viernes, 25 de abril de 2014

Capitulo 4


Lali
E staba rodeada por la oscuridad y el tamborileo fuerte y constante de un corazón latiendo. Se hizo cada vez más fuerte; tan fuerte que estaba segura de que mi cabeza iba a explotar por el fuerte golpe resonando... resonando continuamente... yo no podía entender lo que estaba pasando. No podía ver, sentir, saborear ni oler nada. Mi único sentido activo era mi audición y estaba abrumado por el ruido de ese misterioso latido.
Estaba segura de que me estaba dirigiendo directo al borde de la locura, cuando un súbito estallido de luz me distrajo, amenazando con cegarme. Tomó un par de segundos para que mis ojos se acostumbraran a la luz. Fue entonces cuando lo vi. Peter. Él estaba mirándome, el rostro pálido y los ojos sin un ápice de simpatía.Cayó al suelo,sus penetrantes ojos azules abiertos y completamente en blanco. Me di cuenta de cuál era la causa de su fallecimiento cuando vi el enorme agujero donde solía estar su corazón.
Me di cuenta de que los latidos del corazón haciendo eco venían de detrás de mí... cada vez más cerca... luego vino el sonido de una risa y la sensación de una fría y amenazadora respiración en mi cuello. Fue seguida por un susurro, no, un silbido, apenas audible. Sin embargo, el miedo comenzó a envolverme y el pánico corrió por mis venas, porque escuché las palabras de la serpiente fuertes y claras.
Tú eres la siguiente.
Luego vino el sonido del romper de las olas.

