Lali
De pie junto a mi cama, en mi
habitación, los pensamientos de
lo mucho que echaba de menos a
Peter se desvanecieron
rápidamente cuando los labios de Gas se
separaron de los
míos. La forma en que me miraba, como si fuera
preciosa para él, me hizo olvidar
cualquier duda que podría haber
tenido con respecto a sus intenciones. Nos
miramos el uno al otro
por un par de segundos, ambos bastante sacudidos por el
encuentro,
hasta que sus mejillas comenzaron a ruborizase. No recordaba la
última
vez que había visto a Gas ruborizarse.
Me llamó la atención las contusiones
que recibió en su lucha. Empecé a
preguntarme cómo podía besarme
y que no le doliera, por la forma en que le toqué
accidentalmente
el moretón en su mejilla y la herida en su costado.
Cualquier pregunta que hubiera tenido
con respecto a su estado físico, sin
embargo, fue dejada de lado
cuando sus ojos se posaron en mis labios, se sentían un
poco
hinchados después de su beso más bien insistente.
—Guau, Lali. Realmente eres Rosa
Roja
.
Encontré la falta de aire en su voz
entrañable. Me hizo sentir querida,
deseada, algo que no recuerdo
haber sentido de él antes. Mis manos todavía estaban
en su cuello.
Apoyé la frente contra uno de sus anchos hombros. Ambas manos
estaban en mi cintura, con los pulgares suavemente tocando mi vientre
plano.
—¿Rosa Roja?
—Ya sabes... la del cuento de
hadas... —Dio un paso lejos de mí, dándome
un guiño mientras
hacía la referencia del personaje—. ¿La hermana de Blanca
Nieves?
—Sí... sé quién es Rosa Roja.
¿Cómo es que soy Rosa Roja?
—Bueno, ¿no es igual que Blanca
Nieves pero con el cabello rojo? —Me
mostró una amplia sonrisa.
Me tomó la mano y comenzó a acariciar mi brazo con
sus dedos—.
Piel blanca como la nieve... —Luego desvió su atención de nuevo
a
mis labios, donde plantó un suave beso, sonriendo mientras sus
labios seguían
apretados contra los míos—. Los labios rojo
sangre...
Realmente nunca vi este lado de él
antes. Era una sensación extraña que
mis rodillas cedieran debajo
de mí de esa manera.
—No soy tan blanca. Mis labios no son
tan rojos.
Sus fuertes manos sostenían mi peso.
—Lali, eres tan blanca como puedes
llegar a serlo, y realmente debes ver
tus labios después de que
acaban de ser besados. —Estaba mirando mi boca como
si se tratara
de la más sabrosa delicia que había tenido el placer de probar.
No pude evitar sonreír. Las chicas
maravillosas no se desmayan...
—Gas y Lali sentados en un árbol...
Fue casi divertido cómo los ojos de
Gas se abrieron en el momento que
escuchó el tono alto, de la voz
cantarina de Abby. Nuestras miradas se desplazaron
rápidamente
hacia la puerta donde la niña de cinco años, estaba de pie.
Travesura estaba escrita en su pequeño
rostro mientras que una sonrisa
petulante levantaba las comisuras de
sus labios. Todavía llevaba la falda y la blusa
rosa con botones
que había llevado a la escuela. Su mano derecha estaba
firmemente
en su cadera, mientras que su brazo izquierdo colgaba a su lado, con
un brazo de Colin, su elefante de peluche, agarrado en su mano. Sus
rizos rubios se
balanceaban de izquierda a derecha,
pasando junto a su cabeza, que se balanceaba
de un lado a otro
mientras terminaba su canción: —... B-E-S-A-N-D-O-S-E.
—Tú enana... —Gas la miró—.
¿Qué estás haciendo aquí?
—Desagradable de gran tamaño...
—Abby le mostró la lengua a su
hermano mayor—. Vine para ver a
Lali como siempre hago cuando vuelvo de la
escuela —respondió con
toda la dignidad que una chica de su edad era capaz—.
¿Qué estás
haciendo aquí, Gas? —Su ceño desapareció y puso su cara larga
cuando
ella tuvo una mejor vista del rostro de él. Cualquier
travesura que estaba a punto
de causar fue reemplazada por el horror
ante lo que vio. Parecía que estaba cerca
de sollozar—. ¿Qué te
ha pasado, Gas? ¿Por qué sigues recibiendo palizas?
