir la mano de Lali, pero fui vencido por la curiosidad sobre lo
que la bruja tendría que decir.
Le hice señas a un guardia para que
viniera a posicionarse cerca de Lali y luego me volví hacia ella.
—¿Vas a estar bien? —pregunté en
un susurro ahogado.
Ella asintió.
—Ve.
Entré en las cámaras de Emilia y ella
cerró la puerta detrás de nosotros.
Emilia comenzó a ocuparse en una zona
de la habitación, que basado en las botellas, especias y pequeños
lo que sean ubicados allí,parecía ser donde creaba sus pociones,o
lo que fuera que ella hacía con su tiempo.Ella me dio una rápida
mirada y sonrió,probablemente sintiendo mi impaciencia.
—Debo admitir que no vi qué viste en
ella al principio. No podía entender qué era tan especial acerca de
Lali Claremont para hacerte estar tan cautivado por ella pero ahora
lo entiendo.
Me incliné hacia adelante, interesado
en lo que tenía que decir.
—No estoy segura, pero creo que ella
tiene una condición que me gustaría investigar más a fondo. Me
gustaría que viniera a mí todos los días... No va a tomar mucho
tiempo. Todo lo que necesito es una o dos horas al día.
No confiaba plenamente en la bruja,
pero estaba intrigado por su repentino interés hacia Lali.
—¿Qué condición?
—No es nada para interesarse.No es
nada mortal ni nada sobre lo que preocuparse. Si estoy en lo cierto
acerca de ella, sin embargo, entonces te has encontrado a ti mismo un
buen partido en la joven. No hay muchas como ella.
Ella me estaba diciendo lo que ya
sabía. Dudaba que hubiera alguien del todo como Lali. Por mucho que
quería oír más sobre esta “condición” que Lali supuestamente
tenía,estaba más preocupado por el inmediato asunto en cuestión.
—¿Te dijo quién lo hizo?
—Ella afirma no recordar.
—¿Le crees?
Emilia negó con la cabeza.
—No.Ella es muy inteligente,muy
consciente,para no recordar.Está protegiendo algo... o a alguien.
—¿Por qué iba a proteger a quien
hizo esto?
—Tal vez no es a su agresor a quien
está protegiendo. —Emilia se encogió de hombros y se puso a su
altura, dándome una expresión de que hablaba en serio—. Te
sugiero que te asegures de que está protegida en todo momento.
También sugiero que no la bombardees con preguntas sobre lo que pasó. Si ella está lista para
decirte, estoy bastante segura de que lo hará. Deja de forzarla a
hacer cosas solo porque eres el gobernante de este maldito Reino y tu
palabra es ley. ¡Respétala haciéndola sentir que tiene una opción!
Quería defenderme, decirle a Emilia
que nunca forcé a Lali a hacer nada contra su voluntad, pero yo
sabía lo que Emilia estaba tratando de decir. No estaba repartiendo
exactamente por favores y gracias al igual que Lali tampoco. Hablé
con ella en órdenes y mandatos, tomando ventaja de su evidente miedo hacia mí para hacerla
cooperar. Seguí convenciéndome a mí mismo de que yo veía a los
seres humanos como iguales si no superiores a los vampiros, pero no
traté a Lali exactamente como una igual. La traté como todos los
demás en la Sombra de Sangre lo hacían: una cautiva, una esclava.
Le di a Emilia una larga mirada antes
de asentir.
—Gracias. Ella volverá mañana...
—Me dirigí a la puerta y me detuve justo antes de girar la perilla
para abrir—. Es decir, si ella quiere.
Podía sentir la sonrisa de la bruja,
un espectáculo de aprobación, tal vez.
—Que tengas un buen día, Peter.
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