Peter
La oscuridad se acerca.
Incluso mientras las palabras resonaban
en mi cabeza, sentía como si una niebla oscura se estuviera moviendo
desde el fondo de mi alma, superando todo lo que yo era. Provocó
muchos recuerdos no deseados, la culpa había vuelto una vez más a
ser abrumadora. Quería apagarla y tenía la habilidad de hacerlo,
pero después de que la reunión del consejo en la Gran Cúpula fue
terminada,Candela me recordó por qué simplemente no podía. Me
quedé en mi asiento mucho después de que el Consejo de Elite salió
y Candela se quedó conmigo.
—Me está matando —confesé.
Ella asintió. Rara vez tenía que dar
explicaciones a Candela. Ella entendía.
—Puedo verlo. La culpa puede ser un
adversario, pero también es tu aliado.
—¿Cómo puede ser eso?
—Es la única cosa que le impide a la
oscuridad tomar el control.Sus palabras,como hacían a menudo, me
obsesionaban.
Sus palabras, como hacían a menudo, me
obsesionaban.
Antes de que me dejara por mi cuenta,
se volvió para decir:
—La necesitas de regreso. No serás
capaz de manejar todo esto sin ella.
Hice una mueca, sabiendo a quién
se refería, pero dudaba que pensar en
Lali ayudaría. Lali hizo
su elección. Ahora los dos tenemos que vivir con ella.
—No quiero
ninguna mención de ella. Nunca más. Ella no va a volver. Eso
es
todo. Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos.
Volví a mi
pent-house poco después, mi mente consumida por los consejos
de mi
hermana. Ella era la Vidente de La Sombra. Era simplemente difícil
ignorar
las cosas que salen de sus labios. Al llegar de vuelta a mi
pent-house encontré todo
sobre eso justo señalándome de nuevo a
la chica que me hizo despertar a La Sombra
después de 400 años.
Caminando a través
de la puerta principal, la primera vista que me recibió
fue la de
Euge jugando una partida de cartas con Nico y Agus en la sala de
estar.
En algún lugar de la cocina, pude oír el tintineo de platos
y pude captar el olor de
la cena cocinándose.Me imaginé que Daki y
Rochi estaban en la cocina.
Recuerdos de Lali
nadaban por mi mente al ver a las chicas y los guardias.
Nico y Agus
se levantaron al verme. Ambos parecían avergonzados de ser
atrapados
jugando con las chicas, mientras que estaban de guardia.
—Su Alteza
—empezó a explicar Nico—, estábamos...
—Está bien
—dije, desestimando su explicación con un gesto de la mano.
La
verdad sea dicha, me encontraba irritado por toda la situación.
Estaba tratando
desesperadamente de mantener mi enojo dentro.
Euge les dio a
ambos guardias una mirada extraña, permaneciendo
sentada en el
sofá, una mano llena de cartas todavía aferrada entre sus dedos.
En gran parte
debido a Lali, no se le daba mucho énfasis a mi estatus de
príncipe
de La Sombra dentro de mi propia casa. Nunca me relacioné mucho con
las chicas. En lo que a mí respecta, eran amigas de Lali, y yo no
necesitaba
molestarme mucho acerca de ellas, siempre y cuando Lali
las mantuviera a raya.
Con Lali lejos, sin embargo, me di cuenta de
que no podía dejarlas encerradas en
una habitación sin hacer nada.
Qué hacer con ellas era otro elemento más con que
tratar en mi
creciente lista de cosas por hacer.
Les di a los dos
guardias miradas curiosas. Parecían haber desarrollado una
buena
relación tanto con Lali como con las chicas. Tal vez podría
darles a las
chicas. Al menos eso los sacaría a todos ellos de mi
espalda. Fui sorprendido por la
reacción adversa que me di cuenta
tuve ante la idea de dejar ir las chicas. La casa
estaría tan vacía
sin ellas, por amor de Dios, incluso se las arreglaron para meterse
debajo de mi piel.
Irritado,me decidí
a ignorar a las personas haciendo un lugar de reunión
la sala de mi
casa y empecé a caminar. Con miedo a la oscuridad, me encontré
buscando la luz.
—¿A dónde vas?
—preguntó Euge con curiosidad. Su voz me irritó.
—A la Habitación
del Sol.
La Habitación del
Sol era la única habitación en el pent-house que Lali
había
diseñado por su cuenta. Le mencioné una vez que extrañaba el sol,
así que
diseñó una habitación con un mural de playa en una de
las paredes y la ilusión de
la luz del sol fluyendo desde el
techo.
Cuando abrí la
puerta,me di cuenta de que tenía mucho tiempo sin ser
tocada, desde
la noche en que Benjamin atacó a Lali y bebió su sangre.Vidrios
rotos
estaban por todo el piso. Grietas se alineaban en la pared
contra la que arrojé a
Benjamin.Rastros de sangre aún aparecían
en varias zonas de la habitación, algunos de
Gas, algunos de
Benjamin, algunos de Lali, algunos míos.
Solo sirvió para
recordarme uno de los períodos más oscuros de la historia
de La
Sombra. El levantamiento. Los recuerdos comenzaron a sobrepasar mi
mente, y así como así, toda la luz que la habitación del sol
representaba se convirtió
en un tono negro noche.
