Benjamin
Paula abrió la puerta con amplitud y
dio un paso bajo el marco de la puerta de la habitación en la cual
me mantenía. Los pies bastante separados, las manos plantadas en sus
caderas, mechones morenos en cascada hasta su cintura, la pequeña
fiera en realidad se veía increíble.
Sonreí orgullosamente. Esto se va a
poner interesante.
—¡Tu hermano va a volver loco a todo
el mundo en La Sombra! —exclamó.
Oh sí... de hecho esto se va a
poner muy interesante.
—¿Qué ha hecho ahora? —Justo
saliendo de la ducha, todavía estaba secando mi cabello con una
toalla.
—Pidió un censo de todos los humanos
en la isla.
—Vaya enorme pérdida de tiempo...
—Eso es lo que yo pensé. Por
supuesto, el poderoso Príncipe Peter no escuchará nada sobre ello.
—¿Nada sobre qué? —Reí—. ¿Tus
pensamientos?
Me disparó una seria mirada de
desaprobación y estuve casi seguro de que me había ganado una
pelea, solo para encontrarla quejándose en alto.Sus hombros se
sacudieron. Por un momento parecía que se había olvidado
completamente de mi hermano cuando empezó a quejarse sobre cómo
dolía cada músculo de su cuerpo.
—¿Qué tiene que ver la gran bruja
muerta con Peter haciendo luchar a la Élite contra él?-Encontré la
idea bastante divertida. Nunca pensé que Peter iría tan lejos para
satisfacer su sed de sangre y empezara a utilizar vampiros.
Pasó su palma contra su cuello
mientras caminaba hacia mi cama y dejaba que su forma curvilínea
cayera sobre ella.
—Ella es la razón de que él sea tan
poderoso. ¿No fue ella la que se aseguró de que el sueño de Peter
también sirviera para fortalecerle a lo largo del tiempo?
Maldigo a esa bruja por enamorarse de
tu hermano.
El recuerdo del amor no correspondido
de Gimena hacia Peter volvió a abrir antiguas cicatrices.
—Mi hermano y el extraño efecto que
las mujeres tienen sobre él... —me lamenté.
—Es más el extraño efecto que él
tiene en las mujeres... —suspiró Paula, su rostro suavizándose.
No necesitaba un lector de mentes para averiguar que una docena de
ensoñaciones sobre mi hermano acababan de cruzar por su demente
cabeza.
Tiré al suelo la toalla que estaba
utilizando para secar mi cabello. Recordé algunas de las muchas
razones por las que me resentía con Gimena. Si no hubiera sido por
ella, Peter no gobernaría sobre mí. Fruncí el ceño. Tanto como
pude rechazarlo, decir que esa era la razón por la cual me resentía
con Gimena era una mentira. La incómoda verdad me enfrentaba incluso
cuando me inclinaba en un poste de la cama para ver a Paula
mientras ella se cambiaba de posición en mi cama. La vista que me
estaba dando mientras empezaba a enredar las puntas de su largo
cabello moreno claramente indicaba lo que quería de mí. Ellas
siguen escogiendo a Peter sobre mí. Incluso Paula. Odiaba admitirlo,
pero tenía que hacerlo. Me resentía con Gimena porque yo la había
deseado, pero su Gimenazón fue de Peter hasta su último aliento.
Queriendo sacar de mi mente a Gimena,
me uní a Paula en la cama cuando pareció que algo surgió dentro de
la mente de Paula, efectivamente distrayéndola de su astuta
seducción. Me quejé para mis adentros, porque eso significaba que
estaba a punto de quejarse sobre algún loco mandato que mi hermano
estableció. A pesar de todos sus arruinados juegos mentales y su
desvergonzado odio hacia los hombres humanos, todavía se veía como
una quejumbrosa pequeña adolescente algunas veces, a pesar del hecho
de que era cincuenta años mayor que yo.
Me relajé cuando no hizo ninguna
mención sobre Peter.En lugar de eso, soltó una respiración y giró
su cuello hacia un lado para mirarme.
—¿Por qué estás todavía aquí,
Benjamin?
