domingo, 22 de febrero de 2015

Capitulo 22


Lali
De pie junto a mi cama, en mi habitación, los pensamientos de lo mucho que echaba de menos a Peter se desvanecieron rápidamente cuando los labios de Gas se separaron de los míos. La forma en que me miraba, como si fuera preciosa para él, me hizo olvidar cualquier duda que podría haber tenido con respecto a sus intenciones. Nos miramos el uno al otro por un par de segundos, ambos bastante sacudidos por el encuentro, hasta que sus mejillas comenzaron a ruborizase. No recordaba la última vez que había visto a Gas ruborizarse.
Me llamó la atención las contusiones que recibió en su lucha. Empecé a preguntarme cómo podía besarme y que no le doliera, por la forma en que le toqué accidentalmente el moretón en su mejilla y la herida en su costado.
Cualquier pregunta que hubiera tenido con respecto a su estado físico, sin embargo, fue dejada de lado cuando sus ojos se posaron en mis labios, se sentían un poco hinchados después de su beso más bien insistente.
—Guau, Lali. Realmente eres Rosa Roja .
Encontré la falta de aire en su voz entrañable. Me hizo sentir querida, deseada, algo que no recuerdo haber sentido de él antes. Mis manos todavía estaban en su cuello. Apoyé la frente contra uno de sus anchos hombros. Ambas manos estaban en mi cintura, con los pulgares suavemente tocando mi vientre plano.
—¿Rosa Roja?
—Ya sabes... la del cuento de hadas... —Dio un paso lejos de mí, dándome un guiño mientras hacía la referencia del personaje—. ¿La hermana de Blanca Nieves?
—Sí... sé quién es Rosa Roja. ¿Cómo es que soy Rosa Roja?
—Bueno, ¿no es igual que Blanca Nieves pero con el cabello rojo? —Me mostró una amplia sonrisa. Me tomó la mano y comenzó a acariciar mi brazo con sus dedos—. Piel blanca como la nieve... —Luego desvió su atención de nuevo a mis labios, donde plantó un suave beso, sonriendo mientras sus labios seguían apretados contra los míos—. Los labios rojo sangre...
Realmente nunca vi este lado de él antes. Era una sensación extraña que mis rodillas cedieran debajo de mí de esa manera.
—No soy tan blanca. Mis labios no son tan rojos.
Sus fuertes manos sostenían mi peso.
—Lali, eres tan blanca como puedes llegar a serlo, y realmente debes ver tus labios después de que acaban de ser besados. —Estaba mirando mi boca como si se tratara de la más sabrosa delicia que había tenido el placer de probar.
No pude evitar sonreír. Las chicas maravillosas no se desmayan...
—Gas y Lali sentados en un árbol...
Fue casi divertido cómo los ojos de Gas se abrieron en el momento que escuchó el tono alto, de la voz cantarina de Abby. Nuestras miradas se desplazaron rápidamente hacia la puerta donde la niña de cinco años, estaba de pie.
Travesura estaba escrita en su pequeño rostro mientras que una sonrisa petulante levantaba las comisuras de sus labios. Todavía llevaba la falda y la blusa rosa con botones que había llevado a la escuela. Su mano derecha estaba firmemente en su cadera, mientras que su brazo izquierdo colgaba a su lado, con un brazo de Colin, su elefante de peluche, agarrado en su mano. Sus rizos rubios se
balanceaban de izquierda a derecha, pasando junto a su cabeza, que se balanceaba de un lado a otro mientras terminaba su canción: —... B-E-S-A-N-D-O-S-E.
—Tú enana... —Gas la miró—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Desagradable de gran tamaño... —Abby le mostró la lengua a su hermano mayor—. Vine para ver a Lali como siempre hago cuando vuelvo de la escuela —respondió con toda la dignidad que una chica de su edad era capaz—. ¿Qué estás haciendo aquí, Gas? —Su ceño desapareció y puso su cara larga cuando ella tuvo una mejor vista del rostro de él. Cualquier travesura que estaba a punto
de causar fue reemplazada por el horror ante lo que vio. Parecía que estaba cerca de sollozar—. ¿Qué te ha pasado, Gas? ¿Por qué sigues recibiendo palizas?
