Lali
Lali, quédate.
Esas palabras me
tomaron por sorpresa mientras se
repetían una y otra vez en mi
cabeza. Casi sonó como
una orden y por un momento, sentí que no
tenía más
opción que cumplir. No fue hasta que miré dentro de
esos ojos verde esmeralda que vi que tomé esa declaración por lo
que era. Mordí mi labio. ¿Es
posible que realmente signifique tanto para él?
—Peter, te
prometo... que nunca haré nada para comprometerte, para
hacer daño
a La Sombra... —Estaba balbuceando, intentando convencerme de que
quería que me quedara por razones que estaban mucho más allá de
mi
entendimiento.
Su rostro se tensó,
ofendido, mientras negaba con la cabeza.
―No se trata de
eso y tú lo sabes.
—¿Entonces qué
es? —Necesitaba que me diera una razón para quedarme.
Quería
escucharlo de sus labios.
Apretó los dientes
y se pasó la mano por el cabello.Peter Lanzani nunca
fue muy bueno
expresándose con palabras,en lo mucho que lo conocía.Desde el
momento en que lo conocí,eran pocas las ocasiones que podía
recordar que estaba
segura decía exactamente lo que estaba pensando
Parecía que hablaba mejor con
sus acciones, y de alguna forma,
admiraba eso de él.
Abrió la boca para
decir algo, pero antes de que las palabras salieran,
alguien agarró
mi brazo desde atrás.
—Vámonos, Lali.
Gas
Mis ojos seguían
fijos en el atractivo rostro de Peter, el contraste de sus
ojos
verdes y su piel pálida nunca fallaba en cortarme la respiración.
Miré mientras
sus ojos se oscurecían en un verde aún más oscuro
en el momento en que los dedos
de Gas se aferraron a mi brazo. Noté
la forma en que el músculo de su brazo se
flexionó cuando su mano
se hizo un puño.
Intenté alejarme
del agarre de Gas, pero me agarró con rapidez.
—No tenemos
tiempo —siseó Gas—. Despídete y vámonos.
La expresión en la
cara da de Peter no me daba muchas razones para
confiar en la
seguridad de mi mejor amigo. Después de todo, no había pasado
demasiado tiempo cuando se había dicho mucho, demasiado, en mi
opinión, sobre
a quién le pertenecía.
A Peter. A Benjamin. A Gas. Está
más allá de mí lo que debo hacer para que
se den cuenta de que no
soy un objeto o posesión. No le pertenezco a ninguno de
ellos.
Tuve que intervenir
antes de que la batalla de testosterona explotara. Me
giré para
mirar a Gas directo a los ojos.
—Suéltame, Gas.
Ahora.
La mandíbula de
Gas se tensó. Antes de nuestra captura en La Sombra,
hubiera hecho
lo que fuera que me pidiera, pero La Sombra nos cambió a ambos.
Cuando su agarre en
mí no se ablandó ni un poco, Peter se acercó.
—Ya escuchaste a
la dama. —Su profunda voz de barítono tomó un tono
amenazante.
Miré suplicante a
Gas, esperando que no tentara la paciencia de Peter.
¿No te das
cuenta que no tienes una oportunidad contra él?
Los últimos días
desde que Peter obligó a Paula, la ama de Gas en La
Sombra, a poner
a Gas bajo custodia, vi cómo a Peter le tomó bastante ser al menos
amable con mi mejor amigo. Gas, por otro lado, siendo tan terco y
tonto, no había
hecho nada más que disparar miradas frías y
acusadoras hacia Peter. Yo había
estado en el borde intentando
mantenerlos separados, temiendo una confrontación
entre los dos
jóvenes egoístas.
Hablé más
gentilmente esta vez:
―Suéltame, Gas.
Me dejó ir, pero
la mirada acusadora que envió en mi dirección demostró
que no se rendía.
—Ni siquiera
pienses en quedarte. —Las palabras salieron a través de sus
apretados dientes y
con un suspiro negó con la cabeza,
—Lali... —Peter
alzó la voz como para recordarme que su opinión
también contaba.
—Necesito tiempo
para pensar.—Las palabras salieron de mi boca en lo
que sonó como
un gruñido.
—¿Ahora?
—protestó Gas.
—No hay tiempo
para eso —secundó Peter.
¡Finalmente! Los dos estaban de
acuerdo en algo. Me mantuve firme y
levanté una ceja.
—Bueno, entonces
hagan tiempo.