—Oye... Vamos... —La expresión de
su rostro se suavizó rápidamente,
pasando de molestia, a culpa, y a
preocupación—. No llores, Abby. No es nada.Un
grupo de chicos en
la escuela estaban diciendo cosas malas sobre mí y Lali, así que
tuve que darles una paliza... —La tomó en sus brazos y comenzó a
acunarla en su
contra.
—Pero parece que ellos son los que te
golpearon, Gas.
—Bueno, eso es solo porque no los has
visto todavía, enana.
Estos eran los momentos que me
recordaban por qué Gas era tan buen
partido. Me conmovió tanto la
forma suave y dulce en que era con Abby cuando
hacía el esfuerzo de
prestar atención a su hermana pequeña, que tardé varios
minutos
antes de que las preguntas comenzaran a inundar mi mente: ¿Qué
estaban
diciendo los chicos acerca de Gas y de mi? ¿Era eso de lo
que estaba hablando
Connor en su mensaje de texto? ¿Acaso Gas le
dio la idea? Entonces me di cuenta
de cómo Abby se estaba
estrujando contra el costado de Gas. ¿Cómo puede Gas no
sentir
dolor con eso?
Gas puso a Abby en el suelo.
Ella levantó la vista hacia él, con
los rizos cayendo sobre su espalda.
—Solo deja de recibir palizas, ¿de
acuerdo, zoquete? Hace llorar a mami...
En ese momento, Gas y yo intercambiamos
miradas. Pude ver la culpa en
sus ojos, incluso más allá del tono
divertido cuando tocó a Abby en la cabeza con
los nudillos.
—Claro, enana.
Molesta por haber sido empujada, Abby
pisoteó el suelo.
—Yo sé lo que vi. —Entonces ella
puso sus ojos azules en mí. Tuve que
tragar saliva. Abby podría
ser realmente un dolor cuando quería serlo—. ¡Los vi a
los
besándose! —Era casi como si la hubiéramos traicionado—. ¿Cómo
pudiste
hacer eso, Lali? —Ella arrugó la nariz—. Es tan
asqueroso... besaste a un ogro
gigante.
—Oye... —Gas frunció el ceño.
Por mucho que intenté, no pude
reprimir una risita.
—Oh, genial... por lo menos tú te
estás divirtiendo. —Gas me miró.
En ese momento, Amelia asomó la cabeza
por la puerta.
—Lali, si no estás muy ocupada, me
gustaría que me ayudaras a preparar
la cena.
—Ya bajo, Amelia —le respondí.
Comencé a caminar hacia la puerta.
Cuando pasé junto a Gas, bromeé
—: Fiona terminó con Shrek ya sabes...
—¿Me veo como Shrek para ti? —Gas
fingió indignación.
Abby estalló en incontrolables risas.
Yo también estaba riendo cuando
llegué al pasillo, pero cualquier
diversión se desvaneció cuando escuché a Gas
decirle a Abby:
—Ríe todo lo que quieras, enana,
pero te lo advierto... no puedes decirle
nada a mamá y papá sobre
Lali y yo. ¿Entiendes?
Auch. Eso dolió. Me mordí el
labio inferior mientras me abría camino por
las escaleras y hacia
la cocina. ¿Está avergonzado de mí? ¿Voy a terminar como su
gran secreto?
Me quedé tranquila
durante la cena, no es que hubiera mucho que decir,
teniendo en
cuenta que consistía mayormente en Lyle regañando a Gas por
pelearse. Amelia, por supuesto, no dudó en aportar sus granos de
arena. Abby, por
su parte, se mantuvo lanzando sus miradas de Gas a
mí y luego de vuelta. No pudo
dejar de reír durante toda la
comida.
Después de la
cena, Amelia acostó a Abby en la cama y Lyle pidió tener
unas
palabras en privado con Gas. Eso me dejó para hacerme cargo de la
limpieza
de la mesa y lavar los platos. Di la bienvenida a la
soledad. Me permitió ordenar
mis pensamientos.
Ya estaba
descargando el lavavajillas y poniendo los platos en su lugar
correspondiente cuando sentí las manos de Gas en mi cintura. Me tiró
hacia atrás
contra él, sus labios cayendo sobre la nuca de mi
cuello.