                                                        ***

Fue la marea alta lo que me despertó y me rescató del ruido ensordecedor de los latidos del corazón de Peter y el fétido sonido de las palabras que salieron de la boca de la serpiente. Mi pulso estaba al doble de su velocidad normal y apenas podía respirar. Al principio, pensé que mi cara estaba húmeda solo debido a la cálida ola de agua salada que acababa de resbalar sobre mí. Estaba equivocada, porque rápidamente me di cuenta de que las lágrimas corrían por mi cara.
Un nombre resonaba en mi mente: Peter.
Había estado tan acostumbrada a despertar en su cama que encontré alarmante mi entorno. Parpadeé varias veces antes de que me diera cuenta de que el sol estaba a punto de elevarse sobre el horizonte.
El sol.
Eso fue suficiente para que me sacudiera a la realidad de que ya no estaba en La Sombra, porque allá en la isla, el sol nunca se alzaba. Era una noche sin fin. Si no hubiera sido por mi pesadilla, habría adorado esa salida del sol. Sin embargo, mi ansiedad por Peter robó toda la alegría de mi reencuentro con el sol.
Aunque el sol no logró aliviar mis nervios, tuvo éxito en amortiguar mi confusión inicial y traerme de vuelta a mis sentidos. Regresó mi habitual estado de ser: terriblemente consciente.
En La Sombra, Corrine, la bruja que mantenía el hechizo protector de la isla, comenzó a tomar un interés especial en mí después de que Benjamin me atacó por primera vez y mató a Gwen. Habiendo sido una estudiante de psicología antes de que los vampiros la llevaran a La Sombra,me diagnosticó con inhibición latente baja, o ILB. Era incapaz de filtrar la mayoría de los estímulos externos. Significaba que podía percibir todo, sentir todo. Me preguntaba si ésa era la razón de que mi madre se volviera loca y la apartaran de mí, al parecer, solo las personas con un cierto nivel de IQ podían manejar la ILB sin enloquecer.Yo estaba acostumbrada a mi condición ahora.No era tan abrumadora como solía ser cuando era más joven.
La vista de los naranjas y amarillos del sol lentamente se levantaron sobre los azules y verdes del océano; el sonido de gaviotas graznando y las olas rompiendo contra la costa; el regusto salado del agua de mar mezclada con lágrimas; la sensación de la suave arena bajo mis pies y la brisa fresca soplando contra mi piel; el olor del mar mezclándose con el aire fresco de la mañana, estaba al tanto de todo.
Era consciente de que alguien se me estaba acercando por detrás.
Gas, estoy segura.
Sensación tras sensación me asaltó, y sin embargo mi mente seguía fija principalmente en la forma en que Peter había lucido en mi sueño:pálido,
distante... sin corazón. Temblando, atraje mis rodillas contra mi pecho, amontonando arena de la playa bajo mis talones.
—Peter, por favor, está bien. Mantente bien... —susurré, esperando que la brisa de la mañana llevara el mensaje de nuevo a La Sombra y le hicierta saber que todavía estaba pensando en él.
—¿Por qué todo el susurro?
Gas lucía a gusto y relajado por primera vez desde que nos descubrimos el uno al otro en La Sombra. Aun así, incluso con el tono más ligero, cada palabra que decía venía con una pesadez que no podía sacudir por completo. Él se dejó caer a mi lado.
—¿Dónde crees que estamos? —preguntó. —Estamos en Cancún. —No tenía ninguna duda de ello—. Tiene sentido para ellos regresarnos a donde nos encontraron.
Le Meridien. Ese era el resort en el que nos alojábamos cuando nos secuestraron los vampiros. Los Dalmau eran capaces de pagar las tan esperadas vacaciones debido a la importante suma de dinero que mi padre enviaba para mantenerme. La última vez que lo vi fue cuando me dejó bajo el cuidado de su mejor amigo, el padre de Gas,Pedro Dalmau. Eso fue hace ocho años. La única pista que tenía de que aún estaba vivo en algún lugar era el cheque trimestral que enviaba a los Dalmau para continuar cuidándome. El cheque ni siquiera era enviado a mi nombre, casi como una burla: un doloroso recordatorio de que mi propio padre había olvidado voluntariamente mi nombre.
Los recuerdos de nuestras vacaciones pasadas en las dulces playas del
Mediterráneo de México se sentían como si hubieran ocurrido hace toda una vida, a una versión diferente de mí misma. Los celos que sentía sobre Gas saliendo con la hermosa rubia,Tanya Wilson, parecían frívolos y superficiales. Incluso mi rencor hacia mis padres parecía importar menos a la luz de lo que había estado atravesando.
Miré a Gas, recordando una época en que prácticamente adoraba el suelo que pisaba. Mi caliente y popular mejor amigo el mariscal de campo, con su encantadora sonrisa y su piel bronceada... El joven hombre sentado a mi lado no era nada de eso.
—¿Qué hacemos ahora? —pregunté.
Estábamos tan decididos a escapar de La Sombra, que en realidad nunca pensamos acerca de lo que íbamos a hacer una vez que saliéramos. Nos llevó al menos medio minuto antes de que Gas finalmente respondiera con un encogimiento de hombros.
—Por ahora, no creo que haya nada más que hacer aparte de ir a casa.
—Cierto —asentí, preguntándome a mí misma exactamente dónde estaba mi hogar.
La idea de volver a los suburbios de California, de vuelta a casa de la familia Dalmau, me puso enferma del estómago. Ese lugar nunca se sintió como casa para mí—. Pero no creo que esté lista para volver todavía, Gas.
Me sentí aliviada cuando él asintió con la cabeza y dijo:
—Yo siento lo mismo. Un cómodo silencio siguió, los dos nos centramos en el sol y su lenta y
constante salida. La vista era magnífica, pero no fue suficiente distracción para aliviar todos los pensamientos conflictivos deambulando en mi cabeza.
—Tal vez deberíamos quedarnos aquí por un día o dos, recobrar nuestra sensatez sobre nosotros... —sugirió Gas—. Entonces podemos ir a casa.
—Suena bien para mí.
Entonces puse más atención a lo que llevaba puesto. El bikini y el pareo eran la misma ropa exacta que había estado usando cuando Benjamin me sacó de la playa y me llevó a La Sombra.Eché un vistazo a lo que Gas llevaba: un chaleco negro y pantalones cortos de color rojo. Me pregunté si eso era lo que tenía cuando fue sacado de la playa. ¿Nos devolvieron aquí sin nada más que la ropa que llevabamos? Como si estuviera leyendo mi mente, una sonrisa se formó en la cara de Gas.
—Relájate —dijo, pero entonces una expresión sombría reemplazó rápidamente su sonrisa—. Ellos no nos dejaron con las manos vacías. —Asintió con la cabeza hacia un lugar más abajo en la playa.
Seguí su mirada y pude divisar una mochila negra sobre la arena. Di un suspiro de alivio. Estaba desconcertada por el ceño fruncido en el rostro de Gas. ¿Por qué luces tan enojado? Deberías estar feliz que no nos enviaran aquí con las manos vacías.
—¿Has visto lo que hay en ella?
Él negó con la cabeza.
—No estoy exactamente muy emocionado por averiguar lo que les debo ahora.
Tú y tu ego. Era como si Gas fuera demasiado orgulloso para aceptar ayuda de nadie. Aunque, por supuesto, el hecho de que esta ayuda viniera de los vampiros que lo pusieron en el infierno hacía todo mucho peor. Los horrores por los que pasó en La Sombra se alzaban constantemente sobre él... sobre nosotros.
—Vamos a ver con qué tenemos que trabajar. —Rápidamente me acerqué a la mochila, más preocupada por nuestra situación actual que cualquier orgullo roto que pudiera tener acerca de aceptar la ayuda de los vampiros.
Ya había alcanzado la mochila cuando me di cuenta de que Gas ni siquiera se molestó a seguirme. Me arrodillé en el suelo y comprobé el contenido de la bolsa. Había solo unos pocos elementos: dos juegos de ropa, uno para Gas, uno para mí, un gran fajo de dinero en efectivo y un sobre cerrado con mi nombre en él. Satisfecha de que teníamos lo suficiente para sobrevivir, cerré la bolsa y me la colgué al hombro antes de regresar con Gas.
—¿Entonces? —preguntó.
—Tenemos ropa y probablemente suficiente dinero en efectivo para conseguir un vuelo de primera clase desde México a... no sé... ¿la India? Ida y vuelta. Dos veces.
Estaba esperando que él estuviera por lo menos un poco aliviado, pero no... Todo lo que hizo fue burlarse de la generosa suma que nos habían dado.
—Ellos nos tiran sus restos y esperan que estemos agradecidos por ello. Eso es en absoluto suficiente teniendo en cuenta lo que nos hicieron pasar. Sabía que él tenía razón y quería estar de su lado, pero no importa lo mucho que lo intentara, no me atrevía a odiar La Sombra tanto como él lo hacía. En ese momento, no me atrevía a preguntarme por qué.
—¿Así que eso es todo lo que hay? —preguntó Gas, mirando la mochila
como si contuviera un veneno mortal. Pensé en el sobre dirigido a mí. Entonces asentí. —Sí. Eso es todo.
Un momento de tensión se produjo antes de que él pateara la arena bajo sus pies y dijera entre dientes:
—Está bien. Vamos a ir y satisfacernos a nosotros mismos, utilizando la oh- tan-generosa fortuna que nos enviaron.
Mientras él se dirigía hacia los lujosos resorts que se alineaban en las playas de arena blanca, me quedé atrás el tiempo suficiente para mirar hacia atrás en el océano y susurrar:
—Gracias, Peter.

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