Intercambiaron
miradas por un momento. Era casi entrañable cuán
inútiles lucían
ambos. Una pequeña sonrisa amenazaba con cubrir mi cara. ¿Quién
le pertenece a quién ahora?
Encontré irónico
que fuera Peter quien cediera primero. Seguía
desconcertada por
lo que él vio en mí y que lo hacía continuamente ceder ante
mí.
Después de todo, de entre los tres, él era el que seguía
teniendo cualquier verdadero
poder. Simplemente podría decidir que
ni Gas ni yo podíamos irnos y sería todo.
Aun así, cedía.
Sus ojos verdes se suavizaron en el momento en que se
posaron en m.
Asintió y dijo:
—Bien, pero no
aquí.
Luego le frunció
el ceño a Gas antes de descansar su mano posesivamente
en la parte
baja de mi espalda, acercándome gentilmente.
—Increíble...
—gruñó Gas, lanzando sus manos en el aire mientras nos
seguía.
Hicimos nuestro camino a través del resto de los árboles,
serpenteando
nuestro camino entre las rocas y arbustos salvajes. Mi
cerebro tomó nota de cada
pequeño detalle de los caminos
escondidos que nos llevaban del pent-house de
Peter al puerto. Los
árboles parecían hacerse más y más pequeños mientras nos
acercábamos a la
claridad. El bajo sonido de nuestros zapatos sobre las hojas debajo
de nosotros, las cercanas olas del océano y nuestra incluso suave
respiración eran
los únicos sonidos llenando el aire. La esencia
natural de los árboles rodeándonos
y el cercano océano mezclada
con el intoxicarte almizcle de Peter. Me hacía sentir
su
proximidad, junto con el lento movimiento de su pecho y sentir su
brazo
agarrando mi cintura.
Mi corazón dolió
ante la idea de nunca estar tan cerca de él como lo estaba
en ese
momento.
—Estamos cerca
—habló eventualmente.
Puse atención. El
puerto había sido visible aún antes de que nos
detuviéramos para
hablar en el bosque. Como sea, ahora que seguíamos escalando
en lo
profundo del claro, me encontré confundida. No había nada a la
vista más
que altos acantilados rocosos.
—¿Qué diablos
está pasando? —dijo Gas.
—No entiendo.
—Miré a Peter interrogativamente mientras miraba
alrededor—.
¿Dónde está el puerto?
Intenté detenerme,
pero Peter siguió avanzando, obligándome a seguir
caminando.
—Oye, su
alteza... —El mordaz sarcasmo en la voz de Gas era
inequívoco—. ¿A dónde nos llevas? —Usó ambas manos para
alejarme de Peter.
Me tambaleé a un
lado ante la fuerza del movimiento de Gas, pero Peter
ni siquiera se
movió. Cuando el príncipe de los vampiros se giró para mirar a mi
mejor amigo, estaba casi esperando que Gas se arrodillara y muriera
solo por eso.
Peter lucía nada menos que amenazante.
Estaba impresionada
de que Gas siguiera firme. Supongo que no le
importaba que Peter
fuera perfectamente capaz de romper cada hueso en su
cuerpo. Mi
mejor amigo nunca fue uno de los que se aleja de una pelea, y
parecía
que no iba a comenzar a ahora.
No podía recordar
siquiera haber estado rodeada de tanta testosterona,
pero podía
sentir la sangre drenarse de mi rostro en el momento en que Gas se
acercó, un evidente desafío hacia Peter, y dijo:
—Nos dirigimos a
la nada, vampiro.
Me debatía entre admirarlo siempre por su
valentía y darle unas bofetadas
por su estupidez. ¿Qué diablos
estás haciendo, Gas? ¿Estás tratando
intencionalmente de ser
asesinado?
Peter bajó la
mirada. La presencia y el poder que exudaba me recordaron
cómo se
veía justo antes de sacarle el corazón al guardia vampiro que
intentó
alimentarse de mí. No estaba exactamente interesada en ver
a mi mejor amigo
morir frente a mis ojos.
—Peter —logré
decir—, ¿a dónde vamos? Son rocas a lo que nos
dirigimos.
Peter mantuvo sus
ojos en Gas. Ni siquiera estaba segura de que me
hubiera escuchado.
Una docena de plegarias llegaron a mi mente. La última cosa
que
necesitábamos era una pelea,si siquiera pudiera llamarse así.El
alivió me llenó
cuando los ojos de Peter cayeron en mí.Ignorando
completamente a Gas y el
recién ocurrido tenso momento, Peter
agarró mi mano, me acercó a él y posó su
mano sobre mi cintura.