***
Los gritos eran ensordecedores, el
sonido de los cañones alarmante. Vi
desde donde estaba en la parte
superior de la fortaleza como cientos y cientos de
los esclavos
humanos que habíamos mantenido en La Sombra para hacer el trabajo
requerido para terminar el muro, luchaban por la oportunidad de
escapar de la isla
o, si no, por la oportunidad de escapar de la
vida a la que los habíamos obligado.
Solo sirvió para recordarme
uno de los períodos más oscuros de la historia de La Sombra. El levantamiento. Los
recuerdos comenzaron a sobrepasar mi
mente, y así como así, toda
la luz que la habitación del sol representaba se convirtió
en un
tono negro noche.
—¿Qué hacemos ahora? —siseó
Benjamin mientras se inclinaba sobre la
fortaleza, el terror visible
en sus ojos. Tragué la culpa. Era la primera vez que me
había
permitido la indulgencia. Conocía la medida que teníamos que
emprender,
porque ninguno de ellos podía escapar. Ni uno solo. Al
momento en que un
humano lograra salir de la isla sería el momento
en que todo lo que teníamos en La
Sombra habría terminado. No
podía arriesgarme a eso. Miré a mi hermano y le dije
las palabras
con más resolución de la que sentía:
—Tenemos que matarlos a todos.
Salté de la fortaleza hasta el
suelo sólido y con un golpe rápido de mi
espada, logré matar a
tres de los hombres a punto de atacarme. Ellos vinieron a
nosotros,
violentos y enojados, ya no estaban dispuestos a permanecer siendo
nuestros esclavos. Tratamos de convencernos de que no teníamos otra
opción, pero
al final de la batalla, de pie en medio de la
sangrienta tumba dejada por nuestra
determinación de mantener nuestro
santuario a salvo, sabía que el precio que
pagué por La Sombra era
demasiado alto.
Gimena se acercó a mí. Se quedó
callada, obviamente perturbada.
—¿Cuántos más tienen que morir
? —Mi voz salió rota, sangre aún goteaba
de las comisuras de mis
labios—. Ellos eran inocentes.
—Nadie es inocente. —Gimena negó
con la cabeza, su mirada distante y en
blanco—. Todos estamos
contaminados.
—No puedo hacer más esto. —Sacudí
la cabeza, permitiendo que el
sentimiento de culpa volviera después
de terminar lo que había que hacer.
Gimena me agarró la mano.
—Nunca tendrás que volverlo a
hacer.
***
Me encontré
preguntándome si lo que dijo Gimena había sido una mentira,
porque
mientras la turbia niebla en mi mente se aclaraba y un momento de
lucidez
me devolvía de golpe a la realidad, me di cuenta de que yo
estaba de pie en medio
de la Habitación del Sol, con Candela
sosteniéndome por los hombros, la
desesperación trazando sus
ojos.
—¿Qué has
hecho, Peter?
La confusión
siguió a su pregunta mientras probaba sangre en mis labios.
—No sé...
—tartamudeé—. Supongo que me desmayé... —Desde detrás de
Candela, vi el cuerpo inerte de Euge en el suelo, marcas de mordidas,
mías, en
el costado de su cuello. Nico y Agus gemían mientras
trataban de levantarse del
suelo. Marcas recién formadas estaban en
las paredes contra las que los arrojé.
Como si todo esto
no fuera ya demasiado para tomar, Cameron apareció en
la puerta,
con los ojos muy abiertos ante el sangriento espectáculo.
—¿Qué pasó?
Le respondí con un
silbido amenazador.
—¿Por qué estás
aquí?
—Benjamin. Se
escapó. Benjamin y yo tratamos de detenerlo. Casi mató a Yuri...
si
yo no hubiera... —La voz de Cameron se desvaneció mientras mis
ojos se volvieron
de nuevo a Candela.
—Peter, si
Benjamin está ahí fuera, entonces...
Sabía lo que iba a
decir. Levanté un dedo para hacerla callar. No quería
escuchara.
No quería ninguna mención de Lali.
—No, Candela.
—Miré el sangriento caos que me rodeaba. La culpa se
apoderó de
mí cuando vi a Euge en el suelo, pero me encontré resignado al
hecho
de que el daño ya estaba hecho—. Denla a la atención que
necesita, llévenla a su
habitación... no me importa. Solo sáquenla
de mi vista.
Se realizó una
gran cantidad de movimientos por la habitación, mientras
hacían un
esfuerzo para hacer mi voluntad. Solo Candela permaneció en la
habitación conmigo después.
—¿No vas a ir
tras ella? no puedes solo quedarte aquí y...
Antes de que
pudiera evitar hacerlo,la palma de mi mano se encontró de
lleno con
el lado de su cara y la vi tropezar al suelo. Inmediatamente me
arrepentí
de golpearla. Quería dar un paso adelante, ayudarla a
levantarse y abrazarla, pero
algo me detuvo. Después de despertar
del sueño bajo el que le pedí me pusiera a
Gimena, estaba reacio a
tomar el liderazgo de La Sombra, una vez más. Eso ya no era
así
ahora.
—Te dije que
nunca hablaras de ella.
Sus manos ahuecaron
la zona asaltada de su cara, mi hermana levantó la
mirada hacia mí.
Sus ojos violetas no contenían ira, ninguna acusación, ninguna
condenación... solo resignación y una profunda tristeza que me hizo
doler por
dentro.
—Parece que la
oscuridad ha llegado.
Como de costumbre,
Candela tenía razón