Era difícil mantenerse con sus
arrítmicos cambios de comportamiento. Estaba a punto de darle una
broma sugestiva cuando escuchamos varios golpes fuertes en su puerta
delantera. Un ceño pintó su rostro.
—¿Ahora qué? No hizo movimiento
alguno para salir de la cama y realmente pensé que iba a ignorar
completamente los toques cuando otra tanda de fuertes golpes la
hicieron arrastrarse de la cama. No me prestó atención y cerró la
puerta tras de ella.
Sobrecogido por la curiosidad, la
seguí. Paula raramente tenía visitantes. Aparte de mí, la mayoría
de los miembros de la Élite la toleraban, pero generalmente la
menospreciaban. Eso es lo que hizo que su pent-house fuera un gran
lugar para esconderme.
Acerqué mi oído a la puerta cerrada y
escuché.
—Hola ahí, caballeros —ronroneó
seductoramente Paula.
—Cielos, Paula. No eres más una
puta. Deja de actuar como una.
Traté de situar la voz. Yuri de
Gregorio.
—Estamos aquí para hacerte algunas
preguntas. ¿Te importa?
Acento escocés. El Gran Ol’
Hendry sin duda.
—No me importa.
—Su voz era ahora estirada y sin alteraciones. No sabía por qué,
pero Yuri siempre tenía la forma de llegar a ella—. Por favor,
ponte cómodo,Victorio. Vete al infierno,Yuri-Es exactamente
donde estoy ahora, Paula.
—Ustedes dos...
compórtense...—Victorio sonó como un hastiado padre tratando de
mantener a sus adolescentes en la línea—. ¿Has tenido algún
contacto con Benjamin Lanzani durante los últimos días?
—No.
—No, por
supuesto.
Dos voces
respondieron.
—Cállate, Yuri.
—¿No te importa
entonces si registramos la casa?
El pánico me
agarró y supe entonces que se me había acabado el tiempo. Siempre
había sabido que no me podía ocultar con Paula por siempre.
Simplemente no pensé que sería tan pronto. Traté de ser lo más
cuidadoso y rápido posible mientras volvía a mi habitación,todavía
llevando solo la toalla anudada alrededor de mi cintura.Me di prisa
al vestirme. Apenas había acabado de abrochar mis pantalones
cuando empecé a escuchar pisadas y puertas empezaron a abrirse.
Paula lanzó una
explosión hecha y derecha.
—Todavía soy
parte de la Élite. No pueden simplemente irrumpir así en mi casa.
—Claro que
podemos —respondió Yuri con calma—. Si tienes algún problema
con eso, adelante y arréglalo con el príncipe.
Un puñado de
maldiciones se escapó de mi boca. Agarré una chaqueta negra con
capucha de un perchero cercano a la puerta y me la puse. De debajo de
mi cama, agarré la mochila que tenía preparada en caso de que una
situación requiriera una rápida escapada.
Por el sonido de su
bastante ruidosa inquisición, estaba claro que quedaban segundos
antes de abrir la puerta de la habitación. Abrí las ventanas, sin
importarme más si lo oían, y salté fuera de la ventana. Aterricé
justo en mis pies. Entonces empecé a correr hacia el puerto. Gemí
mientras corría, dándome cuenta de que no podía haber escogido
peor momento para salir de la isla, porque sin importar a donde
fuera, las posibilidades eran que el Sol saldría hasta su cima antes
e que pudiera buscar refugio. Aun así, no iba a poner mi vida a la
misericordia de Peter.
Conocía a mi
hermano, y sabía que la oscuridad estaba dentro de él. No sabía
por qué Lali tuvo tanto impacto en él, suficiente para recurrir a
su humanidad, pero no iba a quedarme cerca y esperar que su efecto en
él desapareciera. Sabía con seguridad que su oscuridad finalmente
lo superaría. Siempre lo hacía y cuando lo hiciera, no tuve ninguna
duda en mi mente de que no dudaría en matarme.
Mientras corría a
toda velocidad para escapar, estaba claro que preferiría antes morir
bajo los rayos del sol antes que morir a manos de mi hermano. Después
de todo, parecía más noble entregar la vida de uno a la luz que a
la oscuridad.
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