—Oye... Vamos... —La expresión de su rostro se suavizó rápidamente, pasando de molestia, a culpa, y a preocupación—. No llores, Abby. No es nada.Un grupo de chicos en la escuela estaban diciendo cosas malas sobre mí y Lali, así que tuve que darles una paliza... —La tomó en sus brazos y comenzó a acunarla en su contra.
—Pero parece que ellos son los que te golpearon, Gas.
—Bueno, eso es solo porque no los has visto todavía, enana.
Estos eran los momentos que me recordaban por qué Gas era tan buen partido. Me conmovió tanto la forma suave y dulce en que era con Abby cuando hacía el esfuerzo de prestar atención a su hermana pequeña, que tardé varios minutos antes de que las preguntas comenzaran a inundar mi mente: ¿Qué estaban diciendo los chicos acerca de Gas y de mi? ¿Era eso de lo que estaba hablando Connor en su mensaje de texto? ¿Acaso Gas le dio la idea? Entonces me di cuenta de cómo Abby se estaba estrujando contra el costado de Gas. ¿Cómo puede Gas no sentir dolor con eso?
Gas puso a Abby en el suelo.
Ella levantó la vista hacia él, con los rizos cayendo sobre su espalda.
—Solo deja de recibir palizas, ¿de acuerdo, zoquete? Hace llorar a mami...
En ese momento, Gas y yo intercambiamos miradas. Pude ver la culpa en sus ojos, incluso más allá del tono divertido cuando tocó a Abby en la cabeza con los nudillos.
—Claro, enana.
Molesta por haber sido empujada, Abby pisoteó el suelo.
—Yo sé lo que vi. —Entonces ella puso sus ojos azules en mí. Tuve que tragar saliva. Abby podría ser realmente un dolor cuando quería serlo—. ¡Los vi a los besándose! —Era casi como si la hubiéramos traicionado—. ¿Cómo pudiste hacer eso, Lali? —Ella arrugó la nariz—. Es tan asqueroso... besaste a un ogro gigante.
—Oye... —Gas frunció el ceño.
Por mucho que intenté, no pude reprimir una risita.
—Oh, genial... por lo menos tú te estás divirtiendo. —Gas me miró.
En ese momento, Amelia asomó la cabeza por la puerta.
—Lali, si no estás muy ocupada, me gustaría que me ayudaras a preparar la cena.
—Ya bajo, Amelia —le respondí. Comencé a caminar hacia la puerta. Cuando pasé junto a Gas, bromeé —: Fiona terminó con Shrek ya sabes...
—¿Me veo como Shrek para ti? —Gas fingió indignación.
Abby estalló en incontrolables risas. Yo también estaba riendo cuando llegué al pasillo, pero cualquier diversión se desvaneció cuando escuché a Gas decirle a Abby:
—Ríe todo lo que quieras, enana, pero te lo advierto... no puedes decirle nada a mamá y papá sobre Lali y yo. ¿Entiendes?
Auch. Eso dolió. Me mordí el labio inferior mientras me abría camino por las escaleras y hacia la cocina. ¿Está avergonzado de mí? ¿Voy a terminar como su gran secreto?
Me quedé tranquila durante la cena, no es que hubiera mucho que decir, teniendo en cuenta que consistía mayormente en Lyle regañando a Gas por pelearse. Amelia, por supuesto, no dudó en aportar sus granos de arena. Abby, por su parte, se mantuvo lanzando sus miradas de Gas a mí y luego de vuelta. No pudo dejar de reír durante toda la comida.
Después de la cena, Amelia acostó a Abby en la cama y Lyle pidió tener unas palabras en privado con Gas. Eso me dejó para hacerme cargo de la limpieza de la mesa y lavar los platos. Di la bienvenida a la soledad. Me permitió ordenar mis pensamientos.
Ya estaba descargando el lavavajillas y poniendo los platos en su lugar correspondiente cuando sentí las manos de Gas en mi cintura. Me tiró hacia atrás contra él, sus labios cayendo sobre la nuca de mi cuello.
