sábado, 3 de mayo de 2014

Capitulo 19


Benjamin
Paula abrió la puerta con amplitud y dio un paso bajo el marco de la puerta de la habitación en la cual me mantenía. Los pies bastante separados, las manos plantadas en sus caderas, mechones morenos en cascada hasta su cintura, la pequeña fiera en realidad se veía increíble.
Sonreí orgullosamente. Esto se va a poner interesante.
—¡Tu hermano va a volver loco a todo el mundo en La Sombra! —exclamó.
Oh sí... de hecho esto se va a poner muy interesante.
—¿Qué ha hecho ahora? —Justo saliendo de la ducha, todavía estaba secando mi cabello con una toalla.
—Pidió un censo de todos los humanos en la isla.
—Vaya enorme pérdida de tiempo...
—Eso es lo que yo pensé. Por supuesto, el poderoso Príncipe Peter no escuchará nada sobre ello.
—¿Nada sobre qué? —Reí—. ¿Tus pensamientos?
Me disparó una seria mirada de desaprobación y estuve casi seguro de que me había ganado una pelea, solo para encontrarla quejándose en alto.Sus hombros se sacudieron. Por un momento parecía que se había olvidado completamente de mi hermano cuando empezó a quejarse sobre cómo dolía cada músculo de su cuerpo.
—¿Qué tiene que ver la gran bruja muerta con Peter haciendo luchar a la Élite contra él?-Encontré la idea bastante divertida. Nunca pensé que Peter iría tan lejos para satisfacer su sed de sangre y empezara a utilizar vampiros.
Pasó su palma contra su cuello mientras caminaba hacia mi cama y dejaba que su forma curvilínea cayera sobre ella.
—Ella es la razón de que él sea tan poderoso. ¿No fue ella la que se aseguró de que el sueño de Peter también sirviera para fortalecerle a lo largo del tiempo?
Maldigo a esa bruja por enamorarse de tu hermano.
El recuerdo del amor no correspondido de Gimena hacia Peter volvió a abrir antiguas cicatrices.
—Mi hermano y el extraño efecto que las mujeres tienen sobre él... —me lamenté.
—Es más el extraño efecto que él tiene en las mujeres... —suspiró Paula, su rostro suavizándose. No necesitaba un lector de mentes para averiguar que una docena de ensoñaciones sobre mi hermano acababan de cruzar por su demente cabeza.
Tiré al suelo la toalla que estaba utilizando para secar mi cabello. Recordé algunas de las muchas razones por las que me resentía con Gimena. Si no hubiera sido por ella, Peter no gobernaría sobre mí. Fruncí el ceño. Tanto como pude rechazarlo, decir que esa era la razón por la cual me resentía con Gimena era una mentira. La incómoda verdad me enfrentaba incluso cuando me inclinaba en un poste de la cama para ver a Paula mientras ella se cambiaba de posición en mi cama. La vista que me estaba dando mientras empezaba a enredar las puntas de su largo cabello moreno claramente indicaba lo que quería de mí. Ellas siguen escogiendo a Peter sobre mí. Incluso Paula. Odiaba admitirlo, pero tenía que hacerlo. Me resentía con Gimena porque yo la había deseado, pero su Gimenazón fue de Peter hasta su último aliento.
Queriendo sacar de mi mente a Gimena, me uní a Paula en la cama cuando pareció que algo surgió dentro de la mente de Paula, efectivamente distrayéndola de su astuta seducción. Me quejé para mis adentros, porque eso significaba que estaba a punto de quejarse sobre algún loco mandato que mi hermano estableció. A pesar de todos sus arruinados juegos mentales y su desvergonzado odio hacia los hombres humanos, todavía se veía como una quejumbrosa pequeña adolescente algunas veces, a pesar del hecho de que era cincuenta años mayor que yo.
Me relajé cuando no hizo ninguna mención sobre Peter.En lugar de eso, soltó una respiración y giró su cuello hacia un lado para mirarme.
—¿Por qué estás todavía aquí, Benjamin?