Hice una pausa en
lo que estaba haciendo.
—¿Qué es esto
entre nosotros, Gas?
—¿Qué quieres
decir?
—Esto. Todos los
besos... Rosa Roja... Es demasiado confuso... Es ir
demasiado
rápido. Estoy teniendo problemas para mantenerme al día.
Se movió a mi lado
y se apoyó en el mostrador de granito. Asintió con la
cabeza,
alentándome a seguir adelante y decir lo que pienso. No podía
mirarlo a
los ojos, así que seguí secando los platos mojados y
colocándolos donde pertenecían
mientras hablaba.
—Primero,
discutimos en la biblioteca y luego al parecer, te metes en esta
gran pelea, por los comentarios que me involucran, y ahora...
esto.Acabas de
romper con Rocio por Dios. No quiero ser tu rebote,
Gas. No estoy interesada en
convertirme en una de tus aventuras
amorosas.
Él permaneció en
silencio mientras terminaba de poner la cocina en orden.
Cuando todo
estuvo limpio, me agarró por los hombros y me hizo mirarlo.
—Eres demasiado
importante para mí como para ser un rebote o una
aventura. Metete
eso en la cabeza, Lali. Estoy cansado de ser solo tu amigo y
quiero
que nos demos una oportunidad real.
—¿Por qué
ahora?
—Porque como te
dije en la camioneta, siento como que te estoy
perdiendo... no
quiero que eso suceda, Lali.
No se sentía como
una buena razón para empezar a entrar en una relación
que tenía
demasiado potencial para dejarnos tanto rotos como heridos.
—Tengo miedo
—admití—. ¿Y si esto no funciona?
—Mira... no
tenemos que apresurar esto... vamos a tomar las cosas con
calma, si
tenemos que hacerlo. —Su mirada era esperanzada...
expectante...
desesperada—. Vamos a empezar con una cita y,
entonces, vamos a ver a dónde
vamos a partir de ahí.
—Una cita —estuve
de acuerdo—, pero tengo una condición...
—Lo que sea.
—No habrá una
charla sobre La Sombra, de lo que ocurrió allí o de los
cazadores.
La sola mención de
estos temas, especialmente delicados, nubló la
expresión de su
cara, pero asintió con la cabeza.
—Por mí está
bien.
—Y una cosa
más... —añadí—. Si nos ponemos serios acerca de esto, no
quiero ser tu pequeño secreto sucio, Gas. Dejamos que Lyle y Amelia
sepan.
Me dolió la forma
en que no parecía contento con esa condición especial,
pero una vez
más, aceptó mis condiciones.
—Por supuesto.
Fue incómodo cómo
nos separamos. No hablamos de ello, pero por primera
vez, la idea de
dormir en la misma cama con él se sentía mal. Nos despedimos el
uno del otro y nos fuimos por caminos separados. Pasé una buena
parte de la noche,
debatiendo conmigo misma si debería colarme en su
habitación, aunque solo fuera
para tener a alguien allí por si me
despierto de una pesadilla.
Justo cuando me
había hecho a la idea de quedarme sola, escuché mi puerta
abrirse.
La cama se movió y me volví para encontrar a Gas sentado en el
borde de
la misma.No le hacía falta explicarse. La mirada en sus
ojos me dijo lo suficiente
sobre lo que necesitaba. Hice espacio y
me acurruqué contra él. Sus labios
encontraron mi frente. Un beso
de buenas noches.
Con Gas y conmigo
eso solía ser simple. Éramos los mejores amigos.
Sabíamos dónde
encontrarnos el uno con el otro. Un par de besos, unas cuantas
bromas sugerentes y un acuerdo para tener una cita, fueron más que
suficiente para
arruinar cualquier zona de comodidad que
tuviéramos.
Acostada a su lado
en la cama esa noche, todo lo que pude pensar antes de
quedarme
dormida era como las cosas se complicarían a partir de ahora.Aún
así,
una sonrisa se apoderó de mis labios, porque fuese lo que
fuese que tuviera con
Gas, se sentía como un paso hacia adelante y,
finalmente, dejar La Sombra detrás
de nosotros.
Era una
ilusión,porque llegó el momento del sueño, las pesadillas
llegaron
junto con él y La Sombra demostrando ser una fuerza que no
se iría a ninguna parte
a corto plazo.
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