Aparentemente, no se sentía obligado a darnos una
explicación.
—Deja de
resistirte Lali. Solo sígueme. Y haz que este idiota amigo tuyo
se
calle, o juro... —Hizo una pausa para relajar su enojo—. No
tienes idea de cuán
cerca estoy de mutilarlo. —Su agarre se
apretó.
Peter. Siempre
el autoritario. Ni siquiera me molesté en mirar la reacción
de
Gas. Sabía que estaría muy molesto después de ser dejado de lado
de esa forma.
Estaba
prácticamente siendo arrastrada por Peter. ¿Nuestro destino?
Bueno,
lo más que podía decir, nos estábamos dirigiendo al muro de rocas
sólidas.
Peter no parecía como que fuera a bajar la velocidad
pronto. Lo miré muchas veces
para ver si de alguna forma se había
vuelto loco, pero se mantuvo enfocado al
frente,ni una señal de que
se detuviera mientras nos acercábamos más y más al
muro de rocas.
Todo lo que podía
hacer era jadear cuando finalmente golpeamos el
muro... solo para
encontrarme estupefacta cuando vi que nos envolvía, sintiéndose
como una gelatina. Después de una fracción de segundo, salimos del
otro lado y
encontramos una escalera de caracol para bajar. Solo
habíamos bajado unos metros
cuando Gas se quedó fuera del muro.
Parecía bien, excepto por el ceño en su cara.
No estaba
acostumbrado a ser ignorado.
Eventualmente
llegamos al final de las escaleras y entramos a un salón
cavernoso
rodeado de grandes ventanas de vidrio que revelaban que estábamos
bajo el agua. No estaba oscuro afuera, estoy segura que hubiera
estado maravillada
por las criaturas oceánicas y la variedad de
flora y fauna. En el centro de la
habitación había algún tipo de
panel de control donde estaban Nico y Agus, dos de
los guardas más
confiables de Peter.
Habiendo logrado
desarrollar un vínculo con cada uno de ellos por el
tiempo que
estuve en La Sombra, las miradas, profundas y curiosas, que enviaron
en mi dirección no parecían sorprendidas.
Peter ni siquiera
se molestó en mirar a Gas.Fijó sus ojos en los guardias vampiros.
—Agus, lleva al
chico al submarino. Asegúrate de que todas las preparaciones para
su partida estén en orden.Nico,lleva a Lali a una de las celdas
de contención. Aparentemente necesita repensar su estancia aquí.
Fruncí el ceño.
—¿Celdas de
contención?
—Espera. ¿Qué
submarino? —preguntó Gas—. No voy a ir a ningún lugar
sin
Lali.
Peter lo ignoró
completamente y posó sus ojos en mí.
—Dijiste que
necesitabas tiempo para pensar. Una celda es el lugar más
seguro
para hacer eso. Mientras tanto, él va a esperarte en uno de los
submarinos.
Estará sedado, igual que lo estarás tú si decides
irte. No podemos permitirte
recordar nada de tu viaje fuera de la
isla.
La idea de nunca
volver a ver a Peter hizo que algo doliera dentro de mí
y estaba
luchando contra la urgencia de llorar mientras lo miraba a los ojos.
Cómo
te atreves a besarme, Peter... Hoy de entre todas las
noches... Como si esta
decisión no fuera ya lo bastante difícil,
tuviste que reclamar mi primer beso. Debió
haber
malinterpretado mi silencio con preocupación por Gas, porque se
apresuró
a aclarar las cosas.
—No lo enviaré
fuera hasta que tomes tu decisión —prometió Peter. La
mirada que
me dio era tan intensa, estaba segura de que me derretiría. Solo
asentí.
—¿Qué? —comenzó
a protestar Gas—. Lali...
Antes de que
pudiera decir nada más, Nico le apuñaló el cuello con una
jeringa
e inmediatamente cayó inconsciente. Nico encontró mi mirada
interrogante
con relativa facilidad
.
Se encogió de
hombros y dijo:
—¿Qué? Iba a
ser sedado de todas formas...
Entonces levantó a
Gas y lo cargó en su hombro.Agus me hizo señas para seguirlo,
efectivamente distrayéndome de mi mejor amigo inconsciente.
—Parece como si
tuvieras algo en que pensar.
Solté una
respiración pesada. El eufemismo del año.
No hay comentarios:
Publicar un comentario