Era difícil mantenerse con sus arrítmicos cambios de comportamiento. Estaba a punto de darle una broma sugestiva cuando escuchamos varios golpes fuertes en su puerta delantera. Un ceño pintó su rostro.
—¿Ahora qué? No hizo movimiento alguno para salir de la cama y realmente pensé que iba a ignorar completamente los toques cuando otra tanda de fuertes golpes la hicieron arrastrarse de la cama. No me prestó atención y cerró la puerta tras de ella.
Sobrecogido por la curiosidad, la seguí. Paula raramente tenía visitantes. Aparte de mí, la mayoría de los miembros de la Élite la toleraban, pero generalmente la menospreciaban. Eso es lo que hizo que su pent-house fuera un gran lugar para esconderme.
Acerqué mi oído a la puerta cerrada y escuché.
—Hola ahí, caballeros —ronroneó seductoramente Paula.
—Cielos, Paula. No eres más una puta. Deja de actuar como una.
Traté de situar la voz. Yuri de Gregorio.
—Estamos aquí para hacerte algunas preguntas. ¿Te importa?
Acento escocés. El Gran Ol’ Hendry sin duda.
—No me importa. —Su voz era ahora estirada y sin alteraciones. No sabía por qué, pero Yuri siempre tenía la forma de llegar a ella—. Por favor, ponte cómodo,Victorio. Vete al infierno,Yuri-Es exactamente donde estoy ahora, Paula.
—Ustedes dos... compórtense...—Victorio sonó como un hastiado padre tratando de mantener a sus adolescentes en la línea—. ¿Has tenido algún contacto con Benjamin Lanzani durante los últimos días?
—No.
—No, por supuesto.
Dos voces respondieron.
—Cállate, Yuri.
—¿No te importa entonces si registramos la casa?
El pánico me agarró y supe entonces que se me había acabado el tiempo. Siempre había sabido que no me podía ocultar con Paula por siempre. Simplemente no pensé que sería tan pronto. Traté de ser lo más cuidadoso y rápido posible mientras volvía a mi habitación,todavía llevando solo la toalla anudada alrededor de mi cintura.Me di prisa al vestirme. Apenas había acabado de abrochar mis pantalones cuando empecé a escuchar pisadas y puertas empezaron a abrirse.
Paula lanzó una explosión hecha y derecha.
—Todavía soy parte de la Élite. No pueden simplemente irrumpir así en mi casa.
—Claro que podemos —respondió Yuri con calma—. Si tienes algún problema con eso, adelante y arréglalo con el príncipe.
Un puñado de maldiciones se escapó de mi boca. Agarré una chaqueta negra con capucha de un perchero cercano a la puerta y me la puse. De debajo de mi cama, agarré la mochila que tenía preparada en caso de que una situación requiriera una rápida escapada.
Por el sonido de su bastante ruidosa inquisición, estaba claro que quedaban segundos antes de abrir la puerta de la habitación. Abrí las ventanas, sin importarme más si lo oían, y salté fuera de la ventana. Aterricé justo en mis pies. Entonces empecé a correr hacia el puerto. Gemí mientras corría, dándome cuenta de que no podía haber escogido peor momento para salir de la isla, porque sin importar a donde fuera, las posibilidades eran que el Sol saldría hasta su cima antes e que pudiera buscar refugio. Aun así, no iba a poner mi vida a la misericordia de Peter.
Conocía a mi hermano, y sabía que la oscuridad estaba dentro de él. No sabía por qué Lali tuvo tanto impacto en él, suficiente para recurrir a su humanidad, pero no iba a quedarme cerca y esperar que su efecto en él desapareciera. Sabía con seguridad que su oscuridad finalmente lo superaría. Siempre lo hacía y cuando lo hiciera, no tuve ninguna duda en mi mente de que no dudaría en matarme.
Mientras corría a toda velocidad para escapar, estaba claro que preferiría antes morir bajo los rayos del sol antes que morir a manos de mi hermano. Después de todo, parecía más noble entregar la vida de uno a la luz que a la oscuridad.

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