jueves, 24 de abril de 2014

Capitulo 2


Lali
Lali, quédate.
Esas palabras me tomaron por sorpresa mientras se repetían una y otra vez en mi cabeza. Casi sonó como una orden y por un momento, sentí que no tenía más opción que cumplir. No fue hasta que miré dentro de esos ojos verde esmeralda que vi que tomé esa declaración por lo que era. Mordí mi labio. ¿Es posible que realmente signifique tanto para él?
—Peter, te prometo... que nunca haré nada para comprometerte, para hacer daño a La Sombra... —Estaba balbuceando, intentando convencerme de que quería que me quedara por razones que estaban mucho más allá de mi entendimiento.
Su rostro se tensó, ofendido, mientras negaba con la cabeza.
―No se trata de eso y tú lo sabes.
—¿Entonces qué es? —Necesitaba que me diera una razón para quedarme. Quería escucharlo de sus labios.
Apretó los dientes y se pasó la mano por el cabello.Peter Lanzani nunca fue muy bueno expresándose con palabras,en lo mucho que lo conocía.Desde el momento en que lo conocí,eran pocas las ocasiones que podía recordar que estaba segura decía exactamente lo que estaba pensando Parecía que hablaba mejor con sus acciones, y de alguna forma, admiraba eso de él.
Abrió la boca para decir algo, pero antes de que las palabras salieran, alguien agarró mi brazo desde atrás.
—Vámonos, Lali.
Gas
Mis ojos seguían fijos en el atractivo rostro de Peter, el contraste de sus ojos verdes y su piel pálida nunca fallaba en cortarme la respiración. Miré mientras sus ojos se oscurecían en un verde aún más oscuro en el momento en que los dedos de Gas se aferraron a mi brazo. Noté la forma en que el músculo de su brazo se flexionó cuando su mano se hizo un puño.
Intenté alejarme del agarre de Gas, pero me agarró con rapidez.
—No tenemos tiempo —siseó Gas—. Despídete y vámonos.
La expresión en la cara da de Peter no me daba muchas razones para confiar en la seguridad de mi mejor amigo. Después de todo, no había pasado demasiado tiempo cuando se había dicho mucho, demasiado, en mi opinión, sobre a quién le pertenecía.
A Peter. A Benjamin. A Gas. Está más allá de mí lo que debo hacer para que se den cuenta de que no soy un objeto o posesión. No le pertenezco a ninguno de ellos.
Tuve que intervenir antes de que la batalla de testosterona explotara. Me giré para mirar a Gas directo a los ojos.
—Suéltame, Gas. Ahora.
La mandíbula de Gas se tensó. Antes de nuestra captura en La Sombra, hubiera hecho lo que fuera que me pidiera, pero La Sombra nos cambió a ambos.
Cuando su agarre en mí no se ablandó ni un poco, Peter se acercó.
—Ya escuchaste a la dama. —Su profunda voz de barítono tomó un tono amenazante.
Miré suplicante a Gas, esperando que no tentara la paciencia de Peter. ¿No te das cuenta que no tienes una oportunidad contra él?
Los últimos días desde que Peter obligó a Paula, la ama de Gas en La Sombra, a poner a Gas bajo custodia, vi cómo a Peter le tomó bastante ser al menos amable con mi mejor amigo. Gas, por otro lado, siendo tan terco y tonto, no había hecho nada más que disparar miradas frías y acusadoras hacia Peter. Yo había estado en el borde intentando mantenerlos separados, temiendo una confrontación entre los dos jóvenes egoístas.
Hablé más gentilmente esta vez: ―Suéltame, Gas.
Me dejó ir, pero la mirada acusadora que envió en mi dirección demostró
que no se rendía.
—Ni siquiera pienses en quedarte. —Las palabras salieron a través de sus
apretados dientes y con un suspiro negó con la cabeza,
—Lali... —Peter alzó la voz como para recordarme que su opinión también contaba.
—Necesito tiempo para pensar.—Las palabras salieron de mi boca en lo que sonó como un gruñido.
—¿Ahora? —protestó Gas.
—No hay tiempo para eso —secundó Peter.
¡Finalmente! Los dos estaban de acuerdo en algo. Me mantuve firme y levanté una ceja.
—Bueno, entonces hagan tiempo.
Intercambiaron miradas por un momento. Era casi entrañable cuán inútiles lucían ambos. Una pequeña sonrisa amenazaba con cubrir mi cara. ¿Quién le pertenece a quién ahora?
Encontré irónico que fuera Peter quien cediera primero. Seguía
desconcertada por lo que él vio en mí y que lo hacía continuamente ceder ante mí. Después de todo, de entre los tres, él era el que seguía teniendo cualquier verdadero poder. Simplemente podría decidir que ni Gas ni yo podíamos irnos y sería todo.
Aun así, cedía. Sus ojos verdes se suavizaron en el momento en que se posaron en m. Asintió y dijo:
—Bien, pero no aquí.
Luego le frunció el ceño a Gas antes de descansar su mano posesivamente en la parte baja de mi espalda, acercándome gentilmente.
—Increíble... —gruñó Gas, lanzando sus manos en el aire mientras nos seguía. Hicimos nuestro camino a través del resto de los árboles, serpenteando nuestro camino entre las rocas y arbustos salvajes. Mi cerebro tomó nota de cada pequeño detalle de los caminos escondidos que nos llevaban del pent-house de Peter al puerto. Los árboles parecían hacerse más y más pequeños mientras nos
acercábamos a la claridad. El bajo sonido de nuestros zapatos sobre las hojas debajo de nosotros, las cercanas olas del océano y nuestra incluso suave respiración eran los únicos sonidos llenando el aire. La esencia natural de los árboles rodeándonos y el cercano océano mezclada con el intoxicarte almizcle de Peter. Me hacía sentir su proximidad, junto con el lento movimiento de su pecho y sentir su brazo agarrando mi cintura.
Mi corazón dolió ante la idea de nunca estar tan cerca de él como lo estaba en ese momento.
—Estamos cerca —habló eventualmente.
Puse atención. El puerto había sido visible aún antes de que nos detuviéramos para hablar en el bosque. Como sea, ahora que seguíamos escalando en lo profundo del claro, me encontré confundida. No había nada a la vista más que altos acantilados rocosos.
—¿Qué diablos está pasando? —dijo Gas.
—No entiendo. —Miré a Peter interrogativamente mientras miraba alrededor—. ¿Dónde está el puerto?
Intenté detenerme, pero Peter siguió avanzando, obligándome a seguir caminando.
—Oye, su alteza... —El mordaz sarcasmo en la voz de Gas era inequívoco—. ¿A dónde nos llevas? —Usó ambas manos para alejarme de Peter.
Me tambaleé a un lado ante la fuerza del movimiento de Gas, pero Peter ni siquiera se movió. Cuando el príncipe de los vampiros se giró para mirar a mi mejor amigo, estaba casi esperando que Gas se arrodillara y muriera solo por eso. Peter lucía nada menos que amenazante.
Estaba impresionada de que Gas siguiera firme. Supongo que no le importaba que Peter fuera perfectamente capaz de romper cada hueso en su cuerpo. Mi mejor amigo nunca fue uno de los que se aleja de una pelea, y parecía que no iba a comenzar a ahora.
No podía recordar siquiera haber estado rodeada de tanta testosterona, pero podía sentir la sangre drenarse de mi rostro en el momento en que Gas se acercó, un evidente desafío hacia Peter, y dijo:
—Nos dirigimos a la nada, vampiro. Me debatía entre admirarlo siempre por su valentía y darle unas bofetadas por su estupidez. ¿Qué diablos estás haciendo, Gas? ¿Estás tratando intencionalmente de ser asesinado?
Peter bajó la mirada. La presencia y el poder que exudaba me recordaron cómo se veía justo antes de sacarle el corazón al guardia vampiro que intentó alimentarse de mí. No estaba exactamente interesada en ver a mi mejor amigo morir frente a mis ojos.
—Peter —logré decir—, ¿a dónde vamos? Son rocas a lo que nos dirigimos.
Peter mantuvo sus ojos en Gas. Ni siquiera estaba segura de que me hubiera escuchado. Una docena de plegarias llegaron a mi mente. La última cosa que necesitábamos era una pelea,si siquiera pudiera llamarse así.El alivió me llenó cuando los ojos de Peter cayeron en mí.Ignorando completamente a Gas y el recién ocurrido tenso momento, Peter agarró mi mano, me acercó a él y posó su mano sobre mi cintura. Aparentemente, no se sentía obligado a darnos una explicación.
—Deja de resistirte Lali. Solo sígueme. Y haz que este idiota amigo tuyo se calle, o juro... —Hizo una pausa para relajar su enojo—. No tienes idea de cuán cerca estoy de mutilarlo. —Su agarre se apretó.
Peter. Siempre el autoritario. Ni siquiera me molesté en mirar la reacción de Gas. Sabía que estaría muy molesto después de ser dejado de lado de esa forma.
Estaba prácticamente siendo arrastrada por Peter. ¿Nuestro destino? Bueno, lo más que podía decir, nos estábamos dirigiendo al muro de rocas sólidas. Peter no parecía como que fuera a bajar la velocidad pronto. Lo miré muchas veces para ver si de alguna forma se había vuelto loco, pero se mantuvo enfocado al frente,ni una señal de que se detuviera mientras nos acercábamos más y más al
muro de rocas.
Todo lo que podía hacer era jadear cuando finalmente golpeamos el muro... solo para encontrarme estupefacta cuando vi que nos envolvía, sintiéndose como una gelatina. Después de una fracción de segundo, salimos del otro lado y encontramos una escalera de caracol para bajar. Solo habíamos bajado unos metros cuando Gas se quedó fuera del muro. Parecía bien, excepto por el ceño en su cara. No estaba acostumbrado a ser ignorado.
Eventualmente llegamos al final de las escaleras y entramos a un salón cavernoso rodeado de grandes ventanas de vidrio que revelaban que estábamos bajo el agua. No estaba oscuro afuera, estoy segura que hubiera estado maravillada por las criaturas oceánicas y la variedad de flora y fauna. En el centro de la habitación había algún tipo de panel de control donde estaban Nico y Agus, dos de los guardas más confiables de Peter.
Habiendo logrado desarrollar un vínculo con cada uno de ellos por el tiempo que estuve en La Sombra, las miradas, profundas y curiosas, que enviaron en mi dirección no parecían sorprendidas.
Peter ni siquiera se molestó en mirar a Gas.Fijó sus ojos en los guardias vampiros.
—Agus, lleva al chico al submarino. Asegúrate de que todas las preparaciones para su partida estén en orden.Nico,lleva a Lali a una de las celdas de contención. Aparentemente necesita repensar su estancia aquí.
Fruncí el ceño.
—¿Celdas de contención?
—Espera. ¿Qué submarino? —preguntó Gas—. No voy a ir a ningún lugar sin Lali.
Peter lo ignoró completamente y posó sus ojos en mí.
—Dijiste que necesitabas tiempo para pensar. Una celda es el lugar más seguro para hacer eso. Mientras tanto, él va a esperarte en uno de los submarinos. Estará sedado, igual que lo estarás tú si decides irte. No podemos permitirte recordar nada de tu viaje fuera de la isla.
La idea de nunca volver a ver a Peter hizo que algo doliera dentro de mí y estaba luchando contra la urgencia de llorar mientras lo miraba a los ojos. Cómo te atreves a besarme, Peter... Hoy de entre todas las noches... Como si esta decisión no fuera ya lo bastante difícil, tuviste que reclamar mi primer beso. Debió haber malinterpretado mi silencio con preocupación por Gas, porque se apresuró a aclarar las cosas.
—No lo enviaré fuera hasta que tomes tu decisión —prometió Peter. La mirada que me dio era tan intensa, estaba segura de que me derretiría. Solo asentí.
—¿Qué? —comenzó a protestar Gas—. Lali...
Antes de que pudiera decir nada más, Nico le apuñaló el cuello con una jeringa e inmediatamente cayó inconsciente. Nico encontró mi mirada interrogante con relativa facilidad .
Se encogió de hombros y dijo:
—¿Qué? Iba a ser sedado de todas formas...
Entonces levantó a Gas y lo cargó en su hombro.Agus me hizo señas para seguirlo, efectivamente distrayéndome de mi mejor amigo inconsciente.
—Parece como si tuvieras algo en que pensar.
Solté una respiración pesada. El eufemismo del año.

No hay comentarios:

Publicar un comentario