Hice una pausa en lo que estaba haciendo.
—¿Qué es esto entre nosotros, Gas?
—¿Qué quieres decir?
—Esto. Todos los besos... Rosa Roja... Es demasiado confuso... Es ir demasiado rápido. Estoy teniendo problemas para mantenerme al día.
Se movió a mi lado y se apoyó en el mostrador de granito. Asintió con la cabeza, alentándome a seguir adelante y decir lo que pienso. No podía mirarlo a los ojos, así que seguí secando los platos mojados y colocándolos donde pertenecían mientras hablaba.
—Primero, discutimos en la biblioteca y luego al parecer, te metes en esta gran pelea, por los comentarios que me involucran, y ahora... esto.Acabas de romper con Rocio por Dios. No quiero ser tu rebote, Gas. No estoy interesada en convertirme en una de tus aventuras amorosas.
Él permaneció en silencio mientras terminaba de poner la cocina en orden. Cuando todo estuvo limpio, me agarró por los hombros y me hizo mirarlo.
—Eres demasiado importante para mí como para ser un rebote o una aventura. Metete eso en la cabeza, Lali. Estoy cansado de ser solo tu amigo y quiero que nos demos una oportunidad real.
—¿Por qué ahora?
—Porque como te dije en la camioneta, siento como que te estoy perdiendo... no quiero que eso suceda, Lali.
No se sentía como una buena razón para empezar a entrar en una relación que tenía demasiado potencial para dejarnos tanto rotos como heridos.
—Tengo miedo —admití—. ¿Y si esto no funciona?
—Mira... no tenemos que apresurar esto... vamos a tomar las cosas con calma, si tenemos que hacerlo. —Su mirada era esperanzada... expectante... desesperada—. Vamos a empezar con una cita y, entonces, vamos a ver a dónde vamos a partir de ahí.
—Una cita —estuve de acuerdo—, pero tengo una condición...
—Lo que sea.
—No habrá una charla sobre La Sombra, de lo que ocurrió allí o de los cazadores.
La sola mención de estos temas, especialmente delicados, nubló la expresión de su cara, pero asintió con la cabeza.
—Por mí está bien.
—Y una cosa más... —añadí—. Si nos ponemos serios acerca de esto, no quiero ser tu pequeño secreto sucio, Gas. Dejamos que Lyle y Amelia sepan.
Me dolió la forma en que no parecía contento con esa condición especial, pero una vez más, aceptó mis condiciones.
—Por supuesto.
Fue incómodo cómo nos separamos. No hablamos de ello, pero por primera vez, la idea de dormir en la misma cama con él se sentía mal. Nos despedimos el uno del otro y nos fuimos por caminos separados. Pasé una buena parte de la noche, debatiendo conmigo misma si debería colarme en su habitación, aunque solo fuera para tener a alguien allí por si me despierto de una pesadilla.
Justo cuando me había hecho a la idea de quedarme sola, escuché mi puerta abrirse. La cama se movió y me volví para encontrar a Gas sentado en el borde de la misma.No le hacía falta explicarse. La mirada en sus ojos me dijo lo suficiente sobre lo que necesitaba. Hice espacio y me acurruqué contra él. Sus labios encontraron mi frente. Un beso de buenas noches.
Con Gas y conmigo eso solía ser simple. Éramos los mejores amigos. Sabíamos dónde encontrarnos el uno con el otro. Un par de besos, unas cuantas bromas sugerentes y un acuerdo para tener una cita, fueron más que suficiente para arruinar cualquier zona de comodidad que tuviéramos.
Acostada a su lado en la cama esa noche, todo lo que pude pensar antes de quedarme dormida era como las cosas se complicarían a partir de ahora.Aún así, una sonrisa se apoderó de mis labios, porque fuese lo que fuese que tuviera con Gas, se sentía como un paso hacia adelante y, finalmente, dejar La Sombra detrás de nosotros.
Era una ilusión,porque llegó el momento del sueño, las pesadillas llegaron junto con él y La Sombra demostrando ser una fuerza que no se iría a ninguna parte a corto